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Negocio propio en la economía de todos
Por Julio Martínez Molina, Morales Agüero, Roberto
Díaz Martorell, Haydée León y Mayte María Jiménez
Fotos: Roberto Morejón
El trabajo por cuenta propia busca su dimensión
exacta en la concepción estratégica de la economía
cubana. El incentivo que representa, por encima de
los desajustes que se deben superar, lo atestiguan
jóvenes con quienes dialogó este diario en todo el
Archipiélago
[25.03.2011]-Actualizado 9:50 am Cuba
Su recurrencia en el habla popular llegó a
extenderse tanto que hasta la puritana y estricta
Real Academia Española tuvo que extenderle una
alfombra de bienvenida. Así, el término abandonó su
plebeyo linaje para asumir una docta investidura en
el Diccionario con la siguiente definición: «Cuentapropista:
persona que, sin ser comerciante o profesional, vive
de su propio negocio».

Según estadísticas del Ministerio de
Trabajo y Seguridad
Social (MTSS), al culminar el año 2010
se habían
entregado en todo el país más de 171 000
nuevas
licencias. |
En
Cuba, donde se prefiere denominarlos trabajadores
por cuenta propia para evitar tonos despectivos de
otras circunstancias, esta práctica tomó fuerza en
los años 90 de la pasada centuria, cuando ante el
desplome del campo socialista europeo la dirección
de la Revolución adoptó alternativas económicas que
propiciaran capear a toda costa el temporal sin
hacerles mutis a la soberanía ni a los principios.
En
aquel contexto se generó el alumbramiento legal de
los fundadores de este tipo de labor. Mediante esa
opción, miles de cubanos fueron autorizados a
comercializar sus productos desde una inédita
concepción de pequeña propiedad personal. Como nueva
realidad, la iniciativa tuvo que someterse a
regulaciones. Porque la vida enseña que en río
revuelto…
Hoy el
fenómeno vuelve a irrumpir en la dinámica nacional,
sin aquella sensación de provisionalidad que tal vez
lo acompañó en otros momentos, con mayor pujanza y
empeñado en consolidarse en la visión estratégica de
la economía nacional, que busca despojarlo de todos
los prejuicios.
Ha
tenido tal acogida que, según estadísticas del
Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS),
hasta el 11 de marzo, se habían entregado en todo el
país 171 000 nuevas autorizaciones.
En la Isla más joven
A
pesar del esmero con que se gestan desde la base
hasta la superestructura, y del cuidado con que se
aplican sus presupuestos a escala social, en
ocasiones algunas iniciativas socioeconómicas no
irrumpen en la palestra pública «con el pie
derecho», como grafica una conocida frase popular
para una encomienda que debuta con éxito.
Solo
cuando el calmoso e inexorable Cronos —deidad del
tiempo— engrasa concienzudamente sus mecanismos, y
la práctica —criterio de la verdad— confirma sin
equívocos sus aciertos, esos proyectos emprenden la
marcha con paso seguro por los rumbos previstos.
La
apertura al trabajo por cuenta propia en la Isla de
la Juventud —como en el resto del territorio
nacional— transita todavía por su fase organizativa.
En esta etapa de implementación se liman detalles,
se rectifican derroteros y se «amarran» cabos
sueltos. Como toda obra humana, la ley que lo
sustenta no es perfecta y tiene detractores. Pero,
por su naturaleza misma, son mayoría quienes la
apoyan.
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Esta iniciativa del autoempleo tonifica
el proyecto
nacional de esbozar su política
económica dirigida a
aumentar eficientemente la producción. |
La
céntrica calle José Martí, arteria principal de
Nueva Gerona, tiene ínfulas de bulevar. Sin embargo,
por estos días exhibe una desenfrenada actividad y
un cariz diferente. De apacible paseo donde hasta
hace poco convergían comercios y servicios, cambió
para espacio atestado de catres, mesitas, estantes,
cordeles...
La
mutación nada tiene que ver con abracadabras ni con
el mago Merlin. Es el saldo preliminar de la entrada
en vigor de estas modalidades de empleo no estatal,
cuyos practicantes «asaltaron» la zona para vender
mercaderías de las más heterogéneas facturas. El
cuadro es un maremagno de voces, ruido, oferta y
demanda.
Iván
Eduardo Crombet, artesano convertido en
comprador-vendedor de discos, una de las opciones
autorizadas por las novísimas disposiciones, figura
entre quienes ocupan un espacio frente al
restaurante El Dragón, en cuyos portales muestra y
mercadea su «producción».
«Aquí
trabajamos en condiciones complejas —dice, mientras
enseña las áreas colindantes. Mira cuánta gente
pregonando y gritando. El área se puede organizar
mejor para evitar multitudes así. Confío en que esto
sea algo provisional. Un bulevar tan bonito y
acogedor no merece esto.
«Es
bueno permitir que la gente labore por su cuenta,
tanto para mejorar su economía como para aumentar la
producción —asegura. Quien tenga posibilidades, que
se sume. Aunque lo nuevo crea suspicacias, soy
optimista. Pero en algo así se requiere disciplina y
orden».
Iván
tiene otras zozobras. Entre las básicas subraya la
intermitencia en la oferta de algunos insumos
imprescindibles en las tiendas recaudadoras de
divisas.
Zulia
y Elder —ex ama de casa ella y ex agente de
seguridad portuaria él— decidieron aventurarse con
una pizzería. Hasta la fecha su negocio marcha
económicamente bien y sus productos gozan de notable
aceptación. Pero el desabastecimiento los golpea.
«A
veces el queso desaparece de las tiendas y nos
complica la producción —dice Elder. Cuando reaparece
tratamos de comprarlo en cantidades. Y nada,
volvemos a las mismas cuando se agota la provisión.
Lo ideal, obviamente, es que el abasto se
estabilice».
Inquieta también a estos «pizzeros» de nuevo tipo el
hecho de que deben obtener sus insumos en pesos
convertibles, a pesar de no realizar sus operaciones
en esa moneda. Y hacen una propuesta: incorporar la
harina de trigo a las ventas liberadas, como ocurre
con el arroz, el azúcar y otros productos.
Guantanamero
Al
amparo de una autorización especial para
comercializar bisuterías diversas en tiempos de
festejos de carnaval, Marcelino Simón Laime comenzó
a ganarse los «frijoles» en el año 2000, cuando
tenía apenas 17 años de edad.
El
muchacho tenía la certeza de que era esa una manera
decente de ganarse la vida. Pero por entonces el
trabajo por cuenta propia era una rareza, casi una
extravagancia en el escenario económico y social
guantanamero. Consecuentemente, su singular
ocupación padecía un día sí y el otro también del
acecho de ciertos prejuicios.
A
fuerza de insistir, se adaptó a vender a imagen y
semejanza de los buhoneros por casi todo el
territorio del oriente cubano —e incluso más allá—,
principalmente en temporadas de fiestas populares.
Pero ese trasiego le ocupaba demasiado tiempo y
entorpecía su anhelo de seguir estudiando. Por más
que se esforzaba, no se establecía.
Así
estuvo varios años, hasta que hace tres meses cifró
esperanzas en la ampliación de las actividades
autorizadas para ejercer el trabajo por cuenta
propia. Lo consiguió con rapidez. Bastaron dos fotos
de 1x1 y su carné de identidad y tuvo en sus manos
el permiso oficial como productor y vendedor de
artículos para uso del hogar.
«Gracias a esta autorización puedo trabajar estable
en mi ciudad —dice el joven. Pero ahora existen
otros inconvenientes. Me han hecho sacar tres
autorizaciones y finalmente tengo una de vendedor de
discos.
En
todo este contexto, sería bueno tener claro lo que
el General de Ejército Raúl Castro, presidente de
los Consejos de Estado y de Ministros, planteó ante
la Asamblea Nacional del Poder Popular el 18 de
diciembre de 2010:
«Abundando sobre el necesario cambio de mentalidad
mencionaré un ejemplo: si hemos arribado a la
conclusión de que el ejercicio del trabajo por
cuenta propia constituye una alternativa más de
empleo para los ciudadanos en edad laboral, con el
fin de elevar la oferta de bienes y servicios a la
población y liberar al Estado de esas actividades
para concentrarse en lo verdaderamente decisivo, lo
que corresponde hacer al Partido y al Gobierno en
primer lugar es facilitar su gestión y no generar
estigmas ni prejuicios hacia ellos, ni mucho menos
demonizarlos, y para eso es fundamental modificar la
apreciación negativa existente en no pocos de
nosotros hacia esta forma de trabajo privado».
Por
calles habaneras
Cuando
uno recorre las calles de la capital cubana tras la
apertura del trabajo por cuenta propia, llama la
atención la cantidad de jóvenes incorporados tanto a
opciones gastronómicas como a la venta de artículos
diversos y a oficios como peluquería y barbería.
Algunos de estos muchachos no superan los 25 años de
edad. Sin embargo, ya se han abierto camino dentro
del universo laboral, aunque no pierden la ilusión
de estudiar en el futuro alguna especialidad que los
cautive, y dedicarse entonces a otros quehaceres.
Esta
fue la tendencia que primó en los criterios de los
cerca de 20 entrevistados en la capital, un
escenario a veces más adverso, pues son más los que
se incorporan a esta labor, y tanto las materias
primas como las opciones más rentables se agotan con
mayor rapidez.
Para
más de la mitad —especialmente para los que habían
vencido el Preuniversitario o el nivel
técnico-profesional—, esta fue una opción oportuna,
pues estaban desvinculados del aula y, en vistas de
sus dificultades económicas, les urgía tener sus
propios ingresos.
La
mayoría de estos jóvenes encuestados son varones y
han optado por la venta de suvenires y artesanía.
También por trabajos de oficio, como la albañilería
y la gastronomía, asesorados por personas con más
experiencia.
Harold
Neceno, de 34 años de edad, se dedica, junto a su
novia Katia, a vender panes, pizzas y refrescos.
Ambos abandonan la cama temprano en la mañana y
comienzan su jornada de elaboración, que suele ser
muy agotadora, pues preparar unas 300 pizzas
diariamente no es juego.
«No es
algo que nos apasione, pero ayuda a satisfacer
necesidades familiares básicas —dice el joven del
municipio de Plaza de la Revolución. Esto lleva
paciencia y así vamos cogiendo práctica».
Lena
Fernández, de 28 años de edad, dedicada a la
peluquería, explicó que la situación se hace difícil
con los precios de los productos que precisa para
trabajar.
Amén
de que, en efecto, existen desabastecimientos en las
unidades correspondientes, el principal problema es
que no se han creado opciones mayoristas para
quienes, como ella, deben comprar al por mayor. Y
con los precios normales les resulta elevado el
costo.
Para
estos jóvenes, algunos desvinculados, la opción del
trabajo por cuenta propia puede ser socialmente muy
beneficiosa, al constituir una vía de empleo. Pero
precisa de estrategias que desbrocen, en cuanto el
país tenga condiciones para ello, el camino hacia
los insumos necesarios para desarrollar sus
labores.
Ellos
no exigen una oferta desmesurada —conocen los
esfuerzos que debe hacer la nación en el orden
económico—, sino que se facilite en mercados y
tiendas el acceso a los referidos productos; incluso
prever una diferenciación de los precios, pues al
final los costos terminan recayendo en el bolsillo
de los consumidores, algo en lo que ya el país
trabaja.
La
mayoría de los encuestados siente, además, que
deberían ampliarse las opciones de autoempleo,
especialmente para los más jóvenes, que quisieran
aplicar sus conocimientos en oficios o profesiones
relacionadas con lo que estudiaron.
Cienfuegos es la ciudad...
En la
Perla del Sur, la explosión del trabajo por cuenta
propia ha encontrado excelente caldo de cultivo.
Según Leonel Alonso, subdirector de Empleo de la
Dirección Provincial de Trabajo y Seguridad Social,
entre las actividades con más «carisma» están las de
elaborador-vendedor de alimentos y toda la gama
gastronómica.
«También tienen aceptación labores como mensajero,
carpinteros, albañiles, relojeros, peluqueras,
manicuras… Alrededor de 4 300 personas se han
inscrito para ejercerlas, y un importante grupo de
ese universo es joven», cuenta Leonel Alonso.
Según
Yania García, de la misma dependencia, unos 2 450 de
los que recibieron sus licencias están acogidos al
régimen de Seguridad Social. Ese grupo contempla a
personas desvinculadas del trabajo, estudiantes,
amas de casa y algunos trabajadores que quedaron
disponibles en el recién iniciado proceso de
reajuste de plantillas.
Alrededor de 900 cienfuegueros empleados con
anterioridad en el sector estatal se cuentan entre
quienes entraron a este flamante universo, que
multiplica la posibilidad de puestos de trabajo,
estimula la producción e incrementa la oferta de
bienes y servicios.
A sus
34 años de edad, Lesvis Odanis concentra sus
esfuerzos cotidianos en su espacio como
elaborador-vendedor de alimentos ligeros. Este
joven, casado y con un niño pequeño, no poseía
vínculo laboral al momento de incorporarse a la
actual tarea.
Se
trata de una persona apreciada en el Consejo Popular
cienfueguero de Caunao, donde reside. En su puesto
oferta polvorones y panquecitos. También, aunque en
menor proporción, pan con pasta y pudín. Paga 400
pesos cada mes por su patente.
—¿Cómo
va el negocio? ¿Vale la pena?
—No me
puedo quejar. Los jóvenes a quienes nos gusta
trabajar y ver los resultados debemos aprovechar
esta oportunidad.
A
pesar de llevar dos meses en esta actividad, Lesvis
comienza a apreciar modestos, aunque esperanzadores
dividendos en sus finanzas. Él sabe que nadie se
hace rico vendiendo polvorones. Aclara que tampoco
es esa su intención. Solo pretende alcanzar cierto
nivel de entrada y contribuir al mejoramiento de la
economía familiar junto con su esposa, que trabaja
en una tienda recaudadora de divisas.
«Hasta
ahora tengo una buena clientela y mi producción se
vende —dice sin dejar de trajinar. ¿Dificultades?
Tienen que ver con la materia prima para trabajar.
Debo comprarla en CUC, a pesar de que comercializo
en moneda nacional. Aún así, muchas veces no la hay
o es demasiado cara. Se ve uno en tremenda
encrucijada, figúrate.
Ariadna de la Caridad Barcos tiene 33 años de edad y
labora en una institución cultural. Sobre ella pende
la posibilidad de quedar disponible en el reajuste
de plantillas que se realiza como parte del
reordenamiento laboral que tiene lugar en el país.
Todavía no le han comunicado nada al respecto. Pero
Ariadna prefiere estar preparada, por si llega a
ocurrir. Así que, como las leyes lo permiten, desde
fines del mes de diciembre alterna su trabajo con el
Estado y con el autoempleo.
Su
actividad principal es la confección de piñatas y
otros artículos de cumpleaños, como cestitos,
máscaras, carteles de felicitación, en fin… En el
consejo popular La Juanita y en las comunidades
cercanas, su trabajo es muy bien valorado por su
calidad. Tiene demanda.
«Solo
pago la patente, porque la seguridad social la paga
mi centro de trabajo —explica. Mi dificultad mayor,
como otros cuentapropistas, es la materia prima: hay
que hacer maravillas para comprar hilo, cartulina,
papel en colores, acetato… Y cuando los encuentras,
son a precios altísimos. Sé que el Estado no puede
dar respuestas inmediatas, pero confiamos en que esa
situación mejorará».
En
efecto, pese a los apremios comunes con los que
conviven en sus nuevas ocupaciones, tanto Lesvis
como Ariadna aplauden esta apertura del país hacia
el cuentapropismo. Ambos le auguran un buen futuro,
en especial cuando se aten los cabos sueltos. Es
cuestión de voluntad y de tiempo.
En Las
Tunas
En el
Balcón del Oriente Cubano los nuevos aires del
trabajo por cuenta propia baten con fuerza. Desde
que soltó amarras el proceso de inscripción, las
oficinas municipales correspondientes han atendido a
un total de 8 819 interesados. De esos, 4 505
solicitaron formalmente licencias para comenzar a
trabajar por su cuenta y 3 893 ya tienen luz verde
para hacerlo.
Algunos, sin embargo, concurren a las dependencias
registradoras para explorar el terreno, como Osmany
Rubén, candidato con su cámara fotográfica. Pero
renunció a ese proyecto tan pronto conoció la
cuantía de algunos de los tributos que debía
abonar.
«Mira,
es magnífico que los tengan en cuenta para la
Seguridad Social —admite. Eso les da tranquilidad a
ellos y a sus familias con respecto al futuro. Pero
debería ser una decisión opcional, no obligatoria».
Otra
regulación que algunos trabajadores no estatales
tuneros no entienden bien es la relacionada con los
puestos de venta de alimentos en el centro histórico
de la ciudad. Sin embargo, las autoridades locales
no suelen extenderles autorización para operar allí,
porque afectan el ornato en una zona no apropiada
para ese tipo de actividad.
A
pesar de los vaivenes lógicos de un proceso masivo,
una buena nueva es que todos ellos se han tomado en
serio su clase, pues no se les ve como «merolicos»,
sino como auténticos comerciantes. De ahí que en sus
espacios no escaseen frases de saludo, la higiene,
el papel para envolver, el respeto por el cliente y
hasta iniciativas como música, adornos y carteles.
«Casi
todos los registrados eran desvinculados del trabajo
y el estudio —informa Roberto Cruz Tamayo,
especialista en la Dirección Provincial de Trabajo.
La mayoría (67 por ciento), entre 31 y 60 años de
edad. Un buen grupo lo realizaba ilegalmente y ahora
se legalizó. Hay 610 emplantillados con el Estado.
Se inscribieron para alternar su labor con el
autoempleo. Y diez estudiantes también.
Las
actividades más solicitadas son trabajador
contratado, vendedor de artículos del hogar y
elaborador-vendedor de alimentos. Y muchos cocheros
y bicitaxistas… Las menos solicitadas: carretillero,
electricista automotriz, cerrajero, plomero, pocero,
productor-vendedor de flores y plantas ornamentales,
leñador, cuidador de animales y desmochador de
palmas. Todas tienen que ver con las características
de la provincia.
Opción
definitiva
El
pasado 1ro. de agosto, el General de Ejército Raúl
Castro anunció en el Parlamento la decisión de
ampliar el ejercicio del trabajo por cuenta propia
como otra opción de empleo para quienes quedaran
disponibles una vez culminado el proceso de ajuste
de plantillas. Habló sobre la eliminación de
prohibiciones para otorgar nuevas licencias y la
comercialización de algunos productos.
Sus
indicaciones se han cumplido. Pero no pocos aguardan
por soluciones a contingencias susceptibles de
resolverse, en aras de un aumento gradual y
sostenido de la producción de bienes y servicios
para el pueblo, junto a un mejoramiento del nivel de
vida de quienes ejercen las diferentes actividades
autorizadas. El Estado, en la coyuntura actual, no
podía con tantos subsidios a cuestas.
Esta
iniciativa del autoempleo tonifica el proyecto
nacional de esbozar su política económica dirigida a
aumentar eficientemente la producción. También a
propiciarle al que quiera sentirse útil una opción
en un contexto donde todos sus aportes serán
bienvenidos.
Fuente:
Juventud Rebelde
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