América Latina es hoy el lugar
más estimulante del mundo, dice Noam Chomsky. Hay
aquí una resistencia real al imperio; no existen
muchas regiones de las que pueda afirmarse lo mismo.
Entrevistado por La
Jornada, uno de los intelectuales disidentes más
relevantes de nuestros tiempos señala que la
esperanza en el cambio anunciada por Barack Obama es
una ilusión, ya que son las instituciones y no los
individuos los que determinan el rumbo de la
política. A lo sumo, lo que el mandatario representa
es un giro desde la extrema derecha al centro de la
política tradicional estadunidense.
Presente en México para
celebrar los 25 años de La Jornada, el autor de más
cien libros, el lingüista, crítico antimperialista,
analista del papel que desempeñan los medios de
comunicación en la "manufactura" del consenso,
explica cómo la guerra a las drogas se inició en
Estados Unidos como parte de una ofensiva
conservadora contra la revolución cultural y la
oposición a la invasión de Vietnam.
A continuación, presentamos
la transcripción completa de sus declaraciones.
América Latina es hoy el
lugar más estimulante del mundo. Por primera vez en
500 años hay movimientos hacia una verdadera
independencia y separación del mundo imperial; se
están integrando países que históricamente han
estado separados. Esta integración es un
prerrequisito para la independencia. Históricamente,
Estados Unidos ha derrocado un gobierno tras otro;
ahora ya no puede hacerlo.
Brasil es un ejemplo
interesante. Hacia principios de los 60, los
programas de (Joao) Goulart no eran tan diferentes
de los de (Luiz Inacio) Lula. En aquel caso, el
gobierno de (John F.) Kennedy organizó un golpe de
Estado militar. Así, el Estado de seguridad nacional
se propagó por toda la región como una plaga. Hoy
día Lula es el muchacho bueno, al que están tratando
de cultivar, en reacción a los gobiernos más
militantes en la región. En Estados Unidos no
publican los comentarios de Lula favorables a (Hugo)
Chávez o a Evo Morales. Los silencian porque no son
el modelo.
Hay un movimiento hacia la
unificación regional: se empiezan a formar
instituciones que, aunque no funcionan del todo,
comienzan a existir. Es el caso de Mercosur y Unasur.
Otro caso notable en la
región es el de Bolivia. Después del referendo hubo
una gran victoria, y también una sublevación
bastante violenta en las provincias de la Media
Luna, donde están los gobernadores tradicionales,
blancos. Un par de docenas de personas murieron.
Hubo una reunión regional en Santiago de Chile donde
se expresó un gran apoyo a Morales y una firme
condena a la violencia, y Morales respondió con una
declaración importante. Dijo que era la primera vez
en la historia de América Latina, desde la conquista
europea, en que los pueblos habían tomado el destino
de sus países en sus propias manos sin el control de
un poder extranjero, o sea Washington. Esa
declaración no fue publicada en Estados Unidos.
Centroamérica está
traumatizada por el terror reaganiano. No es mucho
lo que sucede allí. Estados Unidos sigue tolerando
el golpe militar en Honduras, aunque es
significativo que no lo pueda apoyar abiertamente.
Otro cambio, aunque
atropellado, es la superación de la patología real
en América Latina, probablemente la región más
desigual del mundo. Es una región muy rica, siempre
gobernada por una pequeña elite europeizada, que no
asume ninguna responsabilidad con el resto de sus
respectivos países. Se puede ver en cosas muy
simples, como el flujo internacional de capital y
bienes. En América Latina la fuga de capitales es
casi igual a la de la deuda. El contraste con Asia
oriental es muy impactante. Aquella región, mucho
más pobre, ha tenido mucho más desarrollo económico
sustantivo, y los ricos están bajo control. No hay
fuga de capitales; en Corea del Sur, por ejemplo, se
castiga con la pena de muerte. El desarrollo
económico allá es relativamente igualitario.
Control debilitado
Había dos formas
tradicionales con las que Estados Unidos controlaba
América Latina. Una era el uso de la violencia; la
otra, el estrangulamiento económico. Ambas han sido
debilitadas.
Los controles económicos
son ahora más débiles. Varios países se han liberado
del Fondo Monetario Internacional a través de la
colaboración. También se han diversificado acciones
entre el sur, en lo que la relación de Brasil con
Sudáfrica y China ha entrado como factor. Han podido
enfrentar algunos problemas internos sin la poderosa
intervención de Estados Unidos.
La violencia no ha
terminado. Ha habido tres golpes de estado en lo que
va de este siglo. El venezolano, abiertamente
apoyado por Estados Unidos, fue revertido, y ahora
Washington tiene que recurrir a otros medios para
subvertir al gobierno, entre ellos ataques
mediáticos y apoyo a grupos disidentes. El segundo
fue en Haití, donde Francia y Estados Unidos tiraron
al gobierno y enviaron al presidente a Sudáfrica. El
tercero es el de Honduras, que es un asunto mixto.
La Organización de Estados Americanos asumió una
postura firme y la Casa Blanca tuvo que seguirla, y
proceder muy lentamente. El FMI acaba de otorgar un
enorme préstamo a Honduras, que sustituye la
reducción de asistencia estadunidense. En el pasado
éstos eran asuntos rutinarios. Ahora esas medidas
(la violencia y el estrangulamiento económico) se
han debilitado.
Estados Unidos está
reaccionando y ha dado pasos para remilitarizar la
región. La Cuarta Flota, dedicada a América Latina,
había sido desmantelada en los 50, pero se está
reahabilitando, y las bases militares en Colombia
son un tema importante.
La ilusión de Obama
La elección de Barack Obama
generó grandes expectativas de cambio hacia América
Latina. Pero son sólo ilusiones
Sí hay un cambio, pero el
giro es porque el gobierno de Bush se fue tan al
extremo del espectro político estadunidense que casi
cualquiera se hubiera movido hacia el centro. De
hecho el propio Bush en su segundo periodo fue menos
extremista. Se deshizo de algunos de sus
colaboradores más arrogantes y sus políticas fueron
más moderadamente centristas. Y Obama, de manera
previsible, continúa con esta tendencia.
Giró hacia la posición
tradicional. Pero ¿cuál es esa tradición? Kennedy,
por ejemplo, fue uno de los presidentes más
violentos de la posguerra. Woodrow Wilson fue el
mayor intervencionista del siglo XX. El centro no es
pacifista ni tolerante. De hecho Wilson fue quien se
apoderó de Venezuela, sacando a los ingleses, porque
se había descubierto petróleo. Apoyó a un dictador
brutal. Y de allí continuó con Haití y República
Dominicana. Mandó a los marines y prácticamente
destruyó Haití. En esos países dejó guardias
nacionales y dictadores brutales. Kennedy hizo lo
mismo. Obama es un regreso al centro.
Es igual con el tema de
Cuba, donde durante más de medio siglo Estados
Unidos se ha involucrado en una guerra, desde que la
isla ganó su independencia. Al principio esta guerra
fue bastante violenta, especialmente con Kennedy,
cuando hubo terrorismo y estrangulamiento económico,
a lo que se opone la mayoría de la población
estadunidense. Durante décadas, casi dos tercios de
la población han estado en favor de la normalización
de las relaciones, pero eso no está en la agenda
política.
Las maniobras de Obama se
fueron hacia el centro; suspendió algunas de las
medidas más extremas del modelo de Bush, y hasta fue
apoyado por buena parte de la comunidad cubano-estadunidense.
Se movió un poco hacia el centro, pero ha dejado muy
claro que no habrá cambios.
Las "reformas" de Obama
Lo mismo sucede en la
política interna. Los asesores de Obama durante la
campaña fueron muy cuidadosos en no dejarlo
comprometerse con nada. Las consignas fueron "la
esperanza" y "el cambio, un cambio en el que creer".
Cualquier agencia de publicidad sensata habría hecho
que ésas fueran las consignas, pues 80 por ciento
del país pensaba que éste marchaba por el carril
equivocado. McCain decía cosas parecidas, pero Obama
era más agradable, más fácil de vender como
producto. Las campañas son sólo asuntos de
mercadotecnia, así se entienden a sí mismas. Estaban
vendiendo la "marca Obama" en oposición a la "marca
McCain". Es dramático ver esas ilusiones, tanto
fuera como dentro de Estados Unidos.
En Estados Unidos casi
todas las promesas hechas en el ámbito de reforma
laboral, de salud, de energéticos, han quedado casi
anuladas. Por ejemplo, el sistema de salud es una
catástrofe. Es probablemente el único país en el
mundo en el que no hay una garantía básica de
atención médica. Los costos son astronómicos, casi
el doble de cualquier otro país industrializado.
Cualquier persona que tiene bien puesta la cabeza
sabe que es la consecuencia de que se trate de un
sistema de salud privado. Las empresas no procuran
salud, están para obtener ganancias.
Es un sistema altamente
burocratizado, con mucha supervisión, altísimos
costos administrativos, donde las compañías de
seguros tienen formas sofisticadas de evadir el pago
de las pólizas, pero no hay nada en la agenda de
Obama para hacer algo al respecto. Hubo algunas
propuestas light, como por ejemplo "la opción
pública", pero quedó anulada. Si uno lee la prensa
de negocios, encuentra que la portada de Business
Week reportaba que las aseguradoras celebraban su
victoria.
Se realizaron campañas muy
exitosas en contra de esta reforma, organizadas por
los medios y la industria para movilizar segmentos
extremistas de la población. Es un país en el que es
fácil movilizar a la gente con el miedo, e
inculcarle todo tipo de ideas locas, como que Obama
va a matar a la abuela de uno. Así lograron revertir
propuestas legislativas ya de por si débiles. Si en
verdad hubiera habido un compromiso real en el
Congreso y la Casa Blanca, esto no hubiera
prosperado, pero los políticos estaban más o menos
de acuerdo.
Obama acaba de hacer un
acuerdo secreto con las compañías farmacéuticas para
asegurarles que no habrá esfuerzos gubernamentales
por regular el precio de las medicinas. Estados
Unidos es el único país en el mundo occidental que
no permite que el gobierno use su poder de compra
para negociar el precio de los medicamentos. Un 85
por ciento de la población se opone, pero eso no
significa diferencia alguna, hasta que todos vean
que no son los únicos que se oponen a estas medidas.
La industria petrolera
anunció que va a utilizar las mismas tácticas para
derrotar cualquier proyecto legislativo de reforma
energética. Si Estados Unidos no implanta controles
firmes sobre las emisiones de dióxido de carbono, el
calentamiento global destruirá la civilización
moderna.
El diario Financial Times
señaló con razón que si había una esperanza de que
Obama pudiera haber cambiado las cosas, ahora sería
sorprendente que sí cumpliera con lo mínimo de sus
promesas. La razón es que no quería cambiar tanto
las cosas. Es una criatura de quienes financiaron su
campaña: las instituciones financieras, las
energéticas, las empresas. Tiene la apariencia de
buen tipo, sería un buen acompañante de cena, pero
eso no permite cambiar la política; la afecta un
poco. Sí hay cambio, pero es un poco más suave. La
política proviene de las instituciones, no está
hecha por individuos. Las instituciones son muy
estables y muy poderosas. Por supuesto, encuentran
la manera de confrontar lo que sucede.
Más de lo mismo
Los medios están un poco
sorprendidos de que se esté regresando adonde
siempre se estuvo. Lo reportan, es difícil no
hacerlo, pero el hecho es que las instituciones
financieras se pavonean de que todo está quedando
igual que antes. Ganaron. Goldman Sachs ni siquiera
intenta ocultar que después de haber hundido la
economía está entregando jugosos bonos a sus
ejecutivos. Creo que en el pasado trimestre acaba de
reportar las ganancias más altas de su historia. Si
fueran un poquito más inteligentes lo intentarían
ocultar.
Esto se debe a que Obama
está respondiendo a quienes apoyaron su campaña: el
sector financiero. Miren nada más a quién escogió
para su equipo económico. Su primer asesor fue
Robert Rubin, el responsable de la derogación de una
ley que regulaba al sector financiero, lo cual
benefició mucho a Goldman Sachs; asimismo, se
convirtió en directivo de Citigroup, hizo una
fortuna y se salió justo a tiempo. Larry Summers,
quien fue la principal figura responsable de detener
toda regulación de los instrumentos financieros
exóticos, ahora es el principal asesor económico de
la Casa Blanca. Y Timothy Geithner, quien como
presidente de la Reserva Federal de Nueva York
supervisaba lo que sucedía, es secretario del
Tesoro.
En un reportaje reciente se
examinó a algunos de los principales asesores
económicos de Obama. Se concluyó que gran parte de
ellos no deberían estar en el equipo de asesoría,
sino enfrentando demandas legales, porque estuvieron
involucrados en malos manejos en la contabilidad y
otros asuntos que detonaron la crisis.
¿Por cuánto tiempo se
pueden mantener las ilusiones? Los bancos están
ahora mejor que antes. Primero recibieron un enorme
rescate del gobierno y los contribuyentes, y lo
utilizaron para fortalecerse. Son más grandes que
nunca; absorbieron a los débiles. O sea, se está
sentando la base para la próxima crisis. Los grandes
bancos se están beneficiando con una póliza de
seguros del gobierno, que se llama "demasiado grande
para fallar". Si se es un banco enorme o una casa de
inversión importante, es demasiado importante para
fracasar. Si se es Goldman Sachs o Citigroup, no
puede fracasar porque eso derrumbaría toda la
economía. Por eso pueden hacer préstamos riesgosos,
para ganar mucho dinero, y si algo falla, el
gobierno los rescata.
La guerra contra el narco
La guerra contra la droga,
que desgarra a varios países de América Latina entre
los que se encuentra México, tiene viejos
antecedentes. Revitalizada por Nixon, fue un
esfuerzo por superar los efectos de la guerra de
Vietnam en Estados Unidos.
La guerra fue un factor que
llevó a una importante revolución cultural en los
60, la cual civilizó al país: derechos de la mujer,
derechos civiles. O sea, democratizó el territorio,
aterrorizando a las elites. La última cosa que
deseaban era la democracia, los derechos de la
población, etcétera, así que lanzaron una enorme
contraofensiva. Parte de ella fue la guerra contra
las drogas.
Ésta fue diseñada para
trasladar la concepción de la guerra de Vietnam, de
lo que nosotros les estábamos haciendo a los
vietnamitas, a lo que ellos nos estaban haciendo a
nosotros. El gran tema a fines de los 60 en los
medios, incluso los liberales, fue que la guerra de
Vietnam fue una guerra contra Estados Unidos. Los
vietnamitas estaban destruyendo a nuestro país con
drogas. Fue un mito fabricado por los medios en las
películas y la prensa. Se inventó la historia de un
ejército lleno de soldados adictos a las drogas que
al regresar se convertirían en delincuentes y
aterrorizarían a nuestras ciudades. Sí, había uso de
drogas entre los militares, pero no era muy
diferente al que existía en otros sectores de la
sociedad. Fue un mito fabricado. De eso se trataba
la guerra contra las drogas. Así se cambió la
concepción de la guerra de Vietnam a una en la que
nosotros eramos las víctimas.
Eso encajó muy bien con las
campañas en favor de la ley y el orden. Se decía que
nuestras ciudades se desgarraban por el movimiento
antibélico y los rebeldes culturales, y que por eso
teníamos que imponer la ley y el orden. Allí cabía
la guerra contra la droga.
Reagan la amplió de manera
significativa. En los primeros años de su
administración se intensificó la campaña, acusando a
los comunistas de promover el consumo de drogas.
A principios de los 80 los
funcionarios que tomaban en serio la guerra contra
las drogas descubrieron un incremento significativo
e inexplicable de fondos en bancos del sur de
Florida. Lanzaron una campaña para detenerlo. La
Casa Blanca intervino y suspendió la campaña. Quien
lo hizo fue George Bush padre, en ese tiempo
encargado de la guerra contra las drogas. Fue cuando
la tasa de encarcelamiento se incrementó de manera
significativa, en gran parte con presos negros.
Ahora el número de prisioneros per cápita es el más
alto en el mundo. Sin embargo, la tasa de
criminalidad es casi igual que en otros países. Es
un control sobre parte de la población. Es un asunto
de clase.
La guerra contra las
drogas, como otras políticas, promovidas tanto por
liberales como por conservadores, es un intento por
controlar la democratización de fuerzas sociales.
Hace unos días, el
Departamento de Estado de Obama emitió su
certificación de cooperación en la lucha contra las
drogas. Los tres países que fueron descertificados
son Myamar, una dictadura militar –no importa, está
apoyada por empresas petroleras occidentales–,
Venezuela y Bolivia, que son enemigos de Estados
Unidos. Ni México, ni Colombia, ni Estados Unidos,
en todos los cuales hay narcotráfico.
Un lugar interesante
El elemento central del
neoliberalismo es la liberalización de los mercados
financieros, lo cual hace vulnerables a los países
que tienen inversionistas extranjeros. Si uno no
puede controlar su moneda y la fuga de capitales,
está bajo control de los inversionistas extranjeros.
Pueden destruir una economía si no les gusta lo que
este país hace. Ésa es otra forma de controlar
pueblos y fuerzas sociales, como los movimientos
obreros. Son reacciones naturales de un empresariado
muy concentrado, con gran conciencia de clase. Claro
que hay resistencia, pero fragmentada y poco
organizada, y por ello pueden seguir promoviendo
políticas a las que se opone la mayoría de la
población. A veces esto llega al extremo.
El sector financiero está
igual que antes; las aseguradoras de salud han
ganado con la reforma sanitaria, las empresas
energéticas ganarán con la reforma energética, los
sindicatos han perdido con la reforma laboral y, por
supuesto, la población de Estados Unidos y la del
mundo pierden porque ya de por sí la destrucción de
la economía es grave. Si se destruye el medio
ambiente, los que de veras sufrirán son los pobres.
Los ricos sobrevivirán a los efectos del
calentamiento global.
Por esto América Latina es
uno de los lugares verdaderamente interesantes. Es
uno de los sitios en los que hay verdadera
resistencia a todo esto. ¿Hasta dónde llegará? No se
sabe. No me sorprendería que haya un giro a la
derecha en las próximas elecciones en América del
Sur. Aun así, se ha logrado un avance que sienta las
bases para algo más. No hay muchos lugares en el
mundo de los que pueda decirse lo mismo.