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Notas para un
manifiesto de la izquierda en el siglo XXI
Por Pablo González Casanova-La Jornada
[25.03.2011]-Actualizado 9:50 am Cuba
Un clamor resuena en todo el mundo. Todos queremos
libertad, todos soñamos con la democracia. Que nos
la den, que la hagamos, que la apoyen y, sobre todo,
que luchemos por tenerla.
Pero,
¿con quién vamos a luchar, al lado y al amparo de
quién queremos luchar? ¿Con quién contamos y
queremos contar?
Obviamente no queremos apoyarnos en quienes entrenan
a sus soldados para que al grito de libertad
invadan, destrocen y saqueen pueblos enteros, y sin
piedad alguna causen daños horripilantes a mujeres,
niñas y niños, jóvenes y viejos, con el supuesto de
que están luchando contra quienes merecieron su
inmenso apoyo en armas, dinero, negocios, publicidad
y diplomacia durante años y años.
No
queremos apoyarnos en quienes han atacado por todos
los medios a su alcance, incluidos los bloqueos, los
intentos de magnicidio, las plagas, los golpes de
Estado, las invasiones militares y paramilitares,
las falsas y crueles guerras contra un narcotráfico
que les sirve como gigantesco negocio para lavar el
dinero de los criminales en sus bancos y quedarse
con la mayor parte; que les sirve para prestar
dinero con altos intereses a los gobiernos aliados
que son sus clientes en la compra de armas de
mediano y alto poder, iguales o inferiores a las que
también les venden a los narcotraficantes; que les
sirve para mediatizar la ira del pueblo empobrecido
por sus políticas privatizadoras y especuladoras y
para embarcar a los jóvenes de ésta América en
falsas luchas de mafias que les hacen perder –con su
identidad y sus vínculos sociales y familiares–, el
sentido de la vida y el sentido de la lucha, y con
que pierden a su propia juventud, a la joven América
que protestara en Chicago contra la guerra en
Vietnam y se manifestara a favor de los
afro-americanos y de los habitantes y movimientos
sociales del Tercer Mundo de los que el Che Guevara
fue su icono y que hoy constituyen el principal
mercado de narcóticos del mundo, con que se
destrozan y los destrozan. No queremos apoyarnos en
la lucha por la libertad con el ejército que
defendió durante años al Mubarak que el imperialismo
también apoyó, ni en los aviones de la OTAN que
durante años han estado destruyendo a Irak y
Afganistán. No queremos coincidir con quienes han
declarado una guerra total contra el pueblo y
gobierno de Cuba, con quienes han hecho todo lo
posible por dividir y enfrentar al pueblo y gobierno
de Venezuela, con quienes apoyaron y apoyan la
secesión y desestabilización de la República de
Bolivia.
Es
más, debemos denunciar el hecho de que las potencias
imperialistas encabezadas por Estados Unidos y la
OTAN están aplicando la vieja táctica de mediatizar
los movimientos emancipadores del pueblo para poner
a sus ejércitos serviles como liberadores del pueblo
que durante años y años han contribuido a
oprimirlos. ¿Podemos olvidar esta vieja trampa que
se ha aplicado contra nuestros pueblos desde hace
más de un siglo y medio y que hoy está al orden del
día en los nuevos golpes legales de estado, y en las
nuevas luchas por la libertad y la democracia de un
imperialismo que cada vez más oprime y despoja a
nuestros pueblos y que sólo apoya a los gobiernos
que le hacen crecientes concesiones a sus empresas
extractivas y depredadoras?
Aclaremos de una vez por todas que nosotros queremos
una libertad y una democracia de las que el
imperialismo es su principal enemigo aunque quiera
nuevamente jugar con los equívocos para decir que
lucha por lo mismo que nosotros ¡Mentira! Nosotros
queremos una democracia en que el pueblo gobierne y
en que los gobernantes le sirvan al pueblo,
gobiernen con el pueblo y se reintegren al pueblo
cuando termine su mandato. Nosotros queremos una
democracia en que se creen espacios de diálogo,
debate y consenso a lo largo y lo ancho de toda la
nación, con respeto a las distintas religiones,
ideologías, culturas, razas, sexos, edades. Nosotros
queremos una libertad de pensar, de estudiar, de
decidir, en la que deje de estar sujeta al hambre y
la miseria la inmensa mayoría de la población humana
en beneficio de 200 multimillonarios que juntos
tienen el ingreso nacional de Alemania y por
separado el de muchos países del sur del mundo. ¿Es
esa la democracia que ellos quieren? ¿Es esa la
libertad que dicen defender? Por supuesto que no…
Pero hay algo más que ellos no quieren, la justicia.
Nosotros queremos la justicia a la persona humana;
pero miremos donde están los mentados derechos del
hombre por los que ellos dicen haber luchado.
Nosotros estamos por la justicia social, y miremos
cómo han impuesto sus políticas privatizadoras,
desnacionalizadoras y desreguladoras que han acabado
con los derechos de las naciones, de los pueblos y
los trabajadores. Es más nosotros queremos que la
justicia social la hagan los pueblos, que los
pueblos gobiernen en uso de la democracia y que los
pueblos y sus integrantes hagan justicia personal,
hagan justicia familiar, social, laboral, política,
cultural, económica, y que la justicia social sea
propia del hacer y quehacer de los pueblos y no de
señorones dizque generosos o dizque humanitarios y a
esa justicia social que los pueblos ejerzan en uso
real de la democracia le llamamos socialismo del
siglo XXI, pues no concebimos el socialismo sin el
gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo,
y menos el socialismo sin la libertad. ¿Y ellos? Y
los supuestos y oportunistas aliados del pueblo de
Libia que están bombardeando al pueblo de Libia,
¿quieren esa libertad, esa democracia y esa justicia
que nosotros queremos? Por supuesto que no. Pero son
unos notables farsantes que confunden y engañan con
ideales fingidos.
Por
nuestra parte tenemos que aclarar no sólo lo que
queremos sino cómo pensamos realizarlo y hasta qué
punto, en medio de las diferencias que se dan entre
quienes luchamos bien que mal por la emancipación
humana, y que luchamos en distintos países y
condiciones…; hasta qué punto en medio de nuestras
diferencias podemos encontrar algunas políticas
coincidentes que nos ayuden a respetar las distintas
posiciones que tenemos a reserva de que la evolución
de las luchas vaya unificando criterios y
experiencias. A ese respecto lo primero es no exigir
que todos tengan la misma posición que uno tiene. Lo
segundo, es dar las razones por las que en un
momento y situación dados uno toma la posición que
otros no comparten. Lo tercero es ver si las razones
de una toma de posición se confirman o disconfirman
por la experiencia.
Señalemos como punto de partida una política global
del imperialismo neoconservador y neoliberal. Desde
el grito de la Tatcher afirmando que ¡no hay
alternativa! los complejos empresariales-militares
que dominan el mundo han aplicado la política de "lo
no negociable" a las medidas de desnacionalización,
privatización y desregulación por las que han
empobrecido sistemáticamente a todos los pueblos del
mundo, incluso a los metropolitanos. Esa política de
"lo no negociable" está vinculada a la destrucción
de los derechos políticos, laborales y sociales que
implicaban una distribución del producto global y
del producto nacional, menos desigual e injusta que
la actualmente existente en que las naciones pobres
son más pobres que hace 30 años, y los ciudadanos y
trabajadores pobres y depauperados han crecido de
una manera dramática.
La
política de "lo no negociable" ha acabado con la
capacidad de los partidos políticos y las
organizaciones sociales y laborales para protestar,
presionar y negociar para el cumplimiento de
derechos y prestaciones sociales: ha liquidado en
los hechos los derechos de la Carta Magna de cada
país y de la Carta de Naciones Unidas en derechos
humanos y en derechos de no intervención y libre
autodeterminación de los pueblos. La política de "lo
no negociable" ha hecho de la violación del derecho
la práctica del derecho. Y esto ocurre con la
práctica del derecho internacional, público, social,
laboral, o civil. Lo más frecuente es usar el
derecho para criminalizar a las víctimas del sistema
y en usarlo al arbitrio de jefes y patrones.
Al
mismo tiempo y en vez de reconocer los derechos
políticos y sociales que tantos gastos implicaban se
han generalizado las políticas de cooptación y
corrupción de funcionarios públicos, de partidos
políticos y gobiernos enteros para que apliquen las
medidas neoliberales contra lo ofrecido en los
idearios de partidos y candidatos. El desprestigio
de la democracia electoral y parlamentaria es así
tan grande como el de la inmensa mayoría de los
partidos de "izquierda", e incluye a los candidatos
socialdemócratas, socialistas, comunistas,
nacionalistas, desarrollistas que teniendo nombres
distintos hacen políticas neoliberales iguales… con
el cinismo y la furia de quienes sólo luchan por
tener "puestos de elección popular"
A tan
lastimosa situación de un mundo que parece haber
acabado con la posibilidad de las luchas legales
efectivas, se añade el inmenso desastre de la
restauración del capitalismo en el bloque soviético,
China y Vietnam donde los antiguos comunistas
reniegan de sus antiguos héroes o los invocan
diciendo que están actualizando y modernizando su
pensamiento, y que sólo los "conservadores" se
oponen a su "avanzado" pensamiento.
Para
luchar debemos recordar estos y otros grandes
tropiezos y ver cómo se están superando entre
líderes y masas, dando creciente atención a las
palabras de consecuencia, a las conductas
coherentes, a los líderes que igualan con la vida el
pensamiento, como el comandante en jefe Fidel
Castro.
Tenemos que destacar el programa de paz mundial del
gobierno venezolano y la nueva lucha bolivariana que
libra por el socialismo del siglo XXI, buscando
resolver las contradicciones que enfrenta con la
organización y concientización creciente del pueblo
en un proyecto que no repita la historia pasada de
las revoluciones nacionales y sociales que se
volvieron populistas y acabaron reintegrándose al
sistema neocolonial, hoy neoliberal.
Tenemos que destacar la lucha por el "vivir bien"
del pueblo y el gobierno de Bolivia pues se trata de
un programa que hablando de Bolivia habla del
mundo.
A otro
nivel, el de los gobiernos que mandan obedeciendo a
las comunidades, aparece un programa que es también
de alcance universal, y riquísimo en metas y medios
como el movimiento zapatista de los pueblos mayas
que luchan y construyen otro mundo posible en el
sureste mexicano.
Al
mismo tiempo necesitamos tenderle la mano a otros
gobiernos progresistas que entre contradicciones
están apoyando una política de paz y de respeto a
las naciones y los pueblos, y si no los apoyamos en
todo, apoyémoslos en lo que sean luchas por la
libertad, la justicia, la democracia, la paz, y
hagámosles ver que una condición evidente para el
triunfo, radica en que sus gobiernos y sus políticas
sean gobiernos y políticas de "todo el pueblo" y
que, sobre ese principio político, indeclinable si
no quiere uno perder, enfrenten los acosos de las
oligarquías, del capital monopólico y el
imperialismo con medidas que tiendan a profundizar
la democracia y la economía de "todo el pueblo".
En
cualquier caso procuremos que nuestras diferencias
internas se resuelvan en formas que no nos
tribalicen y nos hagan nuevas víctimas de la vieja
política colonialista que aprovecha las luchas
internas para las intervenciones externas,
colonizadoras y recolonizadotas.
La
responsabilidad que en América Latina tenemos es
inmensa pues el Nuevo Mundo saldrá del Nuevo Mundo
que ya muestra su grandeza, enriquecida por todos
los proyectos de emancipación humana.
Fuente:
http://www.jornada.unam.mx/2011/03/23/index.php?section=opinion&article=005a1pol |