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Cuándo
Por
Ariel Terrero
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www.cubaprofunda.org
[16.03.2011]-Actualizado 8:40 pm Cuba
Pocas
veces un documento programático ha ofrecido tantas
respuestas en tan breve espacio. Aunque se está
reiterando en su debate que algún que otro sector o
actividad merecería mención explícita, el Proyecto
de Lineamientos de la Política Económica y Social
del Partido y la Revolución plantea metas y desafíos
a la nación cubana, con abundancia, síntesis y
precisión simultáneas, dignas de un libro de
aforismos asiáticos o de un manual militar. Pero
inevitablemente genera interrogantes en proporción
mayor a las propuestas que hace.
¿Cómo
lograr esto o aquello? ¿Hasta dónde llegar? ¿Cuáles
serán las consecuencias? ¿Cuándo se tomará una u
otra decisión? ¿Cuándo saldrá el sol? ¿Cuándo? En
las asambleas populares golpea, en particular, la
incertidumbre ante los plazos.
El
Proyecto de lineamientos define principal mente
estrategias económicas: qué hacer. Los pasos y
recursos tácticos para avanzar en las direcciones
que finalmente apruebe el Congreso del Partido
Comunista de Cuba, los irán elucubrando luego, en
cada recodo del camino, los protagonistas de la
economía. Es el cómo.
Más
difícil es anticipar lapsos. En la introducción el
documento establece el quinquenio 2011-2015 para
resolver problemas severos: desde la explotación de
los suelos agrícolas, las plantillas infladas y la
baja productividad del trabajo, por ejemplo, hasta
devolver méritos al salario. Precisa también un
corto plazo para reequilibrar las finanzas y dar
“respuestas a los problemas de mayor impacto
inmediato en la eficiencia económica”, y un plazo
más largo para soluciones que hagan sostenible el
desarrollo.
En
otros casos, los lineamientos son necesariamente más
cautos: en el quinquenio solo se comprometen a
“realizar los estudios” o avanzar hacia la
eliminación de la dualidad monetaria.
Las
interrogantes de los debates expresan muchas veces
ansiedad de doble y opuesto signo: apuro por ver,
palpar y mascar ya resultados de medidas emprendidas
o anunciadas —en la agricultura o en materia de
salarios, verbigracia—, y recelo frente a otros
cambios, de más lenta digestión.
Después de medio siglo bajo el imperio de la bodega
y el racionamiento, la piel se les eriza a muchos
compatriotas cuando leen el lineamiento 162:
“Implementar la eliminación ordenada de la libreta
de abastecimiento, como forma de distribución
normada, igualitaria y a precios subsidiados…”
Las
dudas, y sobre todo las dificultades para imaginar
un futuro sin la libreta, lastran el voto popular
contra ella, pese a constituir un símbolo de
carencias y abono del mercado negro. ¿Cómo será el
consumo sin las garantías que ofrece el
racionamiento?
¿Cuándo saldrá de circulación? Reiteradamente, en
las asambleas brotan voces que reclaman una salida
gradual, muy gradual.
En lo
personal, me alegraría si desaparece mañana mismo,
en tanto pienso que el entierro de la libreta
ocurrirá solo como expresión de una salud económica,
avances y condiciones que requerimos con urgencia:
sólida ampliación en la producción y oferta de
alimentos y alza rotunda de los salarios —en
frecuencia con una mejoría similar de la
productividad—, para que los cubanos podamos asumir
la compra de la canasta básica sin la mediación de
subsidios estatales.
El
sistema cubano de racionamiento y subvención de
alimentos protege por igual —otra manifestación del
igualitarismo paralizador— a la familia necesitada y
a los ciudadanos de más ingresos; al que trabaja y
al que no trabaja. Una revolución sería pasar a un
mecanismo para subsidiar personas, en lugar de
productos. Permitiría al Estado emplear con más
puntería los onerosos gastos que hoy destina a la
red de bodegas.
Por la
venta de alimentos normados, el Gobierno recauda hoy
solo la octava parte de los 26 mil millones de pesos
del gasto total que implica. Eso significa que, sin
subsidios, un consumidor adulto en la capital
tendría que pagar unos 140 pesos por la cuota de un
mes, en lugar de los cerca de 17 pesos que
desembolsa hoy.
Si
añadimos que 140 pesos constituyen alrededor de un
tercio del salario medio en Cuba y la cuota actual
es insuficiente para cubrir las necesidades de
nutrición, entonces no puedo menos que cavilar
imposible el fin de la libreta este año. El cambio
hacia una distribución sin subsidios debe ir de la
mano de una recuperación de la economía nacional y
de transformaciones en otras áreas —la política
laboral, por ejemplo— que propicien una mejoría de
los salarios. Y todo eso —es una idea más del
debate— tomará algún tiempo, por más que unos
quieran, u otros teman, lo contrario.
2011-02-03 |