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Economía mundial, políticas nacionales e institucionalidad regional
Por Julio C. Gambina

[10.06.2011]-Actualizado 9:30 pm Cuba 

En variados debates intelectuales sobre Economía Política en los
últimos años, aprendimos que la “economía es mundial”, como lo es
también la crisis contemporánea.

Un límite serio a esa definición es que las “políticas económicas” son
nacionales, aún cuando son múltiples los foros y encuentros globales
que intentan sacar conclusiones de relativa universalidad. Claro que
se aplican localmente según sea la tradición o el presente de una
correlación de fuerzas sociales y políticas.

En ese sentido conviene destacar en la coyuntura la centésima reunión
anual de la OIT, comenzada a principios de mes en Suiza, y que
producto de la crisis mundial concentra los debates con epicentro en
el desempleo mundial, especialmente evidenciado con el alza de los
despidos en EEUU y Europa.

Ocurre que la realidad da cuenta de una ofensiva del capital para
liderar la política anti crisis en Europa, con ajuste estructural y
aliento a la liberalización, afectando derechos sociales, laborales y
previsionales.

Lo curioso es que la crisis argentina del 2001 sobrevuela en esos
debates y pone en discusión las “ventajas” de la subordinación de la
periferia europea a la unidad monetaria hegemonizada por Alemania y
Francia en el viejo mundo.

Es un tema que reaparecerá en la próxima semana en Buenos Aires, ya
que la Argentina será sede el próximo 9 y 10 de junio de la primera
reunión del Consejo de Ministros de Economía y Finanzas y Presidentes
de Bancos Centrales de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

En esta reunión se discutirá la integración monetaria, la promoción de
estrategias para el uso coordinado de las reservas internacionales y
se evaluarán los sistemas multilaterales de pagos y crédito. Existe
una experiencia de compensaciones en monedas locales entre Brasil y
Argentina desde el 2008 y que pretende extenderse al resto de los
países del Mercosur. También los países del ALBA avanzaron en el
S.U.C.RE (Sistema Único de Compensación REgional).

Expresan por ahora esbozos de un tránsito que puede desembocar en una
moneda única regional. Son rumbos que apuntan a la “desdolarización”,
que pueden converger con aspiraciones a la “deseurización” de algunas
economías europeas, y al interés de China de hacer valer su moneda en
el ámbito mundial. La crisis alcanza a los restos del acuerdo de
Bretton Woods, aquel que cimentó orden mundial hegemonizado por EEUU
desde 1944.

Estamos en un tiempo de desorden mundial que otorga la posibilidad
para pensar otro orden. Eso es lo que está detrás de las discusiones
oficiales en Ginebra, trascendiendo a las delegaciones oficiales
presentes en el cónclave de la OIT. Las protestas europeas y
estadounidenses, de nuestra región o las del mundo árabe, difícilmente
sean expresadas por la tríada de un sindicalismo complaciente con
patronales y gobiernos.

La discusión es por la economía y la política

En rigor no solo se discute el orden monetario, o el orden económico,
sino que también está la discusión de la política y su crisis, de su
institucionalidad hegemónica por años. Se discute la representación,
en los organismos supranacionales y en los propios movimientos y
organizaciones sociales, los sindicatos y los partidos. A modo de
ejemplo, señalemos que ante la acefalia en el FMI se habilitó un
debate sobre el cambio de la tradición europea negociada con EEUU para
dirigir el Fondo, aunque las postulaciones de representantes del sur
recaen en expresiones fundamentalistas de la corriente principal en
economía contemporánea: neoclásicos de cuño neoliberal. El tema de la
disputa por la representación puede ejemplificarse también para el
caso de la representación sindical argentina en la reunión de la OIT,
especialmente de la CTA, con la Justicia convalidando el proceso
electoral, a contramano de la “intervención” del Ejecutivo, situación
que se manifestó en una impugnación a la delegación oficial.

Hay expectativas con la UNASUR, que pretende avanzar en la
institucionalización de una integración regional que excluye a los
países del norte de América, mención especial a EEUU, la potencia
imperialista omnipresente en el proceso de explotación y dominación
regional. Los países que integran UNASUR son: Argentina, Brasil,
Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam,
Uruguay, Venezuela; la mayoría de los cuales han protagonizado
diferentes niveles de confrontación con EEUU.

La designación de la colombiana María Emma Mejía, para coordinar la
UNASUR, en tanto estrecha colaboradora del régimen de Uribe y de
Santos augura un debate sobre el rumbo de la inserción internacional
de la UNASUR, si se considera el papel de Colombia como asociado
especial a la política de libre comercio sustentada por EEUU.

La reunión será presidida por el Ministro de Economía argentino, Amado
Boudou, en su carácter de anfitrión del Consejo Suramericano de
Economía y Finanzas de la Unasur. Previo al encuentro de ministros
funcionará el Grupo de Trabajo sobre “integración financiera”, que
tiene habilitado un espacio en el sitio oficial de Unasur en internet
y que curiosamente se encuentra en blanco. Algo sorprendente cuando se
piensa en los temas a considerar y el extendido debate exacerbado con
la crisis sobre temas como el Banco del Sur, el uso de las reservas
internacionales y el efecto regresivo del movimiento internacional de
capitales, especialmente asociados a la especulación y a la actividad
delictiva del lavado de dinero y el comercio de armas, drogas y
personas.

Además de los temas propiamente financieros y económicos aparece en el
horizonte la preocupación por la cuestión ambiental, considerando
especialmente que el próximo año se realizará la cumbre “Río+20”, para
balancear las dos décadas transcurridas desde la Cumbre de la Tierra y
el desafío por la creciente emisión de gases tóxicos derivados del
modelo productivo global en curso. La UNASUR pretende ir más allá del
Foro político que hoy expresa y la economía integrada de la región
constituye un desafío a construir, siendo una de las incógnitas, quizá
la principal, la orientación de ese proceso de articulación.

Presencia popular en el debate

Un conjunto de organizaciones sociales y personalidades de la cultura
y la política presentaron un pedido de audiencia a los ministros
partícipes del cónclave de Unasur. En la solicitud recuerdan que
“Desde por lo menos la primera Cumbre de la entonces Comunidad de
Naciones del Sur, celebrada en Cochabamba, Bolivia, en diciembre de
2006, venimos trabajando en relación a los ejes de un financiamiento
soberano y solidario en el marco de la Integración Regional”, y les
anuncian que “estaremos reunidos en Buenos Aires en fecha coincidente
con vuestra presencia en esta ciudad”.

La misiva está encabezada por Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de
la Paz en 1980, y otros dirigentes representativos de variadas
campañas contra la el libre comercio, el pago de la deuda y la
militarización. La demanda de los movimientos apunta a “transmitirles
a Uds. opiniones, iniciativas e inquietudes, y establecer un diálogo
fluido y positivo, en la convicción que nos une la necesidad y
urgencia de la mayor participación democrática para avanzar y
profundizar en la integración de nuestros pueblos, y aprovechar las
favorables circunstancias económicas y financieras que atraviesa la
región en pos de la recuperación y la profundización de los derechos
de nuestros pueblos así como también de la naturaleza.”

Entre varios temas que llevarán los movimientos a la reunión de
Ministros se encuentra la demanda por las auditorias del proceso de
endeudamiento externo en toda la región, tanto como la cuestión de las
asimetrías económicas y políticas entre los países, tal el caso de la
relación conflictiva y asimétrica entre Brasil y Argentina con
Paraguay, que involucra junto al tema financiero, la dimensión
energética y la afectación de los derechos de las poblaciones
asentados en territorios de emprendimientos binacionales.

Son temas económicos, sí, pero también políticos que involucran a los
movimientos sociales y políticos interesados en discutir el orden
mundial vigente desde una trayectoria que acumula una década de luchas
e intercambios por otro mundo posible. Ello significa intervenir en la
denuncia del modelo productivo y de desarrollo contemporáneo, al
tiempo que se instala una agenda propia, afirmativa en la defensa de
la soberanía alimentaria, energética, ambiental, financiera, por los
derechos integrales de los pueblos de la región y del mundo. Es una
cuestión que interpela la institucionalidad vigente y su agenda, para
sustentar y proponer una nueva institucionalidad popular, que al
tiempo que pretende definir que se discute, constituye el sujeto de
los cambios necesarios ante una situación de crisis que agudiza los
problemas de vastos sectores sociales.

(Tomado del blog de Julio Gambina)

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