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Cuba:
Preparada para el cambio
Por Jorge Gómez Barata (especial para
ARGENPRESS.info)
[02.01.2011]- Actualización 4:30 pm de Cuba
Apreciados en su conjunto las orientaciones
incumplidas de Fidel, los lineamientos de la
Política Económica y Social puestos a debate y el
antológico discurso pronunciado por el presidente
Raúl Castro ante el parlamento, forman la plataforma
desde donde es posible relanzar la Revolución y
avanzar hacia una versión más criolla, realista y
moderna del socialismo. El modelo que se construya
ha de parecerse a Cuba, al mundo y a los tiempos y
no al revés.
Para
Cuba no se trata ahora como en los años noventa de
maniobrar para sobrevivir; tampoco de utilizar la
capacidad que un día ejercitó para subvertir la
dominación imperialista, poner contra la cuerdas a
las oligarquías de la región, combatir el
neocolonialismo, hacer morder el polvo a los
racistas sudafricanos y dar un tiro de gracia al
apartheid sino de, sobre la base de la
infraestructura y el capital humano creados, con la
audacia de otros tiempos, lanzarse a la conquista de
las más altas cotas del desarrollo económico y
social.
Si
bien la idea puede sonar audaz; debe recordarse que
en medio de situaciones extremas, Fidel Castro
encabezó un movimiento para organizar centros de
investigaciones y levantar plantas para producir en
Cuba interferón, Policosanol (PPG), edificar y
equipar cardiocentros y salas de terapia intensiva
en todos los hospitales infantiles, fundar modernas
clínicas para la restauración neurológica, fomentar
centros de ingeniería genética y biotecnología,
organizar la creación y elaboración de vacunas,
preparados recombinantes y medicamentos de última
generación y afirmaba que un día la exportación de
esos rubros y otros servicios técnicos tendrían
significación económica.
El
futuro que entonces se anunciaba llegó y todavía
poco antes de enfermar Fidel impulsó la creación de
una gigantesca universidad de ciencias informáticas
con la convicción de que podíamos producir y
exportar software, llevó los estudios universitarios
a todos los municipios del país y encabezó una
revolución energética. De lo que se trata es de
maximizar la explotación de esos resultados
China
y Vietnam tienen ahora los mismos recursos naturales
y los mismos pueblos laboriosos que tuvieron
siempre, lo que han cambiado son las circunstancias
externas, se han abandonado las políticas fallidas,
ignorado arcaicos preconceptos, adoptando un
pragmatismo positivo y, en lugar de lamentarse por
la globalización, aprovechan sus ventajas y asumen
el desarrollo moderno como lo que es, un fenómeno
asociado a la educación. Ningún país está mejor
preparado que Cuba para asumir esos desafíos.
Para
avanzar esos países tuvieron que descartar los
enfoques del socialismo primitivo, contener a la
burocracia, constreñir la actividad del Estado,
reducir el tamaño del gobierno, estimular la
creatividad de sus profesionales y convertir la
lucha contra el aislamiento y el cerco imperialista
en un fenómeno no sólo político, sino también
económico. La diplomacia cubana, eficaz en lograr
amigos políticos, debe también empeñarse en
encontrar socios, inversionistas y clientes.
En los
ámbitos políticos el siglo XX latinoamericano fue
iniciado con la Revolución Mexicana de 1910,
profundizado por las actitudes nacionalistas
avanzadas de Getulio Vargas y Perón que catapultaron
a Brasil y Argentina a la modernidad, los
acontecimientos que en Centroamérica se asociaron a
la lucha de Sandino y Farabundo Martí y luego al
ascenso y la caída de Juan José Arévalo y Jacobo
Arbenz, las innovaciones introducidas por José
Figueres en Costa Rica, el asesinato de Gaitán en
Colombia, la derrota de la dictadura de Marcos Pérez
Jiménez en Venezuela y otros sucesos, coronados con
el triunfo de la Revolución Cubana.
Cuando
los grandes eventos políticos precedentes habían
cumplido sus tareas históricas, se estancaron o
fracasaron, desde las profundidades del Caribe
insular, que era desde donde menos podía esperarse,
en plena Guerra Fría, emergió la Revolución Cubana,
se instaló como el evento político más dinámico,
trascendente y duradero del continente y cuyo mayor
significado fue promover un cambio no sólo de
realidades políticas y correlaciones de fuerzas,
sino también de mentalidades.
En un
tiempo espectacularmente breve, Cuba hizo retroceder
al anticomunismo, puso en jaque a las oligarquías
nativas, reivindicó el socialismo y lo hizo
coherente con el nacionalismo afroasiático y sus
líderes encabezados por Fidel, Che Guevara y Raúl
Castro, cautivaron a los sectores más avanzados de
la juventud y la izquierda mundial, principalmente
por su audacia, su retadora herejía y por sus luces.
Ningún
país y ningún proceso promovieron tantos cambios
como Cuba y ninguna vanguardia fue tan exigente
consigo misma ni tan autocrítica.
La
primera vez que escuché a Fidel Castro citar a Lenin
fue a principios de los años sesenta cuando frente
al sectarismo que marxistas descarriados
introdujeron en la práctica revolucionaria, fue a la
televisión y comenzó diciendo que: "La seriedad de
un partido revolucionario se mide por la actitud
ante sus propios errores".
En
aquella misma década, en un avance tan impetuoso que
—como se dice ahora— puede haberla recalentado, la
Revolución cometió errores en el manejo de la
economía, confundió deseos con realidades, actuó con
excesivo radicalismo, fue demasiado lejos en las
innovaciones teóricas transgrediendo límites que la
hicieron incurrir en lo que el propio Fidel llamó
"errores del idealismo" que, a mediados de los años
setenta aconsejaron una rectificación que puso fin a
la provisionalidad y abordó con determinación la
institucionalización del país.
En
aquel empeño, apropiado para la época y las demandas
que los avances del país generaban, también se
cometieron errores, esta vez, como recién señaló
Raúl Castro no sólo por copiar la experiencia
soviética, sino por copiar mal. Frente aquella
situación, nadie se amilanó y alrededor de 1984 se
emprendió el proceso de Rectificación de Errores y
Tendencias Negativas.
Aquel
movimiento de insospechado calado, iniciado antes de
que Gorbachov emprendiera la perestroika, fue
interrumpido por la crisis motivada por la
desaparición de la Unión Soviética, que sumió a Cuba
en una profunda crisis que golpeó implacablemente al
pueblo y la Revolución pero no la desconcertaron.
Entonces Fidel llamó a la resistencia y abrió paso a
las reformas de los años noventa que no fueron pocas
ni exclusivamente económicas, sino también políticas
e ideológicas.
Por
razones diversas las reformas iniciadas en los años
noventa se detuvieron e incluso hubo retrocesos. El
nuevo siglo estrenó un clima de indiferencia e
incluso de resistencia a la rectificación y las
reformas que hizo a algunos pensar en la posibilidad
de que la Revolución Cubana fuera afectada por el
inmovilismo característico de la Unión Soviética.
Aquel momento está superado y se ha abierto una
nueva etapa que con modestia y moderación, se ha
denominado de "Actualización del Modelo Económico".
Francamente me encantó el modo como el presidente
Raúl Castro enfocó la problemática con Estados
Unidos concediéndole la atención mínima
imprescindible. En definitiva el bloqueo
norteamericano no impidió que la Revolución Cubana
realizara sus grandes transformaciones ni que la
isla creara un fabuloso capital humano, como tampoco
deberá impedir que se le utilice al máximo. Mientras
no se pueda contar con los americanos, hay que
hacerlo a pesar de ellos.
El
presidente ha dado luz verde a los cambios, el
partido se alista para conducirlos y en una hora así
no es ocioso recordar a Carlos Marx a quien tanto
invocan en Cuba.
"…Las
revoluciones proletarias como las del siglo XIX, se
critican constantemente a sí mismas, se interrumpen
continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo
que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo, se
burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones,
de los lados flojos y de la mezquindad de sus
primeros intentos, parece que sólo derriban a su
adversario para que éste saque de la tierra nuevas
fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente
a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la
vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se
crea una situación que no permite volverse atrás…".
Feliz
Navidad. Allá nos vemos. |