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El
bloqueo y el estilo Obama de pedalear
Por Ángel Guerra Cabrera La Jornada
[31.10.2009]-
Actualización 8:10 am de Cuba
Aunque
escribo unas horas antes de ser votada en la
Asamblea General de la ONU la resolución Necesidad
de poner fin al bloqueo económico, comercial y
financiero impuesto por los Estados Unidos de
América contra Cuba, estoy seguro que su aprobación
habrá sido casi unánime. Aparte del bloqueador, sólo
Israel, su hermano siamés, tiene la cara dura de
votar en contra. De alguna forma debe pagar los
consabidos vetos de Washington en el Consejo de
Seguridad a cualquier condena, por pálida que sea,
de las fechorías del sionismo. Por que el voto de
alguna dependencia semicolonial yanqui del Pacífico
no debería ni contarse.
¿Cómo
explicar el sucesivo aumento del número de votos en
pro de la resolución cubana a lo largo de dieciocho
años, que en 2008 llegó a 185 de 192 estados
miembros de Naciones Unidas, con únicamente los tres
mencionados en contra? La razón es muy sencilla. No
existe un embargo bilateral, como cínicamente afirma
Washington. Lo que existe es un bloqueo de carácter
extraterritorial con el cual Estados Unidos intenta
yugular las relaciones económicas internacionales
con Cuba mediante amenazas y duras sanciones a
terceros e incurre por ello en una violación
flagrante de la soberanía de la gran mayoría de los
estados miembros de la ONU y de su derecho a
comerciar libremente. En suma, un gravísimo atentado
al derecho internacional y a la Carta de Naciones
Unidas pero no sólo por las razones mencionadas, que
afectan vitales intereses hasta de sus aliados más
cercanos por más que no sientan simpatía alguna
hacia Cuba.
Lo es
también por la siguiente razón, muy poderosa desde
el punto de vista legal y también ético, y esto es
crucial considerarlo. El bloqueo viola el derecho
internacional, también y ante todo, por tratarse de
una medida genocida según la conocida definición de
la Convención para la Prevención y Sanción del
Delito de Genocidio puesto que en el caso de Cuba
tienen aplicación todos los actos que expresamente
menciona perpetrados con la intención de destruir,
total o parcialmente, un grupo nacional étnico,
racial o religioso, como tal. El carácter genocida
del bloqueo puede expresarse en hechos terribles
repetidos durante casi medio siglo como la muerte
cotidiana de cubanos de todas las edades por falta
de fármacos o dispositivos oncológicos,
cardiológicos y, en general, de alta tecnología, de
los que Estados Unidos se niega a vender a la isla
pese a saberse el único fabricante; o cuando obliga
a poner en peligro la vida de otros cubanos, que,
por ejemplo, deben ser sometidos a una operación a
corazón abierto por no disponerse de un insumo
estadunidense como pueden ser ciertos tipos de stent
utilizados en cardiología pediátrica. Pero el
bloqueo es mucho más abarcador que estos ejemplos
escandalosamente dramáticos y se extiende a los
severos daños que ha inflingido a millones de
personas en todas las esferas de la vida diaria
durante medio siglo. El bloqueo exigió un grado de
heroísmo laboral y social sin precedente para
sustituir con pura inventiva las refacciones e
insumos estadunidenses del equipamiento agrícola,
industrial y de servicios de Cuba de un día para
otro y luego una mudanza en tiempo récord a otras
tecnologías, una experiencia humana sumamente
traumática, sobre todo para un país pobre y
subdesarrollado.
Si nos
adentramos en la historia de las agresiones
estadunidenses contra Cuba, puede afirmarse
rotundamente, como lo ha propuesto Ricardo Alarcón,
que las medidas yanquis de guerra económica
comienzan desde enero de 1959 cuando Washington
recibe como héroes a los batistianos, portadores de
la totalidad del tesoro nacional de la isla,
valorado en 400 millones de dólares de entonces. Con
ese monumental robo al pueblo de Cuba comenzó a
forjarse el gran poder económico de la
contrarrevolución emigrada a Miami y ese mismo año
Estados Unidos privó a Cuba de la cuota azucarera.
El
bloqueo es otra prueba de fuego para el presidente
Obama que prometió un nuevo comienzo en las
relaciones con Cuba, dio algunos pasos encomiables
pero muy modestos y allí se ha quedado. Al extremo
que más de un analista asegura que ya hizo todo lo
que iba a hacer con Cuba al menos en su primer
mandato. Y es probable que así sea si el primer
presidente negro y Nobel de la Paz al vapor sigue
respecto a la isla la conducta de pedalear hacia
atrás que en general observa en otros asuntos frente
a los crecientes ataques de la extrema derecha. |