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Dubai:
la alfombra voladora de la piratería financiera
británica
Por Alfredo Jalife-Rahme-La Jornada
[03.12.2009]-
Actualización 11:50 am de Cuba
Como
era de esperarse, estalló la burbuja inmobiliaria en
Dubai, capital financiera neoliberal (eminentemente
británica) del Golfo Pérsico, a nuestro juicio, la
principal fractura tectónica geopolítica entre el
G-7 y el RIC (Rusia, India y China), quienes libran
la batalla final por el control de los
hidrocarburos.
La
crisis de Dubai –que pudiéramos bautizar como el
efecto de la alfombra voladora que los piratas
financieros británicos inventaron como otro cuento
neoliberal adicional a Las mil y una noches–
representa la metáfora del anuncio y/o inicio de la
segunda ola de la crisis financiera global, de
origen anglosajón, que se subsume en la crisis
inmobiliaria comercial por explotar, acompasada de
la opacidad contable de los ominosos derivados
financieros especulativos credit default swaps
(CDS), seguros contra las quiebras cuyo monto supera
todo el PIB global: la verdadera espada de Damocles
que pende sobre el mundo financiero.
Quebrados los bancos (básicamente, el G-7 y sus
paraísos tropicales), ahora sigue la bancarrota de
los gobiernos (Ambrose Evans-Pritchard, The Daily
Telegraph, 30/11/09), cuando la crisis fiscal pisa
la sombra de la crisis financiera que ya es
económica, energética, alimentaria y climática y que
hemos denominado la crisis multidimensional, que más
bien constituye un cambio civilizatorio de
paradigma.
El
emirato de Dubai forma parte de la federación
Emiratos Árabes Unidos (EAU), antigua colonia
británica en la parte occidental del
superestratégico Golfo Pérsico y conocida hasta
inicios del siglo XX como la Costa de los Piratas
(la actividad sempiterna de los anglosajones: ayer
con los barcos, hoy con los bancos), y creada dos
años antes de la crisis del petróleo de 1973.
De los
siete emiratos unidos (con un territorio de 83 mil
600 kilómetros cuadrados y 6 millones de
residentes), dos marcan su ascenso y decadencia: 1)
Abu Dhabi (67 mil 340 kilómetros cuadrados y cerca
de un millón de residentes), su capital política,
industrial y cultural, y 2) Dubai (4 mil 114
kilómetros cuadrados con alrededor de 2.2 millones
de residentes), su centro financiero (sic),
comercial y turístico (de corte entretenimiento),
dotado de miríficos puertos y aeropuertos.
La
historia de los dos emiratos es antagónica, repleta
de querellas intestinas, y se encuentra gobernada
por dos primos de las tribus de los nahyan (Abu
Dhabi) y los maktoum (Dubai), pero con rumbos
económicos y financieros antipódicos.
Dubai
carece prácticamente de petróleo, que le sobra a Abu
Dhabi (la sexta potencia mundial), y se consagró
frenéticamente a la especulación inmobiliaria contra
todas las leyes gravitatorias (que incluyen la torre
más alta del mundo) y con proyectos extravagantes en
pleno desierto donde domina(ba) la banca británica
(con 120 mil ciudadanos de cuello blanco).
Graham
Ruddick (The Daily Telegraph, 30/11/09) expone que
40 por ciento (sic) de las oficinas están
desocupadas. ¿Se convertirá Dubai en otra ciudad
fantasma del neoliberalismo británico?
EAU
exhibe una bomba demográfica y de desequilibrio de
género, concentrada en Dubai, la ciudad de todos los
excesos: casi tres hombres por cada mujer en el
grupo de los 15 a los 65 años.
De sus
6 millones de residentes, 83.5 por ciento son
foráneos (¡súper-sic!) –en su mayoría trabajadores
expatriados de la construcción, provenientes de
India (¡1.7 millones!), Pakistán (1.2 millones),
Bangladesh (medio millón), Irán (muy numerosos, pero
curiosamente indefinidos) y el sureste de Asia–,
mientras el restante grupo minoritario de 16.5 por
ciento son originarios de los siete emiratos (Arabian
business.com, 7/10/09). Todavía está por escribirse
la surrealista narrativa demográfica neoliberal, no
pocas veces inhumana, de Dubai, capital de la
concupiscencia global.
Con
notable excepción de Daily Mail (27/11/09) y The
Daily Telegraph –quienes advierten sobre las grandes
pérdidas que han sufrido los bancos londinenses
Barclays, RBS y HSBC, por su lujurioso
financiamiento a los proyectos megalomaniacos de
Dubai–, la prensa británica en su conjunto, en
particular The Financial Times y The Economist (los
dos portavoces del neoliberalismo global), padecen
el síndrome de la negación y se dedican a
vilipendiar a los sátrapas medievales de Dubai.
Liz
Hazelton, del Daily Mail, comenta con pulcritud que
las pérdidas de los bancos londinenses son
particularmente alarmantes después de los varios
rescates por los contribuyentes en el pasado año y
medio. Agrega impecablemente que Dubai, en caso de
ser rescatado por el petróleo de Abu Dhabi, deberá
abandonar un modelo (sic) económico enfocado en
desarrollar trozos de desierto con dinero y mano de
obra del extranjero. Buen punto: es el modelo
neoliberal de Dubai, un paraíso fiscal de la
lascivia convertido en alfombra voladora
inmobiliaria por la piratería financiera británica y
el neoesclavismo obrero, que sucumbió en el
desierto, mientras Abu Dhabi, que también saldrá
averiado, podrá salvarse gracias a sus fondos
soberanos de riqueza (WSF, por sus siglas en inglés)
por casi un billón de dólares.
El
rotativo oficioso chino People’s Daily Online
(30/11/09) coincide con Daily Mail sobre la
identidad de los bancos londinenses perdedores y
comenta la concupiscencia consustancial al alma
anglosajona en su exposición al riesgo financiero en
Dubai: en primer lugar Gran Bretaña (la mitad de la
deuda), seguido por Estados Unidos (el 10 por
ciento); en su conjunto Francia, Alemania, Japón,
Holanda y Suiza equivalen a la deuda de Gran
Bretaña. ¿Fue Dubai un proyecto estratégico del G-7
con alcances geopolíticos para extraer, mediante la
alquimia financiera, los cuantiosos ingresos
petroleros de Abu Dhabi, al que hasta plantas
nucleares civiles (sic) llegaron a estar dispuestos
a vender sin escrúpulos?
Mientras Roula Khalaf, de The Financial Times
(29/11/09), implora el rescate de los países del
Golfo ricos (sic) en petróleo (¡súper-sic!), Patrick
Seale (International Herald Tribune, 30/11/09) –para
nuestro gusto el óptimo analista británico de la
región– considera correctamente que ha sido golpeado
el golfo árabe (sic), que no pérsico, en su
totalidad –léase: las seis petromonarquías árabes
del Consejo de Cooperación del Golfo que busca(ba)n
crear su divisa común– y hasta ha propinado un golpe
doloroso al mundo árabe entero.
El
veterano periodista Seale expone la singular
localización de EAU: "encrucijada (hub) del comercio
y las finanzas (sic) internacionales entre el este y
el oeste" y estrecha relación mercantil con Irán
(¡súper-sic!), su vecino a vuelo de pájaro. Todo
ello ha sido estropeado por la presión estadunidense
a los bancos internacionales por negar créditos a
Irán, lo cual ha obstaculizado tal comercio y ha
sido sin duda (sic) un factor, aunque menor, en el
desencadenamiento de la presente crisis financiera.
La solución del pleito de Occidente (sic) con Irán
podría ser la gran ventaja (sic) de Dubai.
Entonces, ¿qué hay de trascendental detrás de la
quiebra de Dubai en esta coyuntura, en cuyo rescate
participan en forma perturbadora los banqueros
esclavistas atávicos Rothschild (ver Bajo la Lupa,
8/7/09)?
http://www.jornada.unam.mx/2009/12/02/index.php?section=opinion&article=016o1pol |