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El 20 de marzo es
jornada mundial de solidaridad con la lucha de los
pueblos árabes
Por
Julio C. Gambina
[25.03.2011]-Actualizado 9:50 am Cuba
El
capitalismo aprende de su experiencia y el comando
centralizado de la economía mundial, el G7, no dejó
caer a la economía japonesa en esta primera semana
de actividad económica retraída luego del terremoto,
del tsunami y la explosión de una de sus centrales
nucleares.
La
pérdida de la economía japonesa es gigantesca, aún
difícil de evaluar, con fábricas que paulatinamente
retoman sus procesos productivos y el Banco de Japón
que destinó más de 600.000 millones de dólares para
sostener la moneda japonesa. Es un accionar
realizado en conjunto y de común acuerdo con las
autoridades monetarias y económicas de los
principales países del capitalismo desarrollado, los
que salieron a sostener a uno de los suyos,
impidiendo la desvalorización del yen.
Recordemos que Japón es parte del G7 y que la crisis
japonesa se suma a los problemas de la economía
mundial que no termina de superar la recesión y
desaceleración estadounidense del 2008 y 2009, o de
Europa
exacerbado durante el pasado año. ¿Cuánto será el
costo del salvataje japonés? Es el interrogante de
estas horas, en simultáneo con la incertidumbre
sobre el impacto en las cifras de recuperación de la
economía mundial para el presente año.
Desde
el G7 existe preocupación para retomar el ritmo de
crecimiento y el programa de fondo de la
liberalización de la economía, para sostener su
modelo productivo jaqueado por la crisis alimentaria,
energética, financiera, de importantes deudas en los
principales países del capitalismo mundial.
Por
eso actúa el G7 en Japón, y también en Libia.
Es que
son los mismos países que integran y lideran el G7
los que lanzaron el ataque militar contra Libia:
EEUU, Gran Bretaña y Francia, preocupados todos
ellos por el insumo estratégico, el petróleo, del
cual los libios son importantes productores.
Son
los mismos países que vienen negociando con Ghadafi
en los últimos años, realizando negocios en
conjunto, y que ahora ven la posibilidad de
asegurarse el aprovisionamiento petrolero, en
momentos de estancamiento en las reservas petroleras
mundiales, que exigen su control para mantener el
consumismo que alienta el modelo productivo del
capitalismo contemporáneo.
El
ataque militar a Libia se ordena cuando la rebelión
de los pueblos árabes se extiende desde que se
iniciaron las luchas de los pueblos en el norte de
África.
Hoy,
20 de marzo, es precisamente día mundial de protesta
en solidaridad con las luchas de los pueblos árabes.
Fue una fecha asignada por la Asamblea de los
Movimientos Sociales reunida en Dakar, Senegal
cuando en febrero pasado se reunió el Foro Social
Mundial.
Los
temas son preocupantes y en Argentina y América
Latina debiéramos tomar nota, pues no solo hay
agresión militar sino que hubo congelamiento de
fondos libios, que llevó al presidente venezolano a
denunciar la apropiación indebida de las reservas
internacionales de Libia por 200.000 millones de
dólares, lo que calificó como un "robo, un saqueo,
aprovechándose de un conflicto interno en Libia". El
banco Mundial no informa sobre Libia y otros países
“por falta de datos”.
Nuestro país y toda la región debieran pensar en
estrategias alternativas para el manejo soberano de
las reservas internacionales.
A
Libia se las pudieron congelar, incautar, o
apropiar, por estar invertidas en activos externos
de los principales países capitalistas, sea como
acciones de empresas, títulos privados o públicos o
directamente invertidos en bancos y el mercado de
capitales en las principales plazas del capitalismo
mundial.
¿No es
tiempo de avanzar con el Banco del Sur, o en una
estrategia de nueva arquitectura financiera del sur
para el sur?
Se
trata de aprender del norte y si ellos se unen para
salvar bancos, bolsas y empresas japonesas; o para
incautar recursos soberanos de un país del sur; el
sur también debería sacar sus conclusiones e
intentar un camino soberano, autónomo,
independiente. |