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HAITÍ
La “invasión” consentida
Por
Fernando Krakowiak-Página/12
[28.01.2010]- Actualización
1:30 pm de Cuba
En
noviembre tuve la oportunidad de visitar Puerto
Príncipe durante diez días y lo que más me llamó la
atención no fueron los pobres, sino los ricos que
viven en Haití y suelen pasar desapercibidos en la
mayoría de las crónicas periodísticas. En el
imaginario social que esos relatos ayudan a
construir, Haití es sinónimo de hambre y desolación,
pero su característica más distintiva no es la
pobreza sino la desigualdad, lo que deja entrever
que a algunos no les va tan mal. De hecho, el
coeficiente Gini, que mide el grado de concentración
del ingreso, es el más alto de toda América con
0,66, incluso por encima de Brasil que tiene 0,61.
El
primer indicio sobre esta situación lo tuve al ver
circulando por las polvorientas calles de la ciudad
algunas camionetas último modelo Hummer, Ford,
Nissan, Toyota y Mitsubishi. Sin embargo, la
sorpresa mayor me la llevé cuando fui a hacer las
compras. En las góndolas de uno de los *Big Market*
del barrio PétionVille encontré una amplia variedad
de productos importados que iban del whisky Chivas
Brothers proveniente de Escocia hasta la leche
entera larga vida Elle & Vire importada de Francia,
pasando por el Cognac Hennessy del mismo origen, la
margarina Marienne de Noruega y el jugo Ceres de
Sudáfrica. Había una góndola sólo con comida y
shampoos para perros y gatos y otra con todo tipo de
hierbas e infusiones para adelgazar, algo llamativo
en un país donde, ya antes del terremoto, el 23,8
por ciento de la población padecía malnutrición
crónica y el 61 por ciento de los chicos menores de
cinco años sufría anemia. Cerca del hotel donde me
hospedaba también encontré una galería comercial que
no tenía nada que envidiarle al Patio Bullrich y una
casa de venta de cerrojos de última generación.
No fue
fácil localizar las mansiones que demandaban esos
bienes de lujo y los dispositivos de seguridad para
preservarlos. Hubo que adentrarse en la montaña para
ver las fortalezas “medievales” de piedra ubicadas
en Boutelliers y Kenskoff, dos barrios que fueron
apenas afectados por el sismo. Allí viven banqueros,
importadores, industriales, los dueños de las
maquilas y de las empresas de servicios públicos que
ganaron las privatizaciones de los 90, porque en
Haití no hay mucho, pero todo es privado y está en
manos de unos pocos empresarios, entre los que se
destacan Edouard Baussan, Richard
Coles, Gilbert Bigio, Gregory Mevs y Réginald
Boulos.
Ellos
son la cara visible de una elite que vive con un pie
en Estados Unidos. No sólo por los vínculos
comerciales que mantienen con capitales
estadounidenses, sino porque pasan gran parte de su
tiempo en la Florida.
Antes
de que ocurriera la tragedia, Air Caraïbes ofrecía
cuatro vuelos diarios a Miami, American Airlines
tres, United Airlines dos y Delta, Spirit, Copa y
Air France uno cada una, pese a que el turismo
extranjero prácticamente no viaja a Puerto Príncipe.
De hecho, para la elite haitiana la visa
norteamericana es más importante que el agua. Por
eso no es de extrañar que en medio de la tragedia
provocada por el terremoto avalen el desembarco de
los marines, quienes por estos días controlan la
seguridad en puntos clave de la ciudad, como el
aeropuerto y las ruinas del Palacio Presidencial.
Para
ellos no es una “invasión” porque cada vez que sus
negocios estuvieron en riesgo por la recurrente
inestabilidad política y social se reposaron sobre
la principal potencia continental a la espera de que
pusiera orden.
Siempre necesitaron a las tropas estadounidenses
para asegurarse de que nada cambie. De hecho, fueron
los marines quienes en febrero de 2004 forzaron la
renuncia de Jean Bertrand Aristide y lo llevaron al
exilio cuando el entonces presidente avanzó con
algunas reformas sociales poniendo privilegios en
riesgo. Ahora tampoco están dispuestos a que el
terremoto permita barajar y dar de nuevo. Confían en
los marines para volver a descansar en la cima de
las montañas, lejos de los pobres y cerca de Estados
Unidos.
fkrakowiak@pagina12.com.ar
*Fuente:
http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-138867-2010-01-22.html* |