Muchos dilectos lectores de
Bajo la Lupa (ver "La quiebra de la banca negra:
Citigroup, UBS, Santander y BBV", 3/10/07) se
asombrarán de que desde el estallido de la "megaburbuja
Greenspan", en agosto, hayamos vaticinado a
contracorriente y antes que todo el mundo la quiebra
oculta de Citigroup, de acuerdo con los cánones
capitalistas bancarios de la "vieja economía de
ahorros".
Solamente nos basamos en
las confesiones de los inventores de las
especulaciones lúdicas de los "derivados
financieros" ("Una apuesta billonaria en dólares",
Programa No. 2704 de la serie Nova de PBS), quienes
llegaron incluso a operar cibernéticamente con
ecuaciones matemáticas supuestamente infalibles:
Robert Merton y Myron Scholes, los Nobel de Economía
(para lo que sirven), lo cual relatamos en nuestro
libro Los once frentes antes y después del 11 de
septiembre (Ed. Cadmo & Europa, 2003).
No es normal que se reúnan
de emergencia después del cierre bursátil, y menos
en fin de semana, los directivos de Citicorp (que
sus feroces enemigos en Wall Street ya apodan Citi-Corpse,
es decir, el "Citicadáver") cuando nombraron
director interino a Robert Rubin, ex secretario
clintoniano del Tesoro y, sobre todo, ex jerarca
durante un cuarto de siglo de Goldman Sachs, el
mayor banco de inversiones del mundo. ¿Es Citi-Corpse,
en el insolvente sistema bancario de EU, lo que fue
la gasera texana mafiosa Enron en el sector
energético?
Todo indica en tal sentido
Meredith Whitney, la temeraria analista de CIBC
World Markets, quien aconseja que la mejor solución
sería "fracturar el banco y venderlo en pedazos" (The
Daily Telegraph, 6/11/07).
La amazona Meredith, que ya
pasó a la historia como la sepulturera de Citi-Corpse,
fue quien detonó la crisis del insolvente "banco
negro", que orilló a la renuncia precipitada de su
mandamás: el inimputable Charles Chuck Prince, al
exponer los agujeros negros ocultos del mayor banco
del mundo, lo cual ocasionó un desplome de 369 mil
millones de dólares (¡casi la mitad del PIB de
México!).
Debido a sus revelaciones,
Meredith, quien debería ostentar el Premio Nobel de
Economía en lugar de sus recipendiarios
disfuncionales, recibió amenazas de muerte. Pues sí,
así nos pasa a los críticos de los paradigmas
caducos.
Mientras Citi-Corpse se ha
instalado en la negación llana y simple, ocultando
su verdadera contabilidad desfondada, la admirable
Meredith afirma letalmente que el mayor banco del
mundo "no dispone del capital suficiente para
solventar sus compromisos". Eso en la "vieja
economía de ahorros" se llamaba "quiebra", antes de
que el mago malhadado y malvado Alan Greenspan
tomara el timón de la Reserva Federal durante casi
dos décadas para inventar la "nueva economía de
deuda".
Según MarketWatch
(5/11/07), Citi-Corpse mantenía 134 mil 840 millones
de dólares en el llamado "nivel tres", cuyas
tenencias "carecen de liquidez y frecuentemente no
son cotizables y sus valuaciones se basan en la
intuición de la directiva". En finanzas contables,
el "nivel tres" equivale al noveno círculo de los
infiernos dantescos y constituye la nueva
clasificación de activos que la asociación de
auditores ha adoptado. El problema radica en que el
valor de tales "activos" no es determinable por el
mercado, por lo que carece de un precio confiable.
Nadie sabe para quién
trabaja, y el tuxpeño Roberto Hernández Ramírez es
probable que pierda sus acciones de Citicorp en
plena insolvencia. ¿Qué advendrá con su filial
Banamex? Por lo pronto, Citi-Corpse se ha desplomado
en 25 por ciento del valor de sus acciones en tan
sólo tres semanas... más lo que falta.
Martin Hutchinson, en su
muy leída columna de cada lunes ("El peldaño del
oso", 29/10/07), aborda el "diezmo del nivel tres" y
pone el dedo en la llaga sobre la manipulación
contable de Goldman Sachs (Nota: que conste que nos
encontramos a principios del siglo XXI, cuando
supuestamente dejamos atrás la nigromancia pre-medieval)):
"existe un misterio (sic) en Wall Street: la semana
pasada Merrill Lynch canceló 8 mil 400 millones de
dólares de la hipoteca inmobiliaria de baja calidad
(Nota: el sub prime), cifra revisada (sic) de los
previos 4 mil 900 millones de dólares reportados;
sin embargo, Goldman Sachs no sintió la necesidad de
una cancelación similar. El secreto (sic) real de la
diferencia probablemente resida en los detalles de
su contabilidad, en particular, en el mundo turbio
(sic), que pronto será revelado, de sus activos que
se encuentran en el ‘nivel tres’ de su portafolios".
Luego entonces, ¿también anda quebrado Goldman Sachs?
Martin Hutchinson no come
ansias y espera que a partir del 15 de noviembre
(que puede prefigurar un desplome bursátil, si es
que no sucede antes) "habrá una nueva herramienta
para escudriñar cuánto desecho (sic) tóxico existe
de las hojas contables de los bancos de inversiones;
la nueva regla contable SFAS157 requiere que los
bancos dividan sus activos cotizables en tres
niveles, de acuerdo con la facilidad para conseguir
un precio en el mercado.
"El ‘nivel uno’ expone los
activos en los mercados dinámicos. En el otro
extremo, los activos del ‘nivel tres’ son
invaluables y solamente tienen cotizaciones según la
referencia de los modelos (¡súper sic!) de los
propios bancos". ¡Bueno, ni la otrora banca privada
mexicana llegó tan lejos en sus supercherías
contables!
Goldman Sachs, que subsume
el verdadero gobierno financiero global del "nuevo
capitalismo" y que opera bidireccionalmente con Citi-Corpse
(el síndrome Robert Rubin), como expusimos con
antelación, reveló en febrero reciente, es decir,
antes del desplome inmobiliario, su "nivel tres", o
sea, de toxicidad desechable, que ascendió a 72 mil
millones de dólares, que en ese entonces
representaban 8 por ciento de sus activos totales.
Comenta al respecto el
sagaz Martin Hutchinson: "el problema se vuelve más
serio cuando se asienta que tales 72 mil millones de
dólares representan el doble del capital de Goldman
Sachs, que es de 36 mil millones. Por consiguiente,
en una situación extrema la entera existencia (sic)
de Goldman Sachs reside en el valor de su activos a
‘nivel tres’, es decir, también está tan liquidado
bidireccionalmente como Citi-Corpse".
En la "nueva economía de
deudas", sustentada por los ominosos hedge funds
(fondos de cobertura de riesgo) de "contabilidad
invisible" en los "paraísos fiscales", el universo
privilegiado del mayor banco de inversiones del
mundo, Goldman Sachs (ver Bajo la Lupa, 31/10/07),
los ciudadanos resultan inesperadamente quebrados,
además de despedidos de sus empleos, pese a que
aportan sus participativos ahorros, colocados en los
bancos centrales del G-7 y que sirven discrecional y
unilateralmente para rescatar a los insolventes
bancos y banqueros: el "síndrome Fobaproa/IPAB
global", que epitomiza en México el "amigo de
Zedillo y Fox", el tuxpeño Roberto Hernández
Ramírez, quien vendió a Citigroup "su banco",
quebrado y sin pagar impuestos.
Pero tampoco hay que
asombrarse tanto, como demostró hace 77 años el
lúcido Rudolf Hilferding, sobre el cataclismo que
azota cuando los banqueros se apoderan de los
resortes del poder de las naciones. Un país sucumbe
cuando cesa de escuchar a sus sabios.