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El precio
de los productos primarios
Por José
Antonio Rojas Nieto -
La Jornada
[04.06.2011]-Actualizado
11:50 am Cuba
En la más reciente
actualización de la base económica del Banco Mundial
(BM) se encuentran datos muy interesantes sobre el
volumen de lo que los especialistas de ese organismo
identifican como renta proveniente de los recursos
naturales.
La serie cubre cuatro
orígenes distintos: carbonífera, forestal, minera y
petrolera. Las estimaciones, como bien dicen los
mismos técnicos del BM, pueden ser un poco mayores a
las reales. Pero son buenas estimaciones y ayudan a
entender uno de los fenómenos más relevantes de
nuestra vida económica. Imagínese si no, cuando el
volumen de este tipo de recursos –en este caso sólo
centrado en los cuatro ámbitos señalados cuando, sin
duda, hay muchos más– casi alcanzó 7 por ciento del
producto mundial en 2008 y ha registrado promedio
ligeramente inferior a 5 por ciento del producto
mundial los últimos seis años. Se trata de volúmenes
sólo superados por el nivel de fines de los 70 y
principios de los 80, cuando se superó 6 por ciento
del producto mundial.
Entender esto es
fundamental para comprender el mundo económico de
hoy. Por eso no dejo de insistir a mis estudiantes
del primer año de la licenciatura en economía de la
UNAM, en CU, la necesidad de comprender bien las
propuestas clásica y marxista, y confrontarlas con
la síntesis neoclásica. No sólo respecto de la
determinación del valor de cambio, del precio
natural de Ricardo –siempre expresión de su
capacidad de cambiarse, de su valor a decir de Marx–,
sino también de las razones –agrega Ricardo– por las
que este precio natural experimenta variaciones
accidentales y temporales. Marx reconocerá en esta
observación de David Ricardo una de las expresiones
privilegiadas para describir el movimiento cíclico
de la economía capitalista y la aparición de
problemas recurrentes. Y enfatizará que todos los
precios deben alinearse a su precio natural, so
riesgo de generar graves distorsiones que amenazarán
no sólo el presente, sino el futuro de la sociedad
capitalista.
En términos marxistas
se usa decir que se impone la ley de valor, la que
–a decir de José Valenzuela, nuestro admirado
maestro de la UAM– experimenta una regularidad
objetiva necesaria, y se encuentra en el núcleo más
íntimo del movimiento económico de la sociedad
capitalista, al operar como fundamento de su
evolución. Así, por más que se pretenda acceder a
una cantidad de trabajo social mayor de la utilizada
en la producción de un bien, sólo la reivindicación
a cada una de las esferas del tiempo socialmente
necesario gastado –no sólo pagado– garantizará la
marcha de la economía.
Así, la reproducción
económica en una escala ampliada que permita que el
bienestar social no se deteriore con el crecimiento
de la población dependerá del cumplimiento
tendencial de esta ley del valor. Pero, ¿cómo se
satisface en cada una de las esferas del trabajo
social y en su conjunto? Por la mayor facilidad para
la difusión tecnológica internacional, en el ámbito
de la industria manufacturera el trabajo tiende a
ser más homogéneo. Así, en el mercado, en pleno
proceso de obtención de una ganancia media, las
transferencias de valor al interior de las ramas y
entre ellas tienden a ser menores. No así en la
producción de bienes derivados de la explotación de
los recursos naturales, pues la difusión tecnológica
en la producción agropecuaria, minera, piscícola,
forestal, petrolera –entre otras– no elimina la
esencial influencia de fertilidad y ubicación.
¿Ejemplos? Muchos.
Francia, Reino Unido y Egipto en el caso del trigo,
y en relación con China, India, Estados Unidos y
Rusia, con mayor volumen producido, pero menor
fertilidad. China e India producen casi la mitad del
arroz en el mundo, con rendimientos de China del
doble de los de India. México, por ejemplo, se
caracteriza por altos rendimientos pesqueros en el
caso del atún. Y los países árabes –como se sabe–
disfrutan los pozos petroleros de mayor fertilidad
–hasta nueve o 10 mil barriles al día por pozo, en
promedio– rendimiento cercano al que disfrutamos
–para citar un notable pero lamentable ejemplo
doméstico– con el deteriorado yacimiento de
Cantarell.
Las minas de cobre en
Chile o los plantíos de café en El Salvador son
otros buenos ejemplos. Estas diferencias –incluso
enormes– explican las rentas que representan
importantes transferencias internacionales de las
esferas industriales a las de productos primarios.
También explican –como en el triste caso de México,
en el que la tributación no petrolera jamás ha
sobrepasado 11 por ciento del PIB– esquemas fiscales
pobres y economías parcialmente parasitarias. Por
cierto, esta enorme cantidad de recursos por
concepto de renta –con mucho futuro aún–, entre
otras cosas, explican la enorme relevancia de los
llamados Fondos Soberanos, que han jugado un papel
muy importante en el comportamiento reciente del
mercado financiero internacional. Ya nos tocará
comentarlo. Pronto, muy pronto.
http://www.jornada.unam.mx/2011/05/29/opinion/026a1eco |