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La escasa credibilidad de Davos
Por Vicenç Navarro-Público
[17.02.2010]- Actualización 10:00 am de Cuba
Un
mensaje que se está promoviendo ampliamente en
medios liberales es que la economía española es
escasamente eficiente y muy poco competitiva, y ello
como resultado de las supuestas rigideces de su
mercado de trabajo y del excesivo gasto público. Uno
de los centros que han promovido más este mensaje es
el Foro Económico Mundial que se celebra en Davos,
citado frecuentemente como el Vaticano del
pensamiento liberal. Uno de sus informes, Global
Competitiveness Report 2009-2010 (en el que analiza
la competitividad de los países del mundo), sitúa a
España en términos muy desfavorables, por debajo de
países del tercer e incluso del cuarto mundo. Y como
era de esperar, el coordinador del estudio, Xavier
Sala i Martín, ha sido ampliamente entrevistado por
los medios de información de mayor difusión del país
(la mayoría de los cuales son de persuasión
liberal), proveyendo las cajas de resonancia a tal
mensaje.
Un
análisis riguroso de tal informe cuestiona, sin
embargo, la validez del estudio, así como sus
conclusiones. En primer lugar, el estudio no se
basa, en su mayoría, en un análisis que utilice
datos objetivos sobre los cuales construir el
informe y alcanzar sus conclusiones. El estudio es
primordialmente una encuesta de opinión en la que,
en cada país, se pregunta a una institución próxima
al mundo empresarial (con orientación liberal, en la
mayoría de países) su opinión sobre una serie de
asuntos: “¿Cómo valora la percepción popular sobre
el comportamiento ético de los políticos en su
país?”, “¿cómo valora la contratación y el despido
de trabajadores en su país?” o “¿cómo valora la
disponibilidad de nuevas tecnologías?”, entre muchas
otras. La institución que responde a la pregunta
pone un número en una escala, sin que exista, sin
embargo, una homologación en el criterio que guíe
las respuestas. De esta manera se abre el estudio a
toda una serie de subjetividades. En algunos países
la institución que responde a las preguntas es muy
crítica sobre la situación en su propio país,
mientras que en otros lo es muy poco. Esta
subjetividad, sin intento de homologación de
criterios, es lo que caracteriza el estudio.
Esto
lleva a resultados que son, como mínimo,
sorprendentes (para expresarlo de una manera
amable). Así, en la pregunta que se hace sobre
corrupción en un país (“¿es práctica generalizada
que se den fondos públicos a compañías o individuos
como consecuencia de la corrupción?”), una dictadura
como Qatar (que se ha convertido en el paraíso del
mundo empresarial) aparece como uno de los países
menos corruptos del mundo (en aquel país, la
distribución de los recursos petroleros la hace el
Gobierno entre miembros de la familia real), muy por
encima de España. No hay duda de que hay corrupción
en España. Pero poner una dictadura medieval como
modelo de honradez es poco creíble.
Otra
valoración sorprendente es que Omán, otra dictadura
feudal del Medio Oriente, sueño del mundo
empresarial por la enorme riqueza petrolera y por
tener una fuerza de trabajo (la mayoría inmigrante)
sin ningún derecho laboral, aparece como uno de los
países que (según el contestador del cuestionario en
aquel país) goza de mayor confianza popular respecto
al comportamiento ético de sus políticos, muy por
encima de un país democrático como España. Por lo
visto, confianza popular quiere decir, para el que
contesta la pregunta, confianza empresarial. En
cuanto a “cómo considera usted la contratación y
despido de los trabajadores”, España aparece a la
cola, muy por debajo de Senegal. España, por cierto,
se encuentra al mismo nivel que Senegal en el
capítulo de “disponibilidad de nuevas tecnologías”.
En
todos estos casos, lo único que muestra el informe
es que la institución española (IESE, el centro de
estudios empresariales que ha respondido por parte
de España) es más crítica hacia su propio país que
la institución de Senegal (Centre de Recherches
Economiques Appliquées, Universidad de Dakar) o que
la de Omán (The International Research Foundation) o
que la de Qatar (Qatari Businessmen Association).
Pero en ningún caso aportan datos que puedan
compararse y permitan llegar a conclusiones. Me
parece muy bien que las instituciones a las cuales
se les pida su opinión sobre la situación en su país
la den. No hay nada censurable en ello. IESE
contestó acentuando el aspecto crítico y me parece
muy bien. Pero me parece muy mal, y refleja una
enorme falta de rigor (que da pie a todo tipo de
manipulación), que el equipo coordinador ponga todas
estas respuestas juntas, se amalgamen en un
indicador y se produzca entonces una lista de países
según su nivel de competitividad. En realidad, lo
único que puede deducirse del informe Davos es que
la agencia de Senegal que llena el cuestionario es
menos crítica hacia su país de lo que es IESE hacia
España. El informe mide distintos niveles de
subjetividad. Pero nada más. Construir toda una
serie de conclusiones sobre ello es no sólo frívolo,
sino profundamente erróneo. Lo cual es fácilmente
demostrable cuando se contrasta con datos objetivos.
En el capítulo dedicado a la educación, cuando el
informe Davos analiza la calidad educativa (en
materias como matemáticas o ciencias), España
aparece de nuevo a la cola (nº 99) junto con
Kirguizistán. Pero el informe PISA, mucho más
imparcial que el informe Davos, al basarse en datos
objetivos, muestra que Kirguizistán tiene el
conocimiento en matemáticas y ciencias más bajo de
la lista de países analizados, mientras que España
está ligeramente por debajo del promedio de los
países de la OCDE, el grupo de países más ricos del
mundo. Es en base a este tipo de estudios que la
cultura liberal de Davos está presentando una visión
de España deliberadamente negativa a fin de
presionar al Gobierno español para que haga los
cambios que ella desea.
Fuente:
http://blogs.publico.es/dominiopublico/1830/la-escasa-credibilidad-de-davos/
Rebelión ha publicado este artículo con permiso del
autor, respetando su libertad para publicarlo en
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