Al retroceder al pasado,
hallamos referentes económico-políticos que hablan o
permiten escribir acerca de lo lejano de los
contactos de China y los países de América Latina.
Esta crónica tiene diferentes espacios temporales.
Es posible retroceder, en su génesis más remota, a
comienzos del siglo XVII hasta 1815 cuando el
"galeón de Manila", partía de Filipinas, y tocaba
los puertos de Veracruz, en México y el del Callao,
en Perú. Aquellos navíos llamados genéricamente
"barcos chinos" transportaban, entre otros
artículos, seda, cerámica, porcelana, telas,
esencias, pólvora, etc. Del "Nuevo Mundo", a cambio,
salían para Asia, en lo fundamental, oro, plata
blanca, maíz y tabaco.
Igualmente, es factible
remitirse a los años anteriores a la segunda mitad
del siglo XIX cuando arribaron los primeros "culíes
chinos" al Continente. Llegaron enganchados bajo
contrata; en el caso de Cuba, en realidad suplieron
a los esclavos traídos de África, cuando el
contrabando y el comercio negrero se tornaron
insostenibles; o fueron a desempañar los duros
trabajos en las obras ferroviarias, el Canal de
Panamá y las explotaciones de "guano" en Perú. Esta
corriente humana contribuyó al desarrollo y
crecimiento de la economía, y aportó elementos
autóctonos al mosaico de costumbres y cultura que
cuajaba en Latinoamérica. Sin olvidar su presencia
en la gesta libertadora cubana.
En tanto, las constantes
convulsiones sociales que conoció China hasta
mediados del siglo XX, dieron lugar a la dispersión
por el Continente de grupos de emigrantes que, en
alguna medida, dieron lugar a colonias más o menos
numerosas. La impronta de estos núcleos sirvió de
enlace para mantener, de modo intermitente, los
intercambios económicos chino-latinoamericanos, así
como conservar los gérmenes de la interrelación
cultural.
En el plano político debe
señalarse que, en fecha tan lejana como 1874, Perú
estableció relaciones diplomáticas con el Gobierno
de la "dinastía Qin". A su vez, años después le
siguieron Brasil (1881), México (1899), Cuba (1902)
y Panamá en 1909. Al caer el Imperio y proclamarse
la "República de China", entre 1911 y 1949, bajo el
Gobierno Nacionalista del "Guonmindang", Chile
regularizó los vínculos diplomáticos en 1915, con
posterioridad lo hicieron, Bolivia (1916), Nicaragua
(1930), Guatemala (1931), República Dominicana
(1940), Costa Rica (1944), Argentina (1947) y por
último, en 1949, Ecuador.
Pero, no sería hasta la
irrupción en el proscenio internacional de la
República Popular China (RPCh), en octubre de 1949,
que en realidad, pareció que surgían condiciones
para el establecimiento de contactos
institucionalizados, de mayor aliento. Sin embargo,
la presencia de factores históricos, políticos,
geográficos y, lo que resultó de un gran peso, la
coyuntura mundial de la época, marcada por la "larga
noche de la guerra fría"; a lo que se agregó la
perniciosa influencia política anti-china de los
Estados Unidos; circunstancias todas que arrojaron
más sombras que luces, al proceso de enrumbar por
sanos derroteros los vínculos entre América Latina y
la "Nueva China".
Por otra parte, en un
sentido más abarcador, al incursionar en las
relaciones mantenidas por los países
Latinoamericanos, en los más de 56 años de
existencia de la RPCh, por convención, es posible
distinguir tres grandes períodos: una fase inicial
que transcurre entre 1950 y 1978; un segundo momento
que abarca de 1979 al 2000; y una tercera etapa, en
realidad un verdadero parte aguas, delimitada por la
entrada de China en la Organización Mundial del
Comercio (OMC), hasta nuestros días.
II
El espacio temporal
correspondiente a la década de los años 50 del siglo
XX, encuentra, en América Latina, un ambiente
político donde abundan los gobiernos de corte
militar. Tejen esta cadena, entre otros, las
dictaduras entronizadas en República Dominicana,
Nicaragua, Venezuela, Bolivia, Paraguay, Haití,
Cuba, Colombia, Argentina, etc. Asimismo, los
Estados Unidos instrumentan la "Doctrina Truman"
(1947) e impulsa el llamado "Tratado de Río" (1948);
mecanismos dirigidos al afianzamiento de su
predominio político-económico en el Continente, así
como a levantar un "cordón sanitario" que sirviera
de valladar neutralizador a la influencia
"comunista".
De esta forma, el decenio
1950-1960 los vínculos de América Latina-China
quedaron circunscrito a la visita, de distintas
personalidades políticas y profesionales,
representativas del variopinto espectro social
Iberoamericano. A su vez, delegaciones sindicales y
comerciales de China visitaron diferentes países
Latinoamericanos. Por esta vía el país buscó tender
puentes que facilitaran el reconocimiento y
establecimiento de relaciones diplomáticas.
En tanto, el decenio
1960-1970 trajo variaciones en el curso de las
relaciones sino-latinoamericanas. En 1960 Cuba fue
la primera nación que otorgó reconocimiento
diplomático a la RPCh. En el lustro 1960-1965, los
encuentros chino-latinoamericanos registraron un
animado auge; delegaciones salidas de diferentes
puntos de la región arribaron a China. Además,
recorrieron distintas naciones del área,
representantes de diversas organizaciones chinas.
No obstante, en la segunda
mitad de la década de los 60 del siglo pasado, este
alentador despertar, por disímiles causas, sufrió
una drástica caída. Pesaron, de un lado, las
discrepancias mantenidas por China y la desaparecida
Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS),
alrededor del papel a desempeñar por los dos países
en el movimiento comunista internacional. De otro,
actuaron los persistentes cambios en la situación
política de América Latina (gobiernos militares en
Brasil, Argentina, Ecuador, Colombia, Perú, etc.); a
lo que se sumó el estallido de la "Revolución
Cultural" en China.
Por otra parte, la absurda
política de aislamiento político-económico de China,
comenzó a ser superada al ser expulsado Taiwán
(1971) y restituírsele a la RPCh sus derechos y
deberes en la Organización de Naciones Unidas (ONU),
y en todo el Sistema e Instituciones dependientes de
la Organización.
El reconocimiento que en la
arena internacional obtenía China llevó a que, en
los años 70 del Siglo XX, once países de América
Latina y el Caribe establecieron relaciones
diplomáticas con la nación asiática. También, en el
orden político, la década de los 70 del pasado siglo
registró otra vertiente de la apertura que proyectó
América Latina en sus relaciones con China. Con
frecuencia, se hizo normal la presencia en el país
asiático, de altos dignatarios Latinoamericanos y
del Caribe.
Sin embargo, el resultado
en números, del balance de los vínculos
económico-comerciales sino-latinoamericanos, en los
tres decenios que corren de 1949 a 1979 muestra que
estos fueron exiguos y oscilantes. El intercambio
bilateral en 1950-1960 sólo acumuló 61 millones de
dólares. En los años 1960-1965 se elevaron hasta los
mil 300 millones; pero, 1965 sólo arrojó 343
millones de dólares. Para finales de la década,
1969-1970, el comercio exterior entre ambas partes
descendió hasta los 276 millones de dólares. Al
concluir 1979 la cifra del saldo comercial alcanzó
los mil 261 millones de dólares.
III
El interregno 1979-2000 al
contrastarse en las relaciones de China y América
Latina, registra tendencias ascendentes, aunque
matizadas por las situaciones específicas que
influyeron en los dos polos. Ante todo, con el giro
que experimentó la política económica de China,
desde 1979, al aprobarse las "cuatro
modernizaciones" (agricultura, industria,
ciencia-tecnología y defensa) y proclamar una
"apertura al exterior". Ello implicó la imbricación
del país en el entramado internacional; surgieron
nuevas oportunidades para incentivar los vínculos
económicos, políticos y sociales con América Latina.
Desde el ángulo
Latinoamericano pesaron coyunturas adversas, como
fueron la crisis que se abatió sobre la economía de
México, en los años 80 y 90 del siglo pasado, así
como la estrepitosa caída económica que conoció
Argentina en la segunda mitad de 1990. La fiebre de
las "políticas de ajustes neoliberales" aplicadas,
desde 1980, no constituyeron el terreno más
favorable para darle un cariz más dinámico a las
relaciones China-América Latina.
Asimismo, los países
Latinoamericanos arrastran un sinnúmero de barreras
objetivas y subjetivas que gravitaron y deben ser
superadas, para darle un carácter más activo a los
vínculos con China. Está muy extendida la percepción
de lo alejado del mercado chino, desconocimiento de
costumbres, usos, modos de relacionarse y el
"exotismo" que rodea al país, etc. En sentido
positivo influye, el relegar al olvido las
"suspicacias ideológicas" propias de la "guerra
fría" que, en el pasado, justificó la oposición al
desarrollo de los contactos bilaterales, comerciales
y de cooperación con China.
A su vez, de forma
incipiente se hizo notar, en esta etapa, el peso que
tomaba China en los giros comerciales
internacionales, en especial, en la década de 1990.
En algunos países del área, sobre todo, los de mayor
dimensión, Brasil, Argentina y México, comenzaron a
valorar el acceso al mercado, así como el papel del
país en calidad de proveedor a tomar en cuenta.
A su vez, no debe pasarse
por alto que, desde fecha temprana, se hicieron
sentir opiniones reticentes hacia las importaciones
procedentes de China, en lo fundamental, expresadas
por voceros del sector industrial, dada la
incipiente afluencia de manufacturas, altamente
competitivas por sus bajos costos, que irrumpían en
los mercados de América Latina. Preocupaciones
similares surgen ahora, con más fuerza, cuando
expiró el "Convenio Multifibras" y sé liberalizó,
desde enero del 2005, el comercio de los textiles.
Sin embargo, en lo
cualitativo, la etapa 1979-2000 trajo nuevos aires
en las percepciones de China hacia América Latina.
Así, en las décadas de los 80-90 del siglo XX, las
relaciones político-económica de las dos partes
siguieron un curso modesto, pero ascendente; los
intercambios comerciales, la cooperación económica,
científico-tecnológica y cultural evidenciaron
significativo auge. La presencia, en las dos
latitudes, de los altos dirigentes del nivel
estatal-político chino-latino, se hizo frecuente en
la agenda de los contactos recíprocos.
En tanto, aumentaron los
países de América Latina y el Caribe que pasaron a
establecer vínculos diplomáticos con China. En la
actualidad, 19 Estados de la región tienen
representaciones diplomáticas en Beijing. También,
en los años transcurridos de 1980 al 2000
presidieron delegaciones a China, más de 30
Presidentes de América Latina y el Caribe.
Del lado chino fue evidente
el cambio de signo; en los primeros 30 años de la
RPCh, ningún alto dirigente estatal ni partidista
visitó América Latina. El nuevo rumbo se produjo a
partir de 1981. La intensificación de contactos al
más alto nivel resulta botón indicativo del interés
de la parte china por fortalecer los lazos
político-económicos con América Latina.
La frecuencia e intensidad
que fue cobrando la interrelación político-estatal
China-América Latina, se concretó en el moderado
incremento de los flujos comerciales; aunque, debe
señalarse que estos intercambios estuvieron lejos de
reflejar las reales capacidades de las dos partes.
Posiblemente, entre otros factores negativos, contó
el hecho de haber vivido la América Hispana, en
1980-1990, la llamada "década perdida".
De este modo, es posible
apreciar que los años 1980-1990 verificaron un
sostenido crecimiento del comercio bilateral e
incentivación de la cooperación económica; el monto
de los intercambios pasó, de los mil 363 millones, a
los mil 841 millones de dólares. No obstante, esto
sólo significó un incremento anual algo inferior al
3%.
Sin embargo, la última
década del pasado siglo, mostró una sensible mejoría
en el terreno de los intercambios externos América
Latina-China, al cerrar el 2000 con un total de 12
mil 596 millones de dólares. Cifra que representó
una tasa de incremento anual superior al 20% (ver
tablas 1 y 2).
Tabla 1.
|
Comercio
acumulado de China por países 1991-2000.
(Millones de dólares) |
|
Países |
Exportaciones |
Importaciones |
Totales |
Saldos |
|
Brazil |
8
168 |
10
715 |
17
154 |
(2
547) |
|
México |
6
199 |
6
060 |
12
259 |
139 |
|
Chile |
4
157 |
4
506 |
8
662 |
(349) |
|
Argentina |
3
686 |
4
849 |
8
295 |
(1
163) |
|
Panamá |
6
607 |
33 |
6
639 |
6
574 |
|
Perú |
979 |
3
994 |
4
973 |
(3
015) |
|
Cuba |
1
744 |
1
261 |
3
005 |
4
83 |
|
Uruguay |
800 |
720 |
1
520 |
80 |
|
Ecuador |
414 |
480 |
920 |
(38) |
|
Colombia |
611 |
106 |
717 |
505 |
Fuente: Datos recopilados
por el Autor.
Pero, si son analizados los
datos en su conjunto arrojan que, por término medio
las exportaciones de América Latina a China quedaron
por debajo de los 3 mil millones de dólares.
Mientras, lo importado por la región del "gigante
asiático", ascendió a montos cercanos a los 3 mil
500 millones de dólares. De considerarse las
potencialidades de complementación económica
contenidas en ambas direcciones, hay amplios
espacios para elevar el caudal de los intercambios
mercantiles e incursionar en otros rubros, como
pueden ser las inversiones de interés recíproco.
Tabla 2.
Comercio entre China y
América Latina (1991-2000)
(Millones de dólares)
|
Años |
Exportaciones |
Importaciones |
Totales |
Saldos |
|
1991 |
795 |
1
563 |
2
358 |
(768) |
|
1992 |
1
076 |
1
900 |
2
976 |
(824) |
|
1993 |
1
776 |
1
931 |
3
707 |
(155) |
|
1994 |
2
455 |
2
247 |
4
702 |
208 |
|
1995 |
3
147 |
2
967 |
6
114 |
180 |
|
1996 |
3
121 |
3
608 |
6
729 |
(487) |
|
1997 |
4
606 |
3
769 |
8
376 |
837 |
|
1998 |
5
323 |
2
989 |
8
312 |
2
334 |
|
1999 |
5
269 |
2
991 |
8
260 |
2
278 |
|
2000 |
7 185 |
5 410 |
12 596 |
1 775 |
|
Totales |
34 753 |
29375 |
64 130 |
5378 |
Fuente: Datos recopilados por
el Autor.
El balance total en el
período resultó favorable a China en más de 5 mil
300 millones de dólares, aunque con oscilaciones
anuales; resalta que los mayores saldos positivos se
concentraron en Brasil, Argentina y Perú. Para
China, el factor compensador lo arrojó el acumulado
de lo exportado a Panamá que recibió, en realidad en
la "Zona Franca", como promedio unos 660 millones de
dólares anuales; lo que sugiere que ésta es la
fuente del excedente en el decenio para China. En
concreto, las exportaciones del Continente quedaron
por debajo del 3% de lo que compró en el exterior el
país asiático.
Mientras, las exportaciones
latinoamericanas (5 410 millones de dólares en el
2000) a lo largo del decenio de 1990, tendieron a
concentrarse en relación con los mercados de origen
y estructura de los productos. En general, los
principales exportadores fueron, Brasil, Chile,
México, Perú y Argentina, pues en estos países
recayó el 85% de lo embarcado por la región hacia
China. En la composición de los principales
renglones entraron minerales (hierro y cobre),
productos silvoagropecuarios (pulpa de papel, trigo,
lana, azúcar, aceite, soja, carne, etc.) y de la
pesca (harina).
En tanto, lo importado de
China tiende diversificarse y aumentar en
complejidad tecnológica. En el curso de la última
década del siglo XX varió el surtido, al perder peso
los productos de la industria ligera, intensivos en
mano de obra (juguetes, textiles, calzado,
vestuarios, etc.) y ganar mayor presencia otros
rubros de elevado valor agregado (tractores,
instalaciones hidroeléctricas, maquinaria, químicos,
aviones, equipos, metalmecánica, barcos, etc. Pero,
en su conjunto, lo vendido por China en América
Latina, no supera en mucho el 2% de su comercio
exterior.
IV
La tercera etapa, en el
curso de los vínculos China-América Latina, está
unida a la llegada del siglo XXI; sus perfiles
parecen presagiar un halagador entorno, en el
desarrollo de las relaciones entre las dos regiones.
Tampoco escapa el hecho que, si bien para
Latinoamérica, surgen y pueden mencionarse nuevas
oportunidades, también en el horizonte otean
considerables retos.
Ante todo, en ingreso del
"coloso asiático" en la OMC (2001) y, su posterior
desempeño económico global, confirmó las
predicciones en cuanto a su transformación en una
auténtica potencia regional y conversión en motor
que tira de la economía mundial. En la realidad, hoy
China constituye una enorme fuente de la demanda
global. Con requerimientos de cemento de un 40%, el
30% de carbón, 36% de acero, 25% de níquel, 40% de
cobre, 15% de aluminio, 10% de petróleo y el 47% de
soja; y además, resultar el mayor consumidor de
hierro, estaño, zinc, platino y oro, el país
asiático, se transformó en "locomotora" que arrastra
e influye, en medida creciente, en la economía del
orbe.
Sin embargo, con
independencia de que una importante porción, más del
50%, de lo importado por China, corresponde al
comercio de reprocesamiento o con componentes de
bienes que luego son exportados; los requerimientos
totales de la economía abren un amplio margen de
maniobra para las producciones tradicionales
ofertadas por América Latina. Las importaciones
chinas han aumentado, por término medio, por encima
del 30% en los últimos cuatro años. De esta forma,
los rubros de origen silvícola-agropecuario,
minería, acero, cobre, aluminio, etc., susceptibles
de ser ofertados al mercado chino, brindan
posibilidades ilimitadas a los exportadores
Latinoamericanos.
En este contexto, las
expectativas parecen verificar la alentadora
evolución que en los últimos años han experimentado
los contactos político-económicos
sino-latinoamericanos. Continuando esta corriente,
desde finales del 2004, se aprecia que los vínculos
sino-latinos adquieren un carácter "estratégico" al
mostrar un sostenido y creciente flujo el
comercio-inversiones de China hacia América Latina.
Es ostensible que, en siglo
recién iniciado, se está forjando un patrón en las
relaciones América Latina-China que ejemplifica el
trato entre partes iguales; los contactos políticos
se intensifican, incluyendo los encuentros directos
al más alto nivel; los mecanismos de consulta
constituidos en diferentes foros funcionan
regularmente; la presencia y cooperación en los
organismos regionales adquiere un carácter fluido.
Cada vez, en mayor medida, se fortalecen los apoyos
recíprocos en la defensa de los derechos e intereses
legítimos, en particular, los reclamados por los
países en desarrollo, muy especialmente, en los
organismos internacionales.
En esta corriente, una
prioridad de primer orden, le corresponde al
comercio y la colaboración económica. En este plano,
todo indica que hay un horizonte promisorio, para
las líneas que tiendan a utilizar a fondo, las
potencialidades de complementación económica
existentes entre China y América Latina. En interés
de la segunda, estaría expandir la producción de "commodities"
para intercambiar por tecnologías punteras que
contribuyan a la transformación del aparato
productivo y los servicios.
No deja de ser un hecho
real que, los flujos de inversiones extranjeras
hacia la región, en el último lustro, presentaron un
comportamiento oscilante, lo que dio lugar, incluso,
a que algunos países tuvieran salidas netas de
capitales. La acumulación de reservas en divisa de
China, superiores a los 930 mil millones de dólares
(febrero del 2006); las disponibilidades de materia
primas y energéticos, más las facilidades de
infraestructura de que dispone América Latina,
vislumbran una factible "seducción" a las
corporaciones china para que inviertan en la región,
ya sea en el sector agropecuario, la industria, la
explotación de recursos naturales o los servicios.
Por otra parte, y no en
última instancia, América Latina no debe, ni puede
darse el lujo de la indiferencia, ni mantenerse al
margen, ante la violenta explosión que conoce, desde
hace un cuarto de siglo, la economía de China. Así,
al tiempo que resulta positivo expandir el comercio
y las fuentes de inversión procedentes de Estados
Unidos y de la Unión Europea (UE); al diversificar
los mercados de exportación y atraer capitales de
China, equilibra las relaciones económicas y
distribuye racionalmente los riegos. En fin,
cubrirse, al no "poner todos los huevos en la misma
cesta".
Mientras, para China buscar
el complemento económico con América Latina,
significa asegurarse mercados y, lo que es más
importante, proveerse de suministros crecientes de
materias primas, en especial, de energéticos y
minerales estratégicos. Esta complementación ofrece
bases para un mutuo beneficio e incrementar los
intercambios externos y las inversiones directas.
Además, facilita fomentar e incrementar renglones
establecidos, así como poner en explotación otras
fuentes de recursos naturales y estimular la
asimilación de técnicas productivas de alta
tecnología.
Un corolario natural,
contenido en las proyecciones de las relaciones
chino-latinas, en el próximo futuro, tenderá a
promover, activar los intercambios y la cooperación
en los ámbitos culturales, educativos, académicos y
deportivos. Por esta vía encontraran soluciones
muchos de los estereotipos que hoy subsisten y
lastran los acercamientos entre las dos culturas. La
gala de las "Olimpiadas del 2008" en Beijing,
seguramente mucho aportará mediante los canales
existentes, así como servirá para implementar nuevas
iniciativas.
En lo que respecta al
comercio exterior, al concluir el 2005 los montos
del intercambio bilateral Latinoamérica-China
crecieron, con respecto, al 2001, en casi 4 veces;
la tasa de incremento anual alcanzó el 25%. En
general, los saldos favorecen globalmente al
"gigante asiático", pero por países los datos
dispersos presentan disparidades al arrojar, por
ejemplo, excedentes con México y Cuba y deficitario
con Argentina y Brasil (ver tabla 3).
Tabla 3.
|
Comercio
Exterior América Latina-China.
(Millones de dólares) |
|
Años |
Exportaciones |
Importaciones |
Totales |
|
2001 |
6
700 |
8
200 |
14
900 |
|
2002 |
9
489 |
8
336 |
17
825 |
|
2003 |
---- |
---- |
26
800 |
|
2005 |
---- |
---- |
50
000 |
Fuente: Datos recopilados
por el Autor.
En las áreas de la
cooperación económica-tecnológica o la colaboración
económica, existen 16 acuerdos de China con países
latinoamericanos. Once Estados de la región tienen
firmados convenios de promoción y protección
recíproca de inversiones. Además, 12 naciones han
oficializado protocolos intergubernamentales
estableciendo las respectivas comisiones mixtas de
cooperación científica-técnica En general, cada año
son puestos en marcha unos 100 proyectos conjuntos,
la mayoría en la agricultura; y en la esfera
espacial-energía-atómica operan fructíferos
programas con Argentina y Brasil.
En lo que respecta a las
inversiones, China desembolsó en 2005 en el
exterior, unos 6 mil 900 millones de dólares. El
objetivo es doble; adquirir marcas de prestigio que
faciliten la internacionalización de sus empresas de
forma rápida y segura; y consolidar el acceso a los
recursos energéticos y las materias primas que
reclama la economía. Lo invertido por las
corporaciones chinas en el extranjero totaliza unos
39.000 millones de dólares en industrias del gas,
petróleo y en recursos minerales fuera del país.
El 60% de inversiones
chinas se dirigieron a Asia; América Latina, acaparó
el 16%; África, el 7%; Estados Unidos el 7%; Europa,
6% y Oceanía, el 4%. A la vez, en el 2005, las
empresas crearon filiales en el externas por de mil
770 millones de dólares y emplearon otros mil 930
millones en fusiones y compras.
Por otra parte, al
finalizar el 2002 la presencia de China en la
explotación de obras y el mercado de contratación de
fuerza laboral resultó mucho más activo que en la
esfera inversionista. Los convenios firmados
ascendieron a 2 mil 346 y el monto global de lo
convenido a 3 mil 120 millones de dólares. De ellos,
fueron ejecutados realmente mil 630 millones de
dólares; lo que significó cerca del 50% de lo
contratado. Dentro de las obras cumplidas se destacó
la ampliación de una zona portuaria cercana al Canal
de Panamá.
Al concluir el 2004 fueron
firmados por parte de China y Brasil, Argentina,
Chile y Cuba, alrededor de 50 acuerdos, cartas de
intención, protocolos, etc., incluido el compromiso
para invertir en la región unos 100 mil millones de
dólares en los próximos 10 años. Con ello, las
relaciones de China-Latinoamérica parecen adquirir
un carácter "estratégico" en el mediano y largo
plazo.
Así, en el caso de Brasil
las intensiones inversionistas esperadas sumaran los
10 mil millones de dólares en los dos próximos años.
En este plano, relevancia especial tomó el proyecto
valorado en mil 500 millones de dólares, realizado
por la corporación china "Baoesteel" para construir
una nueva acería. Las exportaciones de acero,
manganeso, zinc, bauxita, soja, jugo de naranja,
carne vacuna y de pollo auto partes, madera
procesada, etc., elevaran el comercio recíproco para
el 2009 hasta los 20 mil millones de dólares. China
se convirtió en el segundo socio comercial de
Brasil; lo exportado al país asiático ya roza el 10%
del comercio exterior carioca.
En Argentina, la suma de
las inversiones comprometidas ronda los 20 mil
millones de dólares. Entre otras, se dirigirán a la
técnica espacial, las comunicaciones vía satélite,
tecnologías de la información, búsqueda de
hidrocarburos en el mar, recuperación secundaria de
pozos petroleros, modernización y ampliación de
servicios urbanos e interurbanos ferroviarios de
pasajeros, viviendas populares, etc.
El comercio externo
chino-argentino lo integran la soja, aceite vegetal,
petróleo crudo, pieles, acero; e importa
computadoras, productos biológicos, bombillas y
motocicletas. Los intercambios, según predicciones,
en el 2009 se elevaran hasta los 9 mil millones; y
lo exportado por Argentina llegará a los 4 mil
millones de dólares.
En Chile fueron rubricados
estratégicos acuerdos en varios rubros. Se prevén
inversiones por 2 mil millones de dólares para
desarrollar nuevos proyectos en la minería del
cobre. Las exportaciones chilenas de celulosa,
metanol, harina de pescado y cobre (llegaran a los 6
millones de toneladas en el 2009), al mercado del
país asiático crecerán. China es el primer
importador del cobre chileno. En octubre del
presente año entró en vigor un Tratado de Libre
Comercio" (TLC) entre ambos países.
A su vez, China, de modo
enfático proyecta profundizar y dar mayor vuelo a
las relaciones económicas bilaterales con Cuba. Los
acuerdos concluidos cubren la cooperación económica
y científico técnica, otorgamiento de créditos,
donativos, la educación, salud pública, petróleo,
telecomunicaciones, fitosanitario, acuicultura,
servicios meteorológicos, turismo, ferrocarriles,
puertos, etc. China invertirá unos mil 800 millones
de dólares en el desarrollo de dos programas mineros
en la rama del níquel. Una planta en la provincia de
Holguín con capacidad de diseño de 68 mil toneladas
de ferro níquel (22 mil 500 contenido níquel puro);
y poner en explotación los yacimientos niquelíferos
de San Felipe, en Camagüey.
China obtuvo el
reconocimiento del "estatus" de "economía de
mercado" por parte de Brasil, Argentina, Chile y
Perú; cuestión relevante para el país asiático, dado
su interés por reducir el período de adaptación
comprometido al ingresar en la OMC (2015) y así
evita procesos de reclamaciones. Mientras, Brasil y
Argentina, más Cuba, son ahora "destino turístico de
Gobierno"; con ello, confían participar en la ruta
de buena parte de los 20 millones de turistas chinos
que viajan al exterior cada año.
Asimismo, la relevancia que
el Continente Latino vislumbra para China como
surtidor que, asegure en el próximo futuro,
suministros de materias primas y, en especial, de
hidrocarburos, quedó evidenciada en el acuerdo marco
cerrado entre "Yacimientos Petrolíferos Fiscales
Bolivianos" (YPFB) y la "Shengli International
Petroleum Development", de China. El protocolo
involucra inversiones por mil 500 millones de
dólares, en actividades para explorar, explotar,
refinar, industrializar-comercializar petróleo y
gas, para ser exportado a Estados Unidos, Canadá,
Argentina y Cuba. China está presente en programas
de desarrollo petrolero en Brasil, Venezuela, Perú,
Ecuador, Argentina, Bolivia y Cuba.
Venezuela y China
desarrollan una amplia gama de proyectos recogidos
en 148 protocolos. Entre ellos, está poner en marcha
y operar en el país una planta de "orimulsión" por
la "Corporación Nacional China de Petróleo" (CNPCh),
con una inversión total de unos 660 millones de
dólares. En tanto, otros convenios firmados cubren
la explotación de 19 campos petroleros en el oriente
del país, más dos bloques en la "Faja del Orinoco" y
en el "Golfo de Paria", mediante la ejecución
conjunta de inversiones del orden de los cinco mil
millones de dólares.
También, China hará
inversiones en la red de ferrocarriles venezolanos,
así como facilitó un crédito de 40 millones de
dólares para implementar programas en el sector
agropecuario. Además, Venezuela adquiere tanqueros
en China, mientras este país construirá un astillero
en un puerto venezolano. El establecimiento de una
ruta comercial permanente facilitará elevar los
envíos de crudo, desde los 200 mil barriles diarios
actuales, hasta los 500 mil entre el 2009 y el 2010.
En tanto, las naciones
Latinoamericanas fundamentalmente, desde la última
década del siglo pasado, dieron cabida a China en
diferentes organizaciones económicas regionales. De
esta forma, el país asiático está presente como
observador (1991) en las reuniones anuales del Banco
Interamericano de Desarrollo (BID); el mismo estatus
ostenta (1993) en la Asociación Latinoamericana de
Integración (ALADI); y en la Comisión Económica para
América Latina de la ONU (CEPAL), e igualmente,
mantiene frecuentes contactos con el Sistema
Económico Latinoamericano (SELA).
El Foro América latina-Asia
del Este (FALAE) es otra tribuna multilateral que
tiende a acercar y estrechar los vínculos
económicos, políticos y culturales entre las dos
regiones. China, como los países del Continente
Latino, al coincidir en los encuentros sostenidos en
este escenario, impulsan iniciativas relacionadas
con el orden económico mundial y la cooperación
económica. Además, China ingresó (1998) formalmente
en el Banco de Desarrollo del Caribe haciéndose
representar por el Banco del Pueblo de China.
También, respondiendo al
influjo de los cambios operados en la arena
internacional, en el curso de la última década del
siglo XX, 90 agrupaciones y partidos políticos, ya
estén en el poder o forman parte de las fuerzas
opositoras de 29 países de la región, establecieron
vínculos con el PCCh o entidades políticas de China.
Finalmente, de manera
oficial la "Comisión Regional de la Internacional
Socialista", la "Organización Demócrata Cristiana de
América", la "Conferencia Permanente de Partidos
Políticos de América Latina"(COPPPAL) y el "Foro de
Sao Paulo", entablaron relaciones regulares con el
PCCh.
V
La evolución que
experimentaron las relaciones de América
Latina-China, en lo fundamental, en el primer lustro
del siglo XXI, parecen relegar al pasado el carácter
secundario y de separación que, en general,
evidenciaron en las dos ultimas décadas del pasado
siglo. Ciertamente, los países del Continente
concentraron participación y energías en lograr una
mayor integración regional: en Centroamérica,
MERCOSUR, Tratado de Libre Comercio de América del
Norte (TLCAN), esquemas de cooperación en el Caribe,
etc.
Sin embargo, el giro habido
en el comercio exterior e inversiones en los
vínculos chino-latinos indica que, el 2004, delimitó
un nuevo horizonte en la ubicación de Ibero América
dentro de las relaciones de China con los países del
llamado "Tercer Mundo". Alcanzar intercambios en el
comercio bilateral del orden de los 100 mil millones
de dólares en el 2010, así como un ritmo inversor
promedio de 10 mil millones de dólares anuales hasta
el 2015, da un carácter estratégico y
cualitativamente superior en la perspectiva del
mediano y largo plazo.
No obstante, no faltan
voces, a lo largo de América Latina que, perciben el
"desembarco" de China en el Continente, más como
amenaza que oportunidad para diversificar mercados y
fuente de capitales y tecnología. En efecto, el país
asiático es hoy un temible competidor en multitud de
sectores globales, especialmente, en producciones
intensivas en fuerza de trabajo; sus costos
laborales representan una fracción de lo pagado en
muchos países de la región.
En este sentido, el caso de
México resulta ilustrativo. El cordón de la
"maquila", situado en la frontera con Estados
Unidos, ha visto esfumarse en los pasados años a más
de 500 empresas; se trasladaron a China en virtud de
la diferencia de salarios: 1,50 de dólar contra
0.50-0.62 por hora. Por lo que suman decenas de
miles los obreros desplazados. Al finalizar el
"Convenio Multifibras" y liberalizarse el comercio
de textiles, a partir de enero del 2005, los
estimados coinciden en otorgar a China hasta el 60%
del mercado de confecciones y tejidos en el 2007.
Igualmente, la industria
del calzado mexicana pierde terreno en su mercado
natural, los Estados Unidos; ganan espacio los
modelos y surtidos procedentes de China. Pero, estos
avatares no son nuevos; tampoco escapan a esta
amenaza otros sectores como vestidos, mobiliario y
electrónica, etc. México, negoció en secreto y
resultó el último país en firmar el acuerdo para la
adhesión de China a la OMC; logró plazos y
salvaguardas en varios rubros, entre ellos, los
textiles y otras producciones elaboradas en
condiciones de "maquila".
Lo apuntado para México
vale para el área de Centroamérica y el Caribe con
respecto a los textiles. Aunque países como Costa
Rica ponen en práctica medidas para hacer más
flexible y reorientar el sector, utilizando una
mayor especialización, introducir series más cortas,
ganar en rapidez en el servido de pedidos, etc.
A la vez, América Latina
urge de una mayor afluencia de capitales externos y,
en la práctica, la "competencia" de China en atraer
inversiones se hace sentir, pues es quien concentra
el 40-45% de la IDE que afluyen a los países en vías
de desarrollo. Pero, parece que en este terreno
surgen factores compensatorios, pues, la nación
asiática, como vimos, comienza a generar montos
apreciables de recursos inversionistas hacia el
exterior.
Tampoco debe perderse de
vista que, para Latinoamérica el "coloso asiático",
representa un mercado para las exportaciones
tradicionales de potencialidades infinitas, ser uno
de los de mayor dinamismo y rápido crecimiento del
mundo. Además, de sus importaciones un 45-50%
proviene del área subdesarrollada, y lo que es más
importante, los saldos de este comercio son
acreedores para los países exportadores.
Asimismo, no faltan las
argumentaciones que auguran para América Latina la
repetición del esquema establecido por Inglaterra a
fines del siglo XIX, cuando el Continente quedó
uncido al carro de la división internacional del
trabajo, en calidad de reservorio (periferia) de
materias primas y mercados para las manufacturas de
los países del "centro". Ven en la "ofensiva china"
los mismos propósitos, obtener recursos no
renovables y destino para exportar mercaderías.
Quizás, en estas
interpretaciones se pase por alto que, para América
Latina resulta positivo el "hambre" importadora de
China. Esto ha encontrado reflejo en el incremento
de precios de diferentes producciones primarias;
rinde dividendos a la región al obtener mayores
ingresos por lo exportado. En la misma dirección
tira el incremento del nivel de vida y la
diversificación del consumo en China, pues estimula
las importaciones de otras mercancías como vino,
café carne, frutas tropicales, legumbres, etc.
Si bien, muchas de las
inversiones comprometidas por China en la región se
encaminan al desarrollo de obras de infraestructura,
la adquisición de tierras y claros objetivos de
minimizar los costos finales, no significa que dejen
de desempeñar un importante papel en la necesaria
modernización de las estructuras económicas de
América Latina.
Este impulso inversor
facilitaría a la región reenfocar las energías y
hacer viables las estrategias para fomentar nuevas
capacidades competitivas en esferas como la
agricultura, diversificar la minería e impulsar las
actividades de servicios asociadas con el turismo.
En esta dirección resulta de interés atraer
inversiones de las empresas de China, sobre todo, en
la coyuntura en que el país ya forma parte de los
exportadores de capitales.
Por otro lado, la atracción
debe ser recíproca; o lo que es lo mismo, las
empresas latinoamericanas deben aumentar su
presencia en China, con ello ganarían capacidad para
penetrar y competir en el mercado del país asiático.
En otro sentido, este proceso facilitaría ascender
en la cadena de valor, así como llegar a niveles de
acabado fino en la curva de calidad. La falta de
estrategias en este terreno condenaría la región a
la competencia de bajos costos de China.
Al proyectar el horizonte
temporal de las relaciones latino-chinas, tampoco
debe de ignorarse que once países de la región
(Paraguay, centroamericanos e islas caribeñas) aún
reconocen y mantienen relaciones diplomáticas con
Taiwán. Sin embargo, las naciones de Centroamérica
iniciaron un acercamiento comercial con China al
abrir e intercambiar oficinas que representen los
intereses de ambas partes. Aunque estos pasos, hasta
el presente, no afectan las relaciones comerciales y
diplomáticas que las naciones del istmo mantienen
con Taiwán.
Especial resulta el caso de
Panamá; recibe mercaderías por valor entre los 1000
y 1300 millones anuales en sus zonas francas de
origen chino y mantiene un consulado en Hong Kong.
En fecha no fijada aún los países de Centroamérica
han determinado inaugurar una "pequeña oficina
comercial" en Beijing.
Finalmente, no puede
obviarse que los estudios académicos en América
Latina sobre China, prácticamente, son inexistentes.
Parecen pesar los atavismos del pasado reciente,
distancia, cultura exótica, idiosincrasia, barreras
de comunicación etc., sin desdeñar que los costos de
tales actividades se consideran altos en relación
con los beneficios que pueden arrojar. Estas
observaciones valen para los medios de comunicación,
con la agravante que, cuando llegan informaciones a
la región, han sido generalmente, "filtradas" por
agencias periodísticas europeas o norteamericanas.
Por último, parece abrirse
paso en América Latina la percepción de que China
incrementa aceleradamente su presencia en la
economía internacional, gana posiciones en el
tablero geoestratégico mundial, así como es
demasiado grande para que no se le tome en cuenta.
Los avances experimentados en curso del 2004, en las
relaciones comerciales bilaterales e inversiones,
resultan un punto de partida para alcanzar una
vinculación más estrecha y próspera. Corresponde a
los países Latinoamericanos enmarcar esas opciones
en una coherente estrategia de industrialización y
desarrollo. China, si parece tener claro lo que
quiere y busca.