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EL ACUERDO DEL
PACÍFICO
Jaque a la integración sudamericana
Por Carlos
Bedoya-Red del Tercer Mundo
[07.05.2011]-Actualizado
11:50 pm Cuba
Cuando se anunciaron las negociaciones del Tratado
de Libre Comercio (TLC) Perú-Centroamérica, nadie
entendía bien cuál era la razón de este acuerdo. Ni
son socios comerciales de envergadura, ni hay
cantidad de inversiones que proteger. Lo que parecía
más bien un tema de carácter ideológico, ocultaba
asuntos políticos. Hoy, con la firma del Acuerdo del
Pacífico, este viernes en Lima, lo podemos ver
claramente. En efecto, articular en una zona de
libre comercio y protección de inversiones bajo la
influencia norteamericana y del dólar a los cuatro
suscriptores del Acuerdo de Pacífico (Chile,
Colombia, México y Perú) con Honduras, Nicaragua, El
Salvador, Costa Rica, Panamá, Guatemala y,
posiblemente, República Dominicana es la clave para
entender esta jugada aparentemente comercial.
La vía es un tramado de TLC entre todos estos países
y Estados Unidos, dejando descolocada a la Unión
Sudamericana de Naciones (Unasur) y, de pasada,
ponerle un “hasta aquí” al liderazgo de Brasil en la
región.
La muerte del ALCA
Sin duda, es un tema de hegemonía política que
debemos observar muy de cerca. La mayoría de los
medios de prensa se limita a notas informativas y a
saludar el Acuerdo del Pacífico como un instrumento
que reforzará la economía en la región. En realidad,
Washington quiere a toda costa recuperar el control
de su patio trasero, desde que a principios de siglo
Brasil, Venezuela y Argentina se atrevieron a
hablarle de igual a igual, logrando en noviembre del
2005 en Mar del Plata, en plena Cumbre, acabar con
las negociaciones del Área de Libre Comercio de las
Américas (ALCA), que pretendía abrir todos los
mercados sin importar quienes perdían. Atrás quedaba
la correlación de fuerzas de los años noventa, donde
toda América Latina practicaba la democracia
neoliberal, la única forma posible bajo las órdenes
del FMI y el Banco Mundial. Atrás quedaba la foto de
Bill Clinton con todos los presidentes de la región
para lanzar el ALCA.
Si Estados Unidos planteaba que todos los países de
América Latina abrieran sus economías, Brasil le
respondía que, a cambio, dejara que la soja
brasileña entrara a California en igualdad de
condiciones.
Si señalaba que era hora de que el comercio y la
inversión fueran la solución para la economía
regional -es decir, que sus empresas entraran en
todos los sectores económicos y las diferencias se
sometieran al centro de arbitraje del Banco Mundial
en Washington-, Argentina le daba su acuerdo, pero
con salvaguardias y compensaciones para los países
que se verían perjudicados, y nada de subsidios ni
barreras no arancelarias para evitar que los
productos entraran al mercado norteamericano.
Y que reconociera, además, el nocivo papel del FMI
en la región y el fracaso de las políticas del
Consenso de Washington. Y así, mientras Estados
Unidos ya tenía en el bolsillo a veintiuno de los
treinta y cuatro países invitados a suscribir el
ALCA en Mar del Plata, Brasil, Argentina y Venezuela
argumentaban que no se podía pasar por encima del
setenta y cinco por ciento del PBI de la región que
ellos representaban.
Finalmente, George W. Bush se marchó de Argentina
con el sabor de la derrota y millones de personas en
el continente celebraron la muerte del ALCA. Al
mismo tiempo que el Mercosur quedaba en una posición
expectante para que junto a la Comunidad Andina de
Naciones construyera la integración comercial de
América del Sur y la Unasur tomara fuerza como
espacio de integración política. Sin embargo, muchos
analistas advirtieron que el ALCA volvería, que el
TLC que ya se había empezado a negociar entre
Estados Unidos y la zona andina era el indicio de
que Washington completaría su objetivo mediante
otras metodologías. Y así fue.
El ALCA recargado
El Perú no sólo suscribió un TLC con Estados Unidos
y sino que comenzó otras negociaciones. En buena
cuenta, esto frustró que el Mercosur y la Comunidad
Andina acordaran un arancel externo común pues, con
los aranceles peruanos en el piso, ya no había
margen para políticas comerciales serias en la
región como un bloque.
El canciller José García Belaúnde no se ha cansado
de repetir que la integración sudamericana ha sido
frustrada por Hugo Chávez, pero el real escollo son
los más de seis TLC que el Perú ha suscrito con
países de otros continentes.
Y hoy el Perú sigue siendo un eje fundamental para
la articulación de este ALCA encubierto, ya que fue
a instancias del presidente Alan García que se
impulsó el Acuerdo del Pacífico, de cara a las
negociaciones del Acuerdo de Asociación Económica
Estratégica Transpacífico (TPP, por sus siglas en
inglés) de nueve países de América, Asia y Oceanía.
Este gran acuerdo de protección de inversiones y
libre comercio se da en el marco del Foro Económico
Asia Pacífico (APEC), donde se le puso el nombre del
Arco del Pacífico.
En buena cuenta, la iniciativa de García busca matar
varios pájaros de un tiro. Con el TLC
Perú–Centroamérica se pretende conectar el libre
comercio entre Estados Unidos y los países
centroamericanos con la Comunidad Andina, con lo que
se tiene prácticamente toda la costa americana,
desde Alaska hasta la Patagonia chilena, en una
integración al mejor estilo del ALCA.
El acuerdo con Asia y Oceanía
Según un documento de la Comisión Económica para
América Latina y el Caribe (Cepal) de marzo,
elaborado por Sebastian Herreros, “la renegociación
en el TPP de los compromisos existentes en temas
como derechos de propiedad intelectual, inversión y
medio ambiente implica para los países
latinoamericanos el riesgo de ‘pagar dos veces’ en
áreas de gran sensibilidad política y que se
refieren a una amplia gama de políticas públicas”.
Asimismo, refiriéndose al TPP, agrega que “un
acuerdo que parece favorecer a los intereses de
Estados Unidos (tanto ofensivos como defensivos) sin
duda sería difícil de vender”. De esta manera,
García está actuando como un operador de los
intereses norteamericanos. Al promover un Acuerdo
del Pacífico previo a la negociación del TPP estaría
limpiando los obstáculos para que los países
latinoamericanos de la costa oeste tengan los pisos
de negociación en su mínima expresión, pues
entrarían al TPP vía Chile y Perú, que son miembros
del APEC.
Por todo esto, la firma del Acuerdo del Pacífico
este viernes en Lima es simbólica. Es un
reconocimiento al gobierno peruano, que a pesar de
la crisis global siguió apretando el acelerador
neoliberal y mientras en otros países se daban
medidas como el aumento de salarios, las
negociaciones con las empresas para evitar los
despidos y la protección arancelaria, el Perú
respondía con más TLC, ganándose en honor al mérito,
el grado de inversión otorgado por la agencia
Moody´s. Quizá ello explica el descontento de la
población peruana que pide un cambio a pesar de la
bonanza económica. Esto se ha expresado claramente
en la primera vuelta de las elecciones
presidenciales y, a lo mejor, lleve a Ollanta Humala
a la Presidencia de la República con las banderas de
soberanía y redistribución de la renta, lo cual
tendería un puente a las políticas de integración
regionales como las impulsadas por Brasil.
América del Sur se divide
Los cuatro suscriptores del Acuerdo del Pacífico
(Chile, Colombia, México y Perú), más los seis
países que firmaron el Tratado de Libre Comercio
entre República Dominicana, Centroamérica y Estados
Unidos (CAFTA), más Panamá son el ALCA de estos
tiempos. Un área comercial y de inversiones
controlada por Washington.
Y eso no es poca cosa. En momentos en que América
del Sur emerge a nivel global como una región de
avanzada que propone una nueva arquitectura
financiera internacional con el Banco del Sur, la
coordinación de sus bancos centrales, la libre
circulación de sus ciudadanos, y Brasil surge como
una potencia mundial con presencia en grandes foros
como el G-20, dando un gran sostén a la Unasur, es
que Estados Unidos opera con sus gobiernos aliados
en Chile, Colombia México y Perú para intentar darle
jaque mate a la integración sudamericana.
Si bien el canciller brasileño Antonio Patriota y la
secretaria general designada de la Unasur, la
colombiana María Emma Mejía, descartaron el lunes 25
que la creación de un Acuerdo del Pacífico genere un
conflicto con la integración regional, lo cierto es
que, en palabras del economista Oscar Ugarteche,
este acuerdo es un ALCA con otro nombre y está
siendo aprovechado por Washington para dividir
América del Sur en dos costas, la del Pacífico,
liderada por Estados Unidos, y la del Atlántico,
liderada por Brasil. |