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El G20
en París: La crisis y los alimentos
Por Julio C. Gambina (especial para ARGENPRESS.info)
[25.02.2011]-Actualizado 9:30 pm Cuba
Entre
el 18 y 19 de febrero en París, bajo la presidencia
francesa para el 2011, se realizó la reunión de
ministros de Finanzas y titulares de los bancos
centrales del G20, con eje en la reforma del sistema
financiero internacional y la volatilidad de los
precios internacionales de las comodities. (1)
Allí
discutieron los administradores gubernamentales del
85% de la riqueza mundial y el 66% de la población
total.
El G20
discute la crisis de la economía mundial, que en la
coyuntura se manifiesta con "la subida de los
precios de las materias primas, el potencial
sobrecalentamiento de las economías emergentes y los
problemas de deuda soberana en los países avanzados"
(2), para decirlo en el lenguaje del poder mundial.
Al
poder le preocupa el efecto "rebeldía" producido en
África con la suba de los alimentos y la emergencia
de un bloque de países que pueda disputar la
hegemonía capitalista, o limitarla, desde un ciclo
de dos velocidades.
Por un
lado, en el 2008, última alza importante en los
precios internacionales de los alimentos se
registraron movilizaciones y protestas en Egipto
(3), las que fueron contenidas con la baja
transitoria sucedida en el siguiente año, tiempo de
la recesión mundial (claro que también con
represión). Con el alza actual de los precios
internacionales, especialmente del trigo, y el
ajuste que pretendió el gobierno de Egipto, el
resultado fue una gigantesca movilización que cambió
el escenario político del país y la región. Ya no
alcanzó la represión y muerte, habilitando un debate
sobre el presente y el futuro más allá del país y la
región.
Por
otro lado, la recuperación económica desde el piso
recesivo del 2009 se verifica durante el 2010, con
claros problemas para expresarse del mismo modo en
todas las regiones y países. Desde comienzo del 2010
se hizo evidente la continuidad y profundización de
la crisis en Europa, evidenciando tiempos y ritmos
disímiles de reactivación. Es un proceso diferente
en el Norte y en el Sur. El consenso es que la
mayoría de las economías avanzadas está
experimentando un crecimiento modesto, con alto
desempleo, mientras que las "economías emergentes"
están experimentando un crecimiento más robusto y
algunas de ellas "signos de recalentamiento". El
director general del FMI, Dominique Strauss-Khan,
presente en la reunión, ha subrayado que "una
reactivación mundial a dos velocidades está ya en
curso" (4), refiriéndose así al desequilibrio entre
países ricos y países emergentes que se pretende
corregir en esta cumbre.
El G20
alude a riesgos por "las tensiones en los mercados
de deuda soberana de las economías avanzadas". En
efecto, la deuda externa pública de EEUU alcanza a
3,5 billones de dólares (5), que se extiende a más
de 13 billones sumando la pública y la privada,
constituyéndose en el 100% del PBI estadounidense
(6). Si se añade la deuda de los países europeos y
Japón nos encontramos con un cuadro de compromiso
importante con riesgo de profundizar la crisis en
curso.
En el
cónclave de ministros hubo preocupaciones por las
presiones inflacionarias asociadas al crecimiento de
algunos países, por los fuertes flujos de capital en
dirección de algunos "emergentes" que pueden generar
"burbujas". Sin duda remite a China, a quien se
presiona para que aprecie su moneda, exporte menos y
se comprometa con compras al capitalismo
desarrollado para ayudarlos a superar el lento
crecimiento luego de la recesión del 2009. La
preocupación por la inflación está asociada al
crecimiento de los precios de los alimentos y el
impacto entre los más pobres y su conflictividad.
Otra
de las motivaciones de los organizadores apuntó a
fijar una regulación financiera que proteja al
sistema económico en su conjunto, para lo cual
propusieron un fortalecimiento del papel del FMI
como entidad rectora del sistema mundial. No alcanza
con la verificación de corresponsabilidad del
organismo en la crisis actual, sino que se reincide
en afirmar su papel, poniendo de manifiesto el
interés del poder mundial en la continuidad del
proceso de liberalización de la economía.
Las
propuestas tipo Tasa Tobin son tardías y apenas
"parche" en la realidad de generalización
especulativa vigente. Una cosa era su fundamentación
al comienzo de los 70´ por su mentor (James Tobin)
para "poner un grano de arena a los engranajes
financieros" que anticipaban la especulación que
llevará a las burbujas posteriores, sus explosiones,
y la crisis actual. Otra también es el momento de
resignificación de la propuesta por la red ATTAC en
todo el mundo a fines de los 90´, que actuó como
propuesta educativa sobre lo que se podía y debía
hacer. Ahora, no alcanza con un impuesto, y la
necesidad apunta a desarmar la institucionalidad de
la especulación asociada a paraísos fiscales y
ganancias sustentadas en la superexplotación de la
fuerza de trabajo y la destrucción de la naturaleza.
La
continuidad de la crisis
La
presidencia de la reunión, para afrontar la crisis
que sufren directamente los países más desarrollados
del capitalismo, pretendía definir indicadores para
el crecimiento, e incidir en la reforma del sistema
monetario internacional y en la regulación
financiera a favor de la liberalización que demanda
el capital más concentrado. Ese fue el marco para
analizar la volatilidad de los precios y la
propuesta para regular los derivados sobre materias
primas.
El
objetivo del G20 sigue siendo la crisis de la
economía mundial, en una semana donde el Banco
Central de Portugal anunció la recaída en recesión
de ese país, y cuando el Banco Mundial ratifica el
menor crecimiento de la economía mundial (7). No hay
recesión, pero si desaceleración (8). Por ello las
preocupaciones siguen concentradas en "nivelar los
desequilibrios comerciales globales", llamar la
atención sobre "las elevadas deudas de los países
capitalistas desarrollados", y el "auge de los
precios de los productos agrícolas".
Lo que
los países capitalistas desarrollados pretenden es
salir de la crisis de desaceleración de sus
economías vendiendo más y comprando menos, superar
el déficit comercial y disminuir el superávit
comercial de países como China, Brasil u otros
emergentes. Buscan definir "indicadores económicos
para medir los desequilibrios mundiales".
Pretenden que los países no acumulen reservas y que
gasten la que tienen acumulada, unos 52.000 millones
de dólares para el caso argentino, y más de 500.000
millones de dólares para la región latinoamericana.
Ni que hablar de los 3 billones de dólares que
mantiene China como reservas internacionales.
El
objetivo de la reunión era nivelar los
desequilibrios comerciales globales y el auge de los
precios de los productos agrícolas. Desde las
autoridades francesas se buscó definir "indicadores
económicos para medir los desequilibrios mundiales",
impedido por reticencias de los países "emergentes",
con China a la cabeza. Se proponían cuatro
criterios: dos para medir los desequilibrios
internos de un país (déficit y deuda públicos de un
lado, ahorro privado del otro) y dos para los
desequilibrios externos (saldo de la balanza de
cuenta corriente o de la balanza comercial, y
reservas cambiarias y tipos de cambio reales). China
rechaza subordinarse a esa estrategia, sustentado en
el poder de sus exportaciones y capacidad
productiva, habiéndose colocado como el segundo PBI
mundial, superando a Japón y a Alemania, relegados
al tercer y cuarto lugar entre los países de mayor
creación de riquezas. La solución de compromiso de
avanzar con indicadores de referencia sin capacidad
disciplinadora da cuenta de la vulnerabilidad del
sistema mundial y la incapacidad de la hegemonía
mundial en el G20 para "ordenar" el capitalismo en
crisis.
Argentina y Brasil, entre los mayores productores y
exportadores mundiales de alimentos, se oponen a
cualquier propuesta de regular los precios de las
materias primas. "Lo que nosotros vamos a defender
es la posición de Argentina -que también es la que
lleva Brasil- respecto a que no es una buena
propuesta intentar que nuestros países no cobren los
precios que los mercados dan por los bienes que
producimos" (9), anticipó Amado Boudou, Ministro de
Economía de la Argentina. En la misma nota se lee
que si Francia piensa "que hay que aumentar la
oferta de alimentos, no va a ser por este camino por
el cual se va a lograr". Según la misma fuente,
señaló que Argentina "viene haciendo un fuerte
aporte, sobre todo en África, en lo que es
transferencia tecnológica y para que lleguen las
técnicas de producción de alimentos a otros países".
Agreguemos, que además de los temas de agenda del
G20, uno de las motivaciones de Amado Boudou en
París, pasa por avanzar en las negociaciones con el
Club de París, una deuda externa de la Argentina que
se mantiene impaga y que puede terminar acrecentando
obligaciones a cubrir en el corto plazo con el
presupuesto público por 7.500 a 9.000 millones de
dólares. Vale mencionar que existe un espacio
nacional conformado por legisladores, personalidades
y movimientos sociales que demandan considerar a esa
deuda como odiosa, por haber sido contraída
mayoritariamente en tiempos de la dictadura.
Está
claro que la presencia argentina en el debate del
G20, del mismo que la de Brasil y otros países
"emergentes" están asociados a la disputa por un
lugar en la división social "capitalista" del
trabajo.
Hay
que interrogarse si ello supone solución a las
demandas sociales más extendida, por trabajo y
salario, y más aún por un modelo productivo y de
desarrollo de carácter alternativo al hegemónico
actual.
Los
franceses en la presidencia del G20 son los
principales impulsores de regulaciones restrictivas
al precio de las materias primas y al
establecimiento de estrictos indicadores económicos,
al tiempo que asignan primacía al fortalecimiento
del FMI como ordenador del sistema financiero
mundial. China, Brasil o Argentina defienden su
posición de países superavitarios del comercio
mundial, con importantes reservas.
Es
más, contrario a esa orientación, Argentina
desarrolla en la actualidad una política económica
de restricción a las importaciones, exceptuando a
las provenientes de Brasil y Uruguay, privilegiando
las relaciones con los vecinos del Mercosur, pero
intentando mantener mayores exportaciones que
importaciones, más allá del necesario debate
escamoteado sobre qué tipo de productos son los que
determinan el comercio internacional de la
Argentina, tanto importaciones como exportaciones.
China se resiste a la revaluación de su moneda, el
yuan, y es conocida la política brasileña de fuerte
asistencia estatal en defensa de sus empresas
industriales.
Pero
no solo alimentos o cuestiones monetarias explican
las contradicciones de estos países con los
poderosos del mundo. China que ocupa un lugar
estratégico en el manejo de los "minerales raros" no
atiende las demandas contra su política económica.
En un mensaje reciente de Fidel Castro a los
intelectuales, dado en la Feria internacional del
Libro de La Habana difundido el 15 de febrero del
2011 por la TV cubana y que puede verse en youtube,
el Jefe de la revolución cubana destaca el vínculo
estrecho entre el cambio climático y el precio de
las materias primas. (10)
Por su
parte, Leonardo Boff nos desafía a pensar que "El
futuro se juega entre quienes están comprometidos
con la era tecnozoica con los riesgos que encierra y
quienes, asumiendo la ecozoica, luchan para mantener
los ritmos de la Tierra, producen y consumen dentro
de sus límites y ponen su interés principal en
perpetuarse y en el bienestar humano y de la
comunidad terrestre". (11)
En una
carta a la presidenta argentina se reflexiona sobre
el país "devastado" y de la responsabilidad de
"nuestros gobernantes desde hace décadas, desde los
milicos y antes de los milicos y después de los
milicos, que es lo grave." Tanto como el hecho de
"congelar nuevamente la Ley de Glaciares, para
muchos de nosotros es inexplicable ese entusiasmo
por la minería a cielo abierto, que es la próxima
catástrofe de la Argentina." Concluye destacando que
"El territorio argentino está siendo arrasado,
Señora. Lo recorro año a año; veo el deterioro.
Cambia nuestra geografía, peligran las aguas, los
bosques, ahora las montañas. La minería a cielo
abierto es un crimen y en muchos países está
prohibida. Igual que la soja transgénica." (12)
Las
transnacionales van detrás de los recursos naturales
y los bienes comunes, la tierra, el agua, y cuentan
con la solidaridad de sus Estados de origen para sus
demandas, y por eso buscan restricciones al precio
de las materias primas. La sola mención de
tratamiento del tema indujo una baja en las
cotizaciones de la soja, del trigo y el maíz, entre
otros productos agrícolas. Ni Argentina ni Brasil
están dispuestos a resignar el precio de mercado de
los bienes que producen.
Es un
debate que coloca en el centro de la discusión la
crisis alimentaria, que de un lado tiene el aumento
de la producción de alimentos y del otro el
mantenimiento y agravamiento del hambre de millones
de personas.
La
crisis alimentaria
La
explicación debe encontrarse en el modo de
producción actual, donde las transnacionales de la
alimentación y la biogenética se encuentran al mando
de un ciclo productivo global que subordina el
conjunto de la producción mundial, favoreciendo
cierto consumo, despoblando el campo, y condenando
al hambre a millones de personas. Basta pensar en la
extensión sojera en nuestro país y en los países del
Mercosur para verificar la hipótesis.
Los
movimientos sociales agrarios articulados en la red
mundial "vía campesina" (13) demandan un nuevo
modelo productivo agrícola sustentado en la
agricultura familiar para que las comunidades
aseguren su sustento y solo exporten el excedente.
Nuestros países están entre mantener el modelo
definido por las transnacionales y las nuevas
presiones del capitalismo desarrollado motorizadas
desde el G20, o definir otro rumbo productivo, lo
que supone otro modelo de desarrollo para otro país
y para otro mundo, consigna que define
sintéticamente el programa del Foro Social Mundial.
Siguiendo el razonamiento de "vía campesina" (14),
la explicación de la contradicción entre el aumento
de la producción agraria y el hambre, está en el
control "oligopólico que unas pocas empresas tienen
del comercio agrícola mundial, de los principales
productos, como: soya, maíz, arroz, trigo, leche y
carnes; pues ellas imponen un precio,
independientemente del costo real de producción". A
ello adicionan el impacto de la "especulación" con
la compra de títulos, por ejemplo, sobre "las
próximas siete cosechas de soya del mundo" y la
inversión de bancos "en mercancías agrícolas, para
protegerse de la crisis general". Agregan que "La
producción agrícola de agrocombustibles",
sustentados en precios del petróleo en alza,
"termina empujando la tasa medía de ganancia en la
agricultura".
La
combinación del monopolio de las transnacionales de
la alimentación y la biogenética, con la
especulación y la utilización de alimentos para la
producción de energía y consumo de animales, eleva
el costo de la producción remanente para consumo
humano. El modelo de consumo derivado del modo de
producir agricultura y ganadería en este comienzo
del Siglo XXI está contribuyendo a sustentar una
revolución agrícola al tiempo que incrementa la
insatisfacción proteica de millones de personas en
el mundo agravado el cuadro de desigualdad que hoy
reconocen todos los estudios sobre el tema.
Convengamos que la institucionalidad global (OMC y
otros) y las legislaciones nacionales se han ido
adecuando para favorecer este modelo productivo. No
puede pensarse en la extensión de la capacidad de
producción y exportación de soja en Argentina (15),
por ejemplo, al margen de las reformas neoliberales
de los 80´ y los 90´, especialmente con la
autorización para la producción transgénica en la
segunda mitad de la década pasada. La pelea por las
patentes en el plano internacional explica el
interés de la dominación transnacional en la
innovación a todo nivel. Existe una dialéctica
virtuosa entre los cambios jurídicos impulsados por
las políticas hegemónicas de cuño neoliberal de los
90´, aplicadas en los países del cono sur de
América, con la expansión de la frontera agrícola
del ciclo de la soja. Es al mismo tiempo una
dialéctica viciosa que afecta otros desarrollos
productivos, como los de la carne, induciendo el
modelo de los feedlot (engorde intensivo), la
exportación vinculada al ascenso de los precios de
los mejore cortes, con los consiguientes
encarecimientos de los precios y restricciones al
consumo de carne de sectores de menores recursos.
La
consecuencia de este proceso según Bruneto y Stedile
es que "En las últimas dos décadas con el proceso de
internacionalización del capital y de las empresas
capitalistas, los precios de los alimentos se
internacionalizaron. Esto determina que los
parámetros de producción y de los precios no son más
el costo real de producción de alimentos en cada
país, sino que se establece un precio medio mundial,
controlado por las empresas, que excluye
completamente otras formas de producción, locales,
campesinas, etc." Concluyen señalando que "la lucha
por la soberanía alimentaria que los movimientos de
la Vía Campesina en todo el mundo adoptaron como
prioridad es más que correcta, es necesaria y
urgente". (16)
Necesidad de cambios estructurales
El
problema es que no puede escindirse la crisis
contemporánea de la integralidad de funcionamiento
del sistema capitalista, y que las medidas que
discute o anuncia el poder mundial, expresado por el
G20 son funcionales a mantener y desarrollar el
capitalismo en esta época.
El
capitalismo empuja la liberalización y el
crecimiento económico a costa de la sociedad,
especialmente de sus trabajadores, y por eso se
mantiene elevado el desempleo. No es efecto no
querido, sino consecuencia directa de la forma que
asume la explotación en nuestro tiempo. Ello supone
la disminución absoluta y relativa del ingreso de
los trabajadores promoviendo una mayor desigualdad.
Algo que se pone de manifiesto con el avance del
consumo suntuario favorecido por una gigantesca
intervención de los Estados nacionales para promover
el salvataje de empresas en crisis entre 2008 y
2010. Pero no solo a costa de la sociedad, sino
también de la naturaleza, expresado entre otras
cuestiones en el efecto invernadero por la emanación
recurrente de gases tóxicos derivados del modo
concreto de producción.
El
fracaso del G20, no solo en este encuentro de París,
sino en todas sus cumbres anteriores es reflejo de
la imposibilidad de resolver la crisis alimentaria,
energética, ambiental, financiera y económica, sin
resolver integralmente la cuestión, lo que impone
una crítica profunda al orden capitalista y a la
necesidad de pensar en otro orden social para
satisfacer las necesidades de la población mundial.
Notas:
1)
"Bienvenidos a la presidencia francesa del G20"
Consultado el 19 de febrero de 2011 en:
http://www.g20.org/index.aspx
2) "El G20 ve el precio de materias primas y la
deuda como lo mayores riesgos". Miércoles, 16 de
Febrero de 2011. Consultado el 19 de febrero de 2011
en Latindad, Red Latinoamericana sobre Deuda,
Desarrollo y Derechos:
http://www.latindadd.org/index.php?option=com_content&view=article&id=1371:el-g20-ve-el-precio-de-materias-primas-y-la-deuda-como-lo-mayores-riesgos&catid=38:noticias&Itemid=114
3) Héctor Huergo. "La nueva arremetida de los
precios", Clarín, suplemento rural del sábado 19 de
febrero de 2011, página 3. El autor sostiene que
"Hay un denominador común en la crisis política que
agita a los países del norte de África y Medio
Oriente. Es el alto precio de los alimentos, en
especial del trigo. Ya había habido agitación social
en Egipto en el 2008, cuando se dispararon los
precios de los granos."
4)
"Primera reunión del G20 en París bajo presidencia
francesa". En rfi, publicado el viernes 18 de
febrero de 2011 y consultado el 19 de febrero de
2011, en:
http://www.espanol.rfi.fr/economia/20110218-primera-reunion-del-g20-en-paris-bajo-presidencia-francesa
5) Eric Toussaint. "Crisis Global. Del Norte al Sur
del planeta: la deuda en todos sus estados". Versión
provista por el autor de la conferencia dictada en
Ecuador, en la sede del Banco Central, el 27 de
enero del 2011.
6) http://www.bea.gov/
7) "El Banco Mundial prevé una desaceleración del
PIB mundial en 2011. Alerta de la amenaza para el
crecimiento de los problemas del sector financiero
en algunos países de ingreso alto". En Finanzas.com
del 13 de enero del 2011, consultado el 19 de
febrero del 2011 en:
http://www.finanzas.com/noticias/economia/2011-01-13/411362_banco-mundial-preve-desaceleracion-mundial.html
8) Ib. La previsión para el 2011 es 3,3% del PBI
mundial contra un 3,9% del 2010. "…el organismo
estima un mayor crecimiento de los países en
desarrollo -al 7% en 2010, 6% en 2011 y 6,1% en
2012-, superando así a los países de ingreso alto,
que se proyecta llegarán a niveles del 2,8% en 2010,
2,4% en 2011 y 2,7% en 2012. Así, el Banco Mundial
considera que la economía mundial se desplaza desde
una fase de repunte posterior a la crisis hacia un
crecimiento lento…"
9) Argentina se opondrá en el G-20 a regular los
precios de las materias primas. Diario Clarín,
Suplemento económico IEco del 17 de febrero de 2011,
consultado el 19 de febrero de 2011 en:
http://www.ieco.clarin.com/economia/Argentina-G-20-regular-precios-materias_0_214500016.html
10)
http://www.youtube.com/watch?v=hWcasFrlkxI
11) Leonardo Boff. El difícil paso del tecnozoico al
ecozoico. Difundido por el Servicio Informativo "Alai-amlatina"
el 18 de febrero del 2011. Tecnozoico alude a un
tiempo de utilización de la ciencia y la técnica
para explotar recursos naturales en beneficio de
unos pocos y ecozoico, relativo a mantener la
vitalidad y equilibrio de la tierra.
12)
Mempo Giardinelli. Sobre mentiras y naturaleza.
Carta abierta a la presidenta. En Página 12, del 15
de febrero de 2011, consultado el 20 de febrero de
2011 en:
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-162379-2011-02-15.html
13)
http://www.viacampesina.org/sp/
14) Egidio Bruneto y Joao Pedro Stedile. Militantes
del MST y de la Vía Campesina. Las causas del
aumento de precios y de la crisis alimentaria en el
mundo (Traducción Minga Informativa de Movimientos
Sociales). En:
http://www.movimientos.org/show_text.php3?key=18963
15) Para 1993 la extensión sembrada de soja para las
principales provincias productoras era de 5.300.000
has, ascendiendo a 10.200.000 has en 2001. Para el
conjunto del país era de 14.500.000 en 2003-04 y
16.600 en 2007-08. Fuente INDEC, consultado el 19 de
febrero de 2011, en:
http://www.indec.mecon.ar/ Se estima un total de
20 millones de has para la cosecha actual.
16) Ib.
Julio
C. Gambina es Profesor de Economía Política en la
Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de
Rosario, UNR. Profesor invitado en posgrado en
diversas Universidades de Argentina y el exterior.
Presidente de la Fundación de Investigaciones
Sociales y Políticas, FISYP. Integrante del Comité
Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias
Sociales, CLACSO. |