La reunión de las élites
económicas del mundo en Davos, Suiza, es un reflejo
de la dinámica del poder reinante en el mundo
moderno. Intitulado oficialmente, Foro Económico
Mundial, Davos es patrocinado por las corporaciones
más poderosas y acaudaladas del mundo y se presenta
como una entidad "sin fines de lucro."
Sin embargo, si uno cree
que la reunión anual en Davos no tiene fines de
lucro, probablemente también cree que John Kennedy
murió de causas naturales mientras paseaba por
Dallas. Los que asisten a Davos – los davotos de
Mammon – son los ganadores en el juego del
capitalismo, un juego basado en deuda controlada por
banqueros mediante su emisión de crédito.
Los banqueros de inversión
gracias a su posición privilegiada en los grifos del
crédito han acumulado para sí con el pasar de los
años una tajada desproporcionada de la riqueza del
mundo. La mejor descripción de su riqueza proviene
de un banquero: Sir Josiah Stamp, en sus días, en
1927, el segundo hombre más rico de Inglaterra y ex
jefe del Banco de Inglaterra.
La banca fue concebida en
la iniquidad y nació en pecado. Los banqueros son
dueños de la tierra. Si se les quita, pero se les
deja el poder de crear dinero, con un golpe de pluma
crean suficientes depósitos para volver a comprarla.
Sin embargo, si se les quita, todas las grandes
fortunas como la mía desaparecerán y deberían
desaparecer, porque así éste sería un mundo mejor y
más feliz para vivir. Pero, si uno quiere seguir
siendo esclavo de los banqueros y pagar por el coste
de su propia esclavitud, dejemos que sigan creando
dinero.
El hecho de que en 2008 los
banqueros se hayan convertido en víctimas del juego
creado por ellos tiene profundas implicaciones para
el propio capitalismo. El capitalismo, que comenzó
en 1694 con la emisión de dinero basado en deuda por
el Banco de Inglaterra, ha llegado ahora,
trescientos años después, a su última y final etapa.
El capitalismo no termina
porque los esclavizados por los banqueros se hayan
rebelado. El capitalismo termina porque la
insaciable codicia de los banqueros destruyó el
mecanismo mediante el cual los banqueros endeudan a
otros. La triste verdad es que los esclavizados por
la deuda siguen deseando ser los esclavos de los
banqueros y pagar el coste de [su] propia esclavitud
[y] dejar que ellos [los banqueros] sigan creando
dinero.
Aunque los deudores esperan
fervientemente que continúe el sistema de deuda de
los banqueros, no tendrán nada que decir en el
asunto. Tampoco los banqueros. Davos nunca volverá a
ser lo mismo.
DAVOS Y EL ÚLTIMO
SUSPIRO DEL CAPITALISMO
El Foro Económico Mundial
en Davos fue fundado en 1971, el mismo año en el que
todas las monedas se convirtieron en "fiat", es
decir no respaldadas por oro o plata. Tal vez sea
por coincidencia. Tal vez no.
A pesar de ello, Davos será
siempre asociado con el fin del capitalismo en el
que la charada del papel moneda del banquero reveló
ser lo que es: una estafa en la cual todos –
incluidos los banqueros – terminan por perderlo
todo.
La charada/estafa comenzó
realmente en 1694, cuando el Banco de Inglaterra
obtuvo el derecho a emitir las monedas de Inglaterra
en la forma de dinero papel. El dinero papel fue
declarado tan bueno como monedas de oro o plata.
Evidentemente, no lo era; pero al principio fue
mucho mejor de lo que pasó después.
Antes de 1694, los
banqueros eran conocidos como orfebres que se
beneficiaban cobrando interés por el préstamo de
monedas de oro y plata. Después de 1694, los
orfebres, ahora llamados banqueros, se beneficiaron
cobrando interés por el préstamo de papel moneda, y
así nació la verdadera alquimia de las finanzas
modernas.
La sustitución del "dinero"
papel por oro y el cobro de interés por semejante
"dinero" es el secreto de la riqueza del banquero.
También es el secreto del capitalismo, ya que es el
proceso mediante el cual los banqueros endeudan a
otros (negocios, consumidores, gobiernos, etc.)
mediante el préstamo de "dinero" papel creado por
bancos centrales, que resulta en pagarés, los que
luego son revendidos como inversiones a los
ahorristas, es decir a todos los que tienen que
proteger el valor de su "dinero" papel contra la
erosión por la constante inflación del suministro de
papel moneda por los banqueros.
El que un sistema semejante
haya durado más de trescientos años es
extraordinario, pero el vínculo entre el papel
moneda y el oro comenzó a fallar recién en el Siglo
XX, cuando los problemas inherentes en los sistemas
de dinero papel se hicieron más aparentes.
Inglaterra, el mayor
receptor y beneficiario del papel moneda de los
banqueros durante los doscientos años anteriores,
había tenido mucho cuidado de mantener la ficción de
que el dinero papel era igual de bueno que el oro o
la plata. Pero en el siguiente, el Siglo XX, EE.UU.
el sucesor sustituto de Inglaterra, iba a ser mucho
menos considerado con el "regalo" considerable y
cuestionable que le habían legado los banqueros
ingleses.
En 1933, el gobierno de
EE.UU. confiscó por orden ejecutiva el oro de todos
los estadounidenses, terminando así con la creencia
de que el dinero papel era intercambiable por oro y
plata y por lo tanto constituía un medio fiable de
intercambio.
Esta confiscación de oro
por EE.UU. fue posteriormente repetida en el ámbito
internacional. Pero en lugar de sólo obligar a los
estadounidenses a abandonar el oro como lo había
hecho en 1933, en 1971 EE.UU. obligó a todo el mundo
a hacerlo.
LA CONFIANZA EN EL
DINERO PAPEL SE CONVIERTE EN UN TIMO
A fines de la Segunda
Guerra Mundial, EE.UU. había acumulado la mayor
cantidad de reservas monetarias en oro de la
historia; y bajo el Acuerdo de Bretton-Woods de
1944, el dólar de EE.UU. se convirtió en convertible
en oro a pedido y todas las monedas fueron
vinculadas al dólar de EE.UU. Por lo tanto, mediante
el dólar de EE.UU. convertible en oro, el sistema
monetario internacional fue estable y respaldado por
el oro.
Pero en 1971, los gastos de
EE.UU. habían excedido todo su acopio de oro. Sólo
en 1958, las reservas de oro de EE.UU. cayeron en un
10%. El motivo es que entre 1949 y 1971, los gastos
militares de EE.UU. en el exterior y la expansión en
el extranjero de las corporaciones de EE.UU. habían
dejado muchos más dólares en manos de naciones
extranjeras que los que EE.UU. podía cambiar por
oro.
En su libro "The Commanding
Heights" [Los Puestos de Mando] (1997 ed., pp.
60-64), Daniel Yergin y Joseph Stanislaw explican lo
que sucedió después:
Pero el creciente déficit
de la balanza de pagos de EE.UU. significaba que
gobiernos extranjeros estaban acumulando grandes
cantidades de dólares – en un volumen total que
excedía de lejos la reserva de oro del gobierno de
EE.UU. Esos gobiernos, o sus bancos centrales,
podían presentarse en cualquier momento ante la
"ventanilla del oro" del Tesoro de EE.UU. e insistir
en cambiar sus dólares por oro, lo que precipitaría
una corrida bancaria. El problema no era teórico.,
En la segunda semana de agosto de 1971, el embajador
británico se presentó ante el Departamento del
Tesoro para pedir que 3.000 millones de dólares
fueran convertidos en oro.
Había que cerrar la
ventanilla del oro. Arthur Burns arguyó a gritos en
contra, advirtiendo: "Pravda escribirá que esto es
una señal del colapso del capitalismo." Hicieron
caso omiso de Burns. La ventanilla del oro se
cerraría. Pero hacerlo acentuaría la necesidad de
combatir la inflación, porque el cierre de la
ventanilla del oro debilitaría al dólar respecto a
las otras monedas, aumentando así la inflación al
aumentar el precio de los bienes importados. El
abandono del estándar oro y la renuncia a los tipos
de cambio fijos constituyeron un paso trascendental
en la historia de la economía internacional.
Hay que repetir la frase
anterior: El abandono del estándar oro y la renuncia
a los tipos de cambio fijos constituyeron un paso
trascendental en la historia de la economía
internacional.
Yergin y Stanislaw tenían
razón. Fue un paso trascendental - y en última
instancia fatal – porque como resultado del
incumplimiento por EE.UU. de sus obligaciones
internacionales en oro, todas las monedas del mundo
se convirtieron instantáneamente en dinero fiat.
La seguridad que el oro y
la plata daban al uso de papel moneda dejó de
existir – y cuando se maneja un timo, nada,
absolutamente nada, es más importante que la
confianza.
La parte final y más
crítica en la charada cuidadosamente construida por
los banqueros fue eliminada por EE.UU. cuando gastó
más de la cuenta todas sus reservas de oro
despojando al sistema monetario internacional de
todo valor intrínseco. Sólo el impulso monetario y
el resto de confianza permitieron que las economías
capitalistas basadas en papel funcionaran hasta que
se eliminó el último vestigio del oro en 1971.
Ahora, las consecuencias
destructivas postergadas, pero inevitables, de 1971
están a punto de hacer que la demolición de las
Torres Gemelas del World Trade Center y del Edificio
7 parezca un día de primavera en París. Un colapso
de economías mundiales causado por el default de
billones en dólares de deudas y obligaciones de
papel nunca ha ocurrido. No tardará en ocurrir.
Las consecuencias serán tan
devastadoras como generalizadas cuando sean
eliminados los ahorros personales. Ahorros
personales confiados a bancos han sido invertido en
los mismos pagarés sic bonos, de propiedad de fondos
de pensión, fondos de inversión, y compañías de
seguros en todo el mundo.
Los ahorristas, obligados
por la constante depreciación del papel moneda, han
entregado sus ahorros a bancos, fondos de pensión,
compañías de seguros, y fondos de inversión en la
esperanza de proteger el valor de esos ahorros. Pero
esas esperanzas resultarán ser falsas a medida que
el creciente colapso financiero revele que esas
inversiones, es decir pagarés corporativos,
gubernamentales y de consumidores tienen cada vez
menos valor.
Los gobiernos que
permitieron que ocurra esta crisis se verán
obligados a indemnizar esas pérdidas para mantener
el orden civil y social. Pero, cuando haya sido
hecho, la indemnización de billones de dólares en
ahorros perdidos llevará a que se derrumbe lo que
quede del sistema monetario internacional.
El "dinero" papel no es más
que un tigre de papel y cuando sea expuesto a los
desastres gemelos de la deflación económica y de la
híper inflación del banco central, el "dinero" fiat
terminará por volver a su valor intrínseco – cero.
LA CAJA DE PANDORA Y EL
ASCENSO Y CAÍDA DE DAVOS
Las economías basadas en el
crédito y la deuda son inestables por naturaleza.
Atrapadas entre ciclos de expansión y contracción,
son también vulnerables a los caprichos humanos y a
los dictados de la naturaleza, es decir guerra,
hambruna, codicia, sequía, etc.
La eliminación final del
respaldo en oro del dinero papel, fue la última paja
que derrumbó el castillo de naipes de los banqueros.
Pero antes de que colapsara el castillo de naipes,
el capitalismo estalló en un último despliegue de
gloria desvergonzada.
Los 25 años entre 1982 y
2007 fueron la expansión más prolongada en la
historia del capitalismo. Debía, sin embargo, ser la
última; porque la expansión estaba basada en
cantidades mal destinadas e históricamente excesivas
de crédito – y Davos ocupó el centro del escenario
en el despliegue de ese "logro" excesivo.
Es natural que al llegar el
fin del sistema de banqueros, los banqueros hayan
recogido la mayor parte de los despojos y así fue,
por lo menos por un cierto tiempo. El mayor
espectáculo de Davos fue en 2007, el triunfo
momentáneo de banqueros de pie sobre el mundo del
comercio global cuyos beneficios y productividad
habían proclamado cada vez más como suyos.
El triunfo de los
banqueros, sin embargo, debía ser tan corto como
espectacular. La era de las bonificaciones de mil
millones de dólares pagadas a banqueros tenía que
ocurrir en el apogeo de su triunfo, un triunfo que
tuvo que ser tan breve como lucrativo, porque poco
después, tanto los bancos como los mercados de
capital se derrumbaron.
DAVOS ENTONCES Y AHORA
En enero de 2008 cuando
escribí "Davos, Debt & Systemic Failure" [Davos,
deuda y falla sistémica], la contracción crediticia
de agosto tenía sólo seis meses. Pero ese año, los
crecientes efectos de la contracción crediticia
arrasarían Wall Street, la City [de Londres], y los
centros financieros del mundo con la misma ferocidad
destructora que los recientes incendios forestales
en Melbourne, Australia.
En el año anterior, 2007,
había parecido que la infinita liquidez suministrada
por los bancos centrales aseguraría beneficios
infinitos para los bancos inversionistas. ¡Cómo se
equivocaron! Pero, entonces, no lo sabían. Pronto,
lo supieron.
Lo que sigue es un pasaje
de mi artículo de 2008 "Davos, deuda y falla
sistémica" que explica por qué sería sólo cosa de
tiempo antes de que fallaran los fundamentos de los
mercados de capital:
Davos, deuda y falla
sistémica Occidente y Oriente se encuentran
La dieta preferida de la
mayoría de los asistentes en Davos es una mezcla
inspirada en la fusión de deuda individual,
gubernamental y corporativa combinada con un fricasé
de libre mercado de ligera supervisión regulatoria
combinado con una salsa blanca de crédito de banco
central que se disuelve instantáneamente cuando va
pareado con un riesgo de contraparte equivalente.
La reunión de enero 2008 en
Davos, Suiza, en el Foro Económico Mundial es
similar a la reunión de 1957 en Palermo, Sicilia, de
las familias criminales estadounidense y siciliana
de la Cosa Nostra que se reunieron para discutir
problemas y oportunidades comunes. La notable
diferencia es que los de la Cosa Nostra viven fuera
de la ley, mientras que los del Foro Económico
Mundial en Davos la imponen.
Los de Davos, sin embargo,
comparten un problema común con la Cosa Nostra – el
éxito de ambos depende de sistemas inherentemente
inestables. El modelo de la Cosa Nostra se basa en
la violencia y la codicia que son tanto su fuerza
como su debilidad. El capitalismo, la fuente de la
riqueza para los de Davos, se basa en la codicia y
en la deuda apalancada, una combinación tan poderosa
y efectiva como el sistema de la Cosa Nostra – e
igual de inestable.
EL SISTEMA FALLA
Los sistemas inestables
pueden funcionar durante años sin tener problemas
serios. Pero con el tiempo, los sistemas inestables
siempre terminan por romperse. Hoy somos testigos de
un tal fallo sistémico. Los mercados crediticios
globales se están ralentizando y contrayendo. El
sistema capitalista responsable por la expansión
económica y la riqueza está desorientado.
La deuda, en los sistemas
capitalistas, es un artilugio maravilloso. Es decir,
hasta que no puede ser pagada. Bajo el capitalismo,
el crédito aviva la expansión pero lo hace a un
precio. Al expandir el capitalismo, el crédito se
convierte en deuda y mientras mayor es la expansión,
mayor es la deuda.
LA EXPANSIÓN GENERA EL
FIN
El defecto fatal del
capitalismo se hace evidente sólo en sus etapas
avanzadas. A medida que madura el capitalismo, se
manifiesta su inestabilidad sistémica inherente. La
expansión misma del capitalismo pone en movimiento
su desaparición. El talón de Aquiles del capitalismo
es su necesidad perpetua de expandir.
Sólo la expansión perpetua
del capital puede crear suficientes flujos de
capital para atender el servicio de, y redimir,
deudas creadas, cuyo coste siempre aumenta debido al
interés compuesto acumulado que se cobra. Mientras
toda ralentización es causa para preocupación, una
contracción augura algo mucho peor.
MIEDO EN DAVOS
LO QUE IMPORTA UN SOLO
AÑO DE DIFERENCIA
Hace un año, el humor en
Davos era de confianza tranquila, casi presumida. La
continua expansión económica parecía ser
interminable, los beneficios de los banqueros de
inversiones, desnatados de la superficie de las
empresas productivas era mayor que nunca. El
patrimonio privado, el equivalente para el banquero
de inversiones de la especulación inmobiliaria, era
el juego más popular.
Ya no. Hoy en día en Davos,
el perfume de Armani va mezclado con el fuerte olor
de la ansiedad producido por la caída de los
mercados y los futuros inciertos. La preocupación ha
reemplazado a la confianza. Actualmente la mayor
feromona en Davos es el miedo.
Davos no será lo mismo el
próximo año. Si tiene intenciones de ir, no se
olvide de llevar un perfumen de ambiente.
Eso fue entonces. Ahora, el
principal fenómeno en Davos es el pánico.
Instituciones de Wall Street como
Bear Stearns y Lehman Bros
se han evaporado (apropiadamente Davos es la ciudad
más elevada de Europa) y el sector financiero, antes
el rey de los depredadores, lucha por sobrevivir. El
perfumen de ambiente ya no será más efectivo en
Davos que el éxito de bancos centrales en la
recuperación de economías que ahora están en
deflación.
LOS BANCOS CENTRALES Y
EL COLAPSO SISTÉMICO
Los bancos centrales están
empeñados ahora en un combate de vida o muerte, un
combate que no pueden ganar. Cuando EE.UU. sacó el
oro de los fundamentos ficticios del dinero fiat de
los bancos centrales, se firmó la condena a muerte
del dinero fiat. La ejecución en sí sólo sería cosa
de tiempo.
El combate de los bancos
centrales por mantener la ficción de que el papel
moneda era tan bueno como el oro está tan condenado
como la esperanza de que más crédito de los bancos
centrales resolverá el problema que creó demasiado
crédito de los bancos centrales.
La última y única esperanza
restante de los bancos centrales es prolongar el
valor del dinero papel mediante el uso de cortinas
de humo y de espejos para ocultar su valor
disminuyente. La estrategia es tratar de eliminar
tanta evidencia de esa disminución como sea posible.
Tal vez no exista mejor
descripción de la estrategia de los bancos centrales
que el siguiente pasaje del ensayo de Peter
Warburton de abril de 2001: "The Debasement Of World
Currency--It Is Inflation But Not As We Know It" [La
degradación de la moneda mundial – es inflación pero
no como la conocemos]:
Los bancos centrales están
empeñados en una batalla desesperada en dos frentes.
Lo que vemos actualmente es
una batalla entre los bancos centrales y el colapso
del sistema financiero librada en dos frentes. En un
frente, los bancos centrales presiden sobre la
creación de liquidez adicional para el sistema
financiero a fin de contener la marea de
incumplimiento de pagos de deuda que de otra manera
sobrevendría. En el otro, incitan a los bancos de
inversión y a otras partes dispuestas a apostar
contra un aumento en los precios del oro, el
petróleo, los metales básicos, las materias primas
suaves o cualquier otra cosa que pueda ser
considerada como un indicador de valor inherente. Su
objetivo es privar al observador independiente de
todo parámetro fiable contra el cual medir el valor
en erosión, no sólo del dólar de EE.UU., sino de
todo el dinero fiat. Igualmente, sus acciones tratan
de rehusar al inversionista la oportunidad de
protegerse contra la fragilidad del sistema
financiero pasando a un mercado en libre comercio de
activos no financieros.
[Nota: La explicación de
Warburton de la estrategia de los bancos centrales
es importante, a saber: "Su objetivo es privar al
observador independiente de todo parámetro fiable
contra el cual medir el valor en erosión, no sólo
del dólar de EE.UU., sino de todo el dinero fiat.
Igualmente, sus acciones tratar de rehusar al
inversionista la oportunidad de protegerse contra la
fragilidad del sistema financiero pasando a un
mercado en libre comercio de activos no
financieros.]
Es importante reconocer que
los bancos centrales han comprobado que la batalla
en el segundo frente es mucho más fácil de librar
que la primera. En noviembre pasado, calculé el
tamaño de la existencia total de instrumentos de
deuda global en 90 billones de dólares para mediados
del año 2000. ¿Cuánto capital se necesitaría para
controlar los mercados combinados de oro, petróleo y
materias primas? Probablemente, no más de 200.000
millones de dólares, utilizando derivados. Además,
no es necesario que los bancos centrales libren la
batalla ellos mismos, aunque las ventas de oro y los
arrendamientos de oro de los bancos centrales
ciertamente han contribuido a la causa. La mayoría
de los grandes bancos de inversiones del mundo se
han excedido en sus operaciones comerciales con su
capital de un modo tan flagrante que si los bancos
centrales perdieran la batalla en el primer frente,
sus títulos perderían todo su valor. Porque su
suerte está entrelazada con la de los bancos
centrales, los bancos de inversión son participantes
dispuestos en la batalla contra el aumento de los
precios del oro, el petróleo y las materias primas.
[Nota: Aquí, Warburton nos
ha dado el motivo que subyace al papel del banco de
inversión en el mantenimiento de precios bajos de
las materias primas. Esto se refiere especialmente
al oro, ya que el oro es la medida tradicional de la
emergencia monetaria.]
Los bancos centrales, y
particularmente la Reserva Federal de EE.UU., están
desplegando su artillería pesada en la batalla
contra un colapso sistémico. Ha sido su principal
preocupación durante por lo menos siete años [desde
1994]. Sus objetivos inmediatos son impedir que el
mercado de bonos del sector privado cierre sus
puertas a prestamistas nuevos o refinanciadores y
prevenir una ruptura técnica en los Dow Jones
Industrials. Es absolutamente vital que se mantengan
abiertos los mercados de bonos cuando la
rentabilidad corporativa está contra las cuerdas.
Mantener estable el índice bursátil es esencial para
proteger la riqueza del sector doméstico y mantener
la expectativa de futuros beneficios. Mientras se
puedan lograr esos objetivos, el valor del dólar de
EE.UU. también puede ser estabilizado en relación a
otras monedas, a pesar de los extraordinarios
desequilibrios en el comercio exterior.