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Portugal, lo que está en juego
Por Boaventura de Sousa Santos - Sin Permiso
[17.01.2011]- Actualización 10:00 pm de Cuba
Después de décadas de "ayuda al desarrollo" por
parte del Banco Mundial y del Fondo Monetario
Internacional (FMI), un sexto de la población
mundial vive con menos de 77 céntimos (de euro) al
día. Lo que va a ocurrir en Portugal (siguiendo a lo
que ocurrió en Grecia e Irlanda y ocurrirá en
España, y tal vez no quede ahí) pasó ya en muchos
países en desarrollo. La intervención del FMI tuvo
siempre el mismo objetivo: canalizar el máximo
posible de los empeños del país para el pago de la
deuda. La "solución a la crisis" bien puede ser la
eclosión de la más grave crisis social de los
últimos ochenta años.
Portugal es un pequeño barco en un mar agitado. Se
necesitan buenos timoneles, pero si el mar anda
excesivamente agitado no hay barco que resista,
incluso en un país que siglos atrás fue al
descubrimiento del mundo a bordo de cáscaras de
nuez. La diferencia entre entonces y ahora es que
Adamastor era un capricho de la naturaleza; después
de la tormenta volvía cierta bonanza, y sólo eso
tornaba "realista" aquel grito de confianza
nacionalista del: "Aquí, al timón,/ soy más que yo…"
Hoy,
el Adamastor es un sistema financiero global
controlado por un puñado de grandes inversores
institucionales e instituciones satélites (banco
Mundial, FMI, agencias privadas de calificación de
riesgo) que tienen el poder de distribuir las
borrascas para la gran mayoría de la población del
mundo y la bonanza para ellos mismos. Sólo eso
explica que los 500 individuos más ricos del mundo
tengan una riqueza igual a la de los 40 países más
pobres del mundo, con una población de 416 millones
de habitantes. Después de décadas de "ayuda al
desarrollo" por parte del BM y del FMI, un sexto de
la población mundial vive con menos de 77 céntimos
de euro diarios. Lo que va a ocurrir en Portugal
(siguiendo a lo que ocurrió en Grecia e Irlanda y a
lo que ocurrirá en España, sin que tal vez se queda
aquí la cosa) pasó ya en muchos países en
desarrollo. Algunos se resistieron las "ayudas"
debido a la fuerza de líderes políticos
nacionalistas (caso de la India), otros se revelaron
presionados por las protestas sociales (Argentina) y
forzaron la reestructuración de la deuda. Siendo
diversas las causas de los problemas que enfrentaron
distintos países, la intervención del FMI tuvo
siempre el mismo objetivo: canalizar el máximo
posible de los empeños del país hacia el pago de la
deuda. En nuestro contexto, lo que llamamos
"nerviosismo de los mercados" es un conjunto de
especuladores financieros, algunos con fuertes lazos
con los bancos europeos, dominados por el vértigo de
ganar ríos de dinero apostando a la bancarrota de
nuestro país y ganando tanto más cuanto más probable
sea ese desenlace trágico.
¿Y si
Portugal no pudiese pagar? Bien, ése es un problema
de medio plazo (puede ser de semanas o de meses).
Después se verá, pero una cosa es cierta: "las
justas expectativas de los acreedores no pueden ser
defraudadas". Lejos de calmarse, este "nerviosismo"
es alimentado por la agencias de riesgo: bajan la
nota del país para forzar al gobierno a tomar
ciertas medidas restrictivas (siempre contra el
bienestar de las poblaciones); las medidas se toman,
pero como hacen más difícil la recuperación
económica del país (lo que permitiría pagar la
deuda) la nota vuelve a bajar. Y así sucesivamente
hasta la "solución de la crisis", que bien puede ser
la eclosión de la más grave crisis social de los
últimos ochenta años.
Cualquier ciudadano con perspicacia natural
preguntará ¿cómo es posible tanta irracionalidad?
¿Vivimos en democracia? ¿Las diversas declaraciones
de las Naciones Unidas sobre los derechos humanos
son letra muerta? ¿Habremos cometido errores tan
graves que la expiación no se contenta con los
anillos y exige los dedos, o hasta incluso las
manos? Nadie tiene una respuesta clara para estas
cuestiones, pero un reputado economista (Premio
Nobel de Economía en 2001), que conoce bien al
anunciado visitante, FMI, escribió al respecto lo
siguiente:
"…las
medidas impuestas por el FMI fallaron más veces de
las que tuvieron éxito… Después de la crisis
asiática de 1997, las políticas del FMI agravaron la
crisis en Indonesia y Tailandia. En muchos países,
llevaron al hambre ya la confrontación social; e
incluso cuando los resultados no fueron tan sombríos
y consiguieron promover algún crecimiento después de
algún tiempo, frecuentemente los beneficios fueron
desproporcionadamente para los de arriba, dejando a
los de abajo más pobres que antes. Lo que me espantó
fue que estas políticas no fuesen cuestionadas por
quien tomaba las decisiones…
Subyacente a los problemas del FMI y de otras
instituciones económicas internacionales está el
problema de gobernanza: ¿quien decide lo que hacen?"
(Joseph Stiglitz, Globalization and its Discontents,
2002).
¿Habrá
alternativa? Dejo este tema para la próxima crónica.
Boaventura de Sousa Santos es un reconocido
científico social portugués |