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Palabras de clausura en el XII Encuentro
Internacional de Economistas sobre Globalización y
Problemas del Desarrollo
Por
Roberto Verrier Castro, presidente de la Asociación
Nacional de Economistas y Contadores de Cuba y de la
Asociación de Economistas de América Latina y el
Caribe.
[05.03.2010]- Actualización 10:00 pm de Cuba
Amigas y amigos, delegados, distinguidos invitados
de organismos e instituciones financieras, ministros
y representantes del gobierno y el Estado cubano,
colegas todos:
El
mundo continuó su movimiento durante esta semana de
intensos debates en La Habana. Según un experto de
la Agencia Espacial de los Estados Unidos, la NASA,
el intenso terremoto de Chile podría incluso haber
inclinado el eje terrestre unos ocho centímetros,
pero lo que no dijo el científico norteamericano es
si el planeta se corrió a la izquierda o a la
derecha. Esperamos que haya sido hacia la izquierda.
Broma
aparte, creo que han sido estas unas fructíferas
jornadas. Así lo atestigua la valiosa relatoría que
acabamos de escuchar, un documento de trabajo al
cual todos pusimos de algún modo nuestro aliento e
inteligencia, al intervenir en las decenas de
comisiones, paneles, conferencias y discusiones en
que hemos participado.
En
particular, quiero resaltar acá la labor del Comité
Académico de este XII Encuentro Internacional de
Economistas sobre Globalización y Problemas de
Desarrollo, no solo por este resultado final de la
relatoría, sino también por todo el trabajo previo
de estudio, selección y programación de las
ponencias, así como por la conducción y presidencia
de estos análisis colectivos y plurales.
Y ya
que hablo de reconocimientos, no los dejaré como es
muy frecuente en estos casos para el final, sino que
aprovecho este instante para felicitar a todo mi
equipo de trabajo de Globalización 2010, incluyendo
por cierto a los invitados que gentilmente
accedieron a programar 52 conferencias y encuentros
fuera del Palacio de Convenciones, con el propósito
manifiesto de difundir los conocimientos y polémicas
que aquí tienen lugar, entre los tantos cubanos y
cubanas de nuestros centros de estudio,
universidades e instituciones gubernamentales que
tienen interés en compartir con ustedes.
El
Consejo Ejecutivo Nacional de la ANEC, me solicitó
expresar a nuestro Gobierno y muy especialmente al
General de Ejercito Raúl Castro Ruz el apoyo
brindado por todas las Instituciones del Estado
cubano, para hacer realidad este XII Encuentro
Internacional de Economistas.
También queremos agradecer la labor de la prensa
acreditada al evento, que a pesar del complejo
panorama noticioso de estos días, logró insertar a
Globalización en una agenda mediática tan atestada
de conflictos y tragedias.
Quiero
expresar toda nuestra satisfacción y cariño para
nuestros amigos del pequeño equipo de cronistas y
realizadores que nos entregó en cada número de la
publicación diaria de Globalización el palpitar y
espíritu de esta cita.
Y por
supuesto, no podrían faltar en estas palabras
finales nuestro reconocimiento a los directivos y
trabajadores del Palacio de Convenciones, al Hotel
Palco, a los traductores y transportistas, en fin, a
toda esta gran familia que ya somos.
Quiero
ratificarles además a mis compañeros de la
Asociación de Economistas de América Latina y el
Caribe, y de los colegios, asociaciones,
federaciones y sociedades que integran esta
organización, que continuaremos trabajando en el
fortalecimiento de las relaciones profesionales con
los colegas de toda la región, y apoyaremos la
organización de las asambleas, congresos y reuniones
regionales que durante este año tendrán lugar.
En
nombre de la Asociación Nacional de Economistas y
Contadores de Cuba, puedo asegurarles que nunca les
fallaremos en el propósito de que la organización
continental se mantenga viva y representada en los
foros internacionales organizados por Naciones
Unidas y la UNCTAD, donde obtuvimos el estatus
consultivo, para continuar la batalla por la
integración, la solidaridad y la independencia de
nuestros pueblos.
Queridos participantes:
También durante el transcurso de estos días, el
lunes en la tarde para ser más exactos, el compañero
Fidel Castro, impulsor y entusiasta delegado de
muchas de nuestras citas en La Habana, publicó otra
de sus Reflexiones a partir de la reciente visita
del presidente brasileño a Cuba.
En el
afectuoso artículo sobre su encuentro con Lula, el
Comandante en Jefe enfatizó —y cito— que "tiene para
nosotros una enorme trascendencia la reunión que se
acaba de efectuar en Cancún y la decisión de crear
una Comunidad de Estados de América Latina y el
Caribe. Ningún otro hecho institucional de nuestro
hemisferio durante el último siglo refleja similar
trascendencia".
"El
acuerdo se alcanza en medio de la más grave crisis
económica que ha tenido lugar en el mundo
globalizado, coincidiendo con el mayor peligro de
catástrofe ecológica de nuestra especie y a la vez
con el terremoto que destruyó a Puerto Príncipe,
capital de Haití, el más doloroso desastre humano,
de la historia de nuestro hemisferio, en el país más
pobre del continente y el primero donde se erradicó
la esclavitud" FIN DE LA CITA.
Creo
entonces que en última instancia una de las
lecciones más trascendentes que podríamos extraer
para América Latina y el Caribe sería la urgencia de
unirnos, no solamente como vía de concertación
política, sino para blindarnos también, lo más
posible en este terreno económico, al cual hemos
dedicado estas arduas jornadas de debates.
Quisiéramos, sinceramente, que esos pronósticos más
favorables y optimistas sobre el comportamiento
futuro de la economía mundial se hicieran realidad.
Pero por desgracia, hay también numerosas evidencias
que sustentan la fragilidad de la pregonada
recuperación, la cual en la mayoría de los casos,
desconoce el panorama social y laboral complicado, e
incluso desesperado en no pocos casos, que viven
millones y millones de trabajadores y habitantes del
planeta.
En
contraste con la angustiosa situación económica, los
Estados Unidos prosiguen con sus costosísimas
guerras genocidas en Iraq, Afganistán y las amenazas
cada vez más subidas de tono hacia Irán, muchas
veces subrepticiamente, tratando de desviar o no
llamar mucho la atención, en una política
camaleónica de una administración que no ha cumplido
con las expectativas universales y ni siquiera con
sus propias promesas de cambio.
Así,
casi por debajo de la mesa, mientras América Latina
y el Caribe buscan articular un nuevo espacio de
unidad, nos introdujeron en una especie de
contrabando taimado con esas siete bases militares
en Colombia, cuyo alcance estratégico y peligro
inmediato y futuro, tal vez aún no todas las
naciones de la región llegan a comprender en toda su
extensión. Quiero expresar nuestra preocupación por
la presencia de la IV Flota y el inusitado
despliegue de portaviones y buques de guerra de
Estados Unidos en el Caribe, con la supuesta
justificación de brindar "asistencia" a Haití.
Pero
también en estos cinco días — ¡cómo suceden cosas en
una semana! ¿verdad? — una brigada médica cubana se
trasladó hacia Chile, como parte de los esfuerzos
internacionales y en especial de nuestra región para
apoyar a los hermanos chilenos ante el sismo.
El
pequeño hospital cubano ya está emplazado en
Rancagua, 90 kilómetros al sur de Santiago, con 27
profesionales especializados en emergencias.
Por si
fuera poco, en lo que debatíamos acá teorías y
prácticas económicas, los países de la Alianza
Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América y el
gobierno de Haití presentaron a la Organización
Mundial de la Salud un programa integral para
reconstruir el sistema sanitario en esa nación
caribeña.
Ante
la devastación de Puerto Príncipe y otras ciudades
haitianas por el terremoto del pasado 12 de enero,
el ALBA y la administración de aquel país decidieron
emprender la iniciativa conjunta en fecha muy
reciente.
Son
tal vez todas estas noticias, contradictorias unas,
preocupantes otras, esperanzadoras muchas, indicios
de hacia dónde habría, en definitiva, que correr el
eje político de este planeta, el cual por cierto,
requeriría de una corrección mucho mayor de ocho
centímetros, y sin dudas en otra dirección
diametralmente opuesta a la que hasta ahora ha
seguido bajo la malsana rotación del capital. Entre
todos, con un terremoto de solidaridad, podríamos
intentarlo.
HASTA
LA VICTORIA SIEMPRE
MUCHAS
GRACIAS. |