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La amenaza del oro
negro
Tomado
de La Jornada
[25.03.2011]-Actualizado 9:50 am Cuba
El
precio del petróleo tiene una exasperante propiedad
de poder volar en pedazos la economía mundial, y con
frecuencia la mecha se ha encendido en Medio
Oriente. El embargo petrolero árabe de 1973, la
revolución iraní de 1978-79 y la invasión de Kuwait
por Saddam Hussein en 1990 son dolorosos
recordatorios de cómo la mezcla combustible de
geopolítica y geología en esa región puede
desencadenar el caos. Ahora que las protestas se
extienden por todo el mundo árabe, ¿vendrá un nuevo
colapso petrolero?
Hay
buenas razones para preocuparse. Medio Oriente y el
norte de África producen más de la tercera parte del
petróleo mundial. La revuelta en Libia muestra que
una revolución puede interrumpir con rapidez el
suministro. Mientras Muammar Kadafi se aferra al
poder con delirante determinación y los países
occidentales delimitan una zona de exclusión aérea,
la producción libia se ha reducido a la mitad, los
trabajadores huyen y el país se fragmenta. La
expansión de los disturbios por la región amenaza
una perturbación aún mayor.
La
reacción de los mercados ha sido sorprendentemente
modesta. El precio del crudo Brent saltó 15% cuando
estalló la violencia en Libia, llegando a 120
dólares por barril el 24 de febrero. Pero la promesa
de mayor producción de Arabia Saudita hizo bajar los
precios. Estaba en 116 dólares el 2 de marzo: 20%
más que al principio del año, pero muy por debajo de
los máximos de 2008.
La
mayoría de los economistas conservan el optimismo:
el crecimiento global podría reducir su ritmo por
unas décimas de punto porcentual, calculan, pero no
lo suficiente para poner en riesgo la recuperación.
Eso
implica dos grandes riesgos. Primero, una seria
interrupción del suministro, o incluso el temor de
que se produzca podría enviar el precio a los
cielos. Segundo, un petróleo más caro podría
alimentar la inflación de los petrolíferos, la cual
podría provocar una restricción monetaria que
estrangulara la economía.
Hasta
ahora las perturbaciones en la oferta han sido
minúsculas. La revuelta en Libia ha reducido la
producción petrolera mundial apenas en uno por
ciento. En 1973 la cifra fue de alrededor de 7.5. El
mercado petrolero actual tiene muchos
amortiguadores: los gobiernos poseen reservas, cosa
que no ocurría en 1973; las existencias comerciales
son más amplias que cuando los precios llegaron al
máximo, en 2008. Arabia Saudita, banco central del
mercado petrolero, cuenta técnicamente con
suficiente capacidad disponible para remplazar a
Libia, Argelia y un puñado de otros pequeños
productores. Y los sauditas han dejado en claro que
están dispuestos a accionar la bomba.
Sin
embargo, no se pueden descartar más turbulencias. La
industria petrolera es compleja en extremo: es
esencial obtener el tipo de crudo que se requiere en
el momento oportuno y en el lugar indicado. Además,
la propia Arabia Saudita presenta muchas de las
características que han disparado la inconformidad
en otros lugares, entre ellas un ejército de jóvenes
desilusionados. Pese a haber gastado hasta ahora 36
mil mdd para aplacar a los disidentes, la represiva
monarquía enfrenta demandas de reforma. Un olorcillo
a inestabilidad podría esparcir el pánico en el
mercado petrolero.
Aun
sin una perturbación en la oferta, los precios están
bajo presión desde una segunda fuente: el gradual
agotamiento de la capacidad disponible. Con el
fuerte crecimiento de la economía mundial, la
demanda de petróleo crece a mucha mayor velocidad
que los incrementos en la oferta. Por consiguiente,
cualquier temor provocado por Medio Oriente
acelerará y exagerará una elevación de precios que
ya estaba en camino.
¿Qué
efecto tendría? Es algo confortante que la economía
mundial sea menos vulnerable hoy que en 1970 al alza
petrolera. La producción global hace un uso menos
intensivo del petróleo, la inflación es más baja y
los salarios tienen mucha menor probabilidad de
seguir los aumentos de precios inducidos por los
energéticos, así que los bancos centrales no
necesitan responder con tanta fuerza. Pero menos
vulnerable no significa inmune.
Un
petróleo más caro implica una transferencia de los
consumidores a los productores, y como estos últimos
tienden a ahorrar más, se genera un descenso en la
demanda global. Por regla general, un incremento de
10% en el precio del petróleo recorta el crecimiento
global en un cuarto de punto porcentual. Ahora que
la economía mundial crece a 4.5%, eso sugiere que el
precio del petróleo tendría que saltar tal vez por
encima del máximo de 150 dólares por barril de 2008
para detener la recuperación. Pero incluso un
aumento menor afectaría el crecimiento y elevaría la
inflación.
Perturbación dispara acción
En EU
la Reserva Federal enfrentará una elección
relativamente fácil. La economía de ese país es
innecesariamente vulnerable, gracias a su adicción
al petróleo (y a los bajos impuestos que le aplica).
Sin embargo, la inflación es sumamente baja y la
economía está en calma. Eso da al banco central
manga ancha para pasar por alto un salto súbito en
el precio del petróleo. En Europa, donde el petróleo
está sujeto a gravámenes mucho mayores, el efecto
inmediato del alza petrolera es menor. Pero los
bancos centrales europeos ya están mucho más
preocupados por la elevación de precios: de allí el
temor de que pudieran llevar demasiado lejos las
medidas preventivas y empujar a las aún frágiles
economías europeas de nuevo hacia la recesión.
En
contraste, el mayor riesgo en el mundo emergente es
la inacción. Un petróleo más caro alimentará la
inflación, en especial mediante un encarecimiento de
los alimentos, que representan todavía buena parte
del gasto de la población en países como China,
Brasil e India. Cierto, los bancos centrales han
elevado las tasas de interés, pero lo hicieron
tardíamente. Las condiciones monetarias siguen
siendo aún muy laxas, y las expectativas
inflacionarias han crecido.
Por
desgracia, demasiados gobiernos en los mercados
emergentes han tratado de controlar la inflación y
reducir la indignación popular subsidiando los
precios tanto del petróleo como de los alimentos.
Esto no sólo embota la sensibilidad de los
consumidores a las alzas de precios, sino puede
resultar oneroso para los gobiernos que lo hacen.
Estirará el optimista nuevo presupuesto de India,
pero el mayor peligro está en Medio Oriente mismo,
donde los subsidios a alimentos y petróleo están en
todas partes y los políticos los elevan para aplacar
el descontento. Los importadores de combustibles,
como Egipto, enfrentan un círculo vicioso de altos
precios petroleros y subsidios aún más altos. La
respuesta es eliminar esos subsidios y dirigir la
ayuda a los más pobres, pero ningún gobernante árabe
va a proponer tales reformas en estos momentos.
En el
peor de los casos, el peligro es circular, pues el
encarecimiento petrolero y la incertidumbre política
se alimentan uno al otro. Aun si eso se evita, las
perspectivas a corto plazo para la economía mundial
son más inestables de lo que muchos creen. Con todo,
podría haber un recubrimiento de plata: el resto del
mundo podría por fin hacer frente a su
vulnerabilidad al petróleo y a Medio Oriente. La
lista de tareas es bien conocida, desde invertir en
infraestructura para vehículos eléctricos hasta
poner precio al carbón. Las turbulencias petroleras
de la década de 1970 transformaron la economía
mundial: tal vez la conmoción petrolera de 2011 haga
lo mismo… a menor costo.
http://www.jornada.unam.mx/2011/03/22/index.php?section=economia&article=031n1eco |