[29.08.2008]-
Actualización 10:50 am de Cuba
Sí; la IV Flota terminó por
hundir a Imperio, el libro de Michael Hardt y
Antonio Negri demostrando, una vez más, que las
réplicas de la historia son impiadosas con las modas
intelectuales que, en su tiempo, lucían como
indiscutibles o inexpugnables. La nefasta tesis que
proponían aquellos autores: pensar que existía un
"imperio sin imperialismo" ha quedado sepultada por
los hechos. Que en paz descanse.
Un poco de historia
Podría argumentarse: ¿y a
quién le importa la muerte de un desvarío de dos
intelectuales? Respuesta: a mucha gente y,
especialmente, a las fuerzas sociales que luchan por
la construcción de un mundo mejor, por una sociedad
socialista. Para comprender mejor el porqué de esta
respuesta conviene hacer un poco de historia.
Precisamente cuando el neoliberalismo comenzó a
sufrir los embates de una resistencia que a
comienzos de nuestro siglo se extendía por las más
diversas latitudes apareció el libro de Hardt y
Negri. De inmediato la obra fue saludada por toda la
prensa imperialista mundial como el nuevo
"Manifiesto Comunista" del siglo veintiuno; un
manifiesto que, a diferencia de su predecesor
escrito por Marx y Engels un siglo y medio antes,
demostraba su sensatez al fulminar sin atenuantes a
los dinosaurios que aún hablaban del imperialismo,
creían que las transnacionales se apoyaban en la
fortaleza de los estados nacionales y que éstos,
lejos de estar en vías de extinción, se fortalecían
en el capitalismo metropolitano mientras se
debilitaban en la periferia del sistema. Un curioso
manifiesto comunista en cuyas páginas brillaban por
su ausencia las contradicciones de clases, la
dialéctica y la revolución, y que erigía como modelo
de lucha contra el fantasmagórico imperio ... ¡al
bueno de San Francisco de Asís! (de quien se decía
que amansaba a lobos hambrientos con el sonido de su
violín) y relegando al museo de los arcaísmos
revolucionarios a figuras como el Che Guevara,
Fidel, Lenin, Mao, y Ho Chi Mihn, entre tantos
otros. Por varias razones que no viene al caso
exponer aquí la influencia de estos disparates en
las primeras reuniones del Foro Social Mundial de
Porto Alegre fue enorme, y quienes objetábamos las
tesis de Hardt y Negri debimos remar a
contracorriente para lograr que se nos escuchara.
Muchos de quienes impidieron un debate a fondo sobre
este asunto terminaron siendo los representantes
ideológicos de los anguiliformes gobiernos de
centro-izquierda que, poco después, se afianzarían
en la región.
No era fácil objetar los
planteamientos de un pensador dueño de una
trayectoria marxista tan dilatada como Toni Negri.
Imperio, escrito conjuntamente con el estadounidense
Michael Hardt -un profesor de Teoría Literaria de la
Universidad de Duke- es un libro voluminoso,
enrevesado y por momentos críptico (o confuso, si no
se quiere ser tan benévolo) cuya tesis central: "el
imperio no es imperialista" sonó como música
celestial para los imperialistas No causó sorpresa,
por lo tanto, el aluvión de elogios con que el libro
fue recibido por el mundo "bienpensante" y la
industria cultural del imperio: no es cosa de todos
los días que dos autores que se autodenominan
"comunistas" planteen una tesis tan grata y tan
coherente con los deseos y los intereses de los
imperialistas de todo el mundo, y muy especialmente
con los de la "Roma americana", al decir de José
Martí, que aporta los fundamentos materiales,
militares e ideológicos sobre los cuales reposa todo
el imperialismo como sistema.
La interminable sucesión de
errores y confusiones que se desgranaban a lo largo
del libro –salpicadas, es verdad, con alguna que
otra observación más o menos razonable- fue objeto
de numerosas críticas. Pensadores marxistas de las
más diversas corrientes cuestionaron y refutaron esa
obra.2 Por nuestra parte, asumimos como una
exigencia de la militancia anti-imperialista dedicar
un tiempo precioso para escribir un pequeño libro
destinado a rebatir las tesis centrales de Imperio y
a tratar de contribuir a neutralizar la profunda
confusión ideológica en que, a causa de las mismas,
habían caído los movimientos de la
alterglobalización.3 Es que, en línea con el
discurso predominante del neoliberalismo y bajo una
retórica de izquierda el libro de Hardt y Negri
contrariaba con una insoportable mezcla de
ignorancia y soberbia toda la evidencia empírica
arrojada por numerosos estudios sobre la dominación
imperialista y sus consecuencias. Aparte de la
disparatada tesis central: un imperio sin relaciones
imperialistas de dominación, saqueo y explotación,
también se afirmaba que el imperio carece de un
centro, no tiene un "cuartel general" ni puesto de
comando y tampoco se afianza sobre base territorial
alguna; mucho menos puede decirse de que cuente con
el respaldo de un estado-nación. Para Hardt y Negri
el imperio es una benévola constelación de múltiples
poderes sintetizados en un régimen global de
soberanía, permanentemente jaqueada por una
fantasmagórica "multitud": una vaporosa o líquida,
al decir de Zigmunt Bauman, agregación altamente
inestable y cambiante de sujetos que, por una
incomprensible paradoja, eran simultáneamente los
verdaderos creadores del imperio y podían ser sus
eventuales sepultureros si es que por un milagro
lograban curarse de la esquizofrenia que los condujo
a crear algo que los oprimía y que, a la vez,
querían destruir.
Es por todo lo anterior que
pocas imágenes podrían ser más del agrado del
gobierno de Estados Unidos y las clases dominantes
de ese país y sus aliados en todo el mundo que esta
embellecida visión de sus cotidianas tropelías,
crímenes, atropellos y el genocidio que lenta y
silenciosamente practican día tras día por los
cuatro rincones de la tierra, y muy especialmente en
el Tercer Mundo. Pocas, también, podrían haber sido
más oportunas en momentos en que Estados Unidos se
había convertido en la potencia imperialista más
agresiva y poderosa de la historia de la humanidad y
en el estado nación imprescindible e irreemplazable
para sostener con su formidable maquinaria militar,
su enorme gravitación económico-financiera y el
fenomenal poderío de su industria cultural (desde
Hollywood hasta sus universidades, pasando por sus
tanques de pensamiento y los medios de comunicación
de masas y, last but not least, su control
estratégico de la Internet, no compartido ni
siquiera con la Unión Europea y Japón) toda la
arquitectura del sistema imperialista mundial.
La IV Flota entra en escena
Ahora bien: si alguna
prueba hacía falta para invalidar irreparablemente
las tesis centrales de Imperio (y para convencer a
los más remisos del carácter insanablemente erróneo
de ese libro) la reactivación ordenada por el
gobierno de Estados Unidos de la IV Flota aportó la
evidencia necesaria para cerrar definitivamente el
caso. Herido de muerte por la invasión y ocupación
estadounidense de Irak, donde fue un estado-nación
quien produjo el zarpazo que, a la vieja usanza
imperialista, arrasaría con ese país para apoderarse
de su riqueza petrolera y favorecer a "sus
transnacionales", Imperio sucumbió definitivamente
ante la nueva iniciativa ordenada por el
Departamento de Defensa en Abril del 2008.4
Desactivada desde 1950, la
IV Flota (de Estados Unidos, no de un poder "global
y abstracto" o de las Naciones Unidas, como Hardt y
Negri nos inducirían a creer) fue sacada de su
letargo con el mandato específico de patrullar la
región y monitorear los acontecimientos que se
puedan producir en el vasto espacio conformado por
América Latina y el Caribe. No sólo se trata de
controlar el litoral marítimo en el Atlántico y el
Pacífico sino que también -se deslizó con llamativa
imprudencia- podría inclusive navegar por los
caudalosos ríos interiores del continente con el
propósito de perseguir narcotraficantes, atrapar
terroristas y desarrollar acciones humanitarias que
hubieran provocado la envida de la madre Teresa de
Calcuta. No hace falta ser demasiado perspicaz para
caer en la cuenta que la penetración de la IV Flota
por el Amazonas y su eventual estacionamiento en ese
río le otorgaría un sólido respaldo militar a la
pretensión norteamericana de convertir a esa región
en un "patrimonio de la humanidad bajo supervisión
de las Naciones Unidas." Tampoco se requiere de
demasiada imaginación para percatarse de lo que
podría significar la navegación de la IV Flota por
los grandes ríos sudamericanos (en soledad o con el
auxilio de fuerzas locales aliadas al imperialismo)
para maniatar y subyugar la que, en un trabajo
reciente, Perry Anderson calificara como la región
más rebelde y resistente al dominio neoliberal del
planeta.
Con esta iniciativa Estados
Unidos, el centro indiscutido del imperio y el locus
donde reside su cuartel general, viene a completar
por los mares y ríos lo que ya había sido
parcialmente obtenido mediante el emplazamiento en
nuestra geografía de una serie de bases y "misiones
militares" y por su predominio aéreo y del espacio
exterior, especialmente en el terreno satelital: el
control integral de lo que los expertos en
geopolítica de Estados Unidos llaman la gran isla
americana. Gracias al Plan Colombia (y en menor
medida al Plan Puebla-Panamá) y a las numerosas
bases militares con que cuenta en la región
Washington detenta un decisivo y monopólico control
territorial que se extiende desde México, en el
Norte y llega hasta la Triple Frontera, con la Base
Mariscal Estigarribia en Paraguay, e inclusive hasta
la propia Tierra del Fuego, en el extremo Sur de la
Argentina en donde también hay personal militar
norteamericano. 5
Una nota producida hace
pocos meses por Stella Calloni consigna que en
Tierra del Fuego el gobierno de esa provincia
argentina emitió un decreto cediendo tierras "para
la instalación de una base estadounidense que se
supone realizará ‘estudios nucleares con fines
pacíficos’ ". Esta decisión del gobierno provincial
se apoya en una ley aprobada en 1998 por la Cámara
de Diputados de la Nación, durante la presidencia de
Carlos S. Menem, en cuyos anexos se contempla que
‘podrán realizarse explosiones nucleares
subterráneas con fines pacíficos’. El decreto del
ejecutivo fueguino autoriza la instalación de una
base del Sistema Internacional de Vigilancia para la
Prevención y Prohibición de Ensayos y Explosiones
Nucleares ... y habilita para ‘los integrantes de
esta base el libre tránsito por la provincia, si así
lo requieren para sus estudios’." Por último anota
Calloni que existe el peligroso antecedente de la
"inmunidad total" que el Paraguay otorgara, en 2005,
a las tropas estadounidenses radicadas en ese país"
y que motivara la condena unánime de los organismos
defensores de los derechos humanos en toda América
Latina. 6
Resumiendo: en la
actualidad el control que Estados Unidos detenta del
espacio aéreo latinoamericano es absoluto e
inexpugnable, habida cuenta de su enorme
superioridad tecnológica que, entre otras cosas, le
permitió organizar y ayudar a ejecutar, paso a paso,
la enigmática "operación rescate" de Ingrid
Betancourt y los otros "rehenes de oro" que tenían
en su poder las FARC.7 A lo anterior debe sumársele
su presencia territorial y, ahora, agregársele el
dominio de los mares, con lo cual el círculo se
cierra sobre América Latina y el Caribe. Círculo que
se estrecha cada vez más para los cuatro gobiernos
que en nuestra región están librando una batalla
diaria y sin cuartel contra el imperialismo: Cuba,
Venezuela, Bolivia y Ecuador.
Misiones manifiestas y
latentes
Una versión "candorosa" de
la misión de la IV Flota (apta para el consumo de
las buenas almas incapaces de reconocer la maldad)
la brindó hace pocas semanas el Almirante James
Stavridis. En una nota, reproducida en los
principales periódicos de América Latina, este
militar sostiene que "el restablecimiento de la IV
Flota" es un reconocimiento a la "excelente
cooperación, amistad y mutuo interés en las Américas
entre nuestra armada y las armadas de toda la
región." Después de asegurar que "no hay naves
permanentemente asignadas a la IV Flota … y no
tendrá ningún buque portaaviones asignado" destacó
que entre las principales operaciones marítimas que
podrían llevarse a cabo con las armadas de la región
se incluyen, (llamativamente en primer lugar) "la
asistencia humanitaria …, el apoyo a las operaciones
de paz, la asistencia en las situaciones de
desastres y las operaciones de auxilio, en las
operaciones antinarcóticos y …en las de cooperación
regional y de entrenamiento inter-operacional."8
Es evidente que el lenguaje
empleado por Stavridis no por casualidad tiene la
suficiente ambigüedad como para ocultar las
verdaderas intenciones que se ocultan detrás de tan
significativa decisión. ¿Es concebible pensar que
Estados Unidos va a reactivar la IV Flota para
ofrecer "asistencia humanitaria" a América Latina y
el Caribe? Esto no lo puede creer nadie, porque para
eso no hace falta una flota naval y además porque
semejante arranque de altruismo jamás ha figurado en
la agenda de la política exterior estadounidense.
Esta sigue fiel al viejo dictum de John Quincy Adams,
sexto presidente de Estados Unidos, cuando dijera
que ese país "no tiene amistades permanentes sino
intereses permanentes."
Esta política, por lo
tanto, poco tiene de novedosa. La Doctrina Monroe,
formulada en 1823 -¡es decir, un año antes de la
batalla de Ayacucho que complementaría la primera
etapa de la lucha por la independencia de nuestros
pueblos!- apuntaba en esa dirección y reafirmaba el
"interés permanente" de Estados Unidos por controlar
y dominar América Latina. Tal como lo señala el
historiador Horacio López, a fines del siglo XIX un
oficial de la Armada estadounidense, Alfred Thayer
Mahan, perfeccionaría en el plano de la geopolítica
las recomendaciones que se desprenden de la Doctrina
Monroe.9 La preocupación de Mahan surgió como
respuesta ante la problemática planteada por la
guerra Hispano-americana que culminó, en el Caribe,
con la incorporación de Cuba y Puerto Rico a su
hegemonía (si bien bajo diferentes condiciones) y la
estrategia que Estados Unidos debía poner en
práctica para asegurar su indisputado predominio en
el Caribe, definido a partir de entonces como el
Mare Nostrum estadounidense. Contrariando las
interpretaciones dominantes en su tiempo Mahan
sostiene que la extensión del poder continental de
Estados Unidos pasaba por el control global de los
océanos y de las líneas de comunicaciones marítimas,
lo que exigía la conformación de una poderosa flota
militar y mercante. A partir de estas premisas Mahan,
observa López, planteó la necesidad de construir un
canal en Centroamérica para resolver, en caso de
conflictos, el rápido traslado de la flota de guerra
estadounidense de una costa a la otra dado que la
travesía por el estrecho de Magallanes insumía, en
esa época, más de sesenta días de navegación.. Una
vez que se construyera el canal, se suscitaría el
problema de su defensa para evitar que cayera en
manos enemigas. López cita al sociólogo
puertorriqueño Ramón Grosfoguel quien afirma que
"como una manera de asegurar la defensa del futuro
canal, Mahan recomendó que antes de construirlo
Estados Unidos debía adquirir Hawai y controlar
militarmente las cuatro rutas marítimas caribeñas al
noreste del canal: el Paso de Yucatán (entre Cuba y
México); el Paso de los Vientos (la principal ruta
norteamericana de acceso al canal entre Cuba y
Haití); el Paso de la Mona (entre Puerto Rico y la
República Dominicana) y el Paso de Anegada (cerca de
St. Thomas en las aguas orientales de Puerto Rico).
Mahan recomendó a las élites norteamericanas la
construcción de bases navales en estas zonas como
paso previo a la construcción de un canal y como
paso indispensable para transformar a los Estados
Unidos en una superpotencia." 10
Si se examina el itinerario
de la política exterior de ese país se podrá
comprobar que las recomendaciones de Mahan no
cayeron en saco roto: Estados Unidos se apoderó de
Cuba y Puerto Rico e, indirectamente, de las
pequeñas naciones del Caribe y Centroamérica; hizo
lo propio con el archipiélago de Hawai en 1898 y al
poco tiempo se apropió de las Filipinas, las Islas
Marianas y otras posesiones en el Pacífico
Occidental. Todo este esfuerzo se vio coronado con
la cuidadosamente planeada secesión de la norteña
provincia colombiana de Panamá, en 1903, y la firma
de un tratado que permitiría la construcción del
Canal, que sería inaugurado en 1914.11 En esa
oportunidad las autoridades "independientes" de
Panamá concedieron a Estados Unidos los derechos a
perpetuidad del canal y una amplia zona de 8
kilómetros a cada lado del mismo a cambio de una
suma de 10 millones de dólares y una renta anual de
250 000 dólares. Esta situación sería modificada
gracias al Tratado Torrijos-Carter, firmado en 1977,
y que devolvería el Canal a la soberanía panameña el
31 de Diciembre de 1999.
De esta somera descripción
surge con bastante claridad la coherencia de la
política exterior de la Casa Blanca hacia América
Latina, el rol importantísimo jugado por la Armada
y, en consecuencia, la muy fundada sospecha que la
reactivación de la IV Flota está llamada a jugar un
papel mucho más importante que el anunciado en la
propaganda oficial. En otras palabras, que su misión
verdadera poco tiene que ver con la manifiestamente
declarada.
Sabemos por experiencia los
problemas definicionales con que tropieza quien
pretenda descifrar el significado de "seguridad
regional", "terrorismo" y "narcotráfico" cuando
estas expresiones son propuestas en los discursos o
documentos oficiales del gobierno de Estados Unidos.
Cualquiera que se oponga a los designios imperiales
puede ser fulminado con la calificación de
terrorista o narcotraficante o, más fácil todavía,
como "cómplice" de aquellos. El argumento de la
lucha contra el narcotráfico no sólo es falso; es
cómico. Afganistán y Colombia, dos países en donde
la presencia norteamericana es abrumadora (podría
decirse inclusive que, sobre todo en el primer caso,
son países "ocupados" militarmente por Washington)
no por casualidad registran en los últimos años una
vigorosa expansión de los cultivos de amapola y coca
y, además, el tráfico de sustancias prohibidas, algo
insólito que ocurra bajo la celosa mirada de quienes
ahora se arrogan la responsabilidad de combatir al
narcotráfico en América Latina. Un estudio reciente
concluye que la invasión y ocupación de Afganistán
desde Octubre del 2001 "no destruyó la economía de
la droga en ese país. Peor aún, Afganistán ha vuelto
a convertirse en el mayor productor mundial de opio
… y el cultivo de la amapola se ha extendido por
todas las provincias del país y su cosecha aporta el
92 % del opio producido en todo el mundo y
aproximadamente el 90 % de toda la heroína
consumida." Y en lo tocante al caso colombiano los
autores sostienen que "a pesar de años de campañas
de erradicación la producción y el suministro de
drogas ilegales permanecieron estables en la
región." 12 El Informe de la Organización de las
Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen (UNODC)
de 2008 revela que en 2007 la cosecha de amapola en
Afganistán fue la mayor desde que se llevan
registros estadísticos y que la producción de opio
se duplicó entre 2005 y 2007. También se señala que
en ese país también se verifica una impetuosa
expansión del cultivo de marihuana.13 Y en Colombia
se estima que en el último año la superficie
sembrada con coca se incrementó en un 27 por ciento,
pese a las campañas de fumigación, la presencia de
tropas norteamericanas y las políticas de "combate"
al narcotráfico diseñadas por el gobierno colombiano
mancomunadamente con la Casa Blanca. Ante la
contundencia de estos hechos, ¿quién podría ser tan
ingenuo como para creer que la IV Flota levaría
anclas para perseguir narcotraficantes cuando bajo
la protección de las tropas norteamericanas el
cultivo y el tráfico de estupefacientes floreció en
Afganistán y Colombia? Lo que la experiencia sugiere
es que casi con seguridad una de sus principales
misiones será organizar el tráfico de drogas de modo
tal que lo recaudado termine canalizándose hacia la
banca norteamericana encargada de lavar el dinero
mal habido.
El pretexto de la lucha
antiterrorista contra el radicalismo islámico es tan
poco persuasivo como el anterior: salvo los
atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA,
ocurrida en Buenos Aires a comienzos de los años
noventa (y cuya génesis, responsables y ejecutores
aún se encuentran en las sombras por la pasmosa
ineficacia, o corrupta complicidad, de algunos
funcionarios del estado argentino en sus diferentes
ramas) no existe en la región actividad alguna
comprobada de células vinculadas a Al Qaeda u otra
organización similar. La lucha contra el terrorismo
internacional debería librarse en Washington, pues
allí se encuentran sus principales responsables: la
escandalosa protección oficial brindada al
terrorista probado y confeso Luis Posada Carriles y
la no menos escandalosa detención, en condiciones
inhumanas que no se le aplican ni al más desalmado
criminal, de los cinco jóvenes cubanos que se
infiltraron en las organizaciones terroristas
basadas en Miami le quitan por completo la más
mínima pretensión de verosimilitud al proclamado
objetivo de la Casa Blanca de combatir al
terrorismo.14 En cuanto a las intenciones
humanitarias de la IV Flota no dejan de ser un
simple pretexto para encubrir sus verdaderas e
inconfesables intenciones: posicionarse en la región
para estar prestas a intervenir ni bien lo exijan
los imperativos de la coyuntura.15
Contrariando las piadosas
declaraciones de Stavridis un comunicado oficial del
Departamento de Defensa de Estados Unidos manifestó
que IV Flota contará con toda clase de navíos,
submarinos y aviones, y que su apostadero (Mayport,
en el estado de Florida) es una base naval que
cuenta con un vasto arsenal nuclear. Según ese
comunicado el objetivo perseguido por la
reactivación de la IV Flota fue "responder al
creciente papel de las fuerzas de mar en el área de
operaciones del Comando Sur (de Estados Unidos) y
demostrar el compromiso de Washington con sus socios
regionales".16 No es necesario extremar demasiado la
imaginación para saber quienes califican como
"socios regionales" y quienes, como Cuba, Venezuela,
Ecuador y Bolivia, son considerados como los
"enemigos globales" que desestabilizan la región y
atentan contra la "seguridad marítima" de la región.
La declaración oficial del Pentágono no podría haber
sido más vaga: esta fuerza tendría a su cargo varias
misiones, en un rango que va desde "operaciones
contingentes, la lucha contra el "narco-terrorismo"
hasta ciertas actividades relacionadas con la
seguridad en el teatro de operaciones. Como puede
observarse, la IV Flota tiene un mandato para hacer
prácticamente cualquier cosa, y no es casual que su
reactivación haya coincidido con el bombardeo por
parte de la Fuerza Aérea de Colombia de un
campamento de las FARC precariamente instalado en
territorio ecuatoriano y a pocos kilómetros de la
frontera, operación ésta que, al igual que la
"liberación" de los quince rehenes en poder de la
FARC, no hubiera sido posible sin el apoyo
informático y satelital de Estados Unidos. Tampoco
es casual que tenga lugar cuando los esfuerzos por
desestabilizar a los gobiernos de Venezuela, Ecuador
y Bolivia pusieron en evidencia sus limitaciones y
los gobernantes de esos países lograron, al menos
hasta ahora superar, todos los obstáculos y
acechanzas interpuestas por la Casa Blanca y sus
lugartenientes en la región. La aplastante victoria
de Evo Morales en el reciente referendo revocatorio
del 10 de Agosto debe haber sumido en la
desesperación a muchos en Washington y en la Media
Luna de Bolivia.
Para resumir: lo cierto es
que el Pentágono contempla dotar a la IV Flota con
un equipamiento similar al que cuentan la Quinta
Flota, que opera en el Golfo Pérsico, y la Sexta,
estacionada en el Mediterráneo. Declaraciones
posteriores del Pentágono admitieron que al menos un
portaaviones y varios submarinos formarán parte de
la flota encargada de patrullar en aguas
latinoamericanas. En ese mismo cable originado en
Washington -y publicado por La Nación bajo la firma
de su corresponsal en esa ciudad Hugo Alconada Mon-
se dice que "dentro de la órbita del Comando Sur
operan hoy 11 barcos, un número que podría aumentar
en el futuro. Qué tipo de naves se desplegarán "es
cuestión del momento, de las misiones específicas" …
(p)ero los primeros indicios apuntan al flamante
portaaviones George H. W. Bush, que estará operativo
desde fines de este año, como posible corazón de la
IV Flota." 17
Según el mismo enviado a
Washington, "el almirante Gary Roughead, gestor
intelectual del renacimiento de la unidad" tiene
como meta "asegurar la seguridad en este mundo
globalizado". Interrogado sobre el significado de
esa expresión Roughead se limitó a decir que la IV
Flota podrá estar "lista en todo momento para todo
desafío. Por eso somos una Armada global". Si se
recuerda la extraordinaria amplitud que la nueva
doctrina estratégica norteamericana anunciada en
Septiembre de 2002 -la guerra infinita y global
contra el "terrorismo" y el hecho de que la paranoia
oficial reinante en Washington considere como
"terrorista" a todo aquel que resiste las agresiones
del imperialismo- pocas dudas caben acerca del papel
real que habrá de desempeñar la IV Flota: ser un
elemento de chantaje y disuasión para los gobiernos
de la región que se opongan a los imperialistas y un
significativo apoyo "extramuros" para sus aliados
entre las clases dominantes locales. 18
El documento del Comando
Sur de Estados Unidos denominado US Southern Command
Strategy: 2016 Partnership for the Americas es
calificado por el especialista en relaciones
internacionales Juan Gabriel Tokatlian como "el plan
más ambicioso que haya concebido en años una agencia
oficial estadounidense respecto a la región." 19
Según este documento en la nueva conformación de la
política estadounidense hacia nuestra región no
desempeñan papel alguno ni los tradicionales
instrumentos de predominio militar, como la Junta
Interamericana de Defensa o el ya difunto Tratado
Interamericano de Asistencia Recíproca, pasado a
mejor vida luego de la Guerra de Las Malvinas en
1982; ni tampoco organismos multilaterales como la
OEA o las Naciones Unidas. Señala asimismo que "las
instancias políticas internas (los Departamentos de
Estado, Justicia y Tesoro) de interacción con el
hemisferio se han evaporado en el documento. El
Comando Sur anuncia su papel y proyección en el área
para los siguientes diez años como lo haría un
procónsul continental." Y esto pese a que en la
región "ni existen tiranos con armas de destrucción
masiva, ni hay formas de terrorismo transnacional de
alcance global." 20 La militarización de la política
internacional es una de las consecuencias de la
nueva doctrina estratégica anunciada al mundo en
Septiembre de 2002 y ratificada ahora por el
Pentágono a través de su instrumento regional: el
Comando Sur. Nótese que el reverso de esta
concepción que militariza la escena internacional es
la criminalización de la protesta social en el plano
doméstico, hacia lo que apunta la ya referida
legislación antiterrorista aprobada, bajo la fuerte
presión estadounidense, en casi todos los países del
área. Y para combatir en ambos terrenos, el
internacional y el nacional, el imperio apela a la
eficacia disuasiva de las armas. Ese y no otro es el
papel real que la IV Flota está llamada a cumplir en
América Latina y el Caribe.21
Un debate terminado, una
confusión menos
Como decíamos al principio,
la puesta en funcionamiento de la IV Flota liquidó
el debate en torno a la naturaleza del imperio. Tal
como lo plantea el marxismo, las controversias
teóricas y políticas no se resuelven con ingeniosos
juegos de lenguaje o encendidas pirotecnias verbales
sino en la vida práctica de pueblos y naciones. Y el
debate sobre el libro de Hardt y Negri ya se acabó:
el primer golpe mortal lo había propinado la Guerra
de Irak, que desde el principio demostró claramente
ser una clásica guerra imperialista de anexión
lanzada para apropiarse del petróleo iraquí. Y el
tiro de gracia lo acaba de descerrajar la decisión
de reactivar la IV Flota. Para estudiar seriamente
el imperialismo Hardt y Negri deberían haberse
inspirado en la actitud de V. I. Lenin -un autor por
quien no ocultan su menosprecio- cuando se propuso
investigar la naturaleza del imperialismo a
comienzos del siglo veinte: leer toda la literatura
relevante producida por los intelectuales de la
burguesía imperialista. En lugar de ello Hardt y
Negri se regodearon transitando por los
inconsecuentes meandros de la filosofía posmoderna
francesa mientras el imperio verdadero -no el que
ellos alucinaban- desfilaba ante sus dilatadas
pupilas sin tener la menor conciencia de ello. Su
desconocimiento de la densa literatura imperialista
producida por la derecha norteamericana desde Reagan
hasta nuestros días es imperdonable. Si hubieran
tenido la curiosidad propia del espíritu científico
y se hubiesen asomado a leer algo, aunque sea lo que
escribía uno de los voceros más caracterizados del
pensamiento imperialista norteamericano y principal
columnista de asuntos internacionales del New York
Times, Thomas Friedman, se habrían proporcionado un
baño de sobriedad y probablemente dado cuenta de que
algo no funcionaba demasiado bien en su teoría. 22
Poco antes de la aparición de Imperio Friedman
escribió una nota en la que decía, sin tapujo
alguno, que "la mano invisible del mercado global
nunca opera sin el puño invisible. Y el puño
invisible que mantiene al mundo seguro para el
florecimiento de las tecnologías del Silicon Valley
se llama Ejército de Estados Unidos, Armada de
Estados Unidos, Fuerza Aérea de Estados Unidos y
Cuerpo de Marines de Estados Unidos (con la ayuda,
incidentalmente, de instituciones globales como las
Naciones Unidas y el Fondo Monetario Internacional.
… Por eso cuando un ejecutivo dice cosas tales como
‘No somos una compañía estadounidense. Somos IBM-US,
o IBM-Canadá, o IBM-Australia, o IBM-China" les
digo: ¿ Ah sí ? Bueno, entonces la próxima vez que
tengan un problema en China llamen a Li Peng para
que le ayude. Y la próxima vez que el Congreso
liquide una base militar en Asia –y usted dice que
no le afecta porque no le preocupa lo que hace
Washington- llame a la Armada de Microsoft para que
le asegure las rutas marítimas de Asia. Y la próxima
vez que un novato congresista republicano quiera
cerrar más embajadas estadounidenses llame a America-On-Line
cuando pierda su pasaporte."23
Este es el "imperio
realmente existente", el "sheriff solitario" del que
habla Huntington, con la omnipresencia de los
estados metropolitanos, y sobre todo del estado
fundamental para la preservación de la estructura
imperialista mundial: Estados Unidos; con la
proliferación de grandes empresas "nacionales" con
proyección global respaldadas por sus estados (los
mismos que en su cándida ensoñación Hardt y Negri
creían desaparecidos) y con el decisivo componente
militar que caracteriza a esta época –donde los
pueblos supuestamente estarían cosechando los
dividendos de la "paz mundial", una vez implosionada
la antigua URSS, causante del equilibrio del terror
atómico de los años de la Guerra Fría- en la cual,
paradojalmente, florece la doctrina de la "guerra
infinita", interminable y contra todos proclamada
por George W. Bush.
Si algo bueno puede surgir
de la desafortunada noticia de la activación de la
IV Flota es que la misma nos permite dejar atrás la
alucinada visión sintetizada en Imperio y que tanto
retrasó la toma de conciencia de las fuerzas de la
izquierda, sus partidos y movimientos sociales
acerca de la verdadera naturaleza del enemigo
imperialista. Como el niño del cuento aquel que
gritó que "¡el rey está desnudo!", la reciente
decisión de Washington tiene un valioso efecto
pedagógico: despeja del crucial terreno de las ideas
las erróneas interpretaciones del imperialismo
contemporáneo, como la de Hardt y Negri, lo cual es
el imprescindible primer paso para trazar un
panorama más claro y realista tanto de los desafíos
que el imperialismo presenta a nuestros pueblos como
para construir las estrategias, tácticas e
instrumentos políticos e ideológicos más apropiados
para combatirlo exitosamente.