Crece la desigualdad
Por Larry Beinhart-Sin permiso
Traducción de Anna Maria Garriga
¿Cómo
es posible que el 1% más rico nos gane al 99%
restante en esta guerra de clases brutal?
[06.02.2011]- Actualización 8:10
pm de Cuba
¿Quiénes son ellos? El 1% más rico. Y quizás el 9%
siguiente. ¿Quiénes somos nosotros? Todo el resto.
Lo que plantea una interesante cuestión. ¿Cómo se
las ha arreglado una pequeña fracción de la
población –que es diversa en muchos sentidos- para
que sus estrechos intereses económicos dominen a los
intereses económicos de la mayoría? Y, al hacerlo,
ponen en peligro el bienestar económico de nuestra
nación y llevan al sistema financiero mundial al
borde del colapso. Ellos tienen dinero. Nosotros
tenemos votos.
En
teoría, esto significa que nosotros deberíamos tener
el gobierno. En teoría, el gobierno debería ser un
contrapeso contra los excesos del dinero, adoptar un
punto de vista amplio para el bien de la nación y
velar por la mayoría. Ni que decir tiene, por los
pobres y maltratados.
Lo
que tenemos actualmente es un partido político que
es sin lugar a dudas el partido del dinero y otro
partido que se vende totalmente al dinero.
Bien, como mínimo tenemos redes de seguridad.
El
mayor arrepentimiento de George Bush es no haber
privatizado la seguridad social. ¿Por qué tanto
anhelo?
Una
de las razones es que se trata de una gran masa de
dinero. Absolutamente gigantesca. A los banqueros y
cambistas les vuelve locos no poder meter sus manos
en ella.
La
otra razón es la aversión ideológica. Stephen Moore
(académico senior del Cato Institute, editorialista
de la National Review y presidente del Free
Enterprise Fund) escribió: "la Seguridad Social es
el blando bajo vientre del estado del bienestar. Si
tu lanza puede pincharlo, puedes socavar todo el
estado del bienestar".
Allí donde Bush falló, Obama acaba de dar el primer
paso.
Su
reciente acuerdo fiscal incluye recortes en las
contribuciones de los empleadores a la Seguridad
Social. Lo que significa descapitalizar, debilitar y
sentar un nuevo precedente de que las contribuciones
a la Seguridad Social pueden recortarse para
"estimular" a la economía.
El
"crash" ha puesto a los Estados en peligro. En vez
de aumentar los impuestos, o pedir prestado, algunos
han decidido hacer recortes en Medicaid, el programa
que presta servicios a distintas categorías de gente
con rentas bajas: mujeres embarazadas, jóvenes
menores de 19 años, ciegos, inválidos o los que
necesitan cuidados domiciliarios. Si eres un pobre
muchacho que necesita un trasplante de hígado,
puedes ponerte a pedir, robar en una tienda o morir.
Este movimiento hacia la derecha es un triunfo de
una campaña propagandística larga y bien financiada.
Cada vez que leo un editorial del New York Times
escrito por un "académico senior" del Hoover
Institute o un miembro del Cato Institute, me entran
ganas de gritar, por favor cambien esto por
"prostituta pagada por un millonario psicótico de
extrema derecha". Lo que es mucho más real.
A
su vez, tienen una gran influencia en los
principales medios de comunicación. "Cuando los
conservadores denunciaron la tendencia izquierdista
de los medios de comunicación, vieron como sus
instituciones eran citadas en varios medios casi
8.000 veces en 1995, mientras que los think tanks
liberales o progresistas recibieron solo 1.152
citaciones" ("Como las instituciones filántropas y
los think tanks conservadores transforman la
política de los EEUU", por Sally Covington, Covert
Action Quarterly, Winter 1998).
Su
influencia en los medios de comunicación nacionales
afecta a todo el diálogo nacional. Ahora,
evidentemente, han llevado el concepto de think tank
a un nivel totalmente nuevo: Fox News.
¿Qué pasa con los medios de comunicación? ¿No
existen –fuera de Fox News- periodistas objetivos?
En
periodismo no existe una realidad objetiva.
Solamente existen comparaciones objetivas de citas.
Las citas solamente pueden provenir de fuentes
"válidas". Un periodista no puede tomar los recortes
de impuestos y compararlos con los resultados
económicos –aumento del empleo, cambios en el
salario medio y otros por el estilo– y decir que los
recortes de impuestos no crean empleo. Lo único que
pueden hacer es citar a políticos como Bush y Obama,
que dicen que los recortes de impuestos son un
estímulo y, luego, buscar a alguien con la misma
autoridad o, por lo menos, con una autoridad
significativa que diga lo contrario, a continuación
tratarlo como si fuera un menú chino: dos citas de
la columna A, una de la columna B. Pero ¿qué pasa si
no hay pesos pesados dispuestos a quedar constatados
por la columna B?
Aquí está lo verdaderamente extraño.
Todo un campo, la economía, no sabe adonde va.
Ello se hizo evidente cuando el 99,7% (es una cifra
imaginaria pero probablemente acertada), no fue
capaz de predecir el crash del 2008. No fue capaz de
diagnosticar la burbuja inmobiliaria, no fue capaz
de entender la burbuja de los derivados y no fue
capaz de darse cuenta de que los mayores bancos del
mundo estaban todos en bancarrota.
Después del crash, fueron incapaces de alzar la voz
contra los recortes de impuestos que lo provocaron.
Fueron incapaces de encontrar una forma de
solucionar los problemas. Solución que, basándonos
en la experiencia histórica, parece bastante obvia,
aumentar los impuestos y emplear el dinero en cosas
útiles que la industria privada no quiere o no puede
hacer, como emplear gente.
La
teoría de Paul Krugman, parafraseándola de forma
aproximada, es que los economistas sufren de
envidia, que es como envidia del pene, pero aún más
estúpida. La economía es una ciencia social, o sea
no exacta. Los científicos sociales se fijan en la
física, la más dura de las ciencias duras. Ven
cantidad de matemáticas y de fórmulas. Se imaginan
que si utilizan muchas matemáticas también ellos
serán fuertes. Para crear modelos matemáticos a
partir de la desordenada complejidad de la actividad
humana suponen mercados perfectos. Si la economía se
mantiene estable, puede funcionar.
La
fe en la perfección de los mercados promueve la
desregulación y los recortes de impuestos. Esto
desestabiliza la economía. Por lo tanto, los
economistas contribuyen a crear los desastres que no
existen en sus modelos matemáticos.
Charles Ferguson, que dirigió el magnífico
documental Inside Job, es mucho más cínico. Cree que
los economistas académicos, al igual que los médicos
que favorecen a las empresas farmacéuticas, sacan
tajada favoreciendo los intereses del gran capital.
En el film hace un trabajo maravilloso para
demostrar precisamente esto.
Desde luego, la totalidad del mundo académico –con
la excepción de algunos departamentos de literatura
inglesa– ha pasado a formar parte del nexo
empresarial, bancario, militar y político.
Se
suponía que la torre de marfil estaba por encima de
este asqueroso mundo. Era una de nuestras últimas
defensas en la guerra de clases, un lugar dedicado
al conocimiento por sí mismo y veraz precisamente
por ser auténtico.
Actualmente las universidades persiguen verdades que
alguien esté dispuesto a financiar.
La
verdad de mañana es aquello por lo que hoy se paga.
Fuente:
http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3891 |