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HAITÍ,
EL RETO DE SOBREVIVIR |
EL
COMPROMISO DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL
Haití, el eterno terremoto
Por
Juan Diego Nusa Peñalver (*)
A un
año exacto de la peor sacudida de su historia,
aquella tarde del 12 de enero, Haití sigue entre
ruinas. La prometida ayuda internacional para la
reconstrucción no llega en la cuantía necesaria,
mientras el país es consumido por una implacable
epidemia de cólera, que amenaza con propagarse a
toda la región.
La
nación permanece con la rodilla hincada y el alma
rota por los más de 230 000 fallecidos, 300 000
heridos y más de un millón de damnificados del
brutal sismo, que pulverizó virtualmente a Puerto
Príncipe y provocó graves daños a otras ciudades
como Jacmel, Leongane, Petit Goave, Grand Goave,
Gressier y Martissant.
En
frías cifras, las pérdidas y daños alcanzaron el
equivalente al 120% del Producto Interno Bruto
haitiano, según diversas fuentes.
Un
golpe casi irrecuperable para una nación donde el
80% de la población vive bajo el umbral de la
pobreza, y dos tercios es dependiente de la
agricultura y pesca de subsistencia, fragilizadas
por la carencia y empobrecimiento del suelo
disponible y de la ayuda exterior.
Pero
un año después del brutal terremoto, el país sigue
prácticamente igual que cuando la tierra dejó de
temblar.
Unas
810 000 personas continúan viviendo en 1 150
improvisados campamentos para damnificados en Puerto
Príncipe, con 1,5 millones de desplazados, según los
últimos datos de la situación sobre el terreno,
dados a conocer por la ONU.
Miles
de haitianos cocinan, se bañan y hacen sus
necesidades más perentorias en sucias carpas
plásticas, como en Champs de Mars, frente al
destrozado y otrora emblemático Palacio
Presidencial, considerado uno de los campamentos más
grandes que el terremoto del 12 de enero plantó en
la capital haitiana; o en el de Acra, que alberga a
cerca de 20 000 personas en paupérrimas chabolas en
plena avenida Delmas, principal arteria de Puerto
Príncipe. Haití, en particular su capital, es
todavía hoy un inmenso campamento y es deplorable su
estado higiénico-sanitario.
A
pesar de la urgencia, señalan varios medios locales
"muy poco dinero se ha destinado a la recogida de
escombros, a la reparación de viviendas" y de
instituciones públicas, todas desplomadas aquel
desdichado día.
Cálculos estimados aseguran que el fenómeno natural
destruyó en apenas segundos 105 000 casas y dañó a
otras 208 000, y provocó, además, que 20 millones de
metros cúbicos de escombros ocupen todavía las
calles de esta nación.
Sin
embargo, con esa paciencia propia de "convidados de
piedra", los haitianos siguen esperando de la
comunidad internacional los prometidos 10 000
millones de dólares para la reconstrucción de su
país, cifra de la que solo se ha entregado una
ínfima parte.
Incluso, el primer ministro haitiano Jean-Max
Bellerive, se ha lamentado amargamente de la "falta
de control" que tiene el Gobierno sobre los magros
fondos canalizados para la reconstrucción, que son
administrados por organizaciones no
gubernamentales.
Y para
más desgracia, esta noble tierra sufrió después de
aquel impacto severas inundaciones, los embates del
huracán Tomás y el vertiginoso avance de una
mortífera epidemia de cólera, que ha contagiado a
más de 154 000 personas, de los que casi 4 000 han
perdido la vida.
Frente
a tanta desdicha, Cuba está presente con una ayuda
efectiva en este sufrido pueblo. Su único objetivo:
que Haití se levante sobre sus propios pies.
Durante la fase de emergencia provocada por el
devastador terremoto del 12 de enero del 2010, la
Mayor de las Antillas llegó a tener en Haití a una
brigada médica integrada por 1 700 miembros,
incluidos graduados de la Escuela Latinoamericana de
Medicina (ELAM), que atendió a más de 347 000
pacientes hasta el 30 de abril del pasado año.
Hoy,
ante otra emergencia: la grave epidemia de cólera
que azota a este empobrecido país, los 1 330
integrantes de la Brigada de la Patria de José
Martí han salvado la vida —hasta el martes 11 de
enero—, a 56 182 haitianos. Son ya 18 días sin
reportarse un fallecido por el letal padecimiento en
los 63 centros y unidades de tratamiento de cólera
bajo la responsabilidad de los brigadistas cubanos,
reduciendo la letalidad de la enfermedad a 0,48 %.
Cuba,
que 12 años antes ya estaba salvando vidas en la
tierra de Toussaint Louverture, continúa haciendo
frente a la muerte en este pedazo de Caribe, al que
la comunidad internacional le ha dado la espalda,
dejando la ayuda prometida, solo en promesa. Haití
hoy, es muy similar al día que la tierra tembló y
destruyó: continúa siendo un campamento gigante de
necesidades.
(*) El autor viajó a
Haití como enviado especial del periódico
Granma Internacional. |