EJEMPLO DEMOCRÁTICO
El triunfo electoral de la oposición venezolana es,
también, una victoria moral bolivariana
[03.12.2007]- Actualización 8:00 pm de Cuba
(Editorial de La Jornada)
"El rechazo mayoritario de la ciudadanía al texto
constitucional propuesto por Chávez no altera el
curso de una administración a la que le quedan cinco
años en el poder y que podrá seguir gobernando en el
marco de la Constitución actual. Así, lejos de salir
debilitado por la derrota electoral de ayer, el
chavismo sale del trance fortalecido y revestido de
una autoridad moral que sus adversarios tendrán que
reconocerle".
Ejemplo democrático
(La Jornada)
Ayer, en una jornada electoral que en términos
generales transcurrió en paz y tranquilidad, y con
un sistema de voto electrónico transparente e
irreprochable, los venezolanos rechazaron por
estrecho margen –alrededor de uno por ciento– la
propuesta de reforma constitucional presentada en
agosto pasado por el presidente Hugo Chávez.
Como todo lo referido a él, su iniciativa fue objeto
de adhesiones fervientes y de virulentas
descalificaciones; muchas de ellas alimentadas por
Estados Unidos y por el bloque de gobiernos
latinoamericanos alineados con Washington. El eje
argumental de la propaganda antichavista fue que el
carácter presuntamente autoritario y antidemocrático
de la actual presidencia venezolana se vería
reforzado por un texto constitucional que establecía
una concentración de poderes aún mayor en la figura
del jefe de Estado. A partir de estos enfoques, la
oposición local se movió ayer en una forma que fue
más allá de la mera vigilancia de las urnas
–práctica legítima y necesaria en cualquier
votación– y que parecía apuntar más bien a la
descalificación de las instancias electorales, en
caso de que el resultado le fuera adverso.
Sin embargo, y a pesar de un retraso comprensible,
habida cuenta de lo cerrado de la votación, el
Consejo Nacional Electoral de Venezuela cumplió a
cabalidad con su tarea, contó los sufragios en forma
escrupulosa y poco después de la una de la madrugada
–hora de Caracas– dio a conocer la victoria del
“No”. Poco después, el propio Chávez reconoció
plenamente el triunfo de sus adversarios, e instó a
sus simpatizantes a mantener la calma e irse a
dormir.
Paradójicamente, el triunfo electoral de la
oposición venezolana es, también, una victoria moral
para el movimiento que encabeza el polémico jefe de
Estado: de golpe, el referéndum de ayer y su
culminación desmienten en toda la línea a quienes
han acusado al mandatario venezolano de
antidemocrático, de autoritario y hasta de dictador,
y obligan a recordar la trayectoria de un gobierno
que se ha sometido al veredicto ciudadano en
numerosas ocasiones, todas ellas con pulcritud: para
ganar la Presidencia, para aprobar la Constitución
vigente, para dar curso a un referéndum revocatorio
exigido por la oposición y para relegirse. El que
ahora pierda una de esas consultas y acepte sin
ambigüedad un resultado electoral que le es adverso
refrenda actitudes y disposiciones inequívocamente
democráticas que deben serle reconocidas.
Con el referéndum de ayer se desactivan, por
añadidura, las tendencias golpistas que siempre han
alentado sectores de la oposición venezolana,
apoyados por posturas internacionales cavernarias
como las que representan el actual presidente de
Estados Unidos y el ex mandatario español José María
Aznar, partidarios de la democracia sólo cuando ésta
es favorable a sus intereses y a los de sus socios,
así como instigadores de acciones violentas e
ilegales contra gobiernos que no se afilian a las
derechas neoliberales.
Por lo demás, el rechazo mayoritario de la
ciudadanía al texto constitucional propuesto por
Chávez no altera el curso de una administración a la
que le quedan cinco años en el poder y que podrá
seguir gobernando en el marco de la Constitución
actual. Así, lejos de salir debilitado por la
derrota electoral de ayer, el chavismo sale del
trance fortalecido y revestido de una autoridad
moral que sus adversarios tendrán que reconocerle.
Finalmente, el referéndum celebrado ayer en
Venezuela presenta un doloroso punto de contraste
con el desaseo y la turbiedad con que fue operada la
sucesión presidencial del año pasado en nuestro
país, y en el que la negativa del oficialismo a
recontar los sufragios marcó a la actual
administración con una huella indeleble de sospecha
y le causó un déficit de legitimidad insoslayable. A
la luz de lo sucedido en el país sudamericano,
quienes en México mencionan al gobernante venezolano
como ejemplo de lo políticamente indeseable y
parangón de autoritarismo tendrían, en lo sucesivo,
que pensárselo dos veces, porque el espíritu y las
prácticas antidemocráticas están, más bien, en el
bando contrario. |