Especulación
internacional con productos agrícolas
Por Umberto Mazzei-Rebelión
[06.02.2011]- Actualización 8:10
pm de Cuba
Henry
Kissinger dijo hace tiempo que quien controla la
comida controla la gente. Dicho de otro modo, el
mundo se somete cuando ve a sus hijos perecer de
hambre. Así sometió a los indígenas que defendían
sus tierras el gobierno norteamericano: exterminó
los bisontes que los proveían de alimento y ofreció
comida en reservaciones. Algo parecido hizo el
gobierno británico para someter a las repúblicas
boer en Sudáfrica: encerró su población civil en los
primeros campos de concentración de la historia y la
dejo perecer de hambre.
El
control global de la alimentación es una aspiración
de los de carteles apátridas que lucran con ella. En
esencia son seis grandes empresas transnacionales
que controlan los precios de compra y de venta de
los productos agrícolas. Los precios de la comida se
fijan en los centros bursátiles de Chicago, New York
y Londres. Algunos países productores defienden a su
población restringiendo la exportación hasta que sea
satisfecha la demanda nacional. Es un objetivo claro
y legítimo: estabilizar los precios internos y
asegurar el abastecimiento propio. Esos precios
nacionales son un testimonio incómodo de los precios
reales y estorban el control total de los mercados.
Estando así las cosas, se reunieron hace unos días,
en Berlín, los ministros de agricultura de 50
países, para debatir sobre el alza, a fines del
2010, de los precios internacionales en los
productos agrícolas básicos. Ante la asamblea, el
infatigable Pascal Lamy, Director de la OMC, hizo
méritos a favor del cartel de la alimentación. Es de
esperar que le den empleo, cuando pierda el suyo. Su
intervención atribuyó el alza record de los precios
internacionales de los productos agrícolas a esos
limites a la exportación que algunos países aplican
. Un caso de lo que en Norteamérica llaman "spin",
que es dismular la verdad con un falso argumento;
una versión del sofisma griego.
"Las restricciones a la exportación son una causa
primaria de la presente y reciente alza súbita en
los precios globales de los alimentos y los países
deberían encontrar otros medios para asegurar el
abastecimiento doméstico" dijo el sábado [22/01] el
jefe de la OMC . "Las restricciones a la exportación
siembran pánico en los mercados cuando diferentes
actores ven subir los precios a velocidad estelar".
¡Sólo faltó que en lugar de pánico dijese terror!
El
Sr. Lamy parece no comprender que la súbita alza de
los precios en productos agrícolas, reportada hace
tres semanas por la FAO (Organización para la
Alimentación y la Agricultura), no puede atribuirse
a unos controles que han estado siempre allí.
Controles que, como él reconoce, son impuestos para
no desabastecer a la población de los países
productores y que – aunque él no lo diga- estabiliza
precios agrícolas nacionales e internacionales. Este
último punto es el que más molesta a los carteles
que manejan el comercio internacional.
La
propuesta del Sr. Lamy para responder de otro modo a
la garantía de alimentos a la gente propia es
engañosa. Dice "se debe aumentar la producción
global de alimentos, más redes de seguridad social,
más ayuda alimentaria y reservas de alimentos y
…exceptuar la ayuda humanitaria de las restricciones
a la exportación."
Miremos lo de aumentar la producción global de
alimentos. Hay países que hoy deben importar
alimentos y antes vivían de sus campos, hasta que
los subsidios a la exportación de los países ricos
arruinó a sus agricultores. Más producción en países
que subsidian empeoraría la crisis rural del Tercer
Mundo. Los altos precios tampoco incentivarían más
producción, porque no obedecen a una mayor demanda
ni benefician a los productores. Quienes fijan y
ganan con esas súbitas alzas de precios son otros.
Un aumento de la producción de alimentos para
estabilizar precios, tendría sentido sólo si sucede
en países que perdieron su autonomía agrícola. Para
eso, es necesario eliminar los subsidios a la
exportación y las ayudas que distorsionan los
precios agrícolas.
Sobre la ayuda alimentaria. Es bueno recordar que es
un instrumento para desplazar y destruir la
producción local. Hay casos en que es una
importación impuesta, como en Guatemala, que debe
aceptar una cuota de "ayuda" aunque no haya
necesidad. Otro ejemplo es Honduras, autosuficiente
en arroz antes del huracán Mish. El desastre liberó
el ingreso a toneladas de arroz norteamericano,
subsidiado al 80%. Los precios no se recuperaron y
la producción nacional murió. Es notorio el caso de
Haití, porque el Presidente Bill Clinton reconoció
su culpa en la destrucción de la agricultura
haitiana, cuando impuso su ayuda alimentaria "manu
militari" y obligó al gobierno de Haiti a obedecer
la receta del FMI y bajar su arancel del 35% al 3%;
pero esos antecedentes no parecen hacer mella en el
Sr. Lamy.
El
Sr. Lamy dijo más adelante, que "es probable que un
resultado de [la Ronda] Doha sea que haya mas
alimentos producidos donde pueda hacerse con más
eficiencia". Allí estaríamos de acuerdo, pero no lo
creemos probable. La Ronda Doha se aceptó por el
mandato de eliminar los subsidios que distorsionan
los precios agrícolas; el resultado sería que
exportaran solo las agriculturas eficientes, que son
casi todas de países en desarrollo. Lo que sucede en
la realidad es que la Ronda Doha está trabada porque
no se quiere disminuir los subsidios y lo que se
pide ahora es más apertura comercial, mas
concesiones en Propiedad Intelectual y Servicios y
menor espacio para políticas económicas nacionales.
La especulación con la comida
El
FMI manda austeridad fiscal a los gobiernos
arruinados por pagar las deudas de sus bancos, pero
omite mencionar los subsidios de la Política
Agrícola Común europea -PAC. Tampoco menciona los
subsidios agrícolas la nueva mayoría republicana del
Congreso USA cuando pide recortes al gasto público.
Hay muchos privilegiados que ganan dinero con ellos.
La austeridad se centra en quitar protecciones
contra la miseria y que coincide con el alza
vertical de precios en los productos alimentarios y
una disminución del empleo.
Esta en obra un proceso de empobrecimiento general
causado por prácticas que enriquecen a los banqueros
y especuladores bursátiles globales. El Sr. Lamy y
los "lideres" del G-20 , que acusan las
restricciones a la exportación por el alza de
precios, deberían estudiar más de cerca esa
especulación que no mencionan y los medios que usa
para hacer subir los precios.
La
teoría economía dice que los precios siguen la
oferta y la demanda. Mientras los humanos tengamos
un solo estómago, no puede subir súbitamente la
demanda de alimentos. ¿Es que nos van a contar, como
en 2008, que los precios subieron por la demanda de
cereales para producir etanol?. Se probó que
mentían. No hubo aumento en la producción de etanol
y los precios bajaron tan súbitamente como subieron,
sin aumentar la producción agrícola. Esta claro que
el hambre de millardos en 2008 fue obra de ávidos
especuladores bursátiles.
Los
diarios establecidos investigan poco y repiten lo
que sale de las bocas más encumbradas. Las sequías o
las inundaciones no son la causa principal de alzas
súbitas y globales de precios. Tampoco las
restricciones a la exportación. Las alzas súbitas
son obra de la manipulación en mercados bursátiles,
que es donde se forman los precios. La existencia
física del bien, como digamos, cereales, no es ni
siquiera necesaria para la formación de su precio,
porque en la realidad los cereales ni se compran, ni
se venden, ni se entregan: se cotizan.
Las
cotizaciones se suelen basar en el índice de los
fondos para productos básicos , que son apuestas
sobre el comportamiento bursátil de valores
agrícolas específicos. La manipulación se coordina
entre agentes bursátiles institucionales,
instituciones financieras y comerciantes globales.
Se apuesta a la suba o a la baja de un producto
específico y luego se manipula el precio para ganar
la apuesta. Para contar la ganancia basta vender
opciones de compra, sin detentar la propiedad de
algún producto existente en alguna parte. También se
puede apostar a la baja, ganando cuando el precio
bursátil colapsa, con el llamado "short selling" .
Del
2006 al 2008 subieron escandalosamente los precios
de los productos básicos, sobre todo en arroz, trigo
y maíz. La tonelada de arroz subió de $600 en 2003 a
$1800 en 2008 . Luego de los disturbios populares
que causaron en el mundo, los precios bajaron tan
rápido como habían subido. Otra prueba de que la
causa no era económica.
El
informe de la FAO dice que los cereales subieron un
32% en la segunda mitad de 2010 y que el índice
compuesto de azúcar, carne, leche, cereales y
oleaginosas superó en diciembre los niveles del
2008. Si no se controla la especulación, esta vez
habrá disturbios en Europa.
El papel del dólar
Una
causa fundamental de la inestabilidad de precios es
la debilidad del dólar. No puede ser la referencia
de valor comercial una moneda que, en cuatro años,
se devaluó un 400% contra el oro y 60% contra el
franco suizo. Esa devaluación causó perdida de poder
adquisitivo a todos los salarios, pensiones y rentas
fijas del mundo, pero también la reducción real de
todas las deudas denominadas en dólares. Por eso,
tampoco es admisible que el país más endeudado del
mundo garantice la estabilidad financiera de los
intercambios comerciales.
Es
una situación que se agrava desde 1971, cuando
Estados Unidos desconoció sus deudas y renegó el
patrón oro. El dinero y valores emitidos desde
entonces por la Reserva Federal y las entidades
financieras que esa respalda sobrepasa largamente el
PIB de Estados Unidos y el mismo Producto Mundial
Bruto; es decir deuda impagable, que Estados Unidos
quebró.
Conclusión
Para que haya estabilidad de precios y recuperación
económica es indispensable que se substituya el
dólar como moneda de referencia y se discipline el
funcionamiento de las bolsas de Londres, New York y
Chicago. Eso lo debieran considerar -y no lo harán-
los capos que se juntan en Davos. Se concentrarán,
como siempre, en recetas de prosperidad excluyente,
inmediata y personal.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso
del autor mediante una licencia de Creative Commons,
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