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"Efecto BRIC": el oso ruso y el elefante indio
danzan tango
Por Alfredo Jalife-Rahme-La Jornada
[02.01.2011]- Actualización 4:30 pm de Cuba
Para
superar las amarguras del pasado –y, más que nada,
los obstáculos balcanizadores y vulcanizadores de la
dupla anglosajona de Estados Unidos y Gran Bretaña
(GB) plantados a los dos lados del Himalaya–, el
primer ministro chino, Wen Jiabao, profirió una
frase metafórica muy ingeniosa durante su
significativa visita a India (con una extensión a
Pakistán, donde descolgó relevantes acuerdos
bilaterales): el elefante indio y el dragón chino
deberían ponerse a danzar tango.
Pues,
mientras sopesa la monumentalmente indecorosa
propuesta del dragón chino, el elefante indio se ha
puesto a danzar con el oso ruso un tango muy bien
sincronizado.
La
visita del presidente ruso, Dimitri Medvediev,
cierra los asombrosos periplos consecutivos de los
cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad
de la ONU a India, que se ha vuelto el mayor polo
seductor de inicios del siglo XXI debido a la
trascendencia geoestratégica del océano Índico,
donde, a juicio del almirante Alfred Thayer Mahan
(padre de la marina estadunidense y su dominio
global, como sucesora de Gran Bretaña), se definiría
el destino del planeta (ver Bajo la Lupa, 19/12/10).
Nadie
como la añeja y la moderna Rusia conoce la valía de
la salida a los mares calientes, en particular al
súper estratégico océano Índico, por la que ha
luchado a lo largo de su historia.
El
elefante indio y el oso ruso han redescubierto las
ventajas de su estrecha colaboración durante la
guerra fría, interrumpida por la balcanización de la
URSS, y que ha sido reanudada intensamente por el
zar geoenergético global Vlady Putin, quien, con el
brasileño Lula, a nuestro humilde entender,
representan dos de los óptimos geoestrategas de
inicios del siglo XXI por haber ponderado el valor
singular de la carta petrolera, la cual,
lastimosamente, no saben jugar ni entienden los
mediocres neoliberales mexicanos: de allí, en gran
medida, la grandeza ascendente de Rusia y Brasil
frente a la caída libre del México neoliberal.
¿Se
trató de un efecto BRIC (acrónimo de Brasil, Rusia,
India y China), rebautizado como BRICS después de la
incrustación de Sudáfrica (ver Bajo la Lupa,
26/12/10)? No necesariamente en su totalidad, porque
las relaciones bilaterales siempre fueron muy
fructíferas (tomando en consideración el hiato
enunciado), pero sí contribuyó en forma decisiva al
tango muy bien sincronizado del oso ruso y el
elefante indio cuando se empieza a desglosar que el
BRICS constituye un laxo bloque de corte
economicista, con un epifenómeno de silueta inocua,
pero que también comienza a exhibir sus tentáculos
marítima y subterráneamente geopolíticos.
No fue
gratuito que el premier británico, David Cameron, y
los presidentes de Francia, Nicolas Sarkozy, y de
Estados Unidos, Barack Obama, se hayan apersonado
consecutivamente en India con masivas comitivas de
empresarios. Como tampoco fue casual que Medvediev
haya pisado los talones al premier chino cuatro días
mas tarde.
Inmediatamente, dos días después del tango del oso
ruso y el elefante indio, el dragón chino invitó a
Sudáfrica a formar parte del BRICS.
Tales
son las tendencias de la dinámica de la nueva
geopolítica a comienzos del siglo XXI, cuando los
otrora dormidos gigantes planetarios expanden sus
esferas de influencia, como consecuencia de la
decadencia de EU. Son tiempos de regionalizaciones
creativas concomitantes a la desglobalización.
Una
característica de los tiempos posmodernos la
constituye una patología que los endocrinólogos
conocen como acromegalia: el gigantismo corporal de
los países y sus intercambios, como consecuencia de
la multidimensionalidad (territorio, habitantes y
economía) de los principales actores globales. ¿Qué
advendrá de los países pequeños y medianos?
Mediante el triángulo trilateral global de India,
Brasil y Sudáfrica (IBSA, por sus siglas en inglés)
–que conecta el Atlántico Sur al océano Índico–,
Rusia y China pueden navegar con mayor comodidad y
menos obstáculos en los mares dominados durante tres
siglos por las marinas de Gran Bretaña y EU.
Si la
agenda del G-7 está bien coordinada –con la notable
excepción de Alemania, que cada vez depende más de
los hidrocarburos de Rusia y el comercio de China
(ver Bajo la Lupa, 24/12/10)–, aflora también la
sinergia de los cronograma y flujograma del BRICS.
En la
posmodernidad, las transacciones metamercantiles, es
decir, estratégicas, van acompañadas de
transferencia de tecnología –en lo que se refiere al
BRICS– entre sí, como con el G-7: los casos de
Francia, con Brasil y Rusia, y de Alemania, con
Rusia y próximamente con China.
Los
avezados analistas han detectado que Rusia ha sido
muy generosa en su transferencia de tecnología con
India. Como la venta de sus aviones furtivos
supersónicos de quinta generación.
El
tango del oso ruso y el elefante indio se manifiesta
en su complementariedad: de parte del primero,
hidrocarburos y energía nuclear (un tema espinoso
debido a que Delhi no firma el Tratado de no
Proliferación); de parte del segundo, tecnología
informática, biotecnología y farmacéuticos.
Mas
allá del establecimiento de un centro tecnológico
conjunto y la profundización de las relaciones
bancarias, Ilya Kramnik, comentarista militar de RIA
Novosti (21/12/10), coloca en relieve el
renacimiento de la cooperación tecno-militar entre
Rusia e India: del portaviones Almirante Gorshkov al
supersónico avión furtivo de combate T-50.
El
premier indio, Manmohan Singh, elogió la estratégica
asociación privilegiada y especial de India y Rusia,
la cual exaspera a Stratfor, centro de pensamiento
texano-israelí.
Con
mentalidad lineal nostálgica de la era unipolar,
Stratfor (23/12/10) considera que India usa a Rusia
para contrabalancear a China y asevera que Moscú ha
retrasado la entrega de sus mayores ventas de armas
a India, diluyendo el optimismo sobre el acuerdo que
Medvedev y Singh firmaron el 21 de diciembre para
desarrollar en forma conjunta un avión furtivo de
combate de quinta generación y para construir entre
250 y 300 aviones en 2030, un trato con valor
teórico de 30 mil millones de dólares. ¡Les dolió!
La
fraudulenta empresa de contabilidad global KPMG, que
no ha cesado de hacer cuentas ajenas, reporta que de
aquí a 2016, se espera que el sector de Defensa de
India invierta 112 mil millones de dólares en
adquisiciones, uno de los mayores ciclos de ofertas
en el mundo (Afp, 21/12/10). Por lo pronto, India
desea 125 jets de combate por 12 mil millones de
dólares y los Mig-35 de Rusia se pelean el contrato
con los gigantes aeronáuticos de Europa (Dassault) y
de EU (Boeing y Lockheed Martin).
Con
todos los coqueteos multipolares de India con EU y
Europa, no hay que perder de vista su
complementariedad tecno-militar con Rusia en los
sectores de la aviación y la marina, dejando el
abastecimiento de tanques terrestres a la industria
militar india y a otros proveedores foráneos.
Sin
soslayar la alta vulnerabilidad energética de India
(una ventaja competitiva de Rusia como valor
agregado en sus tratativas militares), la aviación y
la marina constituyen la columna vertebral de la
asociación cooperativa del oso ruso y el elefante
indio, como aduce el comentarista militar Kramnik.
http://www.jornada.unam.mx/2010/12/29/index.php?section=opinion&article=010o1pol |