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REFLEXIONES DEL COMPAÑERO FIDEL
La lección de Haití
[15.01.2010]- Actualización 8:30
am de Cuba
Desde
hace dos días, casi a las 6 de la tarde, hora de
Cuba, ya de noche en Haití por su ubicación
geográfica, las emisoras de televisión comenzaron a
divulgar noticias de que un violento terremoto, con
magnitud de 7,3 en la escala Richter, había golpeado
severamente a Puerto Príncipe. El fenómeno sísmico
se había originado en una falla tectónica ubicada en
el mar, a sólo 15 kilómetros de la capital haitiana,
una ciudad donde el 80% de la población habita casas
endebles construidas con adobe y barro.
Las
noticias continuaron casi sin interrupción durante
horas. No había imágenes, pero se afirmaba que
muchos edificios públicos, hospitales, escuelas e
instalaciones de construcción más sólida se
reportaban colapsadas. He leído que un terremoto de
magnitud 7,3 equivale a la energía liberada por una
explosión igual a 400 mil toneladas de TNT.
Descripciones trágicas eran transmitidas. Los
heridos en las calles reclamaban a gritos auxilios
médicos, rodeados de ruinas con familias sepultadas.
Nadie, sin embargo, había podido transmitir imagen
alguna durante muchas horas.
La
noticia nos tomó a todos por sorpresa. Muchos
escuchábamos con frecuencia informaciones sobre
huracanes y grandes inundaciones en Haití, pero
ignorábamos que el vecino país corría riesgo de un
gran terremoto. Salió a relucir esta vez que hace
200 años se había producido un gran sismo en esa
ciudad, que seguramente tendría unos pocos miles de
habitantes.
A las
12 de la noche no se mencionaba todavía una cifra
aproximada de víctimas. Altos jefes de Naciones
Unidas y varios Jefes de Gobierno hablaban de los
conmovedores sucesos y anunciaban el envío de
brigadas de socorro. Como hay desplegadas allí
tropas de la MINUSTAH, fuerzas de Naciones Unidas de
diversos países, algunos ministros de defensa
hablaban de posibles bajas entre su personal.
Fue
realmente en la mañana de ayer miércoles cuando
comenzaron a llegar tristes noticias sobre enormes
bajas humanas en la población, e incluso
instituciones como Naciones Unidas mencionaban que
algunas de sus edificaciones en ese país habían
colapsado, una palabra que no dice nada de por sí o
podía significar mucho.
Durante horas ininterrumpidas continuaron llegando
noticias cada vez más traumáticas de la situación en
ese hermano país. Se discutían cifras de víctimas
mortales que fluctúan, según versiones, entre 30 mil
y 100 mil. Las imágenes son desoladoras; es
evidente que el desastroso acontecimiento ha
recibido amplia divulgación mundial, y muchos
gobiernos, sinceramente conmovidos, realizan
esfuerzos por cooperar en la medida de sus
recursos.
La
tragedia conmueve de buena fe a gran número de
personas, en especial las de carácter natural. Pero
tal vez muy pocos se detienen a pensar por qué Haití
es un país tan pobre. ¿Por qué su población depende
casi en un 50 por ciento de las remesas familiares
que se reciben del exterior? ¿Por qué no analizar
también las realidades que conducen a la situación
actual de Haití y sus enormes sufrimientos?
Lo más
curioso de esta historia es que nadie pronuncia una
palabra para recordar que Haití fue el primer país
en que 400 mil africanos esclavizados y traficados
por los europeos se sublevaron contra 30 mil dueños
blancos de plantaciones de caña y café, llevando a
cabo la primera gran revolución social en nuestro
hemisferio. Páginas de insuperable gloria se
escribieron allí. El más eminente general de
Napoleón fue derrotado. Haití es producto neto del
colonialismo y el imperialismo, de más de un siglo
de empleo de sus recursos humanos en los trabajos
más duros, de las intervenciones militares y la
extracción de sus riquezas.
Este
olvido histórico no sería tan grave como el hecho
real de que Haití constituye una vergüenza de
nuestra época, en un mundo donde prevalece la
explotación y el saqueo de la inmensa mayoría de los
habitantes del planeta.
Miles
de millones de personas en América Latina, África y
Asia sufren de carencias similares, aunque tal vez
no todas en una proporción tan alta como Haití.
Situaciones como la de ese país no debieran existir
en ningún lugar de la Tierra, donde abundan decenas
de miles de ciudades y poblados en condiciones
similares y a veces peores, en virtud de un orden
económico y político internacional injusto impuesto
al mundo. A la población mundial no la amenazan
únicamente catástrofes naturales como la de Haití,
que es sólo una pálida sombra de lo que puede
ocurrir en el planeta con el cambio climático, que
fue realmente objeto de burla, escarnio y engaño en
Copenhague.
Es
justo expresar a todos los países e instituciones
que han perdido algunos ciudadanos o miembros con
motivo de la catástrofe natural en Haití: no dudamos
que realizarán en este instante el mayor esfuerzo
por salvar vidas humanas y aliviar el dolor de ese
sufrido pueblo. No podemos culparlos del fenómeno
natural que ha tenido lugar allí, aunque estemos en
desacuerdo con la política seguida con Haití.
No
puedo dejar de expresar la opinión de que es hora ya
de buscar soluciones reales y verdaderas para ese
hermano pueblo.
En el
campo de la salud y otras áreas, Cuba, a pesar de
ser un país pobre y bloqueado, desde hace años viene
cooperando con el pueblo haitiano. Alrededor de 400
médicos y especialistas de la salud prestan
cooperación gratuita al pueblo haitiano. En 227 de
las 337 comunas del país laboran todos los días
nuestros médicos. Por otro lado, no menos de 400
jóvenes haitianos se han formado como médicos en
nuestra Patria. Trabajarán ahora con el refuerzo que
viajó ayer para salvar vidas en esta crítica
situación. Pueden movilizarse, por lo tanto, sin
especial esfuerzo, hasta mil médicos y especialistas
de la salud que ya están casi todos allí y
dispuestos a cooperar con cualquier otro Estado que
desee salvar vidas haitianas y rehabilitar heridos.
Otro
elevado número de jóvenes haitianos cursan esos
estudios de medicina en Cuba.
También cooperamos con el pueblo haitiano en otras
esferas que están a nuestro alcance. No habrá, sin
embargo, ninguna otra forma de cooperación digna de
calificarse así, que la de luchar en el campo de las
ideas y la acción política para poner fin a la
tragedia sin límite que sufren un gran número de
naciones como Haití.
La
jefa de nuestra brigada médica informó: “la
situación es difícil, pero hemos comenzado ya a
salvar vidas”. Lo hizo a través de un escueto
mensaje horas después de su llegada ayer a Puerto
Príncipe con refuerzos médicos adicionales.
Tarde
en la noche comunicó que los médicos cubanos y los
haitianos graduados de la ELAM se estaban
desplegando en el país. Habían atendido ya en Puerto
Príncipe más de mil pacientes, poniendo a funcionar
con urgencia un hospital que no había colapsado y
utilizando casas de campaña donde era necesario. Se
preparaban para instalar rápidamente otros centros
de atención urgente.
¡Sentimos un sano orgullo por la cooperación que, en
estos instantes trágicos, los médicos cubanos y los
jóvenes médicos haitianos formados en Cuba están
prestando a sus hermanos de Haití!
Fidel
Castro Ruz
Enero 14 de 2010
8 y 25 p.m. |