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El imperialismo contemporáneo
Por Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)

[28.05.2011]-Actualizado 10:50 pm Cuba 

Resumen


Al concluir la segunda guerra mundial el escenario del imperialismo
clásico quedó transformado por la nueva etapa de prosperidad y
desaparición de las confrontaciones bélicas entre potencias. Estados
Unidos logró una supremacía militar inédita y subordinó  sus rivales,
en lugar de demolerlos. La confrontación con la URSS no se equiparó
con los viejos choques inter-imperiales, dado el carácter no
capitalista del sistema vigente en ese país.

El contexto económico quedó igualmente transformado por la nueva
asociación internacional de capitales, la irrupción de compañías
multinacionales, la disminución del proteccionismo, la recuperación
del protagonismo industrial y la reorientación de la inversión externa
hacia las económicas desarrolladas.

La actualización de la teoría del imperialismo estuvo bloqueada por
una actitud ritualista hacia el enfoque clásico, que asignaba vigencia
perdurable a un periodo específico del siglo XX. Esta postura impedía
comprender el nuevo marco de solidaridad miliar occidental y
asociación multinacional.

Tres interpretaciones de los años 70 reabrieron la investigación, al
resaltar el papel superimperial de Estados Unidos, el entrelazamiento
ultra-imperial de las firmas y el carácter acotado de la concurrencia
inter-imperialista. Plantearon acertadamente nuevos problemas, que no
lograron resolver.

La mundialización neoliberal ha introducido una nueva etapa, que
universaliza el capitalismo. Hay transformaciones cualitativas en
todas las áreas. La inestabilidad del modelo y la indefinición de la
tónica de crecimiento, no desmienten el cierre del esquema de
posguerra. Las características del nuevo período no se clarifican
dirimiendo la presencia o ausencia de una onda larga. Se ha consumado
un giro comparable al observado a fin del siglo XIX y a mediados de la
centuria pasada, que genera novedosos desequilibrios financieros,
productivos y comerciales.

En esta etapa se expande el radio de acción imperial a todo el
planeta, con mayores entrelazamientos económicos globales que afectan
a los pueblos y regiones desfavorecidas. El imperialismo neoliberal
acentúa las diferencias con la era clásica y profundiza las tendencias
de posguerra.

Al concluir la segunda guerra mundial el escenario del imperialismo
quedó totalmente transformado. El sostenido crecimiento y la mejora
del nivel de vida inauguraron un período de significativa prosperidad
en los países centrales. La reducción del desempleo creó situaciones
próximas al pleno empleo, que facilitaron el aumento del consumo y la
generalización de un sistema protección social.

Los principales teóricos marxistas bautizaron la nueva etapa de
posguerra con distintas denominaciones (“capitalismo tardío”,
“capitalismo de estado”, “capitalismo monopolista de estado”). Muchos
estudios destacaron la sustitución de las formas de acumulación
extensiva por mecanismos intensivos y el reemplazo del trabajo
taylorista por esquemas fordistas. Otras investigaciones señalaron el
nuevo gigantismo de las empresas y la inédita intervención estatal en
la economía. Estos cambios modificaron el perfil del imperialismo,
recreando un marco de estabilidad, en torno a nuevos equilibrios
geopolíticos.

El contexto político-militar

La principal singularidad de período fue la ausencia de guerras
inter-imperiales. A diferencia de la etapa clásica, los conflictos
armados no desembocaron en conflagraciones generalizadas. Persistieron
los enfrentamientos, pero ya no hubo confrontaciones directas por el
reparto del mundo. Las rivalidades sólo generaron escaramuzas
geopolíticas, que no se proyectaron a la esfera miliar.

La vieja identificación del imperialismo con el choque entre potencias
capitalistas quedó desactualizada y este cambio transformó el paisaje
europeo. En lugar de rivalizar por las posesiones coloniales, las
competidores del Viejo Continente iniciaron un proceso de unificación
regional.

El predominio estadounidense determinó el viraje de la etapa. Ningún
conflicto anterior se había zanjado con semejante preeminencia. La
abrumadora superioridad norteamericana quedó consagrada con la
formación de una alianza atlántica (OTAN), bajo el mando del
Pentágono. Estados Unidos ejerció una dominación explícita y reafirmó
su autoridad con la disuasión nuclear. Impuso la localización de las
Naciones Unidas en Nueva York y estableció en el Consejo de Seguridad
un sistema de consultas para supervisar todos los acontecimientos
mundiales.

Este reinado se asentaba también en la aplastante superioridad
económica. Estados Unidos manejaba el 50% de la producción industrial,
acumulaba monumentales acreencias y adaptaba el sistema monetario
mundial a sus necesidades, mediante la hegemonía del dólar (acuerdos
de Bretton Woods).

Pero lo más novedoso fue la estrategia que eligieron las elites
norteamericanas para consolidar su supremacía. En lugar de demoler a
los rivales derrotados, auspiciaron la reconstrucción económica y el
sometimiento político-militar de sus adversarios. El auxilio
multimillonario concedido a Europa y Japón fue la contracara de la
actitud asumida por Gran Bretaña y Francia (frente a Alemania) al
concluir la primera guerra mundial. En lugar del tratado de Versalles
se introdujo un Plan Marshall.

Mediante esta combinación de reconstrucción económica, subordinación
política y protección militar, Estados Unidos consolidó el sistema de
alianzas subalternas, que posteriormente utilizó para contrarrestar el
resurgimiento de sus rivales. Cuando en los años 60 Alemania y Japón
recuperaron competitividad, el gendarme norteamericano hizo valer su
primacía. Recurrió a drásticas medidas comerciales, tecnológicas y
monetarias, para preservar sus ventajas y reformuló los términos de la
convivencia con sus subordinados. Pero estas tensiones no recrearon en
ningún momento, el viejo escenario de rivalidades destructivas.

Alemania y Japón aprovecharon la exención de gastos armamentistas para
recuperar terreno en la producción y el comercio, pero no proyectaron
estos avances al terreno militar. Tampoco contemplaron la preparación
de una revancha. Aceptaron el rol protector ofrecido por Estados
Unidos, avalando el “imperialismo por invitación” que les ofreció la
primera potencia. Todos los conflictos que suscitó la unipolaridad
estadounidense se procesaron sin alterar este dato geopolítico.

Ha sido muy frecuente relativizar la novedad de este cuadro, afirmando
que el antagonismo entre superpotencias persistió durante posguerra, a
través de un conflicto entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Se
considera que esa confrontación fue análoga a todas las batallas
precedentes por la hegemonía imperial.

Pero estas pugnas entre Occidente y el denominado “bloque socialista”
incluyeron una diferencia esencial con todos los choques
inter-imperiales precedentes: el carácter no capitalista del sistema
vigente en la ex URSS. Existen numerosas caracterizaciones sobre este
régimen social, pero nadie ha podido demostrar que estuvo gobernado
por una clase dominante, propietaria de los medios de producción y
guiada por la meta de acumular capital.

La burocracia que manejaba ese sistema, buscaba ampliar su influencia
global y mantuvo fuertes disputas con Estados Unidos por el control de
territorios estratégicos. En esas tensiones sostuvo parcialmente a los
movimientos de liberación nacional, que resistían el poder
estadounidense. Pero en la mayoría de los casos estas acciones eran
repuestas defensivas, tendientes a preservar una coexistencia pacífica
con el coloso norteamericano. (1)

El carácter no capitalista de la URSS invalida su presentación como
otro actor imperial de batallas por el reparto del mundo. La capa
dirigente de ese país tenía ambiciones expansionistas y reforzaba su
presencia global, chocando con Estados Unidos en el manejo de las
áreas de influencia. También intercalaba esas pugnas con la revisión
periódica de los acuerdos de equilibrio territorial establecidos al
concluir la guerra (tratado de Yalta). Pero esas pretensiones de mayor
poder regional no convertían al régimen de la Unión Soviética en una
variante “social-imperialista” de la expansión colonial. El uso
contemporáneo del término imperialismo sólo tiene sentido para
aquellas potencias que actúan bajo el mandato del capital. No se
aplica a situaciones ajenas a ese principio.

Transformaciones económicas

Los cambios económicos de posguerra tuvieron el mismo alcance que las
modificaciones geopolíticas, a partir del significativo avance
registrado en la asociación internacional de los capitales. Se consumó
un entrelazamiento financiero, comercial e industrial sin precedentes.
Esta amalgama alteró radicalmente la concurrencia inter-imperial que
prevaleció durante la época de Lenin.

El creciente gigantismo de las empresas que subrayaba el líder
bolchevique volvió a cobrar importancia con la expansión de los
oligopolios, en desmedro de las pequeñas compañías. La necesidad de
ampliar mercados, reducir costos y aumentar la productividad acentuó
la preeminencia de las corporaciones frente a las empresas de pequeño
porte.

Pero a diferencia del período precedente, las alianzas entre grandes
firmas no quedaron restringidas a compañías del mismo origen nacional.
Irrumpió un nuevo tipo de empresa multinacional, que asoció a los
capitalistas norteamericanos, japoneses y europeos, alterado la vieja
divisoria entre bloques de competidores nacionales.

En este marco, el proteccionismo perdió peso frente a las presiones
librecambistas desplegadas por las empresas mundializadas. Estas
compañías requirieron mayor movilidad del capital y creciente
flexibilidad comercial, para actuar en todos los rincones del planeta.
El cerrojo arancelario era congruente con los bloques belicistas del
imperialismo clásico, pero obstruía los negocios internacionalizados
de posguerra.

Este viraje de las tarifas hacia la liberalización repitió un giro ya
consumado en otras oportunidades. El capitalismo nunca se atuvo a una
modalidad comercial invariable. El pasaje del libre-cambio a la
protección -que los teóricos clásicos observaban como un giro
definitivo del sistema- constituyó en realidad, sólo un eslabón de
incontables virajes.

Tampoco la primacía financiera mantuvo la irreversible hegemonía que
imaginaban los analistas de la etapa precedente. Al compás del fuerte
crecimiento de posguerra, los industriales recuperaron terreno y
retomaron su protagonismo en la generación de plusvalía. Este
resurgimiento fue en gran medida determinado por la
internacionalización de las firmas norteamericanas, que implantaron
filiales en Europa y Oriente

Durante este período la exportación de capital recobró un papel
significativo, pero tuvo un alcance más limitado en las inversiones
metropolitanas en la periferia. Las principales corrientes de
colocación de fondos foráneos se consumaron entre las propias
economías desarrolladas. Los capitales norteamericanos afluyeron con
mayor intensidad al viejo continente que a los países dependientes y
la misma dirección tuvieron las inversiones externas posteriores de
Europa y Japón. Esta tendencia apuntó a reforzar una gestión
internacionalizada de los negocios, en torno a las empresas
multinacionales.

Pero este proceso incluyó también un aumento de las ventas mundiales y
una creciente confiscación de los recursos de la periferia. El
comercio entre las economías desarrolladas se intensificó, junto a la
depredación de las riquezas del Tercer Mundo.

Los tres mecanismos de apropiación externa del imperialismo volvieron
a coexistir, sin nítidas primacías de uno sobre otro. La remisión de
utilidades por inversiones externas operó junto al comercio
inequitativo y el sometimiento de las economías subdesarrolladas. La
magnitud de todos estos cambios tornó impostergable la revisión de la
teoría del imperialismo.

Primeras actualizaciones

El texto de Lenin mantuvo su influencia durante la posguerra, a través
de numerosas reediciones y traducciones. Este apetito de lectura
sintonizaba con la expectativa de extensión del socialismo por todo el
mundo. El reconocimiento logrado por el libro convalidaba sus aciertos
políticos en el debate sobre la guerra y premiaba la crítica a las
ingenuidades pacifistas.

La tesis leninista brindaba, además, argumentos contra las nuevas
teorías socialdemócratas, que identificaban la alianza transatlántica
y la descolonización con “el fin del imperialismo”. Estas concepciones
omitían la persistencia de la violencia imperial, especialmente en el
Tercer Mundo.

Pero las lecturas más atentas del texto comenzaron a percibir su falta
de actualidad. El ensayo de Lenin describía un contexto ya inexistente
de guerra inter-imperialistas. También la primacía de las rivalidades
económicas había quedado neutralizada por la interpenetración mundial
de los grandes capitales. La preeminencia norteamericana contradecía,
además, el escenario clásico.

Estos contrastes no disminuyeron el lugar dominante del texto
bolchevique, en todos los estudios sobre el imperialismo. El grueso de
la producción teórica marxista intentaba actualizar con las nuevas
cifras, las tendencias expuestas por Lenin. Se buscaba especialmente
corroborar la continuidad del monopolio y del proteccionismo y
demostrar la centralidad de las exportaciones de capital y la
persistente hegemonía financiera.

Estos trabajos estaban afectados por una actitud ritualista, que
eludía el análisis de las tendencias contrapuestas a la
caracterización clásica. Los manuales de economía política editados en
la URSS y otras elaboraciones dogmáticas expresaban esa postura
acrítica. (2)

Estos enfoques transformaban el escenario inter-imperial de principio
del siglo XX en un dato inmutable de la historia. Le asignaban
vigencia perdurable al diagnóstico de una coyuntura. Al congelar la
etapa estudiada por Lenin como el único período valedero sacralizaban
el texto, olvidando la función política que tuvo cuando fue elaborado.
Esta actitud cerraba todos los caminos para una actualización
fructífera de la teoría del imperialismo.

Otras visiones intentaron -con muchas vacilaciones- la revisión del
problema. Buscaban demostrar, por un lado, la vigencia de los rasgos
clásicos, pero reconocían por otra parte las insuficiencias de la
concepción tradicional. Mientras subrayaban la continuidad del
monopolio y la supremacía del capital financiero, señalaban la
ausencia de conflictos bélicos inter-imperialistas y la gravitación de
Estados Unidos. Cuestionaban las lecturas talmúdicas de Lenin, pero
preservando su visión del tema.

La reconsideración del problema exigía ir más allá del simple cómputo
de los elementos vigentes y obsoletos de la teoría clásica. Había que
jerarquizar el significado de las tendencias persistentes y de los
procesos ya agotados. Los enfoques acríticos diluían dos datos claves
de la nueva época: la ausencia de guerras inter-imperiales y la mayor
asociación económica entre capitales de distinto origen.

El diagnóstico de Lenin había quedado anacrónico por estar referido a
una etapa ya concluida del desarrollo capitalista. Las tendencias de
1880-1914 no tenían vigencia en 1945-75 y por esta razón, las
principales reflexiones de posguerra giraban en torno a otros
problemas.

La dificultad de muchos marxistas para aceptar este cambio obedeció a
una incomprensión del planteo de Lenin. Desconocían que el enfoque
estaba más centrado en la crítica política al pacifismo
social-patriota, que en la evaluación económica del capitalismo. La
gran contribución aportada en el primer terreno, no implicaba validez
de las caracterizaciones expuestas en el segundo terreno. Esta
confusión obstruyó el análisis y generó muchas simplificaciones en la
interpretación del imperialismo, que no distinguían la existencia de
dos niveles autónomos de la reflexión sobre tema.

Los mejores estudios sobre el imperialismo de los años 70 incorporaron
de hecho estas distinciones. Revisaron la teoría clásica, destacando
la existencia de múltiples interpretaciones marxistas (Brown) y
resaltaron el significado polisémico de la noción de imperialismo
(Owen). También pusieron de relieve la ambigüedad de un concepto que
incluye al mismo tiempo definiciones de la etapa, caracterizaciones de
tensiones entre países centrales y evaluaciones de las relaciones
entre el centro y la periferia (Sutcliffe). (3)

Con estas miradas comenzó un rescate del significado contemporáneo del
imperialismo. Se retomó el método de Lenin para interpretar una nueva
realidad, observando cómo el desarrollo desigual de capitalismo genera
desequilibrios, en la reproducción jerarquizada y polarizada de este
sistema.

Tres modelos

En los años 70 aparecieron tres interpretaciones para caracterizar el
nuevo escenario. Estos enfoques resaltaron la gravitación de
tendencias superimperiales, ultra-imperiales e inter-imperiales.

La primera variante -postulada por Sweezy, Magdoff o Jalee- remarcó el
papel dominante de Estados Unidos, como coloso económico y gendarme
mundial. Remarcó el peso de sus corporaciones industriales y su
gravitación militar, mediante estudios que subrayaron también la
importancia de las resistencias antiimperialistas del Tercer Mundo.
Esta tesis recogió elementos de muchas teorías sobre el hegemonismo
estadounidense de la época, que reflejaban el apabullante liderazgo
logrado por la primera potencia. (4)

Pero las caracterizaciones superimperialistas no evaluaron el alcance
de esa primacía del gigante del Norte y no llegaron a esclarecer el
nuevo el tipo de relaciones establecidas entre el poder norteamericano
y las restantes potencias.

La segunda corriente puso el acento en los procesos de asociación
ultra-imperial, mediante importantes trabajos de Hymer, Murray y
Nicolaus. Indagaron la formación de una nueva clase capitalista en
torno a las empresas multinacionales, a partir de estudios del mercado
del eurodólar y de distintos análisis sobre la influencia decreciente
de los estados nacionales. También investigaron la forma en que este
proceso erosionaba las rivalidades entre potencias y deterioraba las
condiciones de trabajo. (5)

Este enfoque inauguró el estudio contemporáneo de la asociación
internacional de capitales y comenzó a registrar sus consecuencias
sobre los estados nacionales. Pero no logró evaluar el impacto de
estos cambios sobre la dinámica del imperialismo.

La segunda vertiente fue a su vez enriquecida por los trabajos de
Poulantzas, que estudiaron cómo la internacionalización de la economía
incentivaba la formación de fracciones capitalistas mundializadas, al
interior de los estados nacionales. Palloix aportó, además,
importantes investigaciones sobre la forma en que la
internacionalización de la economía globaliza la reproducción del
capital, en ciclos mercantiles, monetarios y productivos. (6)

Todos estos enfoques que ponían de relieve la preeminencia de cursos
ultra-imperiales, suscitaron la reacción de los defensores a ultranza
de la tesis clásica. Estas críticas destacaron el reducido alcance de
la actividad multinacional y el continuado protagonismo de los estados
nacionales. Pero los objetores nunca lograron explicar por qué razón
habían perdido fuerza las tendencias bélicas y económicas del período
precedente.

Finalmente la tercera corriente encabezada por Mandel destacó la
continuidad parcial de las rivalidades inter-imperiales. Cuestionó por
un lado, la tesis superimperial señalando que la hegemonía
norteamericana no evolucionaba hacia supremacías económicas de largo
plazo. Destacó que esa hegemonía no transformaba la subordinación de
las potencias asociadas en formas de sujeción colonial.

Por otra parte, objetó la perspectiva ultra-imperialista, señalando el
carácter improbable de una fusión entre corporaciones de distinto
origen nacional y remarcó el continuado aumento de la competencia
económica, en un marco de distensión militar. De esta tendencia dedujo
un pronóstico de acrecentamiento de la concurrencia intercontinental,
en un cuadro alejado de la confrontación bélica. (7)

Este modelo de tensiones inter-imperiales atenuadas fue compartido por
otros teóricos como Rowthorn, que cuestionaron la exageración del
poder norteamericano, evaluando que el continuado antagonismo
económico entre las grandes potencias, no tendría proyecciones
militares. (8)

Este tercer enfoque sugirió acertadamente la preeminencia de un avance
del regionalismo, que permanecería distanciado de los viejos bloques
belicistas del pasado. Pero no arribó a conclusiones nítidas y tampoco
elaboró conceptos representativos de la nueva situación. Vaciló en la
evaluación del rol estadounidense y no logró dirimir el predominio de
tendencias a la asociación o a la competencia.

Todas las caracterizaciones en juego suscitaron fuertes polémicas,
acompañadas de los adjetivos y etiquetas en boga durante esa época.
Los cuestionamientos a los “errores kautskianos” convivieron con los
elogios a los “aciertos leninistas”. Pero esta contraposición impedía
comprender lo que se intentaba indagar. La nueva integración
internacional de capitales no recreaba el modelo concebido por el
dirigente socialdemócrata y la competencia en curso no resucitaba el
esquema postulado por el líder bolchevique.

Las investigaciones de los años 70 crearon los fundamentos para
superar la obsolescencia del enfoque clásico, pero no condujeron a
conclusiones satisfactorias. Su principal mérito fue incentivar el
estudio de la nueva realidad con modelos de supremacía, integración y
rivalidad imperial. Aunque dieron lugar a una síntesis adecuada,
abrieron una discusión que puso de relieve los problemas a resolver.

La tesis superimperialista omitía la inexistencia de relaciones de
subordinación entre las economías desarrolladas, equiparables a las
vigentes en la periferia. El enfoque transnacionalista desconocía la
continuidad de las rivalidades entre las corporaciones, ahora mediadas
por otra conformación de clases y los estados. La visión de
concurrencia inter-imperialista minusvaloraba la ausencia de
confrontaciones bélicas y el avance registrado en la integración de
los capitales. (9)

La complejidad del tema impulsó a buscar fórmulas combinatorias de las
concepciones en disputa, que se mantuvieron posteriormente. Se resaltó
especialmente cómo la existencia de tendencias a la asociación, genera
tensiones que obligan a reforzar liderazgos, para contener la
concurrencia inter-imperialista. Esta rivalidad socava la gravitación
de la superpotencia impidiendo la estabilización del sistema. (10)

Esta misma idea de mayor entrecruzamiento de capitales sin desemboques
definidos ha sido señalada también, para destacar la existencia de
múltiples desequilibrios. Estas tensiones son generadas por una trama
distante del imperialismo clásico y carente de sustituto definido.
(11) En este contexto la irrupción del neoliberalismo abrió nuevas
pistas de indagación.

La nueva etapa

Desde la mitad de los años 80 la mundialización neoliberal introdujo
cambios de un alcance semejante al registrado durante la posguerra. A
partir de una ofensiva general contra las conquistas populares, estas
modificaciones generaron una expansión del capital hacia nuevos
sectores (privatizaciones, educación, salud, pensiones) y nuevos
territorios (ex países socialistas).

Este ataque patronal deterioró las condiciones de trabajo en los
países avanzados y empobreció a la periferia, en un contexto de
repliegue de los sindicatos y reflujo de las ideas anticapitalistas.
Las grandes corporaciones aprovecharon las fuertes diferencias
internacionales de salarios, para acrecentar sus lucros e introdujeron
nuevas formas de control patronal del proceso de trabajo. Esta
agresión se basó en amenazas de traslado de las firmas hacia otros
países.

Este cambio en las relaciones sociales de fuerza a favor del capital
desembocó, a su vez, en incrementos sustanciales de la tasa
explotación, que ampliaron las desigualdades, recompusieron el nivel
de los beneficios y revitalizaron la acumulación.

Al incentivar la competencia global con aumentos de la productividad
desgajados de las compensaciones salariales, el nuevo modelo se
distanció del fordismo. La sistemática transferencia de actividades
fabriles hacia el continente asiático potenció la concurrencia por
incrementar la producción, con menores costos y generar mayores
ganancias.

Esta mutación se ha sostenido en una revolución informática que
generaliza el uso de las computadoras, en los procesos de fabricación
y en la gestión financiera o comercial de las empresas. Esta
innovación radical incrementó el nivel de productividad, abarató el
transporte y masificó las comunicaciones.

Las transformaciones de las últimas décadas ampliaron también el
consumo, no solo de las elites y los sectores gerenciales. Un
importante sector de las clases medias ha sido incorporada un nuevo
patrón de adquisiciones basado en el endeudamiento creciente. Esta
modalidad reforzó la gravitación de los bancos, que han cumplido un
papel clave en la consolidación del neoliberalismo. Restablecieron los
mecanismos de disciplina y auto-ajuste en las empresas y recompusieron
el circuito de la acumulación.

El modelo actual introdujo un corte con la etapa precedente y cerró el
período de convulsiones, que acompañó al agotamiento del boom de
posguerra. La nueva etapa revirtió la retracción de los mercados y el
deterioro de la tasa de ganancia, que predominó durante las crisis de
1974-75 y 1981-82. Sobre estos pilares se consumó la expansión de la
inversión hacia las regiones favorecidas por el nuevo esquema. (12)

Este diagnóstico es frecuentemente objetado por las caracterizaciones
que destacan la vulnerabilidad financiera del modelo neoliberal, su
reducido aporte al crecimiento o su dependencia de los vaivenes del
mercado. (13)

Pero ninguno de estos rasgos desmiente la existencia de un nuevo
período. Indican la presencia de áreas de gran inestabilidad, sin
refutar la vigencia de una etapa diferenciada. Quiénes consideran que
el modelo actual es más inestable que su antecesor, no cuestionan la
preeminencia que ha logrado. Cualquiera sean las controversias sobre
el grado de coherencia que rodea al neoliberalismo, es evidente que
este esquema introdujo un cambio radical en la dinámica del
capitalismo.

El período actual no presenta un nítido escenario global de
prosperidad o estancamiento. Aquí se evidencia una diferencia
importante con los modelos precedentes del siglo XX. Mientras que las
transformaciones cualitativas son incuestionables, las tendencias del
nivel de actividad mantienen un alto grado de ambigüedad. Hay nuevas
formas de consumo segmentado, normas de producción globalizada, tipos
de comercio liberalizado, finanzas des-reguladas y otra modalidad de
competencia entre las empresas transnacionales. Pero estas
transformaciones no definen un perfil de intensidad o quietismo
productivo.

El período actual es muy singular, puesto que no repite la tónica
depresiva de 1914-1945, ni la pujanza de 1945-75. La economía mundial
se ha distanciado del comportamiento homogéneo que mantuvo en los
períodos precedentes. Coexisten situaciones variadas de estancamiento
en Europa, ascenso y recaída de Japón, vaivenes de Estados Unidos,
despliegues asiáticos y mutaciones en la semi-periferria y regresiones
de la periferia.

Desequilibrios inéditos

El nuevo contexto no se clarifica dirimiendo la presencia o ausencia
de una onda larga Kondratieff. Algunos autores postulan la presencia
de este ciclo, resaltando la vigencia de tasas de crecimiento elevadas
en numerosas actividades y zonas geográficas. Otros objetan la
existencia de este curso, subrayando el reducido promedio global de
ascenso del PBI. (14)

La discusión es más conceptual que empírica, ya que no existe un dato
universalmente indicativo de la tónica que asume un período. Un
promedio de crecimiento elevado no tiene la misma validez para fines
del siglo XIX, que para la mitad de la centuria siguiente o el debut
del siglo en curso. Lo mismo rige para las distintas zonas. El
incremento del 5% anual del PBI que se considera elevado para Estados
Unidos es muy bajo para China.

En realidad, la existencia de una nueva etapa del capitalismo no
requiere un correlato definido en la fase del ciclo económico. La
vigencia del periodo neoliberal es parcialmente independiente de ese
ritmo de la producción. La era de posguerra ha sido totalmente
sustituida, sin dar lugar a otra onda de pujanza económica general.

Lo importante es reconocer que el patrón de acumulación precedente (de
consumo masivo y uniformidad de producto) ha quedado reemplazado por
un nuevo esquema (de consumo más flexible y producción más variada).
Desde la irrupción del neoliberalismo en 1978-80, este modelo se
asienta en el incremento del desempleo, la feminización del trabajo,
la polarización de las calificaciones, la segmentación del mercado
laboral y el uso de las nuevas tecnologías.

Algunos enfoques reconocen la magnitud de transformaciones en curso en
ciertos campos, como la disminución del campesinado o la penetración
del capital en numerosos ámbitos de la vida social. Pero cuestionan la
existencia de rupturas significativas en el campo económico,
tecnológico o cultural. (15)

Pero la universalización geográfica y sectorial del capitalismo que ha
llevado a cabo el neoliberalismo, no se restringe a una u otra esfera.
Ha impactado sobre el conjunto del sistema, produciendo un giro
comparable al observado a fin del siglo XIX y a mediados del siglo XX.

Este viraje se verifica también en los desequilibrios específicos que
actualmente presenta el sistema. Las crisis del neoliberalismo
difieren significativamente de las convulsiones que afloraron en los
años 60 o 70. Son contradicciones resultantes de nuevos problemas y no
arrastres del pasado. Las tensiones que generaba el modelo keynesiano
fueron clausuradas por el ascenso neoliberal, que inauguró otro tipo
de desajustes.

La hipertrofia financiera actual obedece a mecanismos de
titularización, derivados y apalancamientos, gestados al cabo de dos
décadas de internacionalización de las finanzas, desregulación
bancaria y gestión bursátil de las grandes firmas. La sobreproducción
de mercancías presenta un inédito alcance global, resultante de la
competencia por abaratar costos, localizando plantas en países con
bajos salarios y alta explotación de la fuerza de trabajo. Las
desproporcionalidades mundiales -que han creado los desbalances
comerciales y el endeudamiento- se desenvuelven por carriles
impensables hace cuatro décadas.

El neoliberalismo cambió el escenario económico. Redujo los ingresos
salariales, pero expandió el consumismo, la riqueza patrimonial y el
endeudamiento familiar. Recompuso la tasa de ganancia acentuando la
explotación y desvalorizando parcialmente los capitales obsoletos.
Pero afectó potencialmente el nivel de rentabilidad, con aumentos de
la productividad basados en tecnologías capital-intensivas que
expanden el desempleo.

El nuevo modelo genera el tipo de crisis que salieron a flote durante
la burbuja japonesa (1993), la caída del Sudeste Asiático (1997), el
desplome de Rusia (1998), el desmoronamiento de las Punto.Com (2000) y
el descalabro de Argentina (2001). La eclosión financiera del 2008-09
constituye la manifestación más aguda de estos estallidos y abrió una
posibilidad de ocaso del neoliberalismo, que hasta ahora no se ha
verificado.

El desprestigio ideológico de este esquema no ha impedido su
persistencia. Pero el modelo restableció formas descontroladas de
funcionamiento capitalista erosionó los diques que morigeraban los
desequilibrios del sistema. El capitalismo se ha tornado más
ingobernable y opera con niveles de inestabilidad muy superiores al
pasado.

El imperialismo neoliberal

¿Cuál son los efectos de esta nueva etapa neoliberal sobre la dinámica
imperial? El impacto más visible es la extensión geográfica del
capitalismo y el consiguiente incremento de la escala, en que se
desenvuelven las acciones imperialistas. El sistema dominante ha
logrado un inédito nivel de expansión, especialmente luego del colapso
de la Unión Soviética y la paulatina incorporación de China al orden
global. Esta ampliación de la esfera capitalista facilitó, a su vez,
la consolidación del neoliberalismo.

Se puede establecer cierto paralelo entre esta expansión y la sucesión
de conquistas de la periferia que acompañaron al surgimiento del
imperialismo clásico. Al principio del siglo XX y al concluir esa
centuria, el modo de producción vigente incorporó vastas regiones no
capitalistas, a su campo de acción.

Pero la ampliación de esa época absorbía zonas muy atrasadas y de gran
subdesarrollo. En cambio en las últimas décadas el ensanchamiento se
consumó en regiones que habían comenzado procesos de erradicación del
capitalismo.

En múltiples terrenos hay más semejanzas con la posguerra, que con la
era precedente. A diferencia de lo ocurrido durante el período
clásico, el imperialismo contemporáneo refuerza la asociación
económica entre empresas de distinto origen nacional. La
mundialización neoliberal imprimió un nuevo impulso a este proceso.

La nueva etapa ha potenciado también la gestión internacionalizada de
los negocios que realizan las grandes compañías, fragmentando los
procesos de fabricación y lucrando con las diferencias nacionales de
productividades y salarios.

Este curso multiplicó la movilidad de los capitales y las mercancías,
restringiendo al mismo tiempo el tránsito de las personas. Los
capitalistas favorecen el traslado de trabajadores para potenciar la
competencia laboral, pero bloquean las corrientes emigratorias que
desestabilizan su control de la vida política y social.

Las distintas tendencias en juego tienden a reforzar la asociación
internacional de capitales. Esta evolución consolida el principal
rasgo económico que diferenció al imperialismo de posguerra de su
precedente clásico. La mayor integración diluye las posibilidades de
choque entre bloques proteccionistas y acentúa el distanciamiento del
periodo actual con la época de Lenin. Algunos autores han introducido
el término de “imperialismo neoliberal” para describir el nuevo
contexto. Esta noción podría ser utilizada para ilustrar qué tipo de
articulación dominante genera a escala mundial, una nueva etapa del
capitalismo. (16)

También el rasgo geopolítico que más distinguió al imperialismo de
posguerra de su antecesor clásico se ha reforzado en las últimas dos
décadas. La ausencia de conflictos bélicos directos entre las
principales potencias ha persistido sin modificaciones bajo el
neoliberalismo. El acompañamiento de Europa y Japón a las principales
agresiones del Pentágono se ha mantenido como un dato clave del
escenario internacional.

En las últimas tres décadas no se ha vislumbrado ningún retorno a las
tensiones bélicas de principios del siglo XX. Los presagios de esta
regresión que se formularon con el resurgimiento de Japón, el fin de
la guerra fría o la unificación de Alemania fueron desmentidos por el
curso de los acontecimientos. No existe ningún atisbo de reaparición
de los bloques militares antagónicos dentro de la tríada.

Las disputas por los mercados y los abastecimientos de la periferia
persisten. Pero ninguna potencia está dispuesta a poner en riesgo la
continuidad del capitalismo, con agresiones que fracturen el bloque de
las economías desarrolladas.

Los conflictos posibles se delinean contra las nuevas sub-potencias,
que comienzan a emerger entre varios países con grandes recursos
militares, demográficos y naturales o con cierta experiencia de
dominación militar a escala regional (China, Rusia, India, Brasil,
Sudáfrica). Estas naciones cuentan con prósperas clases capitalistas
locales, que buscan ampliar su lugar en el escenario mundial y ya no
aceptan el trato periférico del pasado.

El nuevo polo de acumulación asiática y la ausencia de subordinación
militar a Estados Unidos por parte de Rusia y China (en contraposición
a las restantes clases dominantes del planeta), constituyen dos
novedades importantes, en comparación al imperialismo de posguerra.
Pero todavía es prematuro evaluar cuál será el efecto de estas
modificaciones, en el marco de las tensiones económico-sociales que
generan la desigualdad, la exclusión y la marginalidad del capitalismo
neoliberal.

Estas tensiones se manifiestan en todos los campos, pero son
particularmente visibles en el plano financiero. En los ciclos de
prosperidad, el crédito se expande aceleradamente a escala global, a
través de los mecanismos creados por la liberalización bancaria. Pero
en los períodos críticos, cualquier caída de Wall Street se transmite
velozmente a todas las colocaciones especulativas del planeta. La
mundialización financiera reduce drásticamente la capacidad que
detentaban los estados, para afrontar de manera autónoma esos
vendavales. Los dispositivos de contención que se utilizaban con
instrumentos cambiarios o monetarios o bancarios han quedado
seriamente afectados.

La misma interacción se verifica en el plano comercial. El grado de
apertura de todas las economías se amplió significativamente, a través
de un ritmo ascendente de las transacciones, que supera el nivel de
actividad productiva. Con argumentos de especialización complementaria
se generalizaron convenios de libre comercio, que en las fases de
prosperidad benefician a las grandes empresas y en los periodos
recesivos acrecientan las dificultades de colocación de las mercancías
excedentes.

Por otra parte, el avance de la internacionalización productiva
reestructura la división del trabajo y acrecienta la presencia de las
empresas transnacionales en el comercio mundial. Pero esta ampliación
potencia también la velocidad de transmisión de los desequilibrios
mundiales, especialmente en los cuellos de botella de la inversión y
en los trastornos para asegurar la provisión de insumos estratégicos.
El imperialismo del siglo XXI está afectado por todos los
desequilibrios de la etapa neoliberal.

Este período consolida la modificación radical del escenario clásico
que se produjo en la posguerra, con la desaparición de las
confrontaciones bélicas entre potencias. El análisis del imperialismo
contemporáneo requiere superar la simple repetición de la teoría
tradicional y la asignación de vigencia infinita a una etapa
específica de principio del siglo XX. Una interpretación actual debe
registrar el impacto de la mundialización neoliberal, que ha expandido
el radio de acción imperial a todo el planeta, reforzando el rol
militar dominante de Estados Unidos. La comprensión de este liderazgo
requiere un análisis más detallado.

Claudio Katz es economista, investigador, profesor. Miembro del EDI
(Economistas de Izquierda).

Ver también:
- "El imperialismo del siglo XXI" (Capítulo I – Parte I): La teoría
clásica del imperialismo
http://www.argenpress.info/2011/05/el-imperialismo-del-siglo-xxi-capitulo.html
- "El imperialismo del siglo XXI" (Capítulo I – Parte II): La teoría
clásica del imperialismo
http://www.argenpress.info/2011/05/el-imperialismo-del-siglo-xxi-capitulo_18.html
- "El imperialismo del siglo XXI" (Capítulo I – Parte III): La teoría
clásica del imperialismo
http://www.argenpress.info/2011/05/el-imperialismo-del-siglo-xxi-capitulo_19.html
- "El imperialismo del siglo XXI" (Capítulo I – Parte IV): La teoría
clásica del imperialismo
http://www.argenpress.info/2011/05/el-imperialismo-del-siglo-xxi-capitulo_20.html


Notas:
1) Hemos desarrollado este tema en: Katz Claudio, El porvenir del
socialismo. Primera edición: Editorial. Herramienta e Imago Mundi,
Buenos Aires, 2004 (cap 2 )
2) Ver por ejemplo: Afanásiev L y otros autores, Manual de economía
política del capitalismo, Editorial Granica, Buenos Aires, 1974.
También: Testa Víctor, El Capital Imperialista, Editorial Fichas,
Buenos Aires 1975
3) Brown Barrat Michael. “Una crítica de las teorías marxistas del
imperialismo”, Owen Robert, “Introducción”, Sutcliffe Bob,
“Conclusión”, en Owen Robert, Sutcliffe Bob. Estudios sobre la teoría
del imperialismo, Era, México, 1978.
4) Sweezy Paul, Magdoff Harry, ¨The crisis of American Capitalism¨.The
deepening crisis of U.S. Capitalism, Monthly Review Press, 1981. Jalee
Pierre El Tercer Mundo en la Economía Mundial, Siglo XXI,1976, Buenos
Aires
5) Hymer Stephen. Empresas multinacionales e internacionalización del
capital. Ediciones Periferia, Buenos Aires, 1972. Nicolaus Martín. “La
contradicción universal”. El imperialismo hoy, Ediciones Periferia,
Buenos Aires, 1971. Murray, Robin, “The Internationalization of
Capital and the Nation State”, New Left Review 69, 1971.
6) Poulantzas Nicos. “Internacionalización” Las clases sociales en el
capitalismo actual, Siglo XXI, Madrid 1981. Palloix Christian, La
firmas multinacionales y el proceso de internacionalización, México,
Siglo XXI. Ver también: Leucate Christian. Internacionalización del
capital e imperialismo, Fontamara, Barcelona 1978.
7) Mandel, Ernest. El capitalismo tardío, ERA, México, 1978, (cap 10).
Mandel Ernest, “Las leyes del desarrollo desigual”, Ensayos sobre el
neocapitalismo, Era, México, 1969.
8) Rowthorn Bob, “El imperialismo en la década de 1970”, en Capital
monopolista y capital monopolista europeo, Granica, Buenos Aires,
1971.
9) Este balance planteamos en: Katz Claudio. “El imperialismo del
siglo XXI”, ESECONOMIA, Instituto Politécnico Nacional, número 7, año
2, verano 2004, México
10) Ver este debate en: Husson Michel. “Le fantasme du marché
mondial”. Contretemps, n 2, septembre 2001.
11) Ver: Ramírez Roberto, “El imperialismo en el nuevo siglo”,
Socialismo o Barbarie Nº 13, noviembre 2002.
12) Hemos desarrollados estas caracterizaciones en: Katz Claudio, “Las
tres dimensiones de la crisis”, Número 37/38 de la revista Ciclos en
la historia, la economía y la sociedad, Año XX, Vol. XIX, 2010. Katz
Claudio, “Capitalismo contemporáneo: etapa, fase y crisis”, Ensayos de
Economía, Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, vol 13, n 22,
septiembre 2003, Medellín. Katz Claudio, “Mito y realidad de la
revolución informática”, Eseconomía. Instituto Politécnico Nacional,
número 6, año 2, invierno 2003-04, México. Katz Claudio, “Crisis
global: las tendencias de la etapa”, Aquelarre, Revista de Centro de
la Universidad de Tolima, Colombia, vol 9, n 18, 2010.
13) Por ejemplo: O´Hara Phillip, “A new financial social structure of
accumulation in the US for long wave upswing?”, Review of radical
political economy, vol 34, n 3, summer 2002. O´Hara Phillip, “A new
transnational corporate social structure of accumulation for long wave
upswing in the world economy?”, Review of Radical Political Economics,
vol 36, n 3, summer 2004. Kotz David, “Neoliberalism and the Social
Structure of Accumulation”, Review of Radical Political Economics, vol
35, n 3, summer 2003.
14) En el primer caso: Martins Carlos Eduardo, “Los impasses de la
hegemonía de Estados Unidos”, Crisis de hegemonía de Estados Unidos,
CLACSO Siglo XXI 2007. En el segundo Wallerstein Immanuel, Capitalismo
histórico y movimientos anti-sistémicos: un análisis de sistemas
-mundo, 2004, Akal, Madrid, (cap 28).
15) Por ejemplo: Wood Ellen Meiksins, "Modernity, posmodernity or
capitalism?, Monthly Review, vol 48, n 3, July-August 1996.-Wood,
Ellen Meiksins. "What is postmodern agenda?" Monthly Review, vol 47, n
3, july-august 1995, New York.
16) Dumenil Gerard, Ley Dominique.
El imperialismo en la era
neoliberal, Revista de Economía crítica n 3, 2005.


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-Wood Ellen Meiskins.
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(Este artículo forma parte de un libro de próxima aparición sobre las
teorías actuales del imperialismo.)

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