Archivos:  2003 | 2004 | 2005 | 2006  | 2007  | 2008  | 2009  | 2010  | 2011

E L    E C O N O M I S T A    D E    C U B A                             -- edición online --

 PORTADA | Mapa del Sitio | EDICIÓN IMPRESA   

Abiertas las apuestas
Por Jorge Gómez Barata

[04.06.2011]-Actualizado 11:50 am Cuba
 

Sin que España haya sido bombardeada ni nadie se haya preocupado por
la protección de los civiles reprimidos en la plaza de Cataluña, la
apuesta del momento es: quién se irá primero: ¿Muammar al-Gaddafi o
José Luis Rodriguez Zapatero? y quién puede más: ¿la OTAN o los
Indignados?

Salvando enormes distancias, a la socialdemocracia europea le ocurre
como a la izquierda autoritaria afroasiática a las que el poder
desconcertó; unos porque creyeron que bastaba con derrocar a Franco,
Oliveira Salazar y al coronel Papadopoulus y los otros porque pasada
la euforia de la libertad, se acomodaron asumiendo que con mejor el
nivel de vida de ciertas capas era suficiente para eternizarse en el
poder.

Actualmente comienza a ser evidente que la democracia en España,
Grecia y Portugal y en ninguna parte colma las aspiraciones de la
gente como tampoco en Tunez, Egipto, Argelia, Libia, Baherein,
Indonesia, India y otros lugares, la elevación del bienestar, una meta
ya cumplida no es la única aspiración.

Quizás, como alguna vez explicara Fidel Castro: “Con los estímulos
materiales se consigue un poco más, pero un poco más no basta”. Es
probable que estemos ante uno de aquellos momentos excepcionales en
que emerge una era en la historia en la cual aparecen no sólo nuevas
aspiraciones de bienestar, sino que se estrenan nociones acerca de la
libertad, la soberanía y otras categorías políticas que no son eternas
ni inmutables. Tal vez al hombre nuevo no haya que crearlo, sino que
llegará por sus propios pies para edificar su propio entorno.

Leyendo la prensa del día y tratando de seguir los acontecimientos
locales y mundiales, aterra la simpleza, no se sabe si hipócrita,
ingenua o maledicente como algunos líderes, ejecutivos, comentaristas
e instituciones que, principalmente en las naciones desarrolladas,
asumen la problemática actual de algunos países y de la humanidad en
su conjunto.

Tal perece como si los líderes del G8 en verdad creyeran que el actual
orden mundial es inmutable y eterno y que en Alemania, Inglaterra,
Francia, Rusia, los Estados Unidos y otros países, el sistema ha
logrado colmar todas las expectativas. La idea de que el desarrollo,
el confort y la seguridad alcanzados son un punto de llegada en el
cual las aspiraciones humanas se paralizaran y los pueblos serán como
rebaños mansos a los que les basta con pastar, son equivocadas. El
desarrollo y el progreso son caminos, no destinos.

En algunas otras latitudes: China, India, Brasil, Argentina y otra
media docena de países que han logrado paliar la crisis económica, las
cosas marchan mejor porque el desarrollo y la gestión política, por
fin han pasado de las promesas y de los esfuerzos fallidos a
realizaciones asociadas al progreso, que dan lugar a metas compartidas
y a consensos que, aunque temporales, ofrecen horizontes no exentos de
tensiones, aunque menos abrumadores.

A las innovaciones introducidas por los movimientos sociales que
rápida y exitosamente desplazan a los partidos políticos
tradicionales, ocupan sus espacios y buscan las respuestas que el
liberalismo no pudo encontrar. Las revoluciones de los siglos XVIII,
XIX y XX fueron respuestas de las vanguardias ilustradas, no sólo a la
exclusión económica y a la pobreza, sino sobre todo al despotismo y a
la ausencia de libertades. No basta con lograr sociedades más
eficientes, de lo cual el capitalismo desarrollado es paradigma, sino
también más justas, participativas e inclusivas.

Tampoco hay que hacerse ilusiones ni creer que los movimientos en
marcha son la fórmula ganadora. Pasará mucho tiempo antes de que la
democracia participativa y los estados asuman su posición de garantes
del bien común y habrá que ganar para el progreso político la batalla
de ideas.

El mundo que viene, si es que los poderosos no se equivocan y
sacrifican a la humanidad por defender sus privilegios, no estará
espiritualmente vacio ni sus inquietudes podrán ser llenadas con
simplezas, falsas promesas, dogmas o consignas. Seguramente aparecerán
talentos como los de Montesquieu, Rousseau, Adam Smith, Carlos Marx,
John Maynard Keynes y otros que como aquellos aportarán las ideas que
confieren el perfil moral a la época.

Queda por ver qué papel desempeñaran en lo inmediato los pobres y los
excluidos, que si bien no están en condiciones de ser protagonistas de
grandes cambios, tampoco esperarán resignados a ser exterminados por
el hambre y las enfermedades.

Por otra parte, en la reciente reunión del G8 se revelaron algunos de
los temores de los poderes facticos del mundo de hoy, que acaban de
identificar como nuevos adversarios. Entre los fantasmas de ahora y
las recién estrenadas excusas para otras formas de intolerancia,
represión y persecución de la cultura, figuran: Internet, Twitter
Facebook, el correo electrónico, los teléfonos móviles y otras
tecnologías a las que se culpa de la conflictividad social y de la
inseguridad.

Culpar a la cultura y al progresó de la inconformidad y de la rebelión
de los jóvenes es tratar de imponer a la ignorancia como opción. La
estabilidad política alcanzada a base de prácticas autoritarias y de
restricciones a las libertades como son usuales en el Medio Oriente y
el Magreb, aun cuando estén acompañadas por cierto bienestar, a la
larga, no favorece el desarrollo de las naciones y los pueblos sino
que lo comprometen.

Los españoles de hoy, como tampoco los egipcios y los sirios, viven
peor ni tienen menos libertades que cuarenta años atrás, el asunto es
que los sistemas políticos y los mecanismos de participación se
retrasan respecto al desarrollo de la condición humana y de sus
expectativas. Las democracias cooptadas de occidente y la propuesta de
bienestar sin democracia han cumplido su ciclo histórico.

Las elites están avisadas: el crecimiento económico sin justicia,
equidad y democracias genuinas; sin integración social, participación
decisoria y sin desarrollo de los componentes morales, éticos, y
espirituales del progreso, no colman los ideales humanos. No
necesariamente se trata de cambiar, sino de avanzar. Allá nos vemos.

(Tomado de Argenpress.info)

PORTADA | Mapa del Sitio    


Añadir Feeds

© Copyright 1997-2011  El Economista de Cuba EDICION ONLINE
Publicación Digital de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba  ANEC
Calle 22 esquina a 9na Nro. 901. Miramar. Playa. La Habana. Cuba 
Teléfonos: (53-7) 29 3303 y 29 2084 Fax: (53-7) 22 3456 

Hospedaje: Cubaweb. La Habana.