|
El
presupuesto de Obama congelará a los pobres
Por Amy Goodman (DEMOCRACY NOW!)
[25.02.2011]-Actualizado 9:30 pm Cuba
Esta
semana, el Presidente Barack Obama hizo público su
presupuesto para 2012 y orgulloso, pronunció las
siguientes palabras: "Pedí que se congelara el gasto
interno anual en los próximos cinco años. Este
congelamiento reduciría el déficit en más de 400.000
millones de dólares durante la próxima década y
llevaría este tipo de gasto –el gasto discrecional
nacional- al menor nivel de nuestra economía desde
la presidencia de Dwight Eisenhower".
Presten atención a la palabra "congelar". Eso es
precisamente lo que podría sucederle a mucha gente
si este presupuesto es aprobado tal cual fue
propuesto. Mientras el gasto de defensa aumenta,
luego de que el Pentágono realizara su mayor pedido
de financiamiento desde la Segunda Guerra Mundial,
el presupuesto propone recortar a la mitad el
programa denominado Programa de Asistencia
Energética a Hogares de Bajos Ingresos (LIHEAP, por
sus siglas en inglés).
El
programa LIHEAP ofrece fondos federales a los
estados para que éstos puedan ayudar económicamente
a hogares de bajos ingresos y así satisfacer sus
necesidades energéticas, principalmente calefacción.
La mayoría de los beneficiarios de este programa son
personas de la tercera edad o discapacitados. El
programa tiene actualmente un financiamiento de
5.000 millones de dólares y Obama está pidiendo que
se reduzca a 2.570 millones –casi la mitad-. Este es
un programa de vida o muerte porque literalmente
puede evitar que la gente se muera de frío y
representa menos de la décima parte del 1 por ciento
del presupuesto anual de 3,7 billones de dólares que
fue presentado.
Comparemos esta cifra con el presupuesto militar
presentado. "Gasto de defensa" es una denominación
incorrecta. Hasta 1947-48, el nombre oficial del
Pentágono era (correctamente) Departamento de
Guerra. En el presupuesto dado a conocer el Día de
San Valentín, el Departamento de Defensa solicita
553.000 millones de dólares como presupuesto base,
más un aumento de 22.000 millones con respecto a la
asignación presupuestaria de 2010. La Casa Blanca
solicitó lo que denomina "78.000 millones" en
recortes, que el Secretario de Defensa Robert Gates
está considerando. Pero como señala el Institute for
Policy Studies: "El Departamento de Defensa habla de
recortar su propio presupuesto –78.000 millones en
cinco años- y la mayoría de los medios toman esto al
pie de la letra, pero no deberían hacerlo. El
Pentágono sigue con la costumbre de planificar
aumentos ambiciosos, para luego bajarlos y denominar
esto un recorte".
El
presupuesto de 553.000 millones de dólares del
Pentágono ni siquiera incluye los gastos de guerra.
Para mérito de Obama, los mismos están de hecho en
el presupuesto. Recuerden cuando el Presidente
George W. Bush se refirió varias veces a los gastos
como necesidades de "emergencia" y presionó al
Congreso para que aprobara fondos complementarios
por fuera del proceso presupuestario habitual.
Sin
embargo, el gobierno de Obama le dio a las guerras
de Irak, Afganistán y Pakistán el apodo orwelliano
de "Operaciones de contingencia en el extranjero" y
solicita 118.000 millones de dólares.
Si
sumamos a esto los 55.000 millones para el Programa
Nacional de Inteligencia (un punto del presupuesto
cuya cantidad nunca antes había sido revelada, según
el experto del gobierno en asuntos secretos Steven
Aftergood), el presupuesto militar/de inteligencia
dado a conocer públicamente estaría en el orden de
los tres cuartos de billón de dólares.
El
presupuesto de 216 páginas que presentó el
Presidente Obama no menciona ni una sola vez al
Pentágono. Sin embargo, menciona el nombre del
Presidente Eisenhower. En dos oportunidades le
atribuye a Eisenhower la creación del sistema
nacional de autopistas interestatales y, como ya se
mencionó, hace alarde de la propuesta de congelar el
gasto: "Este congelamiento sería el mayor esfuerzo
destinado a restringir el gasto discrecional de los
últimos 30 años, y para 2015 disminuiría los fondos
discrecionales para gastos no relacionados con la
seguridad como parte de la economía, al nivel más
bajo desde que Dwight Eisenhower fue Presidente".
Si
Obama va a referirse a su predecesor, debería
aprender de la advertencia profética de Eisenhower,
pronunciada en su discurso de despedida de 1961:
"Nos hemos visto obligados a crear una industria
armamentista permanente de enormes proporciones.
Tres millones y medio de hombres y mujeres
participan directamente en el establecimiento de
defensa. La influencia total—económica, política e
incluso espiritual—se siente en cada ciudad, en cada
capitolio estatal, en cada oficina del gobierno
federal. Reconocemos la necesidad fundamental de
este desarrollo. Sin embargo debemos entender sus
graves repercusiones. En los consejos del gobierno
debemos tratar de evitar que el complejo
militar-industrial adquiera influencia
injustificada, ya sea buscada o no. Existe y seguirá
existiendo potencial para que haya un aumento
desastroso del poder en manos inadecuadas".
Otro
discurso de Eisenhower que debería guiar a Obama fue
pronunciado en abril de 1953, ante la Sociedad
Estadounidense de Directores de Periódicos, apenas
dos semanas después de que asumiera como presidente.
En ese discurso, el general devenido presidente,
dijo "Cada arma que se fabrica, cada buque de guerra
que se echa al agua, cada cohete que se dispara
significa en última instancia un robo a quienes
padecen hambre y no tienen alimento, a quienes
tienen frío y no tienen abrigo".
Estamos viviendo uno de los inviernos más fríos en
la historia. Una de cada ocho personas en Estados
Unidos utiliza cupones alimenticios, lo que
representa el mayor porcentaje en la historia.
Muchos otros también carecen de asistencia de salud,
a pesar de los beneficios iniciales de la ley de
reforma del sistema de salud aprobada el año pasado.
Los
estadounidenses tienen frío, hambre y están
desempleados. Al aumentar el gasto militar, que ya
es superior a todos los presupuestos militares del
mundo tomados en su conjunto, simplemente estamos
llevando ese sufrimiento al exterior. Deberíamos
tener claro cuáles son nuestras prioridades.
Denis
Moynihan colaboró en la producción periodística de
esta columna. |