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Cómo creó
Goldman Sachs la crisis alimentaria
Por Frederick
Kaufman - Foreign Policy
Traducido para
Rebelión por Jorge Aldao y revisado por Caty R.
[14.05.2011]-Actualizado
11:50 am Cuba
No culpe del alza de
los precios de los alimentos al apetito de los
estadounidenses, a los crecientes precios del
petróleo o a los cultivos modificados genéticamente.
Wall Street tiene la culpa de los precios, que
crecen en espiral, de los alimentos.
Sin duda la oferta y
la demanda son importantes. Pero hay otra razón por
la que los alimentos se han vuelto tan caros en todo
el mundo: la codicia de Wall Street.
Fueron las mentes
brillantes del Grupo Goldman Sachs las que
comprendieron la simple verdad de que no hay nada
más valioso que el pan nuestro de cada día. Y donde
hay valor, hay dinero para ganar. En 1991, los
banqueros de Goldman, liderados por su clarividente
presidente Gary Cohn, crearon un nuevo tipo de
productos de inversión, los derivados (1) que
rastrearon 24 materias primas, desde metales
preciosos y energía al café, el cacao, el ganado, el
grano, los cerdos, la soja y el trigo. Luego
ponderaron el valor de la inversión de cada
producto, mezclando y combinando las partes en el
cálculo y posteriormente redujeron lo que había sido
una complicada recopilación de bienes reales a una
fórmula matemática que podía expresarse en un único
enunciado, conocido en adelante como el Índice de
Materias Primas de Goldman Sachs (GSCI).
Sólo durante un
decenio el GSCI se mantuvo como un instrumento de
inversiones relativamente estático, ya que los
banqueros estaban más interesados en lo riesgoso y
en las Obligaciones de Deuda Garantizadas (CDO) que
en algo que, literalmente, podían sembrar o
cosechar. Luego, en 1999, la Comisión de Comercio de
Materias Primas y Futuros desreguló el mercado de
futuros. Y súbitamente los banqueros pudieron tomar
a su gusto “posiciones largas” (2) en el mercado de
granos, una posibilidad que, desde la Gran
Depresión, estuvo reservada sólo para los que
tuvieran algo que ver con la producción de nuestros
alimentos.
Así llegó el cambio a
las grandes bolsas de granos de Chicago, Minneapolis
y Kansas City que, durante 150 años, habían ayudado
a moderar las alzas y las bajas en los precios
globales de los alimentos. Porque la agricultura
puede parecer bucólica, pero es una actividad
intrínsecamente volátil, sometida a las vicisitudes
del clima, las enfermedades y los desastres. El
sistema de “comercio de granos a futuro”, promovido
después de la guerra civil estadounidense por los
fundadores de Archer Daniels Midland, el general
Mills y Pillsbury, ayudó a situar a Estados Unidos
como un gigante financiero para rivalizar con Europa
y finalmente superarla. Las bolsas de granos también
protegieron a los agricultores y molineros
estadounidenses de los riesgos inherentes a su
actividad. La idea básica era “el contrato a
término”, es decir un acuerdo entre vendedores y
compradores de trigo para fijar el precio razonable
de una fanega, aún antes de que dicha fanega se
cultivase. Esto no sólo ayudó a que el “precio
futuro” del grano mantuviera estable el precio de la
barra de pan en la panadería –y después en el
supermercado- sino que además los mercados
financieros a futuro permitían a los agricultores
protegerse de los períodos de vacas flacas e
invertir dinero en sus granjas y negocios. El
resultado de esto fue que durante el siglo XX el
precio real del trigo disminuyó (a pesar de uno o
dos pequeños sobresaltos, en particular durante la
espiral inflacionaria de los años 70), estimulando
el desarrollo de la agroindustria estadounidense. Y
después de la segunda Guerra Mundial los Estados
Unidos produjeron rutinariamente un exceso de granos
que se convirtió en un elemento esencial de sus
estrategias políticas, económicas y humanitarias
durante la Guerra Fría, para no mencionar el hecho
de que el grano estadounidense alimentó a millones
de personas hambrientas de todo el mundo.
Los mercados de
futuros, tradicionalmente, incluían a dos clases de
participantes: Por un lado estaban los agricultores,
los molineros y los almaceneros, es decir los
integrantes del mercado que tienen un interés
verdadero, físico, en el trigo. Este grupo no sólo
comprendía a los cultivadores de maíz en Iowa o a
los agricultores de trigo en Nebraska, sino también
a las principales corporaciones multinacionales como
Pizza Hut, Kraft, Nestlé, Sara Lee, Tyson Foods y
McDonald's, cuyas acciones en la Bolsa de Nueva York
subían y bajaban en función de su capacidad para
llevar alimentos a precios competitivos a las
ventanillas de los autos, a las puertas de las casas
y a las estanterías de los supermercados. Estos
participantes en el mercado se denominan “hedgers
(3) de buena fe” porque realmente necesitan comprar
y vender cereales.
Del otro lado estaban
los especuladores. El especulador no produce ni
consume el grano, la soja o el trigo, y no tendría
un lugar para depositar las 20 toneladas de cereal
que podría comprar en cualquier momento, si alguna
vez se las entregasen. Los especuladores ganan
dinero por medio de un comportamiento tradicional de
las bolsas, por el “arbitraje” (4) de comprar barato
y vender caro. Y, por regla general, los que estaban
materialmente interesados en los “mercados de
futuros de granos” dieron la bienvenida a sus bolsas
a esos especuladores tradicionales los cuales, con
su interminable flujo de órdenes de compra
proporcionaban liquidez al mercado y facilitaban a
los “hedgers” auténticos una manera de manejar los
riesgos, permitiéndoles vender y comprar a su gusto.
Pero el índice de
Goldman pervirtió la simetría de este sistema. La
estructura del GSCI no hizo caso del antiguo modelo
de comprar-vender/vender-comprar. Este novedoso
producto derivado implica sólo “posiciones largas”,
lo que significa que se diseñó para comprar materias
primas y sólo para comprarlas. En el fondo de esta
estrategia de “posiciones largas” se advierte la
intención de transformar una inversión en materias
primas (antes un ámbito especializado) en algo muy
parecido a una inversión en acciones, la clase de
activo en el que cualquiera podría depositar su
dinero y dejarlo acumularse durante décadas (del
tipo de General Electric o Apple). Una vez que el
Mercado de Materias Primas se había transformado
para parecerse a la Bolsa, los banqueros podían
esperar la nueva afluencia de dinero en efectivo.
Pero la estrategia de “posiciones largas únicamente”
tenía un defecto, al menos para aquellos de nosotros
que comemos. El GSCI no incluía un mecanismo para
vender una materia prima, es decir, una “posición
corta" (5).
Este desequilibrio
socavó la estructura esencial de los mercados de
materias primas, exigiendo a los banqueros comprar y
seguir comprando, sin importar el precio. Y cada vez
que se aproxima el vencimiento de una “posición
únicamente larga” en un contrato de futuros del
índice de materias primas, los banqueros se verán
obligados a “desplazar” sus miles de millones de
dólares en órdenes de compra pendientes hacia el
siguiente contrato de futuros, dos o tres meses
hacia adelante. Y como el impacto deflacionario de
las “posiciones cortas” simplemente no forma parte
del GSCI, los comerciantes profesionales de grano
pudieron forrarse anticipando las fluctuaciones del
mercado que estos “desplazamientos” causarían
inevitablemente. “Me gano la vida con dinero tonto”
(6) dijo a Businesseeek el corredor de bolsa en
materias primas Emil van Essen el año pasado.
Los corredores de
bolsa de materias primas empleados por los bancos
que habían creado los fondos de Inversión en
Materias Primas, fueron los primeros en subirse a la
oleada de ganancias.
Los banqueros
reconocieron un buen sistema en cuanto lo vieron, y
docenas de “hedgers” especulativos sobre bienes no
reales siguieron el ejemplo de Goldman uniéndose al
juego de los índices de materias primas. Esto
incluía al Barclays, Deutsche Bank, Pimco, JP Morgan
Chase, AIG, Bear Stearns y Lehman Brothers, por
nombrar sólo a algunos proveedores de Fondos de
Inversión en Materias Primas. De tal manera, el
escenario ya estaba dispuesto para la inflación
alimentaria que tarde o temprano tomaría por
sorpresa a las molineras más grandes, a las plantas
de procesamiento y las corporaciones de venta
minorista en los Estados Unidos y desparramaría
ondas sísmicas por todo el mundo.
El dinero nos cuenta
lo que ha sucedido. Desde la explosión de la burbuja
tecnológica en el año 2000, se ha incrementado 50
veces la cantidad de dólares invertidos en los
Fondos de Inversión en Materias Primas. Para
plantear el fenómeno en su verdadera dimensión, en
2003 el mercado de futuros de materias primas estaba
en el orden de unos tranquilos 13.000 millones de
dólares. Pero cuando a principios de 2008 la crisis
global financiera puso a correr a los inversionistas
nerviosos, que desconfiaban del dólar, de la libra y
de los euros, las materias primas -incluyendo los
alimentos- parecieron el último y mejor refugio para
depositar el dinero en efectivo de los fondos de
cobertura, de los fondos de pensiones y de los
fondos soberanos de inversión. “De repente
aparecieron personas sin ninguna idea de lo que eran
las materias primas que compraban materias primas”,
me dijo un analista del Departamento de Agricultura
de los Estados Unidos. En los primeros 55 días de
2008, los especuladores volcaron 55.000 millones de
dólares en los mercados de materias primas y hacia
julio, 318.000 millones de dólares agitaban los
mercados. La inflación alimentaria ha permanecido
estable desde entonces.
El dinero fluía y los
banqueros estaban listos con el nuevo y deslumbrante
casino de los derivados de alimentos. Encabezados
por los precios del petróleo y del gas (las materias
primas dominantes en el índice de esos fondos de
inversión) los nuevos productos inflamaron los
mercados de todas las demás materias primas
incluidas en el índice y condujeron a un problema
familiar para los que conocían la historia de los
tulipanes, de los puntocoms y de los bienes
inmuebles baratos. Es decir, que condujeron a una
burbuja alimentaria. El trigo duro de primavera que,
por lo general, se negociaba entre los 4 y los 6
dólares el bushel de 60 libras, rompió todos
los récords anteriores y los contratos de futuros
subieron hasta superar los 25 dólares. Y así, desde
2005 hasta 2008, los precios mundiales de los
alimentos subieron un 80% y siguen subiendo. “No
tiene precedentes la cantidad de capital de
inversión que hemos visto en los mercados de
materias primas, me dijo Kendell Keith, Presidente
de la Asociación Nacional de Granos y Alimentos. “No
hay duda de que hubo especulación”. Y en una
nota informativa publicada
recientemente Olivier De Schutter, Relator Especial
de las Naciones Unidas para el Derecho a la
Alimentación, concluía que en 2008 “una parte
significativa del aumento de los precios se debe a
una burbuja especulativa”.
¿Que ha estado sucediendo en
los mercados de granos que no fuera el resultado “de
la especulación” en el sentido tradicional de
comprar barato y vender caro? Hoy el índice
acumulativo Standard & Poors GSCI proporciona 219
índices distintos en las "teleimpresoras" y los
inversionistas pueden arrancar sus “terminales
Bloomberg” y apostar por cualquier materia prima,
desde el paladio al aceite de soja, de los
biocarburantes al pienso para ganado. Pero el auge
de nuevas oportunidades especulativas en los granos
a nivel global, en el aceite alimentario y en los
mercados de ganadería ha creado un círculo vicioso.
Cuanto más aumenta el precio de las materias primas
de alimentos, más dinero se invierte en ese sector y
los ya elevados precios siguen subiendo. De hecho,
desde 2003 hasta 2008, el volumen de especulación de
“index funds” (7) aumentó el 1.900%. “Lo que
experimentamos fue un choque de demanda originado en
una nueva categoría de participantes en los mercados
de futuros de materias primas”,
declaró ante el Congreso
Michael Masters, miembro de un Fondo de Cobertura,
en medio de la crisis alimentaria de 2008.
El resultado de la
incursión de Wall Street en los granos, en los
alimentos y en la ganadería ha sido un shock para la
producción global de alimentos y el sistema de
distribución. No sólo hace que la provisión mundial
de alimentos tenga que luchar contra un suministro
restringido y un incremento de la demanda de granos
de verdad, sino que además los bancos de inversión
han planteado un alza artificial de los precios de
los granos a futuro. El resultado: El trigo
“virtual” domina el precio del trigo “real” ya que
los especuladores (usualmente un quinto del mercado)
ahora superan en cuatro a uno a los hedgers
auténticos.
En la actualidad los
banqueros y los corredores de bolsa se sientan en la
parte superior de la cadena alimentaria –son los
carnívoros del sistema que devoran a todo el mundo y
a todo lo que esté debajo de ellos-. Cerca de la
parte inferior, el agricultor trabaja duro. Para él
la subida del precio del grano debería haber sido un
golpe de suerte, pero la especulación también ha
creado alzas en todo lo que el agricultor tiene que
comprar para hacer crecer su grano -desde las
semillas hasta los fertilizantes y el combustible
diesel-. Y, en el fondo de todo, se encuentra el
consumidor.
El estadounidense
promedio, que gasta aproximadamente del 8 al 12% de
su salario semanal en alimentos no siente
inmediatamente la crisis del aumento de los precios.
Pero para los casi 2.000 millones de personas en
todo el mundo que gastan más del 50 por ciento de
sus ingresos en alimentos, los efectos han sido
abrumadores: 250 millones de personas se unieron a
las filas de los hambrientos en 2008, con lo que el
total mundial de víctimas de la inseguridad
alimentaria ha llegado a un máximo mil millones, un
número nunca visto.
¿Cuál es la solución?
La última vez que visité la Bolsa de Granos de
Minneapolis, pregunté a un puñado de corredores de
trigo qué sucedería si el gobierno de EE.UU.
simplemente prohibiera a los bancos de inversión las
posiciones “únicamente largas” en los productos
alimenticios. Su reacción fue reírse. Unas llamadas
telefónicas a unos aseguradores de riesgos
auténticos como Cargill y Archer Daniels Midland y,
después de un intercambio secreto de activos, la
participación de un banco en el mercado de futuros
es indistinguible de la de un comprador
internacional del trigo. ¿Qué pasa si el gobierno
prohíbe todos los productos derivados con posición
únicamente largas?, les pregunté. Una vez más,
risas. El problema se resuelve con otra llamada
telefónica, esta vez a una oficina comercial en
Londres o en Hong Kong, ya que los nuevos mercados
de derivados de alimentos han alcanzado proporciones
supranacionales, más allá del alcance de la ley
soberana.
La volatilidad de los
mercados de alimentos también ha desperdiciado la
que podría haber sido una gran oportunidad de
cooperación global. Cuanto más alto fuera el precio
del maíz, de la soja, del arroz y del trigo, mayor
debería ser la cooperación de las naciones que
producen granos en el mundo para asegurar que las
naciones asustadas (y generalmente más pobres) que
deben importar granos no sufran el contagio cada vez
más dramático de la inflación alimentaria y de la
agitación política. En cambio los países, nerviosos,
han respondido más bien con políticas de “yo
primero”, de la prohibición de exportar al
acaparamiento de cereales y la neo-mercantilista
apropiación de tierras en África. Y los esfuerzos de
los activistas preocupados o de las agencias
internacionales para contener la especulación de
granos no han servido para nada. Constantemente los
fondos indexados de materias primas siguen
prosperando, los banqueros se embolsas las ganancias
y los pobres del mundo se tambalean al borde del
hambre.
Notas del traductor
(1) Derivados
Un derivado financiero o instrumento derivado es un
producto financiero cuyo valor se basa en el precio
de otro activo, de ahí su nombre. El activo del que
depende toma el nombre de activo subyacente, por
ejemplo el valor de un futuro sobre el oro se basa
en el precio del oro. Los subyacentes utilizados
pueden ser muy diferentes, acciones, índices
bursátiles, valores de renta fija, tipos de interés
o también materias primas.
(2) Posiciones
Largas. En el contexto de la nota se dan cuando
se ha comprado un “futuro” y queda abierta una
posición en el mercado que todavía no se ha cerrado
o compensado.
(3) Hedger En
el mercado de futuros, persona que hace la
cobertura, es decir, que mantiene una posición
abierta en el mercado al contado y recurre al
mercado a plazo (tomando la posición contraria) para
reducir el riesgo de fluctuación entre los precios.
(4) Arbitraje:
Son transacciones simultáneas en dos o más mercados
con el fin de obtener un beneficio de una
discrepancia de precios entre los dos mercados.
(5) Posición Corta:
cuando se ha vendido un “futuro” y queda abierta una
posición en el mercado que todavía no se ha cerrado
o compensado.
(6) Dinero tonto:
Término utilizado también para referirse al dinero
del público en general y se utiliza para
diferenciarlo del “smart money” o “dinero
inteligente”, el cual supuestamente es el que mueven
los profesionales en finanzas o inversionistas
especializados o con conocimientos del mercado.
(7) Index Funds,
fondos de inversión con carteras que rastrean
diversos índices, en este caso, los Índices de
Materias Primas.
Fuente:
http://www.foreignpolicy.com/articles/2011/04/27/how_goldman_sachs_created_the_food_crisis?page=0%2C0 |