La sabia savia de la
economía
Por
José Alejandro Rodríguez
[01.12.2007]- Actualización 8:30 pm de Cuba
Aunque
me sublevan las almibaradas celebraciones de fechas
y homenajes, diseñadas para la exaltación y la
apología en detrimento del leal juicio, no puedo
soslayar que mañana, en su Día, los economistas y
contadores cubanos merecen una salutación, por
encima de lo que pueda achacárseles en la imperfecta
empresa del socialismo cubano.
No es fortuito que se haya instituido para tal
festividad el 26 de noviembre, día otoñal en que, 48
años atrás y en medio de la reverberación triunfal
del 59, Ernesto Che Guevara fuera designado
presidente del Banco Nacional de Cuba, y transitara
de los arrestos insurgentes a la compleja
administración de los asuntos y los recursos.
Así, el influjo del Che siempre ha acompañado a los
profesionales de la economía cubana, como un azimut
o brújula que no puede dislocarse con huecas
remembranzas de empolvada historia, si no trayendo
al gran justiciero a las contradicciones y desafíos
del presente, que no son pocos.
Siempre habrá que reconocer la fidelidad y devoción
revolucionarias de los economistas y contadores
cubanos, a lo Che. Leales a la lealtad —no al
servilismo—, esos profesionales han sostenido la
base material del país en estos años, siempre
readaptando su visor a los vaivenes y bandazos de
las políticas económicas, y a los reacomodos que la
vida nos ha impuesto. Y todo ello lo han hecho sin
grandes estímulos al bolsillo, incluso hasta el
desestímulo.
Si la economía socialista cubana, a más de sus
méritos históricos de justicia social, no ha logrado
aún la eficacia y los controles internos requeridos,
no podrá endilgársele el peso de la culpa solo a los
economistas y contadores, que siempre se han
subordinado a las contingencias y los intereses del
tenso proyecto revolucionario, entre la adversidad
imperial norteña y los errores y torpezas internos
en el escarceo por levantar esa gran hacienda que es
el país.
A fuer de sinceros, no hay que sonrojarse para
reconocer que no siempre los diagnósticos,
investigaciones y aportes de nuestros profesionales
de la economía y la contabilidad se han tomado en
cuenta en las políticas y en la toma de decisiones.
Pero ellos han continuado bregando consecuentemente
en la praxis económica, en pos de la eficiencia y
excelencia.
Si me preguntaran cuál sería hoy el mayor homenaje a
estos gestores y controladores de la empresa suprema
de la Patria, diría que consolidar la racionalidad
de nuestra economía y erradicar de ella las
intrusiones del voluntarismo y la improvisación.
Tener en cuenta los aportes y fundamentos del
pensamiento económico cubano.
En las actuales circunstancias cobra especial
dimensión el sustento teórico y conceptual, la
cientificidad que ese pensamiento pueda imprimirle
al diseño estratégico de este socialismo, signado
por el debate con todos y para el bien de todos.
Ese sustento conceptual será la «sabia savia» que
permita instrumentar los cambios estructurales y
funcionales para insuflar a nuestra economía la
eficacia impostergable, y desechar lo que la vida ha
probado como inoperante.
Hay demasiados listones por quebrar y deformaciones
por enderezar. Hay muchos viejos y mohosos
mecanismos por liberar, para que la pirámide
invertida vuelva a su lugar, y la ley de
distribución socialista haga justicia, con Marx
redivivo, al bolsillo y la dignidad de quienes más
aporten y trabajen.
En esa recuperación del tiempo perdido y ciertas
virtudes extraviadas, los 365 días del año serán la
jornada de ellos, los heraldos de esa economía sana
y justa que nos exige el socialismo del siglo XXI. |