Haciendo historia: el
ALBA
Por Ángel Guerra Cabrera
[30.06.2009]-
Actualización 3:30 pm de Cuba
ALAI
AMALATINA, 25/06/2009.- Ya son nueve los países que
integran la Alternativa Bolivariana para los pueblos
de América Latina y el Caribe (ALBA). Como siempre
ocurre con los empeños nobles que hacen historia,
cuando hace ocho años el presidente Hugo Chávez
lanzó la iniciativa parecía un sueño. Los nuevos
miembros, Antigua y Barbuda, Ecuador y San Vicente y
las Granadinas ingresaron en la cumbre
extraordinaria en memoria de la batalla de Carabobo,
con la que Bolívar culminara la independencia de
Venezuela hace 188 años. Ahora el mecanismo
integracionista suma una superficie bastante
superior a los dos millones de kilómetros cuadrados
y una población cercana a los ochenta millones.
Fueron Cuba y Venezuela los primeros en abrazarlo en
2004, un año después entró Bolivia, en 2007
Nicaragua y al año siguiente Honduras. El ALBA (uso
el artículo "él" en lugar de "la" por su homonimia
con alba, sinónimo de amanecer) es la organización
de integración regional más diversa de América
Latina por la ubicación geográfica y diferencias de
origen cultural de sus miembros. Abarca desde el
área andina pasando por América Central, hasta el
Caribe. Desde países marcados por su vigorosa raíz
indígena hasta los mayoritariamente producto del
mestizaje afroeuropeo; Venezuela, como Honduras y
Nicaragua fruto de una mezcla cultural amerindia
africana y europea, y San Vicente y las Granadinas y
Antigua y Barbuda, con mayoritaria población de
origen africano.
Pero no es esta la característica definitoria del
ALBA sino las bases ideológicas y éticas que
sustentan las relaciones entre sus miembros. En
primer término, la solidaridad entre los pueblos
como principio rector, que la diferencia de todas
las demás asociaciones entre Estados existentes a
escala global. El comercio y la inversión los
conceptúa como medios y no fines, llamados a elevar
la calidad de vida de sus integrantes; subordina el
mercado a la justicia social y toma en cuenta las
asimetrías y la complementariedad entre las
economías, de modo que las decisiones se adopten
mediante la observancia de la equidad y en ningún
momento movidas por el afán de lucro de un Estado,
una empresa o un territorio a costa de otros. Se
entiende por qué la analogía entre ALBA y alba es
mucho más que un accidente lingüístico puesto que
constituye un amanecer de la solidaridad y del nuevo
proyecto emancipador latinocaribeño. En su corta
historia ha logrado realizaciones importantes como
el Banco del ALBA, las grandes empresas que se están
creando en su seno y trascendentes proyectos
educativos y culturales. El ALBA surgió en
contraposición al fenecido ALCA, promovido por
Washington y los sectores entreguistas de América
Latina con el objetivo de recolonizarla y destruir
su identidad.
El
ALBA no es el único mecanismo de integración
regional pero sí su núcleo más dinámico, ha dicho
Chávez. En efecto, instituciones como UNASUR y el
Banco del Sur son también muy valiosas. Pero el ALBA
es más que los nueve países que lo integran puesto
que PETROCARIBE, otra iniciativa venezolana con la
misma filosofía, está formado por la inmensa mayoría
de los Estados del Caribe y tres de América
Central(16).
Por
cierto, con las facilidades de pago que otorga ha
salvado de la ruina económica a muchos de sus
miembros, que no habrían podido hacer frente a sus
facturas petroleras.
En
el espíritu que anima el ALBA se llevan a cabo por
Cuba y Venezuela otras acciones solidarias ideadas
por Fidel Castro: la Operación Milagro, que ha
devuelto la visión a más de un millón 600 mil
personas, y la aplicación masiva del método cubano
"Yo sí puedo", que erradicó ya el analfabetismo en
Venezuela, Bolivia y Nicaragua y se extiende por el
mundo.
El
ALBA ha demostrado también su eficacia como
mecanismo de concertación y cohesión política
latinoamericano y así se pudo apreciar con la
derogación de la resolución que excluía a Cuba en la
reciente Asamblea General de la OEA.
El
ALBA es consecuencia del ciclo de luchas
antineoliberales latinoamericanas, cuyo inicio está
marcado por el "caracazo" y hunde sus raíces en el
plan de unidad continental bolivariano y martiano.
Este, como el ALBA, pareció un sueño en su momento
pero es el único camino para que las naciones de
América Latina y el Caribe rompan con la dominación
imperialista y el subdesarrollo y afiancen su
soberanía y autodeterminación. El ALBA crece y es su
embrión. |