El MERCOSUR se enfrenta hoy a
su encrucijada más importante de sus 15 años de
vida, y esto se debe a la confluencia de una serie
de factores que, por primera vez un su escasa década
y media de funcionamiento hacen que este sea un
momento en el cual el bloque de integración y sus
integrantes deben adoptar decisiones que definirán
de manera clara y contundente su futuro.
Las posibilidades a las que
se enfrenta el proceso de integración sureño las
podemos resumir en tres posibles escenarios. El
primero, característico en las organizaciones
regionales latinoamericanas, es el su
intrascendencia. En este caso, los países del
MERCOSUR dejarían de tener como prioridad de su
accionar la integración regional y darían mayor
importancia a su relacionamiento externo basado en
políticas de índole bilateral. Este tipo de futuro
es el que promueve Estados Unidos al tentar a los
países de la región, tras el fracaso del ALCA, con
la firma de Tratados de Libre Comercio. Frente a
esto, y a fin de despejar esta posibilidad el
MERCOSUR ha resuelto actuar bajo el formato de 4+1,
es decir, que toda negociación debe ser llevada
adelante por el bloque en su conjunto.
Un segundo escenario
posible, más extremo que el anterior, consistiría en
la disolución del bloque. Sin embargo tal
posibilidad aparece hoy en día como la más
improbable, puesto que aún con reticencias, los
Estados Parte siguen creyendo, incluso con proyectos
diferentes y hasta en algunos casos aparentemente
contradictorios, en el proyecto de integración
regional . En este punto hay que mencionar que la
experiencia reciente de conflictividad latente entre
los países de la región hacen que sean sumamente más
interesantes las hipótesis de cooperación e
integración que las hipótesis de conflicto.
Finalmente, un tercer
escenario consistiría en una reformulación del
modelo de integración pregonado por el MERCOSUR. En
este sentido hay que considerar que la integración
mercosureña, tal como fue configurada a inicios de
la década de 1990, estaba claramente influida por el
denominado "Consenso de Washington" y desechaba el
gradualismos que caracterizó a la integración del
cono sur hasta ese entonces. Sin embargo hoy en día,
que los Estados sudamericanos están gobernados en su
mayoría por quienes accedieron al poder tras el
tercer recambio constitucional consecutivo, estas
políticas ya no cuentan con el apoyo del que gozaron
por una década. La característica actual de estos
gobiernos es la existencia de un discurso
confrontativo con ese pasado monetarista reciente y
la enarbolación de banderas populares y populistas.
Junto a esto, los discursos están cargados de un
fuerte componente nacionalista que, paradojalmente,
es coincidente en la mayoría de los dirigentes sobre
la importancia de una nación en los términos en los
que la concebían los padres fundadores de los
Estados latinoamericanos. Así pues, recobre fuerza
la noción política de la integración que estuvo
dejada de lado durante tanto tiempo.
Una reformulación necesaria
En consecuencia, y dado que
su concepción no tenía nada que ver con la noción
política de la integración, el MERCOSUR ya no puede
dar respuestas a las nuevas necesidades que tienen
los Estados sureños y, casi inexorablemente, entra
en crisis, la cual tiene muchas facetas de
presentación . Entre las más importantes podemos
destacar las tensiones existentes entre los socios
mayores y los más pequeños respecto al poder de
decisión en el seno del bloque, las características
que debe tener la integración, la falta de un
objetivo común sobre la necesidad y el objeto de la
integración, etc. En este contexto, la disputa
respecto a la instalación de dos plantas productoras
de celulosa en Uruguay, frente a la costa ribereña
argentina, generó una tensión inusitada que el
MERCOSUR no puso, no quiso o no supo encausar y hoy
en día se encuentra pendiente de resolución en los
Tribunales de La Haya.
Sin embargo, y pese a esta
serie de tensiones que vive el MERCOSUR en su
interior, en los últimos años ha alcanzado acuerdos
internacionales que lo posicionan como un actor de
cierto relieve. Así pues se tienen que considerar
los Acuerdos establecidos con los países de la
Comunidad Andina de Naciones con el objeto de
avanzar en una integración más amplia que conduzca a
la ya lanzada Comunidad Sudamericana de Naciones,
como así también los entendimientos firmados con
Egipto, la India y la Unión Aduanera de África del
Sur, a través de los cuales el bloque de integración
sureño busca posicionarse como un actor de
importancia en el concierto internacional, buscando
generar un polo de poder alternativo con las
potencias en desarrollo del hemisferio sur.
Sumada a esta situación
debe considerarse el ingreso de Venezuela al
MERCOSUR, lo cual le imprime a estas ciertas
características particulares que profundizan la vía
política de la integración en desmedro de la
excluyente tendencia economicista que lo
caracterizó. Así pues, Venezuela, apoyado en dos
vértices fundamentales, dota al MERCOSUR de ciertas
particularidades que hacen que, si son aprovechadas
inteligentemente, puedan significar un fuerte
posicionamiento internacional del grupo. Por una
parte, el país caribeño es una de las mayores
reservas mundiales de petróleo y gas, lo cual hace
que dado el valor que tales bienes tienen, el dinero
que ingresa a las arcas venezolanas sea mucho, lo
que sumado a la política del gobierno del presidente
Chávez de confrontación con Estados Unidos y el
fomento de la integración de América Latina tras su
idea de la Alternativa Bolivariana para las Américas
(ALBA), le posibilita una mayor implicancia en la
integración sureña. En este contexto se tiene que
tener en cuenta el proyecto de construcción de una
red de gasoductos que garanticen a todos los países
integrantes del MERCOSUR la provisión de gas.
Por otro lado, la elección
en Bolivia, que actualmente es miembro asociado del
MERCOSUR, de Evo Morales como Presidente de la
Nación también es un dato importante al momento de
analizar la situación del MERCOSUR ya que este país
es la segunda reserva energética de Sudamérica y un
factor importante de consolidación del proyecto
mercosureño del anillo energético. Junto a esta
realidad, la particularidad de la elección de
Morales como presidente es que es el primer
presidente indígena de la República de Bolivia y el
primero que es electo por más del 50 por ciento de
los sufragios, y al provenir de un partido de
izquierda, el Movimiento al Socialismo (MAS). De
hecho el mundo tomó con asombro su política de
nacionalización de los hidrocarburos, pese a que
había sido anunciada largamente durante el
transcurso de su campaña electoral.
Ambas realidades, la
incorporación de Venezuela y la Presidencia de
Morales en Bolivia, configuran una situación
especial en América del Sur y en el MERCOSUR en
particular puesto que, impulsado por su par
venezolano, Morales está analizando la posibilidad
de incorporarse como miembro pleno al bloque de
integración.
Un objetivo a corto y
mediano plazo
Como vemos, el MERCOSUR se
enfrenta ante un escenario con múltiples
posibilidades, y depende del propio proceso de
integración y las decisiones que éste adopte, el
reformularse hacia un proceso de integración más
amplio que de respuestas a la nueva realidad vigente
en sus integrantes o que se quede en lo alcanzado
hasta hoy, lo cual como vimos es poco frente a las
necesidades de los pueblos de la región.
Para poder avanzar entonces
hacia esa reformulación el MERCOSUR debe dar
respuesta, entre otras, a las siguientes cuestiones:
• Debe cambiar la lógica de
suma cero que hoy caracteriza la integración para
dar paso a una lógica de suma positiva en la cual
los progresos y las pérdidas sean evaluadas en
términos regionales y no sólo nacionales para que, a
largo plazo, todos saquen provecho de tomar parte
del proceso.
• Debe fortalecer su
estructura institucional sobre la base de la cesión
paulatina de soberanía a favor de instituciones
supranacionales para que la integración no se quede
en una mera asociación sino que sea algo de
características propias mayores que la suma de las
características de sus integrantes .
• Debe establecer
claramente un ordenamiento jurídico propio y su
relación con los ordenamientos jurídicos de los
Estados parte puesto que hoy no está claro ni la
jerarquía jurídica, ni su estado de vigencia ni su
implementación real.
Finalmente, sin pretender
importar conceptos o experiencias desarrolladas en
otras partes del mundo, el MERCOSUR debe aprender de
quienes se han anticipado a recorrer el camino que
hoy pretende transitar el bloque sureño. En este
sentido, el MERCOSUR debe implementar criterios
similares a los principios de subsidiariedad y
proporcionalidad desarrollados por la Unión Europea,
que han resguardado los intereses particulares de
los Estados miembros al limitar la intervención de
la Unión a aquellos casos en que los objetivos de la
acción pretendida no puedan ser alcanzados de manera
suficiente por los Estados miembros, y siempre y
cuando no se excedan ciertos límites.
En igual sentido, y a fin
de evitar la paralización del proceso de
integración, el MERCOSUR debe dar un salto
cualitativo respecto a su funcionamiento. Para ello
es importante que deje de lado la política
consensual y avance de las actuales prácticas de
acuerdo a la norma de la mayoría, mucho más
democrática y coherente con una organización que
aspira a albergar en su seno a varios miembros más
de la región. Igualmente, es útil analizar la
experiencia europea al respecto y estudiar
conveniencia de incorporar el criterio de
"cooperación reforzada", que contribuye a agilizar
los procesos decisorios en la Unión. Éste reconoce
la posibilidad de que un grupo reducido de miembros
colabore en ciertas materias, mientras otros se
reservan el derecho de adherir en un momento
posterior. En otras palabras, se reconoce
explícitamente la posibilidad de avance de la
integración a diferentes velocidades acordadas
previamente respecto a aspectos claramente
definidos. Por ello es importante aprovechar la
coyuntura favorable que se vive en la región y que
se genere un salto cualitativo a fin de garantizar
la profundización del proceso de integración.
La experiencia histórica
demuestra que en general han primado los intereses
particulares de los Estados nacionales por sobre el
interés general de la integración regional. Hoy en
día las variables sobre las cuales trabaja el
MERCOSUR se basan en acuerdos de índole económica y
no en una verdadera integración. Incluso la ya
mencionada Comunidad Sudamericana de Naciones, que
se basa en el acuerdo firmado entre los integrantes
de los dos procesos de integración sudamericana, es
un mero TLC y no un proyecto de integración más
amplio.
Para conseguir esto, es
necesario que se estimule la voluntad política de
los dirigentes de los Estados parte, puesto que hay
muchas buenas intenciones en los acuerdos que se
alcanzan y poca puesta en práctica de los mismos.
Cíclicamente la integración latinoamericana y el
MERCOSUR, han vivido períodos de crecimiento y de
decaimiento en función del interés que tenían
quienes formaban parte de él.
Es imprescindible que hoy,
que existen gobiernos con intereses análogos en los
países del cono sur americano, se establezcan bases
claras y sólidas para que el MERCOSUR no vuelva a
quedar a merced de voluntades políticas
circunstanciales y se convierta en una política
relevante en sus Estados miembros. Con gobiernos en
la región que, pese a sus diferencias, comparten
ideas similares de integración regional, están dadas
las circunstancias para que el MERCOSUR deje de ser
exclusivamente un acuerdo económico e incluya
plenamente las esferas política y social.
Las posibilidades de una
mayor integración están disponibles, depende de los
actores involucrados que el escenario que se
configure sea el que conlleve a una mayor
integración y no aquellos que se basan en una
retracción de la misma.