Como funciona la nueva
fórmula del colapso capitalista
Por Manuel Freytas-IAR Noticias
[05.11.2009]-
Actualización 4:00 pm de Cuba
En
términos reales y concretos, ése es el peligro (y el
dilema) del escenario que los economistas definen
como "salida de la recesión con crecimiento débil"
que hoy caracteriza el proceso económico de EEUU y
de las primeras potencias europeas.
Se
trata de un cambio cualitativo, de un salto
transformacional de la crisis capitalista, donde el
colapso económico financiero se convierte finalmente
en colapso social. Una instancia para el cual el
sistema todavía no tiene hipótesis de salida, ni
respuestas ni planes de "salvataje".
Para la mayoría de los especialistas, incluso para
instituciones del sistema como el FMI, Banco Mundial
y OIT, el desempleo, el déficit y la contracción del
crédito para el consumo resume un panorama
proyectado a corto plazo: Huelgas y conflictos
sociales en crecimiento, expandidos desde EEUU y la
UE hacia el resto de las economías
"subdesarrolladas" o "emergentes" de Asia, África y
América Latina.
De
manera tal, que hay una coincidencia generalizada
entre los especialistas y las autoridades económicas
sobre la conformación de un nuevo proceso con la
crisis social estallando como un natural emergente
del colapso de los dos motores que rigen el
desarrollo de la primeras economías imperiales: El
empleo y el consumo.
En
general, la prensa especializada coincide en que el
costo billonario de los súper rescates (que paga la
población a través de los impuestos) potencia el
proceso de crisis social con desocupación por el que
atraviesan tanto la economía estadounidense como la
europea.
La
mayoría de los analistas proyectan un agravamiento
de la presión fiscal (suba de impuestos) y un
recorte de planes y beneficios sociales como el
emergente más inmediato del mega-salvataje estatal a
la banca imperial iniciada tanto por la Reserva
Federal como por los bancos centrales europeos.
Simultáneamente, tanto en Europa como en EEUU, la
economía real sigue cayendo en sus principales
variables, el "crecimiento débil" no se vislumbra
como motor de una reactivación, y los sectores más
desprotegidos ya sufren los "ajustes" y la
desocupación masiva, alimentando una crisis social,
todavía de efectos imprevisibles.
El
nuevo colapso con déficit, desaceleración del
consumo y desempleo, exportado originalmente de EEUU,
ya se contagia aceleradamente por las economías del
euro que vienen afrontando crecientes huelgas y
protestas sociales por el proceso de desocupación
masiva que se extiende.
El
desempleo llegó a su máximo de casi 11 años en
septiembre en la eurozona mientras que los precios
al consumidor bajaron en octubre por quinto mes
consecutivo, revelando el impacto de la recesión en
el mercado laboral y la demanda de bienes.
La
agencia de estadísticas de la Unión Europea informó
que el desempleo en los 16 países de la moneda única
alcanzó en septiembre el 9,7 por ciento de la fuerza
laboral, su nivel más alto desde enero de 1999.
En
EEUU, donde la desocupación ya toca un 9,8 por
ciento, los analistas prevén una suba récord por
encima del 10 por ciento en el cuarto trimestre de
2009.
El
FMI publicó en la primera semana de octubre su
informe de perspectivas económicas globales, en el
que prevé que el desempleo alcanzará 10.1 por ciento
en EEUU en 2010 y 12 por ciento en la eurozona en
2011.
En
este contexto, la crisis social con protestas y
huelgas (consecuencia de la caída del consumo y los
despidos laborales) ya se perfila como un emergente
de la crisis recesiva- laboral y se sigue
extendiendo peligrosamente por toda la geografía
europea y estadounidense.
A
esta esta situación se suma una mayor deflación
económica y recorte del consumo (ya desatados), que
se sumarán a los estragos de la crisis crediticia
para potenciar el proceso de baja del consumo y de
desocupación ascendente en que se encuentran EEUU y
las primeras economías de la Unión Europea.
Así
como las trasnacionales y los bancos de las
potencias centrales incubaron y luego "globalizaron"
la crisis financiera (derrumbe bancario) primero, y
la crisis recesiva después (derrumbe industrial y
comercial), EEUU y las primeras economías imperiales
ya están incubando la crisis social de manos del
déficit, el desempleo y la no reactivación del
consumo.
Como se incuba la crisis social
La
crisis social (consecuencia de la caída del consumo,
los ajustes y los despidos laborales) se perfila
como el emergente inmediato de la crisis recesiva-
laboral que detonó escalonadamente como consecuencia
de la crisis financiera en EEUU.
De
acuerdo a una lógica aceptada por una mayoría de los
analistas del sistema: Los "salvatajes" estatales a
las empresas y bancos sólo produjeron una
"reactivación" de la especulación financiera (bolsas
activadas en una nueva "burbuja" y recuperando
ganancias en forma acelerada).
En
un escenario, marcado por una incipiente
"recuperación económica" (de la que muchos dudan), y
con un aumento del déficit y de la desocupación en
EEUU, la bolsas y las macro empresas y bancos que
cotizan tanto en Wall Street como en las plazas
europeas siguen cosechando ganancias
multimillonarias que se contradicen con los números
oficiales de la economía real.
Simultáneamente, el capitalismo industrial o
comercial estadounidense y europeo, con el argumento
de la "catástrofe económica" reduce "costo laboral"
despidiendo empleados, reduciendo salarios y
suprimiendo beneficios sociales, y
"sobreexplotación" de la fuerza que queda ocupada.
Achican otros gastos (e inversiones) de la
producción para ganar lo mismo produciendo y
vendiendo menos, lo que agudiza la recesión y genera
más baja del consumo y despidos laborales.
Por
su parte, el Estado norteamericano como los de la
zona del euro bajan "costo social" por medio de la
reducción del gasto público (salud, vivienda,
educación, etc.) para compensar la merma de la
recaudación durante la crisis.
En
EEUU, agosto pasado se convirtió en el tercer mes
consecutivo en que los gobiernos estatales y
municipales eliminaron empleos, lo que refleja las
reducciones que han tenido que hacer para responder
al declive en los impuestos a la renta y a la
propiedad.
Dentro de este contexto, la nacionalización de la
crisis social por medio de los ajustes y los
despidos laborales habilita un pasaporte hacia las
huelgas y los conflictos sociales que hasta ahora
aparecían como fenómenos inéditos en la primera
potencia imperial.
De
acuerdo con The Wall Street Journal, la proyección
anticipada del drástico recorte del gasto social
(que ya rige en California) extendido a todos lo
estados de la Unión, prevé despidos y recortes de
salarios a los empleados públicos, suspensiones
laborales, vacaciones sin paga, planes de retiro
anticipado, reducción de fondos para los jubilados,
la educación y la salud pública, y recortes en los
programas para paliar el hambre.
A
este cuadro (producido por el costo de los "salvatajes"
a bancos y empresas con dinero público) se suma otro
dato: Los números en rojo del conjunto de las
variables de las primeras economías imperiales
invalidan -según estimaciones oficiales y de una
mayoría abrumante de especialistas- cualquier
hipótesis de recuperación inmediata de la crisis que
ya ha devenido de económica a social.
De
esta manera, el sistema capitalista USA-europeo
(Estado y empresas privadas) descarga el costo del
colapso recesivo económico (la crisis) sobre el
sector asalariado (fuerza laboral masiva) y la masa
más desprotegida y mayoritaria de la sociedad
(población pobre con limitados recursos de
supervivencia).
Por
medio de los despidos laborales y la reducción del
gasto social ("ajustes"), que incrementan los
niveles sociales de precariedad económica y de
exclusión masiva del mercado laboral, bancos y
empresas mantienen sus tasa de rentabilidad al costo
de más desempleo y depresión de la economía real.
La
no reactivación plena del consumo y la suba récord
del desempleo dispara alertas generalizadas de una
crisis social con protestas masivas en gestación,
principalmente en las potencias centrales con EEUU y
Europa a la cabeza.
A
esas advertencias se sumaron en los últimos días el
FMI, la OIT, el Banco Mundial y otras instituciones
vertebrales del sistema como el Grupo de los Ocho,
que alertaron de una "recaída de la crisis" con
efectos sociales devastadores si los gobiernos
centrales levantan los subsidios a bancos y
empresas.
En
recientes declaraciones, el Premio Nóbel de Economía
Paul Krugman advirtió que a pesar de las supuestas
señales de recuperación, en los próximos seis a ocho
meses habrá una fuerte posibilidad de retroceso en
la economía.
Según sus consideraciones, la fase extrema de la
crisis global fue superada, pero se puede registrar
una recaída y dista mucho decir que está cerca el
camino de regreso a la prosperidad.
También, indicó que los programas de estímulo y las
expansiones fiscales se desvanecerán a principios de
2010, por lo que el mundo tiene por delante un
prolongado proceso de recuperación por mucho tiempo.
Dentro de este marco, las huelgas y los conflictos
sociales se visualizan como el emergente inmediato
(e indetenible) de los despidos en masa y ajustes
estatales que ya se ensañan con los sectores
laborales y sociales más desprotegidos tanto de
Europa como de EEUU.
La
víctima y el detonante
La
dinámica de la crisis (dada a conocer en forma
inconexa y parcial por los propios medios del
Imperio) revela como el sistema capitalista (Estado
y empresas privadas) descarga el costo del colapso
recesivo económico (la crisis) sobre el sector
asalariado (fuerza laboral masiva) y la masa más
desprotegida y mayoritaria de la sociedad (población
pobre con limitados recursos de supervivencia), por
medio de los despidos laborales y la reducción del
gasto social ("ajustes"), que incrementan los
niveles sociales de precariedad económica y de
exclusión masiva del mercado laboral.
La
masa asalariada (mayoritaria y peor paga) y los
pobres, son a su vez los mayores perjudicados por la
utilización fraudulenta (estafa con el Estado
capitalista) de fondos de impuestos públicos para
salvar a empresas privadas, ya que no cuentan con
los recursos (ahorros y medios capitalistas de
supervivencia) de las clases altas o medias altas.
En
este cuadro, los ocupados pagan los "rescates
capitalistas" con su salario y con lo que consumen,
mientras que los desocupados y marginados sociales
lo hacen a través de los pocos productos que puedan
adquirir para su supervivencia inmediata.
Cuando estallan las crisis de "sobreproducción" (por
recesión y achicamiento de demanda) el sistema
aplica su clásica fórmula para preservar la
rentabilidad vendiendo y produciendo menos:
Achicamiento de costos.
En
esa receta de "achicar costos" sobresalen
claramente, en primera línea, los laborales (de las
empresas) y los sociales (del Estado) para compensar
la falta de ventas y de recaudación fiscal.
En
consecuencia (y como ya está probado
históricamente): Las empresas mantienen sus
rentabilidades, sube la recesión, sube la
desocupación, cae el consumo, y se expande la
pobreza y la exclusión social.
De
acuerdo a la OIT, en 2009 unas 50 millones de
personas en todo el mundo podrían perder sus
trabajos debido a la crisis económica. Multiplicado
por una "familia tipo" (cuatro personas por
despedido) esto implica que alrededor de 200
millones de personas serían afectadas por la
desocupación en el curso de este año.
Hay
una estimación -alimentada por números oficiales-
que expresa que la presente crisis recesiva global
ya arrojó (como consecuencia de los despidos y del
achicamiento del consumo) a más de 1000 millones de
personas a la pobreza y a la marginalidad.
En
esa dinámica de acción-reacción se alimentan la
crisis social y el nuevo colapso capitalista
emergente en EEUU y Europa.
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