Poco más de 48 años han
transcurrido de la inolvidable primera colada
revolucionaria llevada a cabo el 4 de mayo de 1959,
en la gigantesca fábrica del Cotorro, actual Empresa
Siderúrgica José Martí-Antillana de Acero,
perteneciente al Grupo Acinox del Ministerio de la
Industria Sidero Mecánica.
A la justificada alegría de
los ya escasos testigos de aquel episodio se mezcla
este día la de dos generaciones forjadas en "su"
fábrica, luego de escuchar los campanazos que
anuncian el término de la primera fase
inversionista, acción que mantuvo en tensión a todos
sus obreros y cuadros, como también a no pocos
venidos de otras empresas de Acinox y de varios
organismos de la nación.
El moderno horno eléctrico
de arco solo espera concluir su etapa de pruebas
para reiniciar las coladas de acero líquido,
detenidas a partir del 21 de junio último, cuando se
inició el complejo proceso de sustituir lo obsoleto
por tecnologías de punta, más eficientes,
productivas y sobre todo ahorradoras.
En medio del contagioso
júbilo, salpicado de la entrega de diplomas y
estímulos a varias decenas de trabajadores y cuadros
más destacados entre los muchos destacados, y a los
directores de las empresas que colaboraron en la
obra, el ingeniero Jorge Batista Fernández, director
general de Antillana de Acero, expresa a Opciones:
"En solo 33 días se ha
logrado el montaje del nuevo horno, y ahora restan
algunos detalles para su puesta en marcha y llevar a
cabo las pruebas en caliente. Debo reconocer que ha
sido un proceso muy esforzado, donde infinidad de
compañeros han permanecido casi a tiempo completo a
pie de obra".
-¿...?
-El nuevo horno conllevó
una serie de inversiones inducidas. Por ejemplo, la
máquina de colada continua -donde el acero líquido
se convierte en palanquilla-, sufrió una reparación
capital. Asimismo hubo que hacer una planta nueva
para el tratamiento de agua de calidad, con el fin
de suministrar el volumen requerido por el horno;
una planta de recirculación (casa de bombas) y
restablecer el pozo número siete con bombas
sumergidas que garanticen de forma estable el
líquido en las instalaciones".
DUPLICAR LA PRODUCTIVIDAD
"Muy importante -prosigue-
resultó el mantenimiento capital a la subestación
220, que alimenta de electricidad al horno, la
reparación del equipamiento auxiliar como el horno
de cuchara, todo lo cual permitirá que el nuevo
horno duplique su productividad".
El ingeniero Batista aclara
que ahora sobrevienen etapas de incontables pruebas
y ajustes: "Los especialistas buscarán soluciones al
efecto de los agregados, como la colada continua,
pues el nuevo equipo tiene una capacidad de
producción anual de 450 000 toneladas, pero la
máquina de vaciado continuo de que disponemos solo
puede asimilar 250 000 toneladas en ese lapso. Por
tanto, estamos ante un proceso inversionista que
prosigue, y en un período de tres a cinco años,
tener el soporte tecnológico para producir lo que es
capaz este moderno equipo".
Vale conocer que el diseño
tecnológico de Antillana de Acero se limitaba a
producir 200 000 toneladas anuales. Sin embargo, en
1987 frisaron las 400 000 toneladas de acero líquido
en los cinco hornos Martin de entonces, lo cual se
mantiene como récord.
La producción del gigante
del Cotorro está dirigida a los planes constructivos
nacionales, aunque algunos volúmenes se exportan en
forma de palanquilla y barras -cabillas- a
Venezuela, Bahamas, Jamaica y Dominicana, cumpliendo
con las normas ISO vigentes para este tipo de
materiales.
DE PRODUCCION NACIONAL
Conversando con el
ingeniero René Linares, director de la Empresa de
Mantenimiento y Servicios Tecnológicos de Acinox,
conocemos que todos los paneles eléctricos
contemplados en la inversión fueron construidos en
sus talleres.
"Sustituimos la tecnología
obsoleta -refiere- con los naturales beneficios que
ello aporta, como el ahorro por solo tener que
adquirir en el exterior los componentes. Y algo
fundamental: los nuevos paneles se revierten en
mayor ahorro energético y en garantía de que el
horno funcione sin tropiezos.
"El transformador de la
subestación 220 000 volts conllevó el montaje de una
protección de sobrevoltaje, que lo preserva de la
apertura y cierre de los interruptores que originan
el flush -sobrevoltaje en la línea-, que con el
tiempo afecta el enrollado del transformador".
REDUCIR EL TIEMPO DE COLADA
Por último, entrevistamos
al ingeniero Boris Tamayo Ferrer, director de la
Dirección Integrada de Proyectos del Grupo Acinox,
sobre un aspecto fundamental de la inversión:
"Con ello se pretende
reducir el tiempo de colada a colada en 60 minutos,
pues hasta ahora era de 120 minutos. Ello nos
acercará al propósito de la siderurgia cubana de
poder fabricar 500 000 toneladas de acero en el
futuro, claro está, con el concurso de la fábrica
Acinox Las Tunas.
"Ello trae aparejado un
impacto social, pues el trabajo del obrero es menos
fuerte que con el horno antiguo, y también nuestras
obras sociales recibirán una barra muy superior.
"Y en el orden tecnológico,
el transformador instalado de 72 megawatts/amperes,
reducirá el tiempo de cocción con el consabido
ahorro de energía. Ello repercutirá en el consumo de
chatarra, pues a medida que el proceso se
intensifique, estaremos usando la misma cantidad de
material, pero procesada en menor tiempo, y con ello
también ahorraremos elementos que inciden en la
producción de acero líquido como la cal, el carbono,
el grafito y el oxígeno.
"Por eso -concluye el
ingeniero Tamayo-, con una capacidad similar a la
del horno antiguo, o sea, 70 toneladas, fabricaremos
un acero de mayor calidad que después los
laminadores transformarán en barras, perfiles,
cuadrados, etcétera, y que otras empresas del Grupo
Acinox se encargarán de convertir en angulares,
alambrón, clavo, malla electrosoldada y alambre de
púas, entre otras producciones".