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La jugada del Caribe
Por Ana Esther Ceceña, Humberto Miranda, David
Barrios, Rodrigo Yedra-Rebelión
[05.02.2010]- Actualización
1:30 pm de Cuba
Ay! Haití la negra, llorando está
Pablo
Milanés
El 12
de enero de 2010 fue un día de mucha incertidumbre,
pero también de muchas confirmaciones. Puerto
Príncipe, lo más cercano a un centro urbano moderno
en el país más pobre del hemisferio occidental,
amaneció con un terremoto de 7 grados de intensidad
que dejó al pueblo, al Presidente y al propio Dios
sin casa, al derrumbarse incluso el Palacio
Presidencial y la Catedral.
Ese
pequeño pedazo de La Española, pionero en la
sublevación independentista, se debate hoy entre una
catástrofe económica que lo ha sumido en la pobreza
y le ha cancelado la autosuficiencia alimentaria1,
una catástrofe natural comparable a un bombardeo
nuclear aunque sin efectos radioactivos, y una nueva
ocupación que refuerza su condición de colonia.
La
inmediata respuesta solidaria de la comunidad
mundial enviando alimentos, medicinas y cobijas, se
combinó con la presencia de médicos cubanos que
desde hace 11 años trabajan apoyando al pueblo de
Haití y que en estos momentos jugaron un papel
central en la atención a las víctimas. Las difíciles
condiciones del país, no obstante, no facilitaron la
distribución rápida de la ayuda humanitaria, y los
medios de comunicación, en cierta medida lidereados
por la CNN, fueron colocando como sentido común la
idea de una situación de creciente caos e
ingobernabilidad, que justificaba la presencia
militar no sólo de los integrantes de la MINUSTAH2,
sobre terreno desde 2004, sino de nuevos
contingentes de ¡tropas de asalto!
Si
bien al inicio se había autorizado a la MINUSTAH
colocar hasta 6.700 efectivos militares en Haití,
ese tope fue incrementándose hasta alcanzar el 30 de
noviembre de 2009 una cifra de 9.065 efectivos
uniformados, incluidos 7.031 soldados3 y 2.034
policías4, apoyados por 488 funcionarios
internacionales, 1.212 funcionarios nacionales y 214
voluntarios de la ONU. Esta Misión, con un
presupuesto anual promedio de 600 millones de
dólares, ha sido denunciada por la organización
inglesa Save the Children (No one to turn on to,
2008) por las sistemáticas violaciones sexuales,
maltrato o incitación a la prostitución de niñas y
niños haitianos, además de ser denunciada por
organizaciones de derechos humanos y misiones de
observación de la sociedad civil por los atropellos
que con toda impunidad se cometen en nombre del
restablecimiento de la paz.
Fuerza
supuestamente de paz compuesta por uniformados de
muchos países, notoriamente latinoamericanos, la
MINUSTAH ha sido repudiada desde un inicio por la
población haitiana por tratarse de una imposición
que conculca las facultades de autodeterminación y
el ejercicio de una democracia plena en Haití,
además de estar autorizada para reprimir a los
haitianos hasta en caso de sospecha.5
Hoy,
en una jugada muy audaz, es directamente el Comando
Conjunto de Estados Unidos, a través del Comando
Sur, quien se erige como autoridad suprema
controlando movimientos aéreos, marinos y
terrestres. La MINUSTAH y sus efectivos quedan bajo
las órdenes de las divisiones del Comando Sur en
virtud de la atención al desastre.
Nadie
objeta estos movimientos del ajedrez del poder
hegemónico que en muy pocas horas transformaron la
geopolítica continental. La comunidad internacional
parece haberse hecho cargo de Haití como si fuera un
desierto sin capacidad de organización propia desde
2004, y mucho más ahora después del terremoto. La
comunidad internacional parece aceptar que las
disposiciones de las Fuerzas Armadas de Estados
Unidos son universales y que las tropas son
necesarias para apaciguar a ese pueblo indómito.
Descartando la hipótesis de que el propio Estados
Unidos haya provocado el terremoto,6 lo cierto es
que unas horas después del desastre ya estaba en
suelo haitiano la dramáticamente célebre 82 División
Aerotransportada del ejército de Estados Unidos,
responsable de las invasiones a Dominicana (1965),
Granada (1983) y Panamá (1989), y, para el 26 de
enero, el número de soldados que e movió hacia
Haití, sumando los que hay en tierra y mar, asciende
a 12,500.7 Nadie sabe a ciencia cierta qué función
puedan estar cumpliendo los integrantes de una
brigada netamente ofensiva, equipada con armamento
sofisticado que incluye misiles, y con capacidad de
neutralización y aniquilamiento de fuerzas vivas y
la toma de territorios en muy breve plazo. Es decir,
una fuerza de asalto de respuesta rápida. Habría
sólo que recordar que en Granada y Panamá se trataba
de operativos de invasión y ahora de uno, en
principio, humanitario.
Dadas
las circunstancias podría en verdad hablarse de una
invasión limpia, al no necesitar despliegue de
fuerza aérea y artillería para el bombardeo previo.
El terremoto hizo el trabajo sucio, sin bajas para
el invasor.
No hay
mejor teatro de operaciones.
Estados Unidos desplegó eficientemente todo un
operativo de guerra y se ha ocupado mucho más de
controlar que de apoyar. Se hizo cargo de las
comunicaciones controlando no sólo el aeropuerto
sino todos los movimientos en las costas, al punto
que el Vicepresidente de Bolivia, Álvaro García
Linera, sostiene que Estados Unidos "…está
aprovechando una desgracia terrible de un pueblo
hermano para asentar presencia militar permanente,
en una estrategia de militarización, de control en
el continente"8, y el presidente Evo Morales está
llamando a una reunión de las Naciones Unidas para
detener la escalada. Pero ni la ONU está en
condiciones de interpelar las decisiones
interventoras de Estados Unidos, ni los halcones
están en disposición de soltar la presa. El imperio
ha tomado muy en serio la pérdida estratégica que
han significado los procesos revolucionarios
recientes en Latinoamérica.
Además
del buque hospital USNS Comfort, con cerca de mil
elementos de personal médico que curiosamente
atienden sólo alrededor de 100 pacientes diarios, se
colocó en las costas de Haití, que por la cercanía
(74 km.) son también las costas de Cuba, un
portaviones nuclear (USS Carl Vinson) y dos buques
de asalto anfibio (USS Bataan, USS Nassau). Todas
estas naves, en realidad, son bases militares
itinerantes que complementan las posiciones en
tierra y que otorgan una mayor versatilidad y
flexibilidad a las redes de control militarizado.
De
acuerdo con información oficial, se han creado
oportunamente dos nuevas Fuerzas de Tarea:
El
Comando Sur de Estados Unidos ha establecido la
Fuerza de Tarea Conjunta- Haití (JTF-H) para
observar los esfuerzos de ayuda de los militares de
Estados Unidos en Haití y ha nombrado al Teniente
General del Ejército de Estados Unidos Ken Keen9
como su comandante. Más de 20,000 militares
norteamericanos, 23 navíos y más de 120 aviones
están apoyando las operaciones para proveer ayuda y
cuidado a más de tres millones de haitianos
afectados por el terremoto del 12 de enero.10
La
otra Fuerza de Tarea, la 48, tiene sede ni más ni
menos que en Cuba, en la base de Guantánamo, y por
ahora se ocupa de coordinar "…los activos de tierra
y aire para entregar oportunamente la ayuda
humanitaria a Haití" según Patricia Wolfe,
comandante de la Fuerza, quien recuerda que:
El
suministro oportuno de esta ayuda es sólo posible
por la estrecha proximidad de la Base Naval de la
Bahía de Guantánamo (GTMO) con el área afectada.
GTMO es obviamente una posición clave para atender
los requerimientos estratégicos en esta región. (http://www.navy.
mil/search/ display.asp? story_id= 50733)
De
manera que si esto no es una ofensiva de guerra
contra Haití tal vez sí lo sea para sus vecinos. Las
nuevas posiciones ocupadas no sólo rodean el Caribe
sino que cortan el paso entre Cuba y Venezuela y,
mediante triangulaciones con las bases de la zona
crean condiciones de aislamiento para cada una de
las islas caribeñas.
Cuba,
por lo pronto, queda cubierta por todos los
flancos.
Con
estas dos nuevas Fuerzas de Tarea a partir del
desastre, una con sede en Haití y otra ubicada en
Guantánamo, se puede pensar que estamos en el inicio
de una reorganización completa de la estrategia
militar en esta región o, por lo menos, de una
reorganización operativa con miras más ambiciosas
que en el pasado, y preparando condiciones de
intervención inmediata en cualquier situación y
lugar que así lo requiera, desde su perspectiva, en
el área.
Con
las viejas y nuevas bases en Colombia, las
potenciales bases en Panamá, Palmerola, Guantánamo,
Aruba y Curaçao, Estados Unidos tiene una situación
de total control de movimientos en la región
caribeña, o amazónico-caribeña. México queda cercado
en el Golfo y sometido por la Inciativa Mérida, y en
coordinación con Colombia como parte del corredor de
contención que Estados Unidos ha ido propiciando
para detener los procesos de transformación en el
continente.
Buena
jugada! Haití queda ocupado, Cuba rodeada, la IV
flota ondeando sus banderas en todo el Caribe y
Venezuela acosada.
Pero
en el Caribe no hay guerra. El Caribe es una zona de
paz… y catástrofes. |