En el año 2005 parecía
estar cercana la liberación de René González,
Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Fernando González
y Antonio Guerrero, los cinco luchadores
antiterroristas cubanos, prisioneros políticos en
Estados Unidos desde el 12 de septiembre de 1998.
Cinco expertos del Grupo de
Trabajo de Detenciones Arbitrarias de Naciones
Unidas, concluyeron que la prisión era ilegal y
arbitraria.
La Comisión de Derechos
Humanos de la ONU consideró que «a partir de los
hechos y las circunstancias en que se celebró el
juicio y la naturaleza de los cargos y de las
severas sanciones se infiere que el juicio no tuvo
lugar en un clima de objetividad e imparcialidad que
se necesita para concluir que cumple con las normas
de un juicio justo». Ese mismo grupo solicitó en su
conclusión que «el Gobierno (de Estados Unidos)
adopte las medidas necesarias para remediar esta
situación». Ello significaba ponerlos de inmediato
en libertad.
Dos meses después, la
opinión pública internacional conocía con
beneplácito los resultados de la apelación
interpuesta ante la Corte del Onceno Circuito de
Atlanta, Georgia. Un panel de tres jueces que había
escuchado los argumentos orales de la Defensa el 10
de marzo de 2004 falló a favor de la realización de
un nuevo juicio fuera de Miami y revocó las cinco
sentencias, por estimar que el proceso carecía de
las garantías legales y que se había efectuado en un
lugar abiertamente hostil hacia Cuba.
Los magistrados actuantes
plasmaron sus criterios en un alegato de 93 páginas,
en el cual expusieron que los Cinco estaban
infiltrados en organizaciones terroristas radicadas
en aquella ciudad del sur de Florida y determinaron
que la presencia de aquellos mismos terroristas en
la Corte estableció preocupaciones de seguridad a
los miembros del jurado.
Aparentemente, el sistema
judicial decía al poder ejecutivo que había sido mal
representado ante la Corte y ahí se fundieron los
dos, porque del gobierno federal, de la máxima
instancia de la Fiscalía, salió la solicitud,
recurriendo a un recurso que para casos
excepcionales permite la ley, de que la decisión de
los tres jueces fuera reanalizada por el pleno de
los 12 jueces del Onceno Circuito. Así, se había
roto una alianza, había sido traicionada esa
comunidad de Miami, el sistema judicial había
interferido, algo políticamente inaceptable para la
administración de Estados Unidos. Justo un año
después, el 9 de agosto de 2006, el pleno ofreció su
nueva opinión: revocó la decisión anterior.
Como los jueces de Atlanta
se concentraron en que el lugar no era apropiado
para un juicio imparcial contra los Cinco, ahora
deberán pronunciarse sobre el resto de los aspectos
y el caso ha regresado a sus manos para terminar de
discutir nueve temas que quedaron pendientes. Entre
otros asuntos, los letrados deberán decidir sobre
los delitos de conspiración contra los Estados
Unidos y sobre cuestiones de procedimiento. Los
jueces pueden alargar indefinidamente el caso
mientras cinco hombres permanecen encarcelados por
combatir el terrorismo y sufren presiones tanto
personales como sobre sus familiares, ya que en unos
casos se les alargan las visitas y en otros se les
impide.
A ocho años del arresto, el
sistema judicial de aquel país ha sido incapaz de
responder si el juicio se hizo o no en
procedimiento, y el peor problema es que hasta que
le panel de los tres jueces y el pleno del Onceno
Circuito resuelvan todos los asuntos pendientes el
caso no podrá elevarse al siguiente escalón: la
Corte Suprema. Evidentemente es un servicio al
gobierno de los Estados Unidos y no a la justicia.
En el punto actual es
imprescindible que la solidaridad se amplíe y
diversifique entre diferentes sectores,
especialmente dentro del territorio estadounidense.
En tanto, crece el movimiento de apoyo: si en
diciembre del 2002 existían menos de 100 comités, en
2006 sumaban más de 290, diseminados a su vez en
unos 90 países.
Con nuestra batalla
constante tenemos que propiciar la liberación, es
necesario multiplicar la presencia del tema,
aumentar las campañas de publicidad, romper muros de
silencio... Estamos conscientes de que nada se
consigue sin la terca resistencia. En nombre de esa
resistencia es la cruzada que hoy libramos.