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La
influencia política y corruptora de la banca en las
soluciones a la crisis
Por Vicenç Navarro-Sistema Digital
[26.11.2009]-
Actualización 10:36 am de Cuba
El
Congreso de EEUU estableció el pasado 1 de
septiembre una Comisión (compuesta por seis
demócratas y cuatro republicanos) con el fin de
analizar las causas de la crisis financiera, asignar
responsabilidades y proponer medidas legislativas
que prevengan la aparición de nuevas crisis. Está
Comisión está dotada de un equipo técnico dirigido
por Thomas Greene, que fue fiscal del Estado de
California cuando se investigó el caso Enron, entre
otros.
El
Presidente (en inglés Chairman) de la Comisión, el
demócrata Phil Angelides, intenta que su impacto sea
semejante al que tuvo la comisión Pecora (que debe
su nombre a su Presidente, Fernandín Pecora),
nombrada en el New Deal cuando el Presidente
Franklin D. Roosevelt dirigió la recuperación de la
economía estadounidense durante la Gran Depresión.
Tal Comisión del Congreso propuso toda una serie de
leyes que, una vez aprobadas por el Congreso,
pasaron a ser la arquitectura regulatoria del
sistema financiero estadounidense. Una pieza clave
de esta arquitectura fue la Ley Glass-Steagall Act,
que separó los bancos de depósitos (commercial banks)
de los bancos de inversión (investment banks), a fin
de proteger a la banca comercial de los riesgos que
conllevan las actividades (muchas veces
especulativas) de los bancos de inversión. Esta ley
fue anulada por el Presidente Clinton siguiendo el
consejo de su Secretario del Tesoro (equivalente a
Ministro de Economía y Hacienda en EEUU) Larry
Summers, y es ampliamente reconocido que su
anulación es una de las causas más importantes del
desarrollo de la crisis financiera.
Además
de esta Comisión, en la Cámara Baja del Congreso
existe un Comité, el Comité de la Reforma y
Supervisión del Gobierno (House Committee on
Oversight and Government Reform), presidido por
Edolphus Towns, demócrata de Brooklin, Nueva York,
que también está analizando las causas de la crisis.
Tal Comité tiene el poder de llamar a cualquier
miembro de la Administración Pública para que dé
testimonio, incluidos miembros del Banco Central
Estadounidense (The Federal Reserve Board - FRB),
habiendo puesto en situaciones incómodas a los
representantes del Banco. Tal Comité ha sido muy
crítico con el comportamiento del FRB, no sólo en la
génesis de la crisis, sino también en la manera como
se ha llevado a cabo el rescate de la Banca en EEUU
(centrada en Wall Street).
Cuatro
son las conclusiones que se derivan de estas
investigaciones. Una es que la eliminación de la
citada ley Glass-Steagall que facilitó la aparición
de enormes megabancos que han gozado de una enorme
influencia en el Ministerio de Economía y Hacienda y
en el FRB. La mayor motivación de la Administración
Bush y la Administración Obama ha sido salvar a
estos megabancos a toda costa bajo el argumento de
que son demasiado grandes para permitir que
quiebren. Han considerado que su colapso dañaría a
la economía estadounidense y a la mundial. Las
medidas de apoyo a tales bancos han ido encaminadas
a mantenerlos con el tamaño actual, y ello a costa
de permitirles que sigan con sus prácticas
habituales. Una pieza clave para su mantenimiento
era salvar la compañía de seguros AIG (pues era la
que aseguraba los instrumentos con mayor riesgo o
derivativos, que poseían aquellos megabancos). La
ayuda que significó el control de AIG por el
Gobierno federal ha permitido canalizar gran número
de productos tóxicos hacia tal compañía de seguros,
así como hacia las compañías federalizadas como
Fannie Mae y Federal Reserve Look. Tal canalización
de dichos productos tóxicos se ha hecho de una
manera opaca sin el conocimiento de la ciudadanía,
pues el Ministerio de Economía y Hacienda era
plenamente consciente de que se estaba salvando a
los megabancos mediante la absorción de los
productos tóxicos por parte de las instituciones
bancarias federales.
Una
segunda conclusión es que había un fraude
generalizado en las prácticas de los megabancos,
fraudes que eran conocidos por las agencias de
regulación federal que mantuvieron una actitud laxa
en su responsabilidad reguladora. La Comisión y el
Comité explican este comportamiento por la enorme
influencia que ejercen los megabancos sobre el
gobierno federal, tanto a nivel del ejecutivo como a
nivel del legislativo, influencia que se traduce en
las conexiones existentes entre la clase política y
la administración pública por un lado y los
megabancos por el otro.
Una
tercera conclusión importante a señalar es que la
crisis financiera tiene, en realidad, causas
políticas. Aunque los republicanos han sido los que
han enfatizado más la desregulación de la banca y
han sido los mayores responsables de la creación de
una cultura de laxitud en el comportamiento de las
agencias públicas reguladoras (consecuencia de sus
creencias liberales), los demócratas han sido
determinantes en el desarrollo de tales
comportamientos. La terminación de la Glass-Steagall
Act tuvo lugar en 1999, bajo la Administración
Clinton, conocedora de la existencia de tales
prácticas fraudulentas, pues eran conocidas por el
Ministerio de Economía y Hacienda muchos años antes,
desde el principio de su Administración.
Una
cuarta conclusión es que la institución con mayor
responsabilidad sobre esta colección de
"irresponsabilidades" fue el FRB, que falló
estrepitosamente en su función reguladora del
sistema bancario, fallo que se atribuye a estar
imbuida de una ideología liberal que
sistemáticamente favorecía al capital financiero
sobre el capital productivo y al mundo del capital
sobre el mundo del trabajo, contribuyendo a un
enorme crecimiento de la polarización de rentas, una
de las causas de la crisis (ver mi artículo "La
silenciada causa de la crisis", Público, 19.03.09).
El gurú de tales políticas fue su gobernador, Alan
Greenspan, que había sido canonizado por el
establishment financiero, político y mediático de
aquel país, refiriéndose a él como el Maestro. Las
políticas crediticias del FRB jugaron un papel clave
en la creación de las burbujas, de las cuales, la
inmobiliaria había sido la última y más destructiva.
De
estas conclusiones se derivan varias reflexiones.
Una de ellas, ya mencionada en las conclusiones
citadas anteriormente, es que la causa de la crisis
es política y toca un tema que no debe soslayarse si
quiere resolverse el problema. Y es la enorme
influencia que el poder financiero tiene en la
democracia estadounidense (y en la mayoría de
democracias, incluyendo España). La financiación de
las campañas electorales de EEUU por parte del
capital financiero (con millones de dólares
asignados a los miembros de los Comités que
supervisan el capital financiero) está corrompiendo
el sistema político. Es de una enorme incoherencia
que incluso articulistas que se autodefinen como
progresistas en España, defienden que poderes
económicos puedan aportar fondos a los partidos y a
los candidatos. Esta práctica corrompe a la
democracia. Y el ejemplo de EEUU es contundente.
Las
propuestas que se están barajando en el citado
Comité de la Cámara Baja (prohibir que los bancos
puedan contribuir a las campañas electorales de los
miembros de los Comités que supervisan a la banca)
son necesarias, pero dramáticamente insuficientes.
La influencia de la banca y de las compañías de
seguros va incluso más allá de la financiación de
las campañas electorales de los políticos. Incluye
otras maneras de ejercer su influencia, tales como
el hecho de que la mayoría de lobistas que defienden
los intereses de la Banca han trabajado antes en
aquellos Comités que supervisan a la Banca. Estas
redes de influencia también corrompen la democracia.
Además
de los lobistas, existe la puerta rotativa de cargos
políticos que proceden de la banca y cargos
bancarios que proceden del mundo político. Geithner
(el Ministro actual de Economía de la Administración
Obama, encargado de rescatar la banca) tiene como su
jefe de gabinete al que había sido jefe del grupo de
lobistas de Goldman Sachs (uno de los bancos más
beneficiados en la tal llamada recuperación
financiera federal). El secretario general de tal
Ministerio había sido el delegado general de City
Group (otro banco ayudado). Otro delegado de City
Group trabaja en la Casa Blanca asesorando al
Presidente Obama, el cual ha nombrado también a un
economista que dirigió UBS (hoy en los tribunales
por asesorar a ricos sobre cómo realizar fraude
fiscal), como miembro del grupo de trabajo que
trabaja en la recuperación económica.
Tal
maridaje (bajo la administración Obama) del gobierno
federal con Wall Street, continúa el existente bajo
las administraciones anteriores. El Ministro de
Economía de la Administración Bush junior fue Henry
Paulson, presidente de Goldman Sachs, y uno de los
mayores proponentes de la desregulación financiera,
habiendo terminado la normativa de la Comisión de
Seguridades e Intercambios (Securities and Exchange
Commissions), que prohibía ciertas prácticas
crediticias de tipo especulativo. Y el mismo
Ministro actual de Economía, el Sr. Geithner, cuando
era el director del FRB de Nueva York, fue uno de
los mayores proponentes de la desregulación
bancaria, conociéndose su amistad con los máximos
dirigentes de Wall Street. Todos estos y otros datos
explican que en una entrevista al que fue el
principal economista (chief economist) del Fondo
Monetario Internacional, Mr. Simon Johnson, éste
definiera en un reciente artículo en Athlantic
Monthly (mayo de 2009) que lo que había ocurrido en
EEUU era un golpe de estado "silencioso y
silenciado" del capital financiero que había tomado
el gobierno federal.
El
neoliberalismo facilitó tal corrupción
Es
importante subrayar que tales conexiones han
representado la matriz material sobre la cual se ha
basado el proyecto neoliberal. La fortaleza de este
último es el síntoma del poder del capital
financiero. Tal neoliberalismo ha sido la
justificación de unas políticas enormemente
corruptas, desarrolladas predominantemente en
beneficio de los intereses del capital financiero.
Creerse que los que promueven el neoliberalismo
están equivocados es asumir que no saben lo que
hacen. Lo saben y les está yendo muy bien. Como
siempre ha hecho cualquier clase o élite dominante,
ha identificado sus intereses con los intereses del
país. Un ejemplo de ello es el Sr. Summers, uno de
los diseñadores de las políticas de rescate de la
banca. Summers es el chief economic advisor del
Presidente Obama, que no tuvo ninguna duda en
desarrollar el mayor programa de beneficencia
asistencial que se haya conocido en la historia de
cualquier país, beneficencia de asistencia, no a los
pobres, sino a los bancos. El Sr. Summers, que fue
uno de los arquitectos del programa de
privatizaciones en los países del Este de Europa
(responsable de que la esperanza de vida de Rusia
descendiera dramáticamente) defendió sus políticas
bajo el argumento de que defendía los intereses del
país. En realidad, los únicos que se beneficiaron
fueron los intereses bancarios (y empresariales) de
EEUU, para los cuales trabajaba, incluyendo el City
Group y los hedge funds (de los cuales ha recibido,
en estos últimos años, cinco millones de dólares).
La
pregunta que se han hecho sectores progresistas que
apoyaron a Obama, es cómo pudo el presidente Obama
nombrar a estas personas tan próximas a Wall Street,
algunas de las cuales eran responsables de las
medidas desreguladoras que habían desencadenado la
crisis. La respuesta que dio Obama es que necesitaba
nombrar a personas que conocían bien el sistema
financiero para poder resolver la crisis, subrayando
que él sería quien dictaría las políticas a seguir.
Obama, sin embargo, había aceptado el marco
ideológico, el neoliberalismo, que había promovido
las causas de la crisis. De ahí que el resultado ha
sido que se han desarrollado políticas que han
fortalecido a los megabancos. Podría haber nombrado
a otros economistas, también conocedores del sistema
financiero, que podrían haber seguido políticas
distintas. Pero, escogió a aquellos economistas
liberales porque encajaban con su percepción de lo
que era necesario para resolver la crisis.
Identificó los intereses de la banca con los
intereses del país.
La
relevancia de estos hechos en España
En la
lectura de este artículo, el lector habrá podido ver
algunas semejanzas con el caso español. El enorme
fallo del Banco de España en la supervisión y
regulación de la banca, en su laxitud reguladora, en
su incapacidad de prevenir la burbuja inmobiliaria
(la mayor responsable de la crisis financiera en
España), su excesiva complicidad con la banca, su
liberalismo financiero y económico, su falta de
transparencia y responsabilidad pública, son todos
ellos datos que debieran exigir el establecimiento
de una comisión parlamentaria de análisis de cuáles
han sido las causas de tal crisis en España,
incluyendo también un estudio de las relaciones
entre la Administración Pública por una parte y los
intereses económicos y financieros por otra. La gran
tolerancia hacia la existencia de estas relaciones
(tipificada por el caso David Taguas, procedente de
la Banca, que pasó de trabajar en La Moncloa
diseñando políticas económicas y financieras, a
dirigir el lobby inmobiliario constructor) es
también síntoma de esta política corrupta que está
dañando enormemente a la democracia española.
Por
otra parte, la misma pregunta que las fuerzas
progresistas estadounidenses le hacen a Obama,
debiera hacerse al Presidente Zapatero. ¿Cómo es que
muchos de los economistas de los sucesivos equipos
económicos del gobierno socialista han pertenecido a
la sensibilidad liberal (Taguas favorece la
privatización de la Seguridad Social, como ha
ocurrido en Chile), procedentes muchos de ellos de
los centros de estudios de la Banca o del Banco de
España? ¿Cómo es que el Gobierno nombró a Fernández
Ordóñez, conocido liberal, Gobernador del Banco de
España, institución que ha confundido los intereses
de la Banca con los intereses de España y que ha
sido uno de los agentes que han fallado más en esta
crisis? Una respuesta a estas preguntas es que el
Gobierno aceptó por demasiado tiempo las premisas
liberales que causaron la crisis y que ahora están
dificultando la recuperación económica. Sería de
desear que el Gobierno recuperara plenamente su
vocación transformadora que quedaba reflejada en su
programa y que todavía necesita desarrollarse
plenamente. Para ello debe aliarse con las fuerzas a
su izquierda que le permitan neutralizar a las
fuerzas conservadoras y liberales promovidas por el
capital financiero en España.
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