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Etapa
de definiciones en torno al Banco del Sur
Por María José Romero (ALAI)
[01.08.2008]-
Actualización 11:40 am de Cuba
El
Banco del Sur es uno de los tres soportes de la
nueva arquitectura financiera regional en
Sudamérica, junto a un Fondo del Sur y a una Unidad
Monetaria Sudamericana. En esto coincidieron
Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay y
Venezuela en la Declaración de Quito firmada el 3 de
mayo de 2007. Este banco pretende ser una expresión
de soberanía e independencia financiera y además una
entidad que financie otro tipo de integración con
énfasis en soberanía energética, seguridad
alimentaria y comercio intraregional. Sin embargo,
tras su creación han surgido una serie de hechos y
debates que nos muestran que el camino no es del
todo fácil.
La
creación del Banco del Sur se oficializó el 9 de
diciembre de 2007 en Buenos Aires, Argentina, cuando
los presidentes de los siete países miembros,
Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay,
Uruguay y Venezuela firmaron el acta de fundación de
la institución. A partir de ese momento, la Comisión
encargada de los aspectos técnicos del Banco se fijó
como cometido acordar una propuesta de convenio
constitutivo en 60 días, a fin de ponerlos a
consideración de los presidentes y en última
instancia someterlo a la ratificación de los
respectivos parlamentos.
Sin
embargo, dicho plazo fue superado ampliamente sin
que la Comisión arribara a una propuesta de
consenso. Tal como afirma Gabriel Strautman de
Jubileo Brasil, "los debates han estado marcados por
disputas entre aquellos que apuestan a la idea de
ruptura con relación al sistema financiero
internacional y aquellos que creen en el respeto a
las reglas impuestas por las finanzas globalizadas y
que, por tanto, ven en la institución multilateral
regional apenas una nueva fuente de recursos para
antiguos proyectos" ("Banco del Sur: 90 días de
silencio").
Las
diferentes instancias técnicas que se cumplieron
desde diciembre en adelante buscaban alcanzar
acuerdos políticos y técnicos, en torno al aporte de
capital y al gobierno del Banco como dos de los
temas más controvertidos. En este proceso, la
reunión celebrada en Montevideo el 25 de abril
constituye una instancia fundamental. En dicha
ocasión, los ministros de finanzas de los diferentes
países, a excepción de Argentina que estuvo ausente
de la reunión por coincidir con el recambio
ministerial, acordaron el aporte de capital de los
países miembros del Banco. Se crearon tres franjas a
fin de contemplar las asimetrías existentes entre
los países del bloque. En el primer grupo se
encuentran Brasil, Argentina y Venezuela, países que
aportarán 2 mil millones de dólares cada uno. En el
segundo grupo están Uruguay y Ecuador que aportarán
400 millones. Mientras que en el tercero se
encuentran Paraguay y Bolivia, que aportarán 100
millones. Por tanto, esto confirma el comienzo de
las operaciones del Banco con 7 mil millones de
dólares de capital. Esta resolución debía ser
aprobada por Argentina y en esa ocasión no fue
considerada la forma de gobierno que se le dará al
Banco.
Dos
meses más tarde, el gobierno de Ecuador y diferentes
organizaciones de la sociedad civil organizaron en
Quito, Ecuador, un taller técnico denominado "Nueva
Arquitectura Financiera Regional: Banco del Sur",
como una nueva instancia de debate en torno a los
objetivos del Banco. Dicha actividad se desarrolló
del 23 al 26 de junio y contó con el apoyo del
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD). Del evento participaron representantes de
numerosas organizaciones de la sociedad civil,
académicos, técnicos y ex funcionarios de otros
bancos multilaterales, como el Banco Mundial y el
Banco Asiático de Desarrollo, además de
representantes de las comisiones técnicas de
Paraguay, Bolivia y Ecuador, involucrados en las
negociaciones oficiales para la creación del Banco.
Inmediatamente después de este evento, se reunieron
el 27 de junio en Buenos Aires, los ministros de
Economía de Argentina, Brasil, Ecuador y Paraguay,
junto a representantes de Uruguay, Bolivia y
Venezuela. Como observadores también estuvieron
presentes representantes de Chile y Guyana. En esta
reunión se presentaron las conclusiones del taller
técnico de Quito en lo que corresponde a gobierno y
administración del banco.
Las
últimas definiciones
En la
reunión ministerial que tuvo lugar en Buenos Aires
se ratificó lo acordado en Montevideo respecto al
aporte de capital de los países miembros, y se
reiteró la invitación a los restantes países que
conforman la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR).
Por este motivo, a manera de presagio optimista se
avanzó un paso más, al señalarse que el capital
inicial suscripto será de 10 mil millones de
dólares. Esto supone que a los 7 mil millones
acordados oportunamente se agregan 3 mil millones
que se integrarían con el aporte de Colombia, Perú,
Chile, Surinam y Guyana. Pero hasta el momento sólo
Colombia y Surinam han solicitado su adhesión al
Banco. Colombia lo hizo el 12 de octubre de 2007,
luego a la reunión ministerial que se llevó a cabo
en Río de Janeiro, aunque su incorporación no avanzó
a raíz de los conflictos con sus países limítrofes.
Y Surinam pidió su incorporación en esta última
reunión en Buenos Aires.
Según
han informado distintos medios de prensa, un paso
adicional hacia la integración monetaria regional
será dado por Argentina y Brasil en septiembre
próximo, cuando el intercambio entre ambos países
deje de utilizar el dólar como moneda y se haga en
cuenta corriente entre ambos bancos centrales, que
luego compensarán el saldo entre sí. La desconexión
del dólar representa un paso más hacia la búsqueda
de una unidad de cuenta sudamericana, proyecto en el
que ha trabajo en extenso el economista Oscar
Ugarteche.
Sin
duda, la unidad de cuenta y la creación del Banco
del Sur abonan el proceso en dirección a una nueva
arquitectura financiera regional, que busca reforzar
la independencia de la región respecto a las
políticas promovidas durante la década de los
noventa. El Banco del Sur ha sido reivindicado por
el movimiento de deuda de América del Sur, que se
encuentra trabajando en pos de la iniciativa y
observando las negociaciones con expectativa, lo que
le otorga legitimidad al proceso. Pero en la medida
que éstos dejen de sentir la iniciativa como propia,
el banco perdería uno de sus principales activos y
se transformaría en una institución financiera más.
María
José Romero es politóloga y editora del proyecto
Monitor de Instituciones Financieras en América
Latina. |