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Bush
contra Cuba
Por
John Saxe-Fernández
La
Revolución Cubana, sustentada en una gran
movilización político-militar de la población,
representa un rompimiento tajante con la sujeción
de corte colonial al poderío político-militar y
económico de Estados Unidos. Cuba, como ocurre con
el resto de América Latina y el Caribe, fue
sometida a una continua explotación como área
tributaria, primero de España, luego de la
potencia norteña: una condición siempre respaldada
por la estrecha relación del Estado imperial y sus
empresas, con las corruptas, oligarquizantes e
igualmente depredadoras estructuras de poder
local.
A lo
largo del siglo XX la centralidad del fenómeno
imperialista y su manifestación de pax americana
o, si se desea ser riguroso, de "monroísmo" en
nuestra región, en ningún momento amainó. Pero
tampoco la resistencia al imperialismo. Cabe
recordar, con Gregorio Selser (La violación de los
derechos humanos en EUA, UAS, Sinaloa,1993), que
cualquier estudio de las sociedades sometidas al
imperialismo y de sus procesos de liberación
revela un aspecto fundamental: "la recuperación
acelerada de su sentido de humanidad y la
bestialidad de su opresor. Cada acción en pro de
la liberación de los oprimidos es seguida de
aterradoras acciones represivas de los opresores,
que revelan claramente el proceso de degradación
personal de los colonizadores. El miedo a perder
sus intereses económicos coloniales compele a los
poderes dominantes a perpetrar más actos
represivos y a ignorar las legalidades mínimas,
inclusive las del marco jurídico legal diseñado
para sustentar los regímenes coloniales". Quien,
en este contexto, revise la historia de la
relación de Cuba con Estados Unidos, pronto
descubrirá que la hostilidad hacia la
independencia y la soberanía cubanas existía
"antes" de la Revolución y del surgimiento del
campo socialista, durante su vigencia, e incluso
ahora, "después" del colapso soviético,
acentuándose con el gobierno de Bush. Así lo
recordó hace poco José Luis Toledo, decano de la
Facultad de Derecho de la Universidad de La
Habana, quien encabeza la "coadyuvancia" cubana a
Enrique González Ruiz, fiscal del Tribunal Benito
Juárez (www.tribunal benitojuarez.org), instancia
ciudadana que sigue la tradición del Tribunal
Russell en los años 60 (sobre los crímenes de
guerra en Vietnam) y del Tribunal Bruselas (en
relación a Irak).
El
Tribunal Benito Juárez se instaló en Caracas hace
pocas semanas. Su objetivo es juzgar la continua
agresión de Estados Unidos contra Cuba. El evento,
que tendrá lugar en México a finales de abril,
ocurre en momentos en que se recrudece la agresión
económica y política para, como lo ilustró Toledo,
provocar la desestabilización interna y propiciar
la intervención militar directa, a pesar de su
entrampamiento en Irak. La información ofrecida
por el decano, en un lúcido y preciso análisis
presentado en el Ceiich (UNAM), demuestra que con
la destrucción de la Revolución, el gobierno de
Bush plantea instaurar un régimen de corte
colonial. Para tal efecto se instaló una "Comisión
para asistir a una Cuba Libre", encargada de
"identificar medios adicionales para poner fin
rápidamente al régimen cubano". Con abierto
desprecio al derecho internacional, a la Carta de
la ONU y de la OEA, y sin que país alguno exija
explicaciones, Bush promueve un "cambio de
régimen" por medio de una política "más activa,
integrada y disciplinada para socavar las
estrategias de supervivencia del régimen y
fomentar acciones que aceleren su fin". Para ello
se identifican seis tareas encaminadas al
desarrollo de la actividad subversiva dentro del
territorio cubano: a) el fortalecimiento de la
"oposición" mediante su financiamiento, promoción
y adiestramiento; b) impedir la continuidad de la
dirección cubana prevista en la Constitución; c)
intensificar el bloqueo para reducir las entradas
de divisas; d) desarrollar nuevos métodos para
realizar transmisiones ilegales, como el
despliegue de aviones militares para tal efecto.
Es una acción grave, provocativa y peligrosa que,
indicó Toledo, viola el derecho internacional y
las normas de la Unión Internacional de
Telecomunicaciones; e) organizar una amplia
campaña de desinformación en el exterior, y f)
fomentar el aislamiento internacional de la
Revolución mediante esfuerzos multilaterales para
sumar otros países a esa política.
Bush designará
un "coordinador de la transición", una suerte de
"procónsul". Como señaló Toledo: "En Irak Paul
Bremer fue nombrado como tal después de la
ocupación militar; el Bremer para Cuba actuaría
desde ahora para provocar el fin de la Revolución
y dirigir todo el proceso posterior". La CIA y el
Pentágono se encargarían de la formación y manejo
de una "fuerza policial civil" y para las "metas"
sociales y económicas como privatizaciones,
"reforma" educativa, desmantelamiento de
laboratorios de nivel mundial y una seguridad
social "sostenible", etcétera. Bush echa mano de
la administración colonial a su servicio que opera
en Latinoamérica: "...se buscará la asesoría...
del Banco Mundial, el Banco Interamericano de
Desarrollo y el FMI".
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