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EL
COMERCIO DEL HAMBRE
Transnacionales y agronegocios: Peligro de una nueva
catástrofe alimentaria mundial
Por Manuel Freytas-IAR Noticias
Controlados por las corporaciones trasnacionales, y
despojados de su condición de "bien social", los
alimentos se convierten en mercancía capitalista con
un valor fijado por la especulación financiera,
convirtiéndose en la causa principal de las
hambrunas y conflictos sociales que ya empiezan a
desarrollarse por todo el planeta.
[10.03.2011]-Actualizado 11:40
am de Cuba
El
fantasma de la escalada global en los precios de los
alimentos vuelve a asomar y con ello los temores de
que se repitan los estallidos y protestas sociales
masivas en contra de los aumentos, como sucedió en
2008.
En un
primer capítulo, en el 2008, y a causa del aumento
de los precios del petróleo, hubo una escalada
mundial del precio de los alimentos que incrementó
el proceso de hambruna que padecen habitualmente las
poblaciones más desprotegidas de Asia, África y
América Latina.
En un
segundo capítulo, con el desarrollo de la crisis
recesiva global, ese proceso se agudizó arrojando a
más población desposeída a la marginalidad y a la
carencia de alimentos para subsistir aunque sólo sea
a escala precaria.
Un
tercer capítulo comienza a desarrollarse de la mano
del aumento del precio del petróleo, a raíz de los
acontecimientos en Africa y Medio Oriente, como
consecuencia de los procesos de movilización
callejera y de represión militar que se están
desarrollado.(las llamadas "revueltas árabes")
Además, y según el Foro Humanitario Global con sede
en Ginebra, el cambio climático afecta seriamente a
325 millones de personas al año, y el sistema de la
alimentación está en el centro.
Un
reciente estudio del organismo de Naciones Unidas y
la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económico (OCDE) prevé un incremento de entre 15% y
40% en el valor de los granos.
Por
otra parte, los valores reales de los productos
lácteos subirán entre 16 y 45% y el de lo aceites
vegetales en 40%, según la investigación.
Los
valores de los alimentos alcanzaron su nivel más
alto en dos años, según la Organización de las
Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés).
Sólo
en agosto, la ONU dijo que el incremento de los
precios llegó al 5%, debido principalmente al alza
del trigo tras la prohibición de la exportación del
grano por parte de Rusia.
Si
estas proyecciones resultan ciertas, la escalada de
los precios de los alimentos, producida por la
especulación financiera y por la alta concentración
de la producción y comercialización en manos de un
puñado de trasnacionales de la alimentación,
continuará en ascenso.
La
plaga del hambre
La
plaga del hambre, de la exclusión social y del
desempleo que ya se extienden como una epidemia por
las áreas empobrecidas del planeta están generando
las condiciones para un "Apocalipsis social".
Según
la FAO, cada seis segundos muere un niño de hambre
en el mundo y cada día 17.000 niños pierden la vida
por no tener nada que comer.
En la
última Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria,
el director de la FAO, Jacques Diouf, contó seis
segundos en un spot publicitario y agregó: "Un niño
ha muerto de hambre en el mundo". En el día de la
asamblea mundial contra el flagelo, 17 mil personas
murieron de hambre, añadió.
Según
la ONU, en el mundo ya hay más de 1.000 millones de
personas que padecen hambre, la cifra más alta de la
historia, y en todo el planeta hay 3.000 millones de
desnutridos, lo que representa casi la mitad de la
población mundial, de 6.500 millones.
No
hace falta mucha imaginación (el fenómeno ya se
verifica en la realidad) para mensurar el factor
apocalíptico masivo que representaría para el
sistema el avance de ejércitos de hambrientos
buscando comida para supervivir en las grandes
urbes, enfrentando con la violencia a la represión
militar o policial.
Según
la ONU, con "menos del 1%" de los fondos económicos
que han utilizado los gobiernos capitalistas
centrales para salvar al sistema financiero global
(bancos y empresas que han desatado la crisis
económica), se podría resolver la calamidad y el
sufrimiento de miles de millones de personas (casi
la mitad de la población mundial) que son víctimas
de la hambruna a escala mundial.
¿Y
porqué no se hace? Por una razón de fondo: Los
pobres, los desamparados, la "población sobrante",
no son un "producto rentable" para el sistema
capitalista.
El
comercio del hambre
En la
realidad, la producción de alimentos está fuera de
la órbita del control estatal de los gobiernos.
Los
recursos esenciales para la supervivencia están
supeditados a la lógica de rentabilidad capitalista
de un puñado de corporaciones trasnacionales (con
capacidad informática, financiera y tecnológica) que
los controlan a nivel global, y con protección
militar-nuclear de EEUU y las superpotencias.
En ese
escenario, la producción y comercialización de
alimentos no está supeditada a la lógica del "bien
social", sino a la más cruda lógica de la
rentabilidad capitalista.
Según
la propia FAO, diez corporaciones trasnacionales
controlan actualmente el 80% del comercio mundial de
los alimentos básicos, y similar número de mega
empresas controlan el mercado internacional del
petróleo, de cuyo impulso especulativo se nutre el
proceso de suba de los alimentos, causal de la
hambruna, que ya se extiende por todo el planeta.
Al
iniciarse en Guadalajara, México, una conferencia
técnica sobre la biotecnología agrícola, Pat Mooney,
director ejecutivo del Grupo ETC de Canadá, dijo al
diario La Jornada que lo único que le interesa a las
multinacionales del sector es obtener ganancias.
El
experto señaló que las transnacionales nunca se
interesaron en la alimentación de los pobres, debido
a que no representan un mercado.
Pat
Mooney dijo que en este tipo de reuniones de la FAO
siempre están presentes firmas como la Dupont y
Monsanto, con patentes monopólicas de producción y
expresó que por encima de los representantes de los
gobiernos, son ellas las que dicen la última
palabra.
Entre
los primeros pulpos trasnacionales de la
alimentación, se encuentran la empresa suiza Nestlé
SA., la francesa Groupe Danone SA. y la Monsanto
Co., que lideran mundialmente la comercialización de
alimentos y que, además de controlar la
comercialización y las fuentes de producción, poseen
todos los derechos a escala global sobre semillas e
insumos agrícolas.
Despojados de su condición de "bien social" de
supervivencia, esos recursos se convierten en
mercancía capitalista con un valor fijado por la
especulación en el mercado, y los precios no se
fijan sólo por la demanda del consumo masivo, sino
básicamente por la demanda especulativa en los
mercados financieros y agro-energéticos.
Por lo
tanto, no hay "crisis alimentaria" (como sostienen
la FAO, la ONU, el Banco Mundial, y las
organizaciones del capitalismo como el G-8) sino un
incremento de la hambruna mundial por la
especulación financiera y la búsqueda de
rentabilidad capitalista con el precio del petróleo
y los alimentos.
El
control de las fuentes, de la producción, de la
comercialización internacional y de la masa de
recursos financieros emergentes por las
corporaciones trasnacionales, tornan impotentes a
los gobiernos dependientes (sin poder de
gerenciación sobre esos recursos) para resolver los
problemas de la hambruna que aqueja a sus pueblos.
Y por
más apelaciones que hagan las instituciones
"asistencialistas" del sistema capitalista como la
ONU y la FAO (que suceden a la caridad religiosa)
las corporaciones transnacionales establecen su
dinámica productiva a partir de la relación
costo-beneficio.
Esto
es, y atendiendo a la lógica esencial que guía el
desarrollo histórico del capitalismo, sólo producen
atendiendo a la ley de la rentabilidad, a la ley del
beneficio privado, y no atendiendo a la lógica del
beneficio social.
Por
otra parte, los fondos que destinan la ONU, el Banco
Mundial y demás organizaciones del capitalismo
trasnacional, son mendrugos comparados con la
ganancias multimillonarias de los pulpos petroleros
y de la alimentación y el crecimiento de las
fortunas personales de sus directivos y accionistas.
Según
analistas especializados de Wall Street, un 60% del
precio del petróleo crudo y de las materias primas
alimentarias tiene como causal a la especulación en
futuros no regulada, de fondos precisamente
autodenominados "especulativos", bancos y grupos
financieros que utilizan las bolsas de futuros ICE
de Londres y NYMEX de Nueva York y el comercio
inter-bancos.
En
este tercer frente del negocio agro-energético
financiero (productor directo de la hambruna y la
inflación mundial) se encuentran en primera línea
Goldman Sach y Morgan Stanley, súper-gigantes de la
especulación financiera en alta escala del
capitalismo trasnacional sionista con asiento en
Wall Street.
En
este escenario, los precios no se fijan sólo por la
demanda del consumo, sino básicamente por las
necesidades comerciales y la demanda especulativa en
los mercados financieros agro-energéticos.
De
este accionar monopólico y de la acción especulativa
en los principales mercados de materias primas,
entre cuyas herramientas financieras se encuentra el
ICE [Intercontinental Exchange] de Londres y las
bolsas mercantiles de Nueva York y Chicago,
provienen principalmente las ganancias siderales del
mega-consorcio financiero Goldman Sach.
En el
2008, los grandes pulpos concentrados huyeron de la
crisis financiera y comenzaron la especulación en
alta escala con los alimentos y materias primas
convertidos en estrellas de la rentabilidad
financiera.
El
mercado del hambre
Los
acuerdos internacionales a través de la Organización
Mundial del Comercio (OMC), los Acuerdos de Libre
Comercio (FTA) y los Acuerdos de Asociación
Económica (EPA), impulsados por programas del Banco
Mundial y del FMI, permiten que el apoyo
incondicional a los agro negocios sea una prioridad
en las políticas alimentarias y agrícolas de los
gobiernos en el mundo subdesarrollado.
Los
subsidios gubernamentales destinados a las
transnacionales agroalimentarias están orientados a
la agricultura industrial, eliminando granjas en el
Norte y en el Sur por medio de precios bajos de
dumping.
Mediante la "revolución verde", las transnacionales
de agro negocios excluyen los conocimientos locales
en la agricultura e imponen nuevas tecnologías e
insumos agrícolas artificiales que los campesinos
tienen que comprar, dependiendo de ellos de forma
permanente.
En su
búsqueda de rentabilidad a cualquier costo, las
transnacionales buscan controlar el mercado mundial
de los alimentos y convertir la producción campesina
en producción industrial, controlando la fijación de
precios a escala global.
En su
rapacidad las transnacionales de la agroalimentación
se apoderan de tierras para convertirlas en
monocultivos de agro combustibles.
O sea,
cultivan alimentos para los automóviles mientras la
mitad de la población mundial vive en estado de
pobreza y de desnutrición.
Y los
gobiernos, al no tener poder de gerenciación sobre
sus recursos agroenergéticos se convierten en
títeres de las corporaciones que los controlan y que
se apoderan de la renta del producido por el trabajo
social de esos países.
Y como
el capitalismo trasnacional (las corporaciones que
controlan el petróleo y los alimentos) sólo produce
para quien está en capacidad de comprar esos
productos, la falta de poder adquisitivo de las
mayorías empobrecidas del planeta, lleva su vez a
que las corporaciones reduzcan la producción para
achicar costos y preservar la rentabilidad vendiendo
menos pero más caro.
El
mundo atraviesa por una sobredemanda de alimentos y
de petróleo que, a su vez, multiplica la
rentabilidad de los grupos que hegemonizan el poder
sobre la producción y comercialización, y sobre los
mercados de la especulación financiera de las
materias primas.
De
esta manera, a los pulpos petroleros y alimentarios
no les interesa producir más, sino ganar más
produciendo lo mismo con baja de costos de personal
e infraestructura.
En
consecuencia, controlados por las corporaciones
trasnacionales, y despojados de su condición de
"bien social", los alimentos se convierten en
mercancía capitalista con un valor fijado por la
especulación financiera, convirtiéndose en la causa
principal de las hambrunas y conflictos sociales que
azotan a muchos regiones del planeta. |