Cuando la teoría del "pico
del petróleo" fue publicada ampliamente por primera
vez en libros tan trascendentales como "Hubbert's
Peak" (2001) de Kenneth Deffeyes, "The Party's Over
(2002)" de Richard Heinberg, "Out of Gas" (2004) de
David Goodstein, y "The End of Oil" (2004) de Paul
Robert, funcionarios de la industria de la energía y
sus asociados en el gobierno generalmente
ridiculizaron la noción. Un pico inminente – y la
decadencia subsiguiente – en la producción global de
petróleo fueron ridiculizados como ciencia de
lunáticos con poco fundamento geológico. "Sobre la
base de [nuestro] análisis," afirmó confiadamente el
Departamento de Energía de EE.UU. en 2004,
"esperaríamos que el petróleo convencional llegara a
su pico más cerca de la mitad que a principios del
Siglo XXI."
Recientemente, sin embargo,
un aluvión de informes de alto nivel del gobierno y
de la industria han comenzado a sugerir que los
teóricos originales del pico del petróleo estaban
mucho más próximos a la tétrica realidad de la
disponibilidad global de petróleo que lo que estaban
dispuestos a admitir los analistas de la industria.
El optimismo de la industria sobre las perspectivas
de suministro de energía a largo plazo, indican esos
informes oficiales, han cedido el paso a un profundo
pesimismo, incluso en las mayores centrales
corporativas del Gran Petróleo.
El cambio en perspectiva
tal vez lo sugiera mejor un artículo del 27 de julio
en el Wall Street Journal intitulado "Los beneficios
del petróleo muestran señales de envejecimiento."
Aunque informa sobre asombrosos beneficios en el
segundo trimestre de los gigantes del petróleo Exxon
Mobil y Royal Dutch Shell – 10.300 millones de
dólares para el primero, 8.700 millones para el
segundo – el Journal señaló tristemente que los
inversionistas se preparan para resultados
decepcionantes en los trimestres futuros ya que el
costo de la nueva producción aumenta y la producción
baja en los campos más antiguos. "Todas las
compañías petroleras tienen dificultades para
aumentar la producción," explicó Peter Hitchens,
analista en la casa de corretaje Teather and
Greenwood. "[Sin embargo] se hace más y más difícil
preparar proyectos a tiempo y dentro del
presupuesto."
Para apreciar la naturaleza
del dilema del Gran Petróleo – hay que volver a
estudiar brevemente la teoría del pico del petróleo.
Tal como fuera formulada originalmente por el
geólogo del petróleo M. King Hubbert en los años
cincuenta, el concepto sostiene que la producción
mundial de petróleo aumentará hasta que se haya
agotado aproximadamente la mitad del patrimonio
original de petróleo del mundo; una vez que se haya
alcanzado ese punto, la producción diaria llegará a
un pico e iniciará una irreversible decadencia.
Los sucesores de Hubbert,
incluyendo al profesor emérito Kenneth Deffeyes de
Princeton, afirman que ahora hemos consumido
aproximadamente la mitad del suministro original y
que por lo tanto hemos llegado a, o muy cerca de, el
momento de pico de la producción predicho por
Hubbert.
Desde que el concepto
irrumpió en la conciencia pública hace algunos años,
sus proponentes y críticos han discutido ampliamente
sobre si hemos o no llegado a la producción máxima
mundial de petróleo. De cierto modo, es un argumento
discutible, porque las cifras involucradas en la
producción convencional de petróleo han sido
crecientemente oscurecidas por petróleo derivado de
fuentes "inconvencionales" – profundos yacimientos
costa afuera, arenas alquitranosas, y líquidos de
gas natural, por ejemplo – que están siendo
mezclados a las materias primas petrolíferas para
producir gasolina y otros combustibles. En los
últimos años, esto ha complicado cada vez más el
cálculo de los suministros de petróleo. Como
resultado, podrán pasar años antes de que podamos
estar seguros de la oportunidad exacta del momento
del pico del petróleo global.
La era del petróleo difícil
Existe, sin embargo, un
segundo aspecto de la teoría del pico del petróleo,
que no es menos relevante cuando tiene que ver con
la visión del suministro global – un aspecto que es
mucho más fácil de detectar y evaluar en la
actualidad. Los teóricos del pico del petróleo han
afirmado desde hace tiempo que la primera mitad del
petróleo del mundo que será extraída y consumida
será la mitad fácil. Se refieren, por supuesto, al
petróleo que se encuentra en las costas o cerca de
las costas, petróleo cercano a la superficie y
concentrado en grandes reservas; petróleo producido
en sitios acogedores, seguros y fáciles.
La otra mitad – que (si
tienen razón) queda del suministro de petróleo del
mundo – es el petróleo difícil. Quieren decir que
está enterrado lejos, costas afuera o profundamente
bajo tierra; petróleo esparcido en pequeños
yacimientos difíciles de encontrar; petróleo que
debe ser obtenido de sitios poco amistosos,
políticamente peligrosos, o arriesgados. Una vista a
ojo de inversionista en petróleo de nuestro planeta
energético de hoy revela rápidamente que ya
parecería que estuviéramos entrando a la era del
petróleo difícil. Esto explica el creciente
pesimismo entre analistas de la industria, así como
ciertos cambios en la conducta del mercado
energético.
En sólo una señal de la
nueva realidad, el precio del punto de referencia de
petróleo crudo liviano, dulce, estadounidense para
entrega el próximo mes subió a nuevas alturas el 31
de julio, superando el antiguo récord para comercio
intradía de 77,03 dólares por barril fijado en julio
de 2006. Algunos observadores predicen que un precio
de 80 dólares por barril está a la vuelta de la
esquina; mientras que John Kildruff, un analista
perfectamente serio del corredor de futuros Man
Financial, dijo a Bloomberg.com: "Estamos a sólo un
titular importante del petróleo a 100 dólares."
Nuevas alteraciones en los suministros nigerianos o
iraquíes, o un ataque militar de EE.UU. contra Irán,
explicó, podrían provocar ese aumento de precio en
el equivalente energético de un nanosegundo.
Una señal de otro tipo fue
dada el 7 de agosto por el gobierno de Kazajstán en
el Asia Central rica en petróleo. Advirtió a los
operadores privadores del gigantesco proyecto
petrolero costa afuera Kashagan – en el sector
kazajo del Mar Caspio – que redujeran costos y
aceleraran el comienzo de producción o encararan una
posible toma de control por el gobierno. En una
entrevista, el primer ministro Karim Masimov dijo de
modo amenazador: "Estamos muy desilusionados con la
ejecución del proyecto. Si el operador no puede
resolver estos problemas, no excluimos su posible
reemplazo."
Hay que recordar que
Kashagan, no es un proyecto petrolero cualquiera: es
el mayor yacimiento que ha sido desarrollado en
cualquier parte del mundo desde el descubrimiento de
Prudhoe Bay en Alaska hace unos 40 años. Con
reservas de petróleo estimadas entre 9 y 13.000
millones de barriles, es crucial para las esperanzas
de sus principales desarrolladores – Exxon,
ConocoPhillips, Shell, Total (de Francia), y Eni (de
Italia) – para aumentar su producción en los años
por venir. Consistente con el aspecto del "petróleo
difícil" de la teoría del pico del petróleo, sin
embargo, Kashagan resulta desalentadoramente difícil
de convertir en una fuente exitosa de petróleo. La
reserva de petróleo en sí está enterrada bajo una
capa de gas de alta presión, lo que hace que su
extracción sea extremadamente difícil, y contiene
niveles anormalmente elevados del letal sulfuro de
hidrógeno; además, todo el campo está ubicado en un
área poco profunda del Mar Caspio que se congela
durante cinco meses por año y es el sitio de
incubación de focas poco comunes y esturiones beluga.
Como resultado de estos y
otros problemas, el consorcio operador de Kashagan
ha sufrido la casi duplicación de la cuenta para el
lanzamiento del proyecto – de 10.000 millones a
19.000 millones de dólares – y ha postergado el
comienzo de la producción inicial de 2005 a 2010,
enfureciendo al gobierno kazajo, que había esperado
estar recibiendo ya miles de millones de dólares en
impuestos y royalties.
Un mundo exigente
Y luego, tenemos esos
informes de agencias y organizaciones de alto nivel
sobre el cuadro energético global, que llegan todos
a la misma conclusión básica: Esté o no inmediato el
pico de la producción mundial de petróleo, el futuro
del suministro global de petróleo en un mundo de una
demanda que crece interminablemente parece sombrío.
La primera de estas
recientes advertencias, intitulada ""Medium-Term Oil
Market Report" [Informe a mediano plazo del mercado
del petróleo], fue publicado el 8 de julio
por la Agencia
Internacional de la Energía (IEA), un brazo de la
Organización de Cooperación y Desarrollo Económico
(OCDE), el club de las mayores potencias
industriales. Aunque está repleto de estadísticas y
análisis técnicos, el informe, que evalúa la
ecuación global del suministro y la demanda del
petróleo hasta 2012, parecía filtrar ansiedad y
llegó a una conclusión claramente preocupante:
Debido a que es probable que la demanda mundial de
petróleo siga aumentando a un ritmo acelerado y a
que no se espera que el desarrollo de nuevos campos
petrolíferos pueda hacer lo mismo, es probable que
emerjan importantes déficit dentro de los próximos
cinco años.
El informe de la IEA
predice que la actividad económica mundial crecerá
en un promedio de 4,5% por año durante este período
– impulsado sobre todo por el crecimiento
irrefrenable en China, India, y otras dinamos
asiáticas. La demanda global de petróleo aumentará,
predice, en un 2,2% por año, impulsando el consumo
mundial de petróleo de aproximadamente 86,1 millones
de barriles por día en 2007 a 95,8 millones de
barriles en 2012. Con suerte y sustanciales nuevas
inversiones, la industria petrolera mundial podría
lograr aumentar suficientemente la producción para
satisfacer este mayor nivel de demanda – pero, si lo
hace, apenas. Más allá de 2012, la perspectiva de
producción parece mucho más sombría. Y hay que
recordar que hablan de la perspectiva más favorable.
Hay una serie de temores
específicos que subyacen a las conclusiones del
informe. A pesar de los crecientes precios del
combustible, ni los consumidores maduros de los
países de la OCDE, ni los nuevos consumidores
pudientes en el mundo en desarrollo limitarán
significativamente su apetito por petróleo. "La
demanda crece, y a medida que la gente se acostumbra
a precios más altos, comienza a volver a sus
tendencias anteriores de alto consumo," fue como
Lawrence Eagles, experto en petróleo en la IEA,
resumió la situación. Esto es claramente evidente en
EE.UU., donde precios a un nivel alto récord no han
impedido que los conductores repleten sus tanques y
conduzcan distancias récord.
Además, la producción de
petróleo en EE.UU. y en la mayoría de los otros
no-miembros de la Organización de Países
Exportadores de Petróleo (OPEC) ha llegado a su
pico, o está a punto de hacerlo, lo que significa
que la contribución neta de los proveedores no-OPEC
sólo puede disminuir entre ahora y 2012. Eso, por su
parte, significa que el peso de suministrar el
petróleo adicional requerido tendrá que recaer sobre
los países de la OPEC, la mayoría de los cuales está
situada en áreas inestables de Oriente Próximo y de
África.
Las cifras son realmente
asombrosas. Sólo para satisfacer una demanda de algo
como 10 millones de barriles por día adicionales
entre ahora y 2012, habría que sumar cada año dos
millones de barriles por día en petróleo nuevo a las
existencias globales. Pero incluso este cálculo es
engañador, como dejó en claro Eagles de la IEA. En
los hechos, el mundo necesitaría inicialmente cada
año "más de 3 millones de barriles por día de
petróleo nuevo [sólo] para compensar la caída en la
producción en los campos maduros fuera de la OPEC" –
y eso antes de que siquiera se llegue cerca de esos
dos millones de barriles adicionales.
En otras palabras, lo que
se necesita realmente son cinco millones de barriles
de petróleo nuevo cada año, un desafío
verdaderamente desalentador ya que casi todo este
petróleo tendrá que ser hallado en Irán, Iraq,
Kuwait, Arabia Saudí, Argelia, Angola, Libia,
Venezuela, y uno o dos otros países. No se trata de
sitios que vayan exactamente a inspirar la confianza
a los inversionistas que pueda atraer los muchos
miles de millones de dólares necesarios para
incrementar la producción suficientemente como para
satisfacer los requerimientos globales.
Al leer entre líneas se
percibe rápidamente el peor de los panoramas en el
que no se realiza la inversión necesaria; la
producción de la OPEC no crece año por año en cinco
millones de barriles por día; el etanol y otra
producción de combustibles sustitutos, junto con
combustibles alternativos de varios tipos, no crece
con rapidez suficiente para colmar la brecha; y, en
el futuro no demasiado distante, una escasez
sustancial de petróleo lleva a una catástrofe
económica global.
Los billones que faltan
Una prognosis similar
emerge de una lectura cuidadosa de "Facing the Hard
Truths About Energy" [Enfrentando las duras verdades
sobre la energía], el segundo informe importante
publicado en julio. Sometido al Departamento de
Energía de EE.UU. por el Consejo Nacional del
Petróleo (NPC), una asociación petrolera-industrial,
este informe encapsuló la visión de funcionarios de
la industria y analistas académicos. Fue ampliamente
elogiado por suministrar un enfoque "equilibrado"
del dilema energético. Llamó a aumentar los
estándares de eficiencia del uso de combustible para
vehículos y un aumento de las perforaciones en busca
de petróleo y gas en tierras federales. A todo el
ruido respecto a su publicación contribuyó la
identidad del principal patrocinador del informe, el
antiguo presidente de Exxon, Lee Raymond. Después de
haber expresado previamente escepticismo sobre el
calentamiento global, ahora apoyó el llamado del
informe a adoptar pasos significativos para limitar
las emisiones de dióxido de carbono.
Como el informe de la IEA,
el estudio del NPC afirma que – con la perfecta
mezcla de políticas y un nivel adecuado de inversión
– la industria energética sería capaz de satisfacer
la demanda de petróleo y gas durante algunos años
por venir. "Afortunadamente, al mundo no se le
acaban los recursos energéticos," afirma con brío el
informe. Pero uno lo lee cuidadosamente, ese
optimismo comienzan a desvanecerse cuando su énfasis
pasa a las crecientes dificultades (y costos) de la
extracción de petróleo y gas de sitios menos que
favorables y a los riesgos geopolíticos asociados
con una creciente dependencia global de proveedores
inestables, potencialmente hostiles.
Una vez más, las cifras
involucradas son asombrosas. Según el NPC, se
calcula que se necesitarán nuevas inversiones de
unos 20 billones de dólares (20.000.000.000.000 de
dólares) entre ahora y 2030 para asegurar suficiente
energía para la demanda prevista. Esto significa
"3.000 dólares por persona actualmente en vida" en
un mundo en el que una buena mitad de la humanidad
gana mucho menos que eso por año.
Esos fondos, que sólo
pueden provenir de aquellos de entre nosotros en los
países más ricos, serán necesarios, señala el
consejo, para "construir plataformas a un costo de
muchos miles de millones de dólares, en agua a miles
de metros de profundidad, la colocación de
oleoductos en terreno difícil y a través de
fronteras nacionales, la expansión de refinerías, la
construcción de barcos y terminales para embarcar y
almacenar gas natural licuado, la construcción de
ferrocarriles para transportar carbón y biomasa, y
la colocación de nuevas líneas de transmisión de
alto voltaje entre molinos eólicos alejados." A la
magnitud de este proyecto se agrega que es probable
que "futuros proyectos sean más complejos y remotos,
resultando en costos más elevados por unidad de
energía producida." De nuevo, hay que pensar en
términos de petróleo difícil.
El informe luego pasa a
señalar lo obvio: "Un clima de inversión estable y
atractivo será necesario para atraer capital
adecuado para la evolución y la expansión de la
infraestructura energética." Y aquí todo observador
astuto debiera comenzar a alarmarse seriamente;
porque, como señala el propio informe, no se puede
esperar que un clima semejante exista. Como el
centro de gravedad de la producción mundial de
petróleo pasa decididamente a proveedores de la OPEC
y a productores de energía centrados en el Estado
como Rusia, factores geopolíticos más que los de
mercado llegarán a dominar a la industria energética
y toda una gama nueva de inestabilidades
caracterizarán el comercio del petróleo.
"Estos cambios plantean
profundas implicaciones para los intereses,
estrategias, y decisiones políticas de EE.UU.,"
declara el informe. "Muchos de los cambios esperados
aumentarán los riesgos para la seguridad energética
de EE.UU. en un mundo en el que la influencia de
EE.UU. probablemente disminuirá a medida que el
poder económico pasa a otras naciones. En los años
por venir, podrían empeorar las amenazas de
seguridad a las fuentes principales de petróleo y
gas natural del mundo."
Leídos desde esta
perspectiva, los recientes informes de pilares de
los círculos dominantes del Gran Petróleo y de las
naciones ricas, sugieren que la lógica básica de la
teoría del pico del petróleo dio en el blanco y que
vienen tiempos duros en cuanto a la suficiencia
global de petróleo y gas. Ambos informes afirman que
si se tiene exactamente el menú correcto de
políticas correctivas y un golpe poco realista de
pura suerte – como ser que no lleguen grandes
huracanes del tipo de Katrina a los campos
petrolíferos o a las refinerías, que no haya nuevas
guerras en las áreas de producción de petróleo en
Oriente Próximo, ni un colapso político en Nigeria –
podríamos de alguna manera llegar tambaleando hasta
2012 y tal vez un poco más lejos sin una catástrofe
económica global. Pero en una era de petróleo
difícil, las probabilidades apuntan también hacia la
mala suerte. Abróchese su cinturón de seguridad.
Llene rápido el tanque de gasolina. El futuro
probablemente será un viaje agitado hacia el borde
del abismo.
Michael T. Klare es
profesor de estudios de paz y seguridad en Hampshire
College en Amherst, Mass., y autor de: "Blood and
Oil: The Dangers and Consequences of America's
Growing Dependence on Imported Petroleum." Su libro
más reciente: "Rising Powers, Shrinking Planet: The
New Geopolitics of Energy," será publicado en la
primavera de 2008 por Metropolitan Books.
Copyright 2007 Michael T.
Klare
http://www.tomdispatch.com/post/174829/michael_klare_tough_oil_on_tap