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Signos de vida
inteligente en el FMI
Por Dean Baker-The Guardian
[25.03.2011]-Actualizado 9:50 am Cuba
El
Fondo Monetario Internacional (FMI) organizó una
conferencia la semana pasada que estuvo dedicada a
un nuevo examen de la macroeconomía con motivo de la
crisis económica. Esta conferencia fue la evidencia
de una Glasnot que hubiera sido inimaginable hace
una década. Uno de los organizadores y
conferenciantes fue el Nobel Joe Stiglitz, un hombre
que había sido considerado con anterioridad persona
non grata por el FMI después de haber puesto por los
suelos a la institución en un artículo en New
Republic de 2000.
Además
de Stiglitz, participaron en la conferencia algunos
conferenciantes que fueron bastante críticos con las
políticas económicas impulsadas por el FMI en los
últimos años. Dado el formato y el gran número de
conferenciantes, hubo pocas posibilidades de
discutir en esas sesiones. Sin embargo, al menos las
cuestiones importantes fueron planteadas.
A
pesar de la mayor apertura de la discusión en el
FMI, no resulta evidente que sus políticas hayan
sido objeto de un ajuste similar. En particular, se
promociona abiertamente el camino de "devaluación
interna" para los países que han fijado el valor de
su moneda con otros países o no tienen moneda
propia.
Este
es un proceso increíblemente doloroso. La idea es
que un país que tiene altos costos laborales
unitarios en relación con sus socios comerciales
ajuste sus costes para alinearlos mediante la
reducción de salarios. La forma por la cual
reducirán los salarios es forzar a los trabajadores
a aceptar recortes bajo la presión de altas tasas de
desempleo.
Letonia es actualmente el buque insignia de la
devaluación interna. Su tasa de desempleo es del
18%. La vía del FMI podría obligar a otros países
con serios problemas de competitividad como Irlanda,
Grecia, España y Portugal a seguir el mismo camino.
La
alternativa sería promover una tasa algo mayor de
inflación en los países con superávit, especialmente
en Alemania. Una mayor inflación en los países con
superávit permitiría a los países deficitarios
recuperar la competitividad simplemente haciendo que
sus salarios suban más lentamente que la tasa de
inflación en los países con superávit. Esto podría
cumplirse sin las tasas de dos dígitos de desempleo
que estos países están ahora soportando.
Este
camino es consistente con la vía propuesta por
Olivier Blanchard, el economista jefe del FMI, en un
artículo que escribió el pasado año. Una mayor tasa
de inflación tendría también la ventaja de erosionar
el valor real de la deuda tanto para los países muy
endeudados como para los propietarios de viviendas
también endeudados. Lo que permitiría a estas
economías volver más rápidamente a una vía de
crecimiento normal.
Cabe
destacar que la política del FMI aún no parece
permitir que la posibilidad de mayores tasas de
inflación sea realmente la mejor ruta en ciertas
circunstancias. Muchos ponentes parecían aún creer
que la política de control de la inflación, con un
objetivo del 2% de inflación por parte de los bancos
centrales con exclusión de cualquier otra
preocupación, es el mejor camino a seguir. Esta
parece ser ciertamente la práctica del Banco Central
Europeo, así como la de muchos bancos centrales de
todo el mundo.
Eso
debería hacer que las poblaciones por todas partes
se sublevaran esgrimiendo sus horcas. El objetivo de
control de la inflación ha conducido a un enorme
desastre humano y económico, con un coste probable
para todo el mundo de 10 billones de dólares de
producción perdida y de decenas de millones de
personas desempleadas. Si esta experiencia no es
suficiente para desacreditar una política, cuesta
imaginar la combinación posible de sucesos en el
mundo que pudiera hacer que los partidarios del
control de la inflación cambiaran de parecer.
En
este sentido, los argumentos expuestos en la
conferencia del FMI deberían ser útiles para
propósitos políticos aunque tengan poco efecto
inmediato para la conducta de los bancos centrales o
para las prescripciones políticas del FMI. El hecho
de que muchos de los economistas más importantes del
mundo, entre los que debe incluirse hasta al mismo
economista jefe del FMI, puedan realizar
prescripciones que son básicamente ignoradas por los
que llevan a cabo la política, aporta más evidencia
de que la política no está guiada por individuos
neutrales que buscan el mejor resultado.
Esta
es otra evidencia más de que los banqueros centrales
y los que dirigen la política ponen los intereses
del sector financiero en el centro de sus
preocupaciones. Para la industria financiera, un
pequeño aumento de la tasa de inflación realmente
sería una mala noticia, al reducir el valor de sus
activos y el valor real de sus ingresos por
intereses.
Con el
fin de garantizar que los bancos más grandes del
mundo no tengan que lidiar con esta situación, los
bancos centrales están dispuestos a forzar a
millones de personas a que permanezcan sin trabajo.
Si tuviéramos democracias auténticas, los banqueros
centrales que no hubieran hecho su cometido serían
los que perderían ahora mismo su puesto de trabajo.
Dean Baker es codirector del
Center for Economic and Policy Research (CEPR). Es
autor de Plunder and Blunder: The Rise and Fall of
the Bubble Economy, así como de False Profits:
Recoverying From the Bubble Economy.
Traducción para www.sinpermiso.info: Daniel Raventós
http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4018 |