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Del Norte al Sur del planeta, frente a la deuda en todos sus estados: pistas alternativas
Por Eric Toussaint

[07.05.2011]-Actualizado 11:50 pm Cuba 

La crisis sacude a la Unión Europea hasta los cimientos. Para varios
países la soga de la deuda pública se cierra sobre ellos y están
asfixiados por los mercados financieros. Con la complicidad activa de
los gobiernos, de la Comisión Europea, del Banco Central Europeo y del
FMI, las instituciones financieras responsables de la crisis se
enriquecen y especulan sobre las deudas de los Estados. La patronal
aprovecha la situación para lanzar una ofensiva brutal contra una
serie de derechos económicos y sociales de la mayoría de la población.

La reducción del déficit público no debe hacerse reduciendo los gastos
sociales públicos, sino luchando contra el gran fraude fiscal y
gravando más el capital, las transacciones financieras, el patrimonio
y las rentas de los más ricos. Para reducir el déficit, también es
necesario reducir drásticamente los gastos de armamento, así como
otros gastos socialmente inútiles y peligrosos para el medio ambiente.
En cambio es fundamental aumentar los gastos sociales, especialmente
para amortiguar los efectos de la depresión económica. Pero más allá
hay que considerar esta crisis como una posibilidad de romper con la
lógica capitalista y realizar un cambio radical de sociedad. La nueva
lógica que hay que construir deberá romper con el productivismo,
incluir la cuestión ecológica, erradicar las diversas formas de
opresión [racial, patriarcal, etc.] y promover los bienes comunes.

Para eso es necesario construir un frente anticrisis, tanto a escala
europea como localmente, con el fin de agrupar las energías para crear
una relación de fuerza favorable a la puesta en práctica de soluciones
radicales centradas en la justicia social y climática. Desde agosto de
2010 el CADTM ha formulado ocho propuestas relativas a la actual
crisis europea |1|. El elemento central es la necesidad de proceder a
la anulación de la parte ilegitima de la deuda pública. Para ello, el
CADTM recomienda la realización de una auditoría de la deuda pública
efectuada bajo control ciudadano. En determinadas circunstancias dicha
auditoría deberá combinarse con la suspensión unilateral y soberana
del reembolso de la deuda pública. El objetivo de la auditoría es
llegar a la anulación/repudio de la parte ilegal de la deuda pública y
a una fuerte reducción del resto de la deuda.

La reducción drástica de la deuda pública es una condición necesaria
pero insuficiente para sacar a los países de la Unión Europea de la
crisis. Hay que completarla con toda una serie de medidas de gran
amplitud en diferentes ámbitos.

1. Realizar una auditoría de la deuda pública con el fin de anular la
parte ilegitima

Una parte importante de la deuda pública de los Estados de la Unión
Europea es ilegitima porque es el resultado de una política deliberada
de gobiernos que decidieron privilegiar sistemáticamente a una clase
social, la clase capitalista, y a otros sectores favorecidos, en
detrimento del resto de la sociedad. La rebaja de impuestos sobre las
rentas altas de las personas físicas, sobre sus patrimonios y sobre
los beneficios de las empresas privadas, han llevado a los poderes
públicos a incrementar la deuda pública con el fin de cubrir el
agujero producido por esa rebaja. Así, dichos poderes públicos han
aumentado fuertemente la carga impositiva sobre los hogares modestos
que constituyen la mayoría de la población. A eso hay que añadir,
desde 2007-2008, el rescate de las instituciones financieras privadas,
responsables de la crisis, que ha costado muy caro a las finanzas
públicas y ha hecho estallar la deuda pública. La disminución de los
ingresos provocada por la crisis que han causado las instituciones
financieras privadas, una vez más se ha tenido que cubrir con
préstamos masivos. Ese marco general señala claramente la ilegitimidad
de una parte importante de las deudas públicas. A eso se añade, en
cierto número de países sometidos al chantaje de los mercados
financieros, otras fuentes evidentes de ilegitimidad. Las nuevas
deudas contraídas a partir de 2008 se han asumido en un contexto en el
que los banqueros [y otras instituciones financieras privadas]
utilizan el dinero conseguido de los bancos centrales a tipos de
interés bajos para especular y obligar a los poderes públicos a
aumentar las remuneraciones que éstos tienen que reembolsar. Además en
países como Grecia, Hungría, Letonia, Rumania o Irlanda, los préstamos
concedidos por el FMI se han combinado con condiciones que constituyen
una violación de los derechos económicos y sociales de las
poblaciones. Con el agravante de que esas condiciones, una vez más,
favorecen a los banqueros y a las demás instituciones financieras.
También por estas razones son ilegitimas. Finalmente, en algunos casos
se ha hecho burla de la voluntad popular: por ejemplo, mientras que en
febrero de 2011 una amplia mayoría de los irlandeses votó contra los
partidos que hicieron regalos a los bancos y aceptaron las condiciones
impuestas por la Comisión Europea y el FMI, la nueva coalición
gubernamental continúa grosso modo la misma política que sus
predecesores. Más generalmente, en algunos países se asiste a la
marginación del poder legislativo en beneficio de una política de
hechos consumados impuesta por el poder ejecutivo que pasa los
acuerdos con la Comisión Europea y el FMI. A continuación el poder
ejecutivo presenta al Parlamento ese acuerdo «lo tomas o lo dejas»,
que llega incluso a organizar un debate sin votación en asuntos de
primer orden. La tendencia del poder ejecutivo a transformar el órgano
legislativo en una oficina de registro se refuerza.

En ese inquietante contexto, sabiendo que antes o después una serie de
Estados se enfrentará al riesgo concreto de la imposibilidad de pagar
por falta de liquidez y que el reembolso de una deuda ilegitima es
inaceptable por principios, conviene pronunciarse claramente por la
anulación de las deudas ilegitimas. Anulación cuyo coste debe recaer
sobre los culpables de la crisis, a saber, las instituciones
financieras privadas.

Para los países como Grecia, Irlanda, Portugal o los países de Europa
del Este [y los de fuera de la Unión Europea, como Islandia], es
decir, los países que están sometidos al chantaje de los
especuladores, del FMI y de otros organismos como la Comisión Europea,
conviene recurrir a una moratoria unilateral del reembolso de la deuda
pública. Esta propuesta se hace popular en los países más afectados
por la crisis. A finales de noviembre de 2010 en Dublín, en una
encuesta de opinión realizada por teléfono a cerca de 500 personas, el
57% de los irlandeses preguntados se pronunció a favor de la
suspensión del pago de la deuda [«default» en inglés] más que por la
ayuda de emergencia del FMI y Bruselas. «Default ! say the people» [el
pueblo por la suspensión del pago] titulaba el Sunday Independent,
principal diario de la isla. Según el CADTM, ese tipo de moratoria
unilateral debe unirse a la realización de una auditoría de los
préstamos públicos [con participación ciudadana]. La auditoría debe
permitir que se aporten al gobierno y a la opinión pública las pruebas
y los argumentos necesarios para la anulación/repudio de la parte de
la deuda identificada como ilegitima. El derecho internacional y el
derecho interno de los países ofrecen una base legal para ese tipo de
acción soberana unilateral de anulación/repudio.

A los países que recurran a la suspensión del pago, con la experiencia
sobre la cuestión de la deuda de los países del sur, el CADTM pone en
guardia con respecto a una medida insuficiente, una simple suspensión
del reembolso de la deuda, que puede revelarse contraproducente. Hay
que hacer la moratoria sin añadido de intereses de demora sobre las
sumas no reembolsadas.

En otros países como Francia, Gran Bretaña o Alemania, no es
imperativo decretar una moratoria unilateral durante la realización de
la auditoría. Pero también debe llevarse a cabo allí con el fin de
determinar la amplitud de la anulación/repudio a la que habrá que
proceder. En caso de deterioro de la coyuntura internacional la
suspensión del pago pueden llegar a ser necesaria incluso para los
países que se creen a salvo del chantaje de los prestamistas privados.

La participación ciudadana es la condición imperativa para garantizar
la objetividad y la transparencia de la auditoría. Esta comisión de
auditoría deberá estar compuesta especialmente por los diferentes
órganos del Estado afectados, así como por auditores expertos de las
finanzas públicas, economistas, juristas, constitucionalistas,
representantes de los movimientos sociales… y permitirá determinar las
distintas responsabilidades en el proceso de endeudamiento y exigir
que los responsables, tanto nacionales como internacionales, rindan
cuentas a la justicia. En caso de hostilidad de un gobierno con
respecto a la auditoría, será necesario constituir una comisión
ciudadana de auditoría sin participación gubernamental

En cualquier caso es legítimo que las instituciones privadas y las
personas físicas de altas rentas que poseen los títulos de esas deudas
asuman el coste de la anulación de deudas soberanas ilegitimas, ya que
son ampliamente responsables de la crisis de la cual, por añadidura,
se beneficiaron largamente. El hecho de que deban asumir el coste de
la anulación no es más que una justa vuelta hacia una mayor justicia
social. Es importante elaborar un registro de los propietarios de
títulos con el fin de indemnizar a los ciudadanos y ciudadanas con
rentas bajas y medias que haya entre ellos.

Si la auditoría demuestra la existencia de delitos relacionados con el
endeudamiento ilegal, hay que condenar firmemente a sus autores a
pagar las reparaciones y no permitir que se libren de las penas de
cárcel en función de la gravedad de sus actos. Hay que exigir justicia
contra las autoridades que pusieron en marcha los préstamos ilegales.

En cuanto a las deudas que no están afectadas de ilegitimidad,
convendría imponer un esfuerzo a los acreedores en términos de
reducción del stock y de los tipos de interés, así como una ampliación
del período de reembolso. También seria conveniente efectuar una
discriminación positiva a favor de los pequeños propietarios de
títulos de la deuda pública que convendría reembolsar normalmente. Por
otra parte, el montante de la parte del presupuesto del Estado
destinado al reembolso de la deuda deberá limitarse en función de la
situación de la economía, de la capacidad de reembolso de los poderes
públicos y del carácter irreducible de los gastos sociales. Hay que
inspirarse en lo que se hizo con Alemania tras la Segunda Guerra
Mundial. El Acuerdo de Londres de 1953 sobre la deuda alemana, que
consistía, en particular, en reducir el 62% del stock de la deuda,
estipulaba que la relación entre el servicio de la deuda y los
ingresos de las exportaciones no debía sobrepasar el 5%. |2| Se podría
definir una ratio de este tipo: la suma asignada al reembolso de la
deuda no puede exceder el 5% de los ingresos del Estado. También hay
que adoptar un marco legal para evitar que se repita la crisis que
comenzó en 2007-2008: prohibición de socializar las deudas privadas,
obligación de organizar una auditoría permanente de la política de
endeudamiento público con participación ciudadana, imprescriptibilidad
de los delitos relacionados con el endeudamiento ilegal, nulidad de
las deudas ilegales…

2. Detener los planes de austeridad, son injustos y profundizan la crisis

De acuerdo con las exigencias del FMI, los gobiernos de los países
europeos han optado por imponer a sus pueblos políticas de estricta
austeridad, con claros recortes en el gasto público: jubilaciones en
la función pública, congelación e incluso rebaja de los salarios de
los funcionarios, reducción del acceso a algunos servicios públicos
vitales y de protección social, retraso de la edad de jubilación. A la
inversa las empresas públicas reclaman –y obtienen- un aumento de sus
tarifas mientras que el coste del acceso a la sanidad y la educación
también se revisa al alza. Crece el recurso a la subida de impuestos
indirectos particularmente injustos, en especial el IVA. Las empresas
públicas del sector competente se privatizan masivamente. Las
políticas de austeridad que se ponen en práctica se están empujando a
un nivel nunca visto desde la Segunda Guerra Mundial. De esta forma
los efectos de la crisis se duplican por los presuntos remedios que se
dirigen sobre todo a proteger los intereses de los propietarios de
capitales. En resumen, ¡los banqueros beben, los pueblos pagan!

Pero los pueblos cada vez toleran menos la injusticia de esas reformas
caracterizadas por una amplia regresión social. En términos relativos
son los trabajadores, los parados y las familias más modestas quienes
más tienen que contribuir para que los Estados continúen engordando a
los acreedores. Y entre las poblaciones más afectadas las mujeres
ocupan el primer puesto, ya que la actual organización de la economía
y la sociedad patriarcal hace que caigan sobre ellas los desastrosos
efectos de la precariedad, del trabajo parcial y mal pagado. Afectadas
directamente por la degradación de los servicios sociales públicos,
ellas pagan un precio muy alto. La lucha para imponer otra lógica es
indisociable de la lucha por el respeto total de los derechos de las
mujeres.

3. Instaurar una verdadera justicia fiscal europea y una justa
redistribución de la riqueza. Prohibir las transacciones con los
paraísos judiciales y fiscales. Luchar contra el fraude fiscal masivo
de las grandes empresas y de los más ricos

Desde 1980 no han dejado de bajar los impuestos directos sobre las
rentas más elevadas y las grandes empresas. Así en la Unión Europea,
de 2000 a 2008, las tasas superiores del impuesto sobre la renta y el
impuesto de sociedades bajaron respectivamente 7 y 8,5 puntos. Esos
cientos de miles de millones de euros de regalos fiscales se
orientaron esencialmente hacia la especulación y la acumulación de
riquezas por parte de los más ricos.

Hay que diseñar una reforma profunda de la fiscalidad con el objetivo
de la justicia social [reducir al mismo tiempo las rentas y el
patrimonio de los más ricos para aumentar los de la mayoría de la
población] armonizándola en el plano europeo con el fin de impedir el
dumping fiscal. |3| Se trata de aumentar los ingresos públicos,
especialmente por medio del impuesto progresivo sobre la renta de las
personas físicas más ricas [la tasa marginal sobre el tramo más
elevado de renta debe llevarse al 90% |4|], el impuesto sobre el
patrimonio a partir de cierto montante y el impuesto de sociedades.
Este aumento de los ingresos debe ir parejo con una rápida rebaja del
precio del acceso a los bienes y servicios de primera necesidad
[alimentos básicos, agua, electricidad, calefacción, transporte
público, material escolar…] especialmente por una reducción fuerte y
concreta del IVA de dichos bienes y servicios vitales. Se trata
también de adoptar una política fiscal que favorezca la protección del
medio ambiente gravando de forma disuasiva a las industrias
contaminantes.

La Unión Europea debe adoptar una tasa sobre las transacciones
financieras, especialmente sobre los mercados de intercambios, con el
fin de aumentar los ingresos de los poderes públicos.

Los diferentes G20, a pesar de sus declaraciones de intenciones, en
realidad se han negado a atacar a los paraísos judiciales y fiscales.
Una medida sencilla para luchar contra los paraísos fiscales [que
todos los años hacen perder a los países del norte, y también a los
del sur, recursos vitales para el desarrollo de las poblaciones],
consiste para un Parlamento en prohibir a todas las personas físicas y
a todas las empresas presentes en su territorio realizar cualquier
transacción que pase por los paraísos fiscales, bajo pena de una multa
de un importe equivalente. Además hay que erradicar esos agujeros
negros de las finanzas, de tráficos criminales, de corrupción y de
delincuencia de cuello blanco.

El fraude fiscal priva a la colectividad de medios considerables y
actúa contra el empleo. Los medios públicos consecuentes deben ponerse
al servicio del ministerio de finanzas para luchar eficazmente contra
ese fraude. Los resultados deben hacerse públicos y sancionar
severamente a los culpables.

4. Poner en orden los mercados financieros, en especial por la
creación de un registro de los propietarios de títulos, por la
prohibición de las ventas a descubierto y la especulación en una serie
de sectores. Crear una agencia pública europea de calificación

La especulación a escala mundial representa varias veces el total de
las riquezas producidas en el planeta. Los sofisticados montajes de la
mecánica financiera la vuelven totalmente incontrolable. Los
engranajes que suscita alteran la estructura de la economía real. La
opacidad sobre las transacciones financieras es la norma. Para gravar
a los acreedores en el origen, es necesario identificarlos. La
dictadura de los mercados financieros debe acabar y se debe prohibir
la especulación en toda una serie de sectores. Es conveniente prohibir
la especulación con los títulos de la deuda pública, con las divisas y
con los alimentos. |5| También se deben prohibir las ventas a
descubierto |6| y los Credit Default Swaps se deben regular
estrictamente. Hay que cerrar los mercados de contratación directa de
productos derivados, que son verdaderos agujeros negros que escapan a
toda reglamentación y vigilancia.

El sector de las agencias de calificación también debe reformarse y
enmarcarse estrictamente. Lejos de una herramienta de evaluación
científica objetiva, esas agencias son, estructuralmente, partes
interesadas de la globalización neoliberal y en varias ocasiones han
desencadenado repeticiones de catástrofes sociales. En efecto, la
rebaja de la nota de un país implica una subida de los tipos de
interés sobre los préstamos que se le han concedido. En consecuencia
la situación económica del país en cuestión se deteriora todavía más.
El comportamiento borreguil de los especuladores multiplica las
dificultades encontradas que pesarán todavía más duramente sobre las
poblaciones. La marcada sumisión de las agencias de calificación a los
medios financieros estadounidenses las convierte en actores
principales a nivel internacional, y su responsabilidad en el
desencadenamiento y la evolución de la crisis no ha sido
suficientemente aclarada por los medios de comunicación. La
estabilidad económica de los países europeos se ha dejado en manos de
esas agencias de calificación, sin protección, sin medios serios de
control por parte de los poderes públicos. Es imprescindible la
creación de una agencia pública de calificación para escapar de este
callejón sin salida.

5. Transferir los bancos al sector público bajo control ciudadano

Tras decenios de desviaciones financieras y privatizaciones ya es hora
de pasar el sector crediticio al dominio público. Los Estados deben
recuperar su capacidad de controlar y orientar la actividad económica
y financiera. También deben contar con instrumentos para realizar
inversiones y financiar el gasto público reduciendo al mínimo el
endeudamiento con instituciones financieras privadas y/o extranjeras.
Hay que expropiar los bancos, sin indemnización, y transferirlos al
sector público bajo control ciudadano.

En algunos casos, la expropiación de los bancos privados puede
representar un coste para el Estado debido a las deudas puedan haber
acumulado. El coste en cuestión debe recuperarse del patrimonio
general de los grandes accionistas. En efecto, las empresas privadas
que son accionistas de los bancos y que los llevaron al abismo
mientras obtenían jugosos beneficios, son propietarias de una parte de
su patrimonio en otros sectores de la economía. Debe hacerse, pues,
una punción en el patrimonio general de los accionistas. Se trata de
evitar al máximo la socialización de las pérdidas. El ejemplo irlandés
es emblemático. La forma en que se efectuó la nacionalización del
Allied Bank irlandés es inaceptable. Hay que aprender de eso.

6. Socializar las numerosas empresas y servicios privatizados desde 1980

Una característica de los últimos treinta años ha sido la
privatización de muchas empresas y servicios públicos. Desde los
bancos al sector industrial pasando por correos, las
telecomunicaciones, la energía y el transporte, los gobiernos han
entregado al sector privado gran parte de la economía, perdiendo al
mismo tiempo toda la capacidad de regularla. Esos bienes públicos,
procedentes del trabajo colectivo, deben volver al sector público. Se
trata de crear nuevas empresas públicas y adaptar los servicios
públicos según las necesidades de la población para responder, en
particular, a la problemática del cambio climático, por ejemplo con la
creación de un servicio público de aislamiento térmico de las
viviendas.

7. Reducir drásticamente las horas de trabajo para crear empleos y
aumentar los salarios y las pensiones

Distribuir de otra forma la riqueza es la mejor respuesta a la crisis.
La parte de la riqueza creada destinada a los trabajadores se ha
reducido considerablemente desde hace varios decenios mientras los
acreedores y las empresas han aumentado sus beneficios para dedicarlos
la especulación. El aumento de los salarios no sólo permite que las
personas vivan con dignidad, sino que también fortalece los medios
utilizados para financiar la protección social y las pensiones.

Al reducir el tiempo de trabajo sin menguar los salarios y creando
empleos, se mejora la calidad de vida de los trabajadores y se
proporciona empleo a aquéllos que lo buscan. La reducción radical del
tiempo de trabajo también ofrece la oportunidad de practicar un ritmo
de vida diferente, una forma diferente de vivir en sociedad
alejándonos del consumismo. El tiempo ganado para el ocio permitirá
una mayor participación activa de las personas en la vida política, en
el fortalecimiento de la solidaridad, en actividades de voluntariado y
en la creatividad cultural.

8. Refundar democráticamente otra Unión Europea basada en la solidaridad

Varias disposiciones de los tratados que rigen la Unión Europea, la
eurozona y el BCE deben derogarse. Por ejemplo, es necesario eliminar
los artículos 63 y 125 del Tratado de Lisboa, que prohíben cualquier
control de los movimientos de capitales y cualquier ayuda a un Estado
en dificultades. También hay que abandonar el Pacto de Estabilidad y
Crecimiento. Y más allá, es necesario sustituir los tratados actuales
por otros nuevos en el marco de un genuino proceso constituyente
democrático para alcanzar un pacto de solidaridad de los pueblos a
favor del empleo y la ecología.

Se debe revisar por completo la política monetaria así como la
normativa y las prácticas del Banco Central Europeo. La incapacidad
del poder político de obligar al BCE a emitir dinero es un obstáculo
muy grave. Con la creación del BCE como entidad por encima de los
gobiernos y de los pueblos, la UE tomó una decisión desastrosa, la del
someter a los seres humanos a las finanzas y no a la inversa.

Mientras que muchos movimientos sociales denunciaron los rígidos y
profundamente inadecuados estatutos, el BCE se ha visto obligado a
cambiar de opinión en lo más álgido de la crisis modificando con
urgencia el papel que le había sido asignado. Por desgracia el BCE
accedió a hacerlo por razones equivocadas: no porque se tuvieran en
cuenta los intereses de los pueblos, sino para preservar los de los
acreedores. Es la prueba evidente de que hay que barajar y repartir
las cartas de nuevo. El BCE debe tener el poder de financiar
directamente a los Estados que desean lograr los objetivos sociales y
medioambientales que integran perfectamente las necesidades básicas de
la población.

En la actualidad, actividades económicas muy diferentes, como la
inversión en la construcción de un hospital o un proyecto puramente
especulativo, se financian de manera similar. El poder político debe,
al menos plantearse, imponer costes muy diferentes a unos y otros: los
bajos tipos de interés se deben reservar para inversiones socialmente
justas y ambientalmente sostenibles, mientras que las tasas muy altas,
incluso prohibitivas cuando la situación lo exige, deben aplicarse a
las operaciones de tipo especulativo siendo también deseable que pura
y simplemente se prohíban en ciertos sectores [véase más arriba].

Una Europa basada en la solidaridad y la cooperación debe dar la
espalda a la competencia y la rivalidad que nivelan «por abajo». La
lógica neoliberal ha conducido a la crisis y ha revelado su fracaso.
Dicha lógica ha empujado los indicadores sociales a la baja: menos
protección social, menos empleo, menos servicios públicos. Los que se
han beneficiado de esta crisis lo han hecho pisoteando los derechos de
la mayoría. ¡Los culpables han ganado, las víctimas pagan! Esta
lógica, que subyace en todos los textos fundadores de la Unión
Europea, comenzando por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, debe
atacarse directamente: no se puede sostener. El objetivo prioritario
debe ser otra Europa basada en la cooperación entre los Estados y la
solidaridad entre los pueblos. Para ello, las políticas
presupuestarias y fiscales no deben ser uniformes, ya que las
economías europeas presentan grandes diferencias, pero hay que
coordinarlas para que finalmente surja una nivelación «por arriba».
Hay que imponer políticas globales a escala europea que incluyan
inversiones públicas masivas para la creación de empleo público en
áreas claves [de los servicios comunitarios a las energías renovables,
de la lucha contra el cambio climático a los sectores sociales
básicos].

Esta otra Europa democratizada debe, según el CADTM, trabajar para
imponer principios no negociables: el fortalecimiento de la justicia
fiscal y social, decisiones dirigidas a elevar el nivel y la calidad
de vida de sus habitantes, el desarme y la reducción radical del gasto
militar [incluida la retirada de las tropas europeas de Afganistán y
la salida de la OTAN], optar por energías sostenibles sin recurrir a
la nuclear, rechazo de los organismos modificados genéticamente [OGM].
También debe acabar resueltamente con su política de fortaleza sitiada
frente a los inmigrantes y convertirse en un socio justo y
verdaderamente solidario con los pueblos del Sur del planeta.

Traducido para Rebelión por Jorge Aldao y Caty R.

Notas
|1| Ver
http://www.cadtm.org/Juntos-para-im... En este artículo recuperamos estas ocho propuestas, las actualizamos y las desarrollamos.

|2| Ver, de Éric Toussaint, Banco Mundial. El golpe de Estado permanente, capítulo 4.

|3| Pensamos en Irlanda, que aplica una tasa sólo del 12,5% sobre los beneficios de las sociedades.

|4| Hay que señalar que esa tasa del 90% se impuso a los ricos a partir de la presidencia de Franklin Roosevelt en Estados Unidos en los años 1930.

|5| Ver, de Éric Toussaint, La Crisis global, Editorial de las Madres de la Plaza de Mayo, Buenos Aires, 2010, capítulo 4.

|6| Las ventas a descubierto permiten especular sobre la bajada de un título vendiendo finalmente dicho título cuando ni siquiera se tiene.
Las autoridades alemanas han prohibido las ventas a descubierto mientras que las autoridades francesas y las de otros países se oponen a esa medida.

P.-S.
Éric TOUSSAINT, doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Liège –Bélgica- y de la Universidad Paris VIII – Francia-, Maître de conférences en la Universidad de Liège (Bélgica), presidente del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo - Bélgica
www.cadtm.org, miembro del Consejo Internacional del Foro Social Mundial y de la Comisión Presidencial de Auditoría Integral de la Deuda (CAIC) de Ecuador, miembro del Consejo Científico de ATTAC France. Autor de La Crisis global, Editorial de las Madres de la Plaza de Mayo, Buenos Aires, 2010; Una mirada al retrovisor. El neoliberalismo desde sus orígenes hasta la actualidad, Editorial Icaria, Barclona, 2010; Banco del sur y Nueva crisis internacional, Editorial Viejo Topo (Barcelona), 2007 ; Editorial Abya-Yala (Quito), 2007 ; Editorial Observatorio DESC, La Paz, 2007). Co-autor con Damien Millet de 60 preguntas/ 60 Respuestas sobre la deuda, el Fmi y el Banco mundial, Icaria-Intermon, Barcelona, 2010.

(Tomado del Boletin CADTM)

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