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HAITÍ,
EL RETO DE SOBREVIVIR |
DESCRIPCIÓN DEL PAÍS
Haití: de la historia a la actualidad
Por
Raymundo Gómez Navia (*)
Haití
ocupa la parte occidental de la antigua isla La
Española, compartida con República Dominicana. Es el
tercer país en extensión del Caribe.
Territorio montañoso, las dos terceras partes de sus
tierras tienen una elevación superior al 20 por
ciento sobre el nivel del mar.
Resulta una de las naciones más pobres del mundo y
la mayor parte de las granjas agrícolas son pequeñas
explotaciones familiares donde se cultiva para el
consumo maíz, papa, judía, arroz, bananos, etc. La
pesca es extremadamente artesanal.
Hasta
aquí lo que aparece en cualquier sitio de acceso
informativo sobre este país caribeño, pero se obvia,
ex profeso, su historia, de gran trascendencia en
estos momentos de la Humanidad.
Al
respecto conviene recordar que siete mil años antes
de nuestra era arribaron a las islas del Caribe los
primeros pobladores, procedentes de La Florida o
Yucatán.
Las
poblaciones aborígenes subsistieron hasta la llegada
en 1492 de los conquistadores españoles, quienes en
pocas décadas las exterminaron completamente
mediante una cruel explotación.
Dos
siglos más tarde Haití fue ocupada por Francia y en
1749 los nuevos colonizadores fundaron Puerto
Príncipe, que se erigiría como la capital de la
parte del territorio insular que pertenecía a
España.
Negros
africanos fueron conducidos hasta esas tierras como
fuerza de trabajo esclava para las plantaciones
cañeras y cafetaleras de los amos franceses.
El 9
de octubre de 1779, unos 800 voluntarios de la
entonces conocida como Saint Dominique, entre
quienes estaban los que años después encabezarían la
lucha de independencia haitiana, participaron en la
Batalla de Savannah, Georgia, por la liberación de
las Trece Colonias, hoy Estados Unidos.
Tras
la toma de la Bastilla, los aires de libertad de la
nueva República Francesa llegaron hasta los oídos de
los negros esclavos, determinados a conquistar sus
derechos de hombres dignos.
Una
ceremonia de vodu el 14 de agosto de 1790, en el
sitio conocido como Bwa Kayman, fue el lugar y
momento que marcó el inicio de la lucha hacia la
liberación de la esclavitud.
Marcados con las contradicciones propias de la época
y el lugar, transcurrieron trece años de batallas de
los negros esclavos, descalzos, apenas armados de
sus herramientas de trabajo (machetes, coas, palos),
guiados por negros libres y mulatos participantes en
los combates librados en Francia y otros países.
Alexandre Pétion, François DominiqueToussaint
Loverture, Jean Jacques Dessalines fueron insignes
patriotas que encabezaron la lucha que derrotó al
mejor ejército de esa época, creado por Napoleón
Bonaparte para las guerras de conquista.
El
primero de enero de 1804 Dessalines proclamó la
primera Constitución haitiana. Acontecía así un
hecho único en la historia de la Humanidad: la
Revolución triunfante de esclavos y la primera
República negra, que abrieron el camino de
independencia de los sojuzgados pueblos de América
Latina y del Caribe.
Todas
las potencias coloniales del momento bloquearon a la
destruida economía haitiana tras la Revolución.
Contradicciones internas generaron enfrentamientos y
retrocesos en el desarrollo de la República. Las
masas campesinas y estratos más pobres de la
población urbana se opusieron al nivel injusto de
distribución de la tierra y de la riqueza social.
En
1915 Estados Unidos utilizó la tensa situación
interna como pretexto para su invasión a Haití.
Inmediatamente las principales compañías
norteamericanas se posesionaron de las mejores
tierras y espacios para la explotación de una
incipiente industria.
Allí
permanecieron los marines yanquis hasta 1934,19 años
durante los cuales las riquezas del país pasaron a
los consorcios estadounidenses.
Al año
siguiente del fin de la ocupación extranjera, la
lucha se agudiza. Se suprimen las libertades y la
juventud se rebela, con jóvenes comunistas al frente
como Jacques Stephen Alexis, y organizan huelgas.
Los
distintos gobiernos de Estados Unidos aplicaron en
Haití durante todos esos años un dominio a
distancia, pero opresivo.
Así lo
hicieron con los Duvalier, padre e hijo, desde que
el primero asumió el poder en 1954 y el segundo le
sucedió en el poder hasta 1986.
Luego,
desde Washington respaldaron a militares haitianos
formados en sus escuelas, quienes ejecutaron golpes
de estado y derrocamientos de civiles elegidos en
comicios.
Para
colmo de desfachatez política, el gobierno de George
W. Bush secuestró al presidente Jean Bertrand
Aristide en el 2004 y lo desterraron a la fuerza.
Después practicaron una maniobra de sustitución de
la presencia física de sus tropas por otras de las
Naciones Unidas, creadas bajo el nombre de Misión de
la ONU para la Estabilización en Haití, que lleva ya
diez años en el territorio.
Ahora,
tras el sismo sufrido por la capital haitiana y sus
alrededores, el imperio retoma su presencia en suelo
haitiano y caribeño para, como han proclamado,
prevenir las alteraciones del orden por parte de
pobladores hambrientos y sedientos.
Esos
"hambrientos y sedientos" solo preguntan:
¿Para
qué tropas militares de asalto aerotransportadas?
¿Para
qué tantas armas, tanquetas, logística de guerra?
¿Por
qué impedir el aterrizaje en nuestro aeropuerto de
la ayuda humanitaria de nuestros hermanos de las
islas del Caribe?
¿Por
qué lo poco que se está distribuyendo, con aparatoso
despliegue de prensa y televisión, no se hace de
forma organizada, en vez de lanzar a las masas los
productos, por demás, con una gran bandera
norteamericana, para provocar el desorden y la
violencia de los necesitados?
Los
más aguzados se responden ellos mismos: "Están
calentando los calderos para meter vivo al pollo".
(*) El autor de este
artículo viajó a Haití en enero de 2010 como enviado
especial de la Agencia de Información Nacional (AIN).
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