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Ni
"revolución islámica" ni "rebelión popular": Egipto
marcha hacia la "democratización" USA-imperial
Por
Manuel Freytas (*)
El objetivo es terminar con el títere, y preservar
la continuidad del titiritero. La "salida
democrática" no es una opción islámica como pregonan
el "progresismo" y la izquierda, sino una opción
concertada entre la Casa Blanca de Obama, los
halcones del Complejo Militar Industrial y la logia
bancaria de Wall Street. Los dueños de Egipto.
[25.02.2011]-Actualizado 9:30 pm Cuba
Ni
"revolución musulmana" ni "rebelión popular", tras
casi tres semanas de protestas callejeras, Egipto
empieza a desaparecer de las pantallas y de los
titulares de los grandes medios internacionales.
Nadie,
ni EEUU ni las potencias imperiales "aliadas", lo
quieren a Mubarak (un títere desgastado y en desuso
de Washington) en el gobierno que ya cumplió su
ciclo y deberá retirarse a gozar de su jubilación.
En un
escenario montado por el Pentágono y el Departamento
de Estado (las líneas matrices que controlan Egipto
y al resto de los Estados árabes "aliados")
Washington negocia entre bambalinas la
"democratización" de Egipto con un amplio abanico de
"fuerzas opositoras" en el cual se incluyen los
"Hermanos Musulmanes", el bastión histórico de la
resistencia contra Mubarak.
En la
práctica, y luego de tres semanas de multitudinarias
protestas, y con el ejército sin orden de reprimir,
solo unos miles de opositores resisten atrincherados
en la plaza Tahrir de El Cairo y piden la renuncia
de Mubarak, convertido (con la bendición de EEUU y
la Unión Europea) en el timonel de la "transición
hacia la democracia".
Con el
ex director de la OIEA, Mohamed Mustafa el-Baradei ,
por el "ala izquierda" con el Departamento de
Estado, y con el brazo local de la CIA, Omar
Suleiman, y con el "ala derecha" del Pentágono, toda
la "oposición" política egipcia tiene su lugarcito
bajo el sol en el nuevo diseño de control de Egipto
con la "salida democrática".
De
esta manera, el país de los faraones se integra al
dispositivo estratégico (aggiornado y corregido) del
proyecto de "remodelación del Medio Oriente"
iniciado por los halcones del lobby judío neocon de
la era Bush con Rumsfeld y Cheney a la cabeza.
La
idea de la Casa Blanca, hoy controlada por el lobby
judío "liberal" con Obama como gerente, es plasmar
en la órbita de sus satélites árabes el "proyecto
democracia" renovando la cara del viejo "orden
armado" y terminando con la figura gastada de los
dictadores al estilo Mubarak que generan odio y
resistencia popular.
Desde
el punto de vista estratégico, las revueltas
callejeras desatadas contra Mubaraken Egipto, tienen
varias lecturas. Incluidas las que alimentan
ingenuamente las hipótesis de una "revolución
musulmana" o de un "levantamiento popular" que
instale en Egipto un régimen alejado del dispositivo
de control imperial que rige en Medio Oriente.
En los
hechos, y más allá de las proclamas voluntaristas de
la izquierda, en Egipto no hay una "revolución
musulmana" contra EEUU, sino una protesta social
para terminar con Mubarak, un títere desgastado que
ya no le sirve al eje EEUU-UE-Israel en sus
estrategia de control regional.
El
objetivo es derrocar al títere, y preservar la
continuidad del titiritero. La "salida democrática"
no es una opción islámica como pregonan el
"progresismo" y la izquierda, sino una opción
concertada entre la Casa Blanca de Obama, los
halcones del Complejo Militar Industrial y la logia
bancaria de Wall Street. Los dueños de Egipto.
Como
sostiene acertadamente el profesor Michel
Chossudovsky en un artículo enGlobal Research: "Las
consignas en Egipto son "Abajo Mubarak, abajo el
régimen". No se habla de carteles contra EEUU… La
influencia decisiva y destructiva de EEUU. en Egipto
y en todo Medio Oriente sigue sin mencionarse".
O sea,
en la práctica más rigurosa del escenario egipcio,
nadie quiere derrocar al dueño del circo (EEUU),
sino voltear al payaso de turno, sacando de la
escena aparente al poder militar, y sustituyéndolo
por el refinado mecanismo (también aparente) del
dominio con el poder "democrático".
De
acuerdo con Chossudovsky, "Las potencias extranjeras
que operan entre bastidores están protegidas contra
el movimiento de protesta. La embajada de EEUU en El
Cairo es una importante entidad política que
invariablemente resta importancia al gobierno
nacional. La embajada no es un objetivo del
movimiento de protesta".
Está
claro entonces, y mirado objetivamente en todos sus
ámbitos de resolución, que en Egipto no hay ninguna
"revolución musulmana", al estilo del Irán de
Komeini de fines de los setenta (ni nada que le
parezca), sino un proceso digitado en todas sus
líneas por la embajada norteamericana y las usinas
operativas de la CIA y el Pentágono, que controlan
la policía y las fuerzas armadas egipcias.
Como
siempre, el clima social y político de la rebelión
callejera contra Mubarak está alimentado por las
líneas convergentes de la política imperial
norteamericana en Medio Oriente con sus
ramificaciones y terminales en Israel y en la Unión
Europea.
Egipto
es un país clave en el dispositivo estratégico
regional del eje USA-UE-Israel. No solamente porque
es el país árabe islámico "aliado" con mayor
potencial militar para contrabalancear la influencia
y el poder militar de Irán, sino porque el país de
los faraones se ha constituido en la mayor base
militar terrestre del Pentágono enclavada en la zona
roja de Medio Oriente.
El
objetivo de la "democratización" (que comienza por
Túnez y Egipto) es terminar con los regímenes
resabios de la era de la "doctrina de seguridad
nacional" e instalar gobiernos títeres legitimados
en las urnas. El propósito evidente es "lavarle la
cara" a las bases del dominio imperial en Medio
Oriente, para neutralizar focos de resistencia
armada en alianza con Irán que puedan desestabilizar
el dominio imperial en la región.
Señala
la BBC: "Los jóvenes que comenzaron a alentar las
protestas en Internet, animados por la caída del
gobierno de Túnez, no han conseguido la salida de
Mubarak, pero algunos cambios son evidentes. En
palabras del presidente de EEUU, Barack Obama:
"Egipto ya no volverá a ser lo que era".
O como
afirma Michel Chossudovsky: "Tanto Hosni Mubarak
como Ben Alípermanecieron en el poder porque sus
gobiernos obedecieron e impusieron efectivamente los
dictados del FMI. De Pinochet y Videla a Baby Doc,
Ben Alí y Mubarak, los dictadores han sido
instalados por Washington. Históricamente en
Latinoamérica, los dictadores fueron colocados en
sus sitios mediante una serie de golpes militares
patrocinados por EEUU. En el mundo actual se hace
mediante "elecciones libres y limpias" bajo la
supervisión de la "comunidad internacional".
"Bajo
los auspicios de Freedom House -continua-,
disidentes egipcios y oponenttes de Hosni Mubarak
fueron recibidos en Mayo de 2008 por Condoleezza
Rice en el Departamento de Estado y el Congreso de
EEUU También se reunieron con el Consejero de
Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Stephen Hadley,
quien fue "el principal consejero de política
exterior de la Casa Blanca" durante el segundo
período de George W. Bush.
"La
captación de los dirigentes de los grandes partidos
de oposición y organizaciones de la sociedad civil
en anticipación del colapso de un gobierno títere
autoritario forma parte de los cálculos de
Washington, aplicados en diferentes regiones del
mundo", agrega el profesor Chossudovsky.
Y se
pregunta: ¿Los titiriteros apoyan al movimiento de
protesta contra sus propios títeres?
"La
remoción de Hosni Mubarak ha estado, durante varios
años, entre los planes de la política exterior de
EEUU.
El
reemplazo del régimen sirve para asegurar la
continuidad, mientras suministra la ilusión de que
ha tenido lugar un cambio político significativo",
afirma Chossudovsky.
En su
opinión, "La agenda de Washington para Egipto ha
sido "secuestrar el movimiento de protesta" y
reemplazar al presidente Hosni Mubarak por otro jefe
de Estado títere, dócil".
En
este escenario, el reemplazo de Mubarak, no es nada
más que la concreción de una estrategia de doble
vía. Crear por un lado una fachada de "apertura
democrática" con elecciones libres y participativas.
Y por otro, legitimar y reforzar el aparato militar
y policial egipcio como reaseguro interno y externo
contra la influencia islámica irradiada por Irán y
los países del "eje del mal".
En
términos estratégicos, el reemplazo del régimen
"militarista" de Mubarak por un gobierno
"democrático" elegido en las urnas significa la
combinación del "poder duro" (El Pentágono) con el
"poder blando" (el Departamento de Estado) dentro de
un dispositivo convergente de control por
"izquierda" y por "derecha".
En
otras palabras, controlar Egipto sin oposición, y
con todos los gatos metidos en una sola bolsa.
Fuente: IAR Noticias
(*)
Manuel Freytas es periodista, investigador, analista
de estructuras del poder, especialista en
inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de
los autores más difundidos y referenciados en la
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