La
deuda, maná del cielo para los acreedores y una
tragedia para los pueblos
Tomado
de CADTM
Traducido por Griselda Pinero y Raul Quiroz
[08.09.2010]-
Actualización 8:30 am de CubaLos
gobiernos utilizan frecuentemente la deuda pública
como argumento para imponer planes de austeridad.
Pero la deuda pública no es sólo útil como pretexto
para que la población tenga que pagar cada vez más.
También constituye un verdadero expolio para los
pueblos.
La
deuda pública es la consecuencia directa de las
políticas presupuestarias y fiscales favorables a
las clases sociales acomodadas y a las grandes
empresas. Al reducir la implicación del Estado y las
contribuciones pagadas por los más ricos, se
disparan los déficit públicos, mientras que se
cumple cada vez en menor medida con las necesidades
sociales de la mayoría.
Los
beneficiarios de esta generosidad fiscal y social
consiguieron un ahorro que no necesitaban.
Aprovecharon para aumentar su fortuna, que en parte
invirtieron en apetitosas obligaciones del Estado.
Esto les ha permitido ganar en los dos frentes:
tienen menos impuestos que pagar y una renta
garantizada p roveniente de la deuda pública. En
otras palabras, los gobiernos, por medio de
sucesivas leyes fiscales, permitieron a las empresas
nacionales y extranjeras reforzar su posición de
acreedoras del Estado y de capacitarse para
chantajear a los poderes públicos, mientras obtienen
grandes ganancias.
La
deuda pública también aumentó muchísimo a raíz de
los generosos planes de salvataje concedidos al
sector financiero por los Estados después de la
crisis que comenzó en 2007/2008. Los gobiernos
optaron por reflotar los bancos, pero sin aprovechar
para imponerles el abandono de las prácticas que
condujeron a la crisis. Por lo tanto este salvataje
se hizo sin verdaderas contrapartidas. Aunque,
realmente, las sumas comprometidas en la operación
fueron asombrosas: al menos 700.000 millones de
dólares en Estados Unidos, 500.000 millones de
libras en el Reino Unido y 1,7 billones de euros en
la zona euro. De esta manera los gobiernos gastaron
el dinero público para socorrer a los operadores
financieros culpables de graves errores antes de
esta crisis y que continúan especulando contra las
deudas de los Estados.
En
consecuencia, la deuda pública de la Unión Europea
pasó de 7,3 a 8,7 billones de euros entre 2007 y
2009. Este rápido aumento de la deuda conlleva
reembolsos de capital e interés en fuerte subida.
Los Estados toman esta situación como pretexto para
imponer planes de austeridad draconianos que
provocan un verdadero desmantelamiento de la
protección social y de los servicios públicos.
La
población pierde dos veces: sufre las consecuencias
sociales de la crisis (desempleo, precariedad,
congelación de salarios, retraso de la edad de
jubilación, etc.) y también sufre la sangría del
Estado a través de los planes de rescate de los
bancos y de los planes de austeridad.
Los
culpables de la crisis salen casi indemnes y pueden
continuar su carrera hacia los beneficios, ya que se
les ha dejado las manos libres. Las víctimas de la c
risis deben pagar y ver cómo se degradan sus
condiciones de vida. ¡Se debe terminar con este
secuestro real de las finanzas públicas!
El
CADTM plantea 8 propuestas alternativas para
constituir una plataforma común de reivindicaciones
de los movimientos sociales y políticos
1.
Expropiar los bancos para transferirlos al sector
público bajo control ciudadano.
No
existe una regulación duradera posible con
instituciones financieras privadas. Los Estados
deben retomar su capacidad de control y orientación
de la actividad económica y financiera .
2.
Decretar una moratoria unilateral (sin acumulación
de intereses por morosidad) sobre el pago de la
deuda mientras se realiza una auditoría (con
participación ciudadana) de los créditos públicos
—el deudor es el Estado— . De acuerdo con los
resultados de esta auditoría, se deberá anular la
deuda identificada como ilegítima.
Con
su experiencia sobre el problema de la deuda en los
países del Sur, e l CADTM advierte contra una
reivindicación insuficiente, como una simple
suspensión del reembolso de la deuda. Se necesita
una moratoria, sin los intereses de morosidad, de
las sumas no reembolsadas.
La
moratoria se aprovecha para proceder a un examen de
los préstamos con el fin de identificar las deudas
ilegítimas. La participación ciudadana es la
condición imperativa para garantizar la objetividad
y la transparencia de la auditoría. Permitirá
determinar las diferentes responsabilidades en los
procesos de endeudamiento y exigir que los
responsables rindan cuentas a la colectividad. Las
deudas identificadas como odiosas o ilegítimas deben
ser anuladas.
3.
Instaurar una verdadera justicia fiscal europea y
una justa redistribución de la riqueza. Prohibir los
paraísos fiscales. Gravar fuertemente las
transacciones financieras.
Es
imprescindible hacer una reforma en profundidad de
la fiscalidad que lleve a una armonización europea
que permita impedir el d umping fiscal. El objetivo
es un aumento de los ingresos públicos,
especialmente mediante el IRPF y el impuesto sobre
sociedades, y una reducción del precio de acceso a
los bienes y servicios de primera necesidad
(alimentos básicos, agua, electricidad, calefacción,
transportes públicos, etc.), esencialmente, a través
de una fuerte y discriminada rebaja del IVA de esos
bienes y servicios vitales.
Desde 1980 continúan bajando los impuestos directos
que pagan las rentas más altas y las grandes
empresas. En la Unión Europea, entre 2000 y 2008,
los tipos superiores del impuesto sobre la renta y
del impuesto de sociedades bajaron 7 y 8,5 puntos
respectivamente. Estos miles de millones de euros de
regalo fiscal se orientaron, principalmente, a la
especulación y a la acumulación de riqueza por parte
de los más ricos.
Es
necesario prohibir cualquier transacción que pase
por los paraísos fiscales. En todas las reuniones
del G20 se rechazó, a pesar de las declaracione s de
intención, atacar realmente a los paraísos
judiciales y fiscales. Hay que prohibir esos
agujeros negros de las finanzas de la corrupción, de
la delincuencia de alto nivel y de los tráficos
ilegales. Se debe agregar al carácter progresivo de
la tasa, un impuesto disuasivo para las
transacciones especulativas y sobre los ingresos de
los acreedores de la deuda.
4.
Luchar contra el fraude fiscal masivo de las grandes
empresas y de los más ricos
El
fraude fiscal priva de medios considerables a la
colectividad y actúa contra el empleo. Se debe
proveer de medios públicos eficientes a los
servicios de finanzas para luchar seriamente contra
este fraude. Los resultados deben ser publicados y
los culpables fuertemente sancionados.
5.
Disciplinar los mercados financieros, principalmente
mediante la creación de un registro de propietarios
de títulos y por la prohibición de las ventas al
descubierto.
La
especulación a escala mundial representa varias
veces la riqueza producida en el planeta. Los
montajes sofisticados de la mecánica financiera la
vuelve completamente incontrolable. Los engranajes
que promueve desestructuran la economía real. La
opacidad en las transacciones financieras es la
regla. Para gravar las acreencias en su fuente, es
necesario identificarlas. La dictadura de los
mercados debe terminar.
6.
Reducir radicalmente el tiempo de trabajo para crear
empleos, pero aumentando los salarios y las
pensiones.
Repartir de otra manera las riquezas es la mejor
respuesta a la crisis. La parte de la riqueza
producida destinada a los asalariados se redujo
netamente, mientras que los acreedores y las
empresas aumentaron sus beneficios para luego
dedicarlos a la especulación. Al aumentar los
salarios, no sólo se favorece el poder de compra de
la población sino que se refuerzan los medios de la
protección social y de los regímenes de pensiones.
Disminuyendo el tiempo de trabajo sin reducción del
salario y creando empleos, se mejora la calidad de
vida de la población.
7.
Socializar las numerosas empresas y servicios
privatizados en el curso de los últimos treinta
años.
Una
característica de estos últimos treinta años fue la
privatización de gran número de empresas y servicios
públicos. Desde bancos hasta el sector industrial,
pasando por correos, telecomunicaciones, energía y
transportes, los gobiernos dejaron al sector privado
partes de la economía y por ese proceso perdieron
cualquier capacidad de regulación de la economía.
Esos bienes públicos, producidos por el trabajo
colectivo, deben retornar al dominio público.
8.
Por una asamblea constituyente de los pueblos para
otra unión europea.
La
Unión Europea surgida de los tratados
constitucionales impuestos a las poblaciones es una
verdadera máquina de guerra al servicio del capital
y de las finanzas. Debe ser totalmente refundada por
un proceso constituyente en el que la palabra de las
poblaciones sea finalmente tomada en consideración.
Esta otra Europa democratizada debe trabajar por la
armonización por lo alto de la justicia fiscal y
social, para permitir un aumento del nivel y de la
calidad de vida de sus habitantes, la retirada de
las tropas de Afganistán y la salida de la OTAN, la
reducción radical de sus gastos militares, la
prohibición de las armas nucleares y el compromiso
firme en el desarme. Debe poner fin también a su
política de fortaleza asediada por los candidatos a
la inmigración, convertirse en un socio equitativo y
realmente solidario con los pueblos del Sur del
planeta.
¡Rompamos con la dominación del gran capital!
Actualmente, las instituciones financieras, en el
origen de la crisis, se enriquecen y especulan con
las deudas de los Estados, con la complicidad activa
de la Comisión Europea, del Banco Central Europeo y
del FMI para satisfacer los intereses de los grandes
accionistas y de los acreedores. Este
enriquecimiento privado, perm itido por los regalos
fiscales y sociales de los gobiernos y acelerado por
los planes de austeridad, debe terminar.
La
reducción de los déficit públicos se debe hacer
mediante el aumento de los ingresos fiscales,
gravando en mayor medida tanto al capital (empresas
y capital financiero) como a la renta, al patrimonio
de las familias ricas y a las transacciones
financieras y no por la reducción de los gastos
sociales públicos. Para conseguir esto hay que
romper con la lógica capitalista e imponer un cambio
radical de la sociedad. Contrariamente al
capitalismo que sufrimos en la actualidad, la nueva
lógica que hemos de construir deberá integrar el
aspecto ecológico y romper con el productivismo.
Nuestras reivindicaciones son respuestas concretas a
la crisis en el interés de los pueblos. Anular la
deuda ilegítima es un acto de soberanía de los
Estados y de los pueblos. Para nosotros la salida de
la crisis debe hacerse teniendo en cuenta el interés
de las poblacione s.
Proponemos reunir las energías, en un frente
anticrisis a escala europea pero también a escala
local, a fin de crear una relación de fuerza
favorable para poder poner en práctica soluciones
radicales centradas en la justicia social.
¡Anular la deuda ilegítima es posible y es el
interés de los pueblos!
Hubo en la historia numerosas anulaciones de deudas
en los países del Sur y en los del Norte, a veces
unilaterales, otras validadas por la justicia, a
veces concedidas bajo la presión de las potencias
dominantes.
El
derecho internacional es rico en doctrinas y en
jurisprudencias que pueden permitir, y por otro lado
ya han permitido, los fundamentos de anulaciones o
repudios de deuda.
Un
ejemplo emblemático: el CADTM participó activamente
en la auditoría de la deuda del Ecuador en
2007/2008. Esta auditoría permitió al gobierno
anular deudas ilegítimas y economizar 300 millones
de dólares por año durante 20 años. Este dinero está
ahora dedicado al mejoramiento de la sanidad
pública, de la educación y a la creación de empleo.
Estas medidas, por insuficientes que sean, marcan
avances nada despreciables, que pueden ser
utilizados por los movimientos sociales del Sur y
del Norte para exigir la anulación total e
incondicional de la deuda ilegítima.
Esta anulación es actualmente una necesidad y una
urgencia puesto que el dinero sustraído a los fines
sociales y dedicado a los pagos perjudica al
ejercicio de los derechos económicos, sociales y
culturales de las poblaciones.
Impugnar la deuda pública y exigir una auditoría
ciudadana es hoy indisociable de la lucha contra los
planes de austeridad
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