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El dólar, un señor de
capa caída
Por
Rafael Contreras
[10.06.2011]-Actualizado
9:30 pm Cuba
Cuando la estratega de divisas del Deutsche Bank, AG
en Londres, Eva
Kvor, expresó hace dos años su preocupación por la
continua caída del
dólar, coincidía con el estado de opinión de
economistas, periodistas,
comerciantes, trabajadores y amas de casa de
diversos países.
Para la especialista del principal banco cambista de
divisas del
mundo, ya se hace necesario adoptar una nueva moneda
global que
responda a economías fuertes y con un sostén
material en oro.
Esta posición es apoyada por los gobiernos de Rusia,
Gran Bretaña,
Alemania, Brasil, Argentina, Cuba, Venezuela,
Bolivia, Canadá y otros.
En entrevista con el canal televisivo británico CNBC,
el presidente
ruso, Dmitri Medvedev, se pronunció recientemente
por "algún tipo de
medio universal de pagos que podría crear la base
del futuro sistema
financiero internacional".
Su portavoz, Natalya Timakova, dejó entrever que los
países agrupados
en el llamado BRIC (Brasil, Rusia, India y China)
discutirán en su
próxima reunión, de noviembre de 2011, la propuesta
de crear una
divisa mundial.
Los países del BRIC representan hoy los principales
centros de
crecimiento económico del mundo; más de la mitad de
la población
mundial vive en las naciones de esta agrupación.
Por lo pronto, Rusia, China y Brasil han exhibido su
entusiasmo por la
sustitución del dólar como única moneda de reserva
global, mientras la
India practica la meditación discreta, según los
observadores.
En efecto, la baja del valor del billete verde es en
la actualidad la
comidilla de toda persona que a su bolsillo llega un
dólar depreciado,
con poco poder de compra en cualquier mercado
internacional.
Desde Beijing, China, hasta Santiago de Chile y
México, los
comentarios son los mismos: hasta cuándo seguirá
bajando el precio del
dólar que en los principales mercados europeos se
cotizó a 0.67 euros
como promedio en la tercera semana de mayo de este
año.
Pero la opinión de estos países no parece ser muy
entendible para
Estados Unidos, donde la presidenta del Banco de la
Reserva Federal de
San Francisco, Janet Yellen, expresó que las
propuestas de China,
Brasil, Gran Bretaña y otros acerca de la divisa
mundial de reserva
está lejos de ser una alternativa práctica.
Hay sólo dos maneras de almacenar riqueza: en
estructuras físicas
concretas y en alguna forma de dinero (divisas,
bonos, oro), y ambas
implican riesgos para el poseedor.
Las estructuras físicas se deterioran a menos que se
utilicen, lo cual
implica costos. Emplearlas para obtener ingresos y
como tal ganancias,
depende del mercado, es decir, de la disponibilidad
de compradores
para adquirir lo que estas puedan producir.
Son las estructuras físicas, por lo menos,
tangibles; el dinero (que
se denomina con cifras nominales) es meramente una
reclamación
potencial ante estas.
Si varía un pequeño monto, casi nadie lo nota, pero
si cambia
considerablemente y con frecuencia, sus poseedores
pueden ganar o
perder mucha riqueza, en ocasiones bastante rápido.
En términos económicos, una divisa de reserva
resulta la forma más
confiable de dinero, la que varía menos. Es entonces
el lugar más
seguro para almacenar cualquier riqueza que no asuma
la forma de
estructuras físicas.
Desde por lo menos 1945, la divisa mundial de
reserva ha sido el dólar
estadounidense.
De acuerdo con los expertos, el país emisor de la
divisa de reserva
tiene una ventaja singular sobre las otras naciones;
es el único que
puede legalmente imprimirla, siempre que piense que
resulta de su
interés hacerlo.
Todas las divisas tienen una tasa de cambio con las
otras. Desde que
en 1973 Estados Unidos puso fin a su tasa fija de
cambio con el oro,
el dólar fluctúa con respecto a otras monedas, al
subir y bajar.
Cuando su divisa baja con respecto a otra, se vuelve
más fácil vender
sus exportaciones porque el comprador requiere menos
de las propias
divisas, pero también hace más cara la importación,
debido a que
requiere más dólares para pagar el artículo
importado.
Según economistas, en corto plazo una divisa
debilitada puede
incrementar el empleo en el interior de un país,
pero esto es, cuando
mucho, una ventaja de corto plazo.
En el mediano plazo, hay mayores ventajas de contar
con una divisa
considerada fuerte; esto significa que el poseedor
de la misma tiene
más control de la riqueza del mundo, medida en
productos y estructuras
físicas.
Más allá del mediano plazo, las divisas de reserva
son fuertes y
quieren seguir siéndolo.
La fortaleza de una divisa de reserva se deriva no
sólo de su control
sobre la riqueza del mundo, sino del poder político
que le ofrece al
sistema-mundo.
Es por eso que la divisa mundial de reserva tiende a
ser la del poder
hegemónico en el orbe, aún si se trata de una
potencia hegemónica en
decadencia.
En los últimos meses, el Banco Central de Estados
Unidos ha estado un
poco preocupado y con toda razón, dijeron
especialistas de la bolsa de
Nueva York.
Puntualizaron que durante las últimas décadas, la
tasa de cambio del
dólar estadounidense ha fluctuado bastante pero, a
fin de cuentas, va
descendiendo lentamente.
Uno de los factores principales ha sido la deuda
global increíblemente
creciente del gobierno de Estados Unidos.
Existen dos modos principales mediante los cuales
Estados Unidos ha
podido balancear su contabilidad. Imprime dinero y
vende bonos del
tesoro estadounidense, primordialmente a otros
gobiernos (los llamados
fondos soberanos de inversión).
Japón y Surcorea, Arabia Saudita y Abu Dhabi, India
y Noruega han
adquirido, todos, bonos del tesoro de Estados
Unidos. No es secreto
que, en años recientes, el mayor comprador haya sido
China.
(Tomado de Prensa Latina) |