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Camino
al Congreso: Cuba y la economía global V
Por Jorge Gómez Barata (especial para
ARGENPRESS.info)
[16.04.2011]-Actualizado 11:40
am de Cuba
Alguna
vez escuche decir que Cuba avanzaría en la solución
de la cuestión migratoria cuando ese tema dejara de
ser parte del problema para ser parte de la solución
y no les falta razón a quienes afirman que forma
parte del diferendo con Estados Unidos. Para Cuba la
emigración es el hecho político más relevante,
persistente y voluminoso; el fenómeno interno que
más influye en la actividad exterior y de enorme
incidencia económica. Ningún análisis integral de la
problemática económica y política nacional pudiera
omitirlo; seguramente el Congreso no lo hará.
La
emigración que es siempre un fenómeno de gran
complejidad, adquiere para Cuba una dimensión
política inusual y perfiles kafkianos. Si bien los
que emigran desde la Isla disfrutan del privilegio
de ser acogidos sin reparos en Estados Unidos,
también lo es que no pueden reintegrarse a su país.
La desmesura de uno y otro tratamiento no obedece a
afectos norteamericanos hacía los isleños ni al
deseo de las autoridades cubanas de sancionar a sus
nacionales, sino a la naturaleza de un conflicto que
impone su propia dinámica.
Aunque
no existen cifras oficiales, los emigrados cubanos
deben superar el millón de personas (un 10 por
ciento de la población).
Suponiendo que la partida de cada una de ellas
impacte en otras cuatro, se trataría de un fenómeno
que involucra a alrededor de cinco millones, lo que
es casi la mitad de los habitantes. Ningún análisis
de la problemática social y política cubana y
ninguna estrategia de desarrollo pueden ignorar
tales realidades. Seguramente el Congreso y la
Conferencia del Partido, adelantaran reflexiones.
Las
preguntas recurrentes son: cómo y cuándo tan
complejo asunto se resolverá. Lo curioso es que
tales interrogantes ya han sido respondidas. Se
trata de normalizar las relaciones con las personas
que han emigrado y aquellas que realizan trámites
para hacerlo, crear las bases jurídicas para ello y
realizarlo todo de modo soberano, transparente y
ajustado a derecho.
En
1978, a menos de 20 años del triunfo revolucionario
y del inicio de las oleadas migratorias, en momentos
de enorme tensión con Estados Unidos y de auge de la
contrarrevolución, cuando la emigración estaba
altamente politizada; con lucidez y determinación,
Fidel Castro auspició y condujo los primeros y
todavía únicos diálogos con la emigración. Lo hizo
de modo abierto y transparente, con inclusividad y
sin discriminaciones y obtuvo resultados concretos.
Entonces, no se necesitaron intermediarios y no se
tomó en cuenta para nada al gobierno de Estados
Unidos ni a las organizaciones
contrarrevolucionarias de Miami y, en unos pocos
días se lograron más resultados que todos lo
alcanzados en los 33 años posteriores.
En
aquellas jornadas, las autoridades cubanas, a solas
con los emigrados, sin curas ni embajadores,
reflexionaron acerca de la amnistía o el indulto de
un elevado número de prisioneros que fueron puestos
en libertad y, sin dilación avanzaron hacía medidas
para la reunificación familiar, la inmediata
normalización de las visitas y de contactos
académicos, religiosos, culturales y de otro tipo.
Entonces nadie podía esgrimir el argumento de que
tal cosa se hacía en busca de ventajas económicas.
Debido
a aquellos pasos y al compromiso personal de la alta
dirección del país, parecía que la normalización
estaba al alcance de la mano cuando en 1980 tuvo
lugar el éxodo del Mariel, fenómeno que relanzó y
politizó de modo negativo la problemática migratoria
en su conjunto.
No
obstante en otra muestra de iniciativa e
imaginación, las autoridades cubanas maniobraron y
en 1984; precisamente en el área más difícil,
alcanzaron el primer entendimiento sustantivo con
los Estados Unidos: el Acuerdo Migratorio de 1984.
Con
los entendimientos de los diálogos de 1978 y los
acuerdos migratorios de 1984, pareció que la
normalización migratoria era posible. No ocurrió así
debido a que en marzo de 1985 salió al aire la
llamada Radio Martí a lo cual Cuba ripostó con la
suspensión de la ejecución del acuerdo migratorio de
1984 y meses después, Reagan emitió una Orden
Ejecutiva que suspendió la emigración desde Cuba.
En
1994, en el contexto de la crisis generada por la
caída del socialismo, el incremento de las salidas
ilegales, así como del secuestro de naves y
aeronaves, Cuba decidió "despenalizar la emigración
por medio propios" lo que provocó la llamada "crisis
de los balseros", ante lo cual se efectuaron nuevas
conversaciones migratorias de las que surgió un
acuerdo mediante el cual la administración
estadounidense se comprometió a descontinuar la
práctica de admisión automática de los cubanos y
devolver a Cuba a todas las personas detenidas en
alta mar. De ahí surgieron luego los "pies secos y
mojados."
Lo
cierto es que la parte más antigua de la emigración,
comprometida con el anticastrismo y con suficiente
poder económico para presionar a las
administraciones norteamericanas es el mayor
obstáculo que enfrentan los gobiernos de Estados
Unidos y Cuba para avanzar en sus relaciones y de
alguna manera es un factor que influye en los
manejos internos del tema migratorio en Cuba.
No
sería sensato esperar a una solución del diferendo
con Estados Unidos para avanzar en la normalización
de las relaciones con la emigración y regularizar en
Cuba los procedimientos para emigrar; es a la
inversa.
Tal
vez para avanzar en la solución del diferendo con
Estados Unidos y sanear la situación política
nacional, el país deberá dar pasos resueltos
respecto a la emigración y tal como se hizo en 1978,
aplicar iniciativas audaces e imaginativas, concebir
leyes que formen un marco jurídico apropiado,
integrar a los emigrados al país y diseñar políticas
correctas. Seguramente el Congreso encontrará los
mejores caminos. Allá nos vemos.
(Tomado de ARGENPRESS.info)
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